¿Quién Conduce? No Vos – Sobre los autos de Google


Sobre los Autos de Google



El modelo anterior donde era una adaptación de un auto común.


Fuente: LibrarianShipwreck

De vez en cuando se da a conocer una nueva tecnología donde la política y las ideologías que la impulsan, en el mejor de los casos, apenas están veladas,. A veces, la ideología de un nuevo dispositivo se segrega a la distancia, en el baúl o en la guantera, de vez en cuando, la ideología,  puede reírse a carcajadas desde el asiento trasero, a veces incluso puede dispararse, pero de vez en cuando la ideología es el coche entero. Esto último es el caso del  recién anunciado “coche auto manejado” de Google que apenas es una metáfora, es algo más, para el estado de nuestra sociedad tecnológica, ya que son vehículos reales. Los coches auto-conducidos son la materialización de una visión del mundo tecnológico en particular, en la que bajo la apariencia de nuevas libertades se nos pide renunciar a un mayor control de la tecnología.

La ambición de Google al lanzar este tipo de vehículos no es particularmente nueva – se trata de un proyecto en el que estuvo trabajando desde hace bastante tiempo – aún en su última fase, el proyecto ha sufrido un cambio bastante significativo. Considerando que los vehículos anteriores de la flota de auto-conducidos de Google parecían estar rediseñados de versiones de vehículos bastante estándar de los coches que se habían hecho públicos recientemente siendo apenas estándar. Muchas de las características de los vehículos a los que la mayoría de los conductores están acostumbrados (volante, pedales, palanca de cambio) han desaparecido en los coches nuevos de Google. Lo que le queda al ser humano en el vehículo – cuando trata de controlarlo – es un botón de inicio, un botón de parada de emergencia de todo tipo, y una pantalla. En estos nuevos coches no es, simplemente, que el ser humano no está detrás del volante, es que no hay volante en absoluto.

Los coches auto-conducidos de Google, literalmente están siendo conducidos..por la tecnología. Lo que es realmente sólo otra manera de decir que estos coches están siendo conducidos por los ingenieros, técnicos, ejecutivos y diseñadores detrás de esas tecnologías. Lo que es realmente sólo otra manera de decir que un “coche de auto-conducido” es sólo un coche “conducido por Google”. Por supuesto, “coche conducido por Google” no tiene el mismo sonido futurista como “coche auto-conducido.”

Debido a los riesgos evidentes de seguridad asociados a los vehículos (choques, por ejemplo) el proceso de puesta en marcha para los coches de Google probablemente se moverá de forma relativamente lenta en comparación con la velocidad con la que otras tecnologías se introducen a menudo. Mucho está por verse – y mucho más todavía puede cambiar. A diferencia de Google Glass [los anteojos de Google que están discontinuados], donde la compañía ha sido capaz de avanzar hacia adelante sin importarle una maldita crítica ( lo que ha sido contraproducente para los Glass ), los coches de Google requieren un lento proceso. Por otra parte – y por extensión – no está del todo claro si los coches de Google representan una intención de asumir a las principales compañías de automóviles como competidoras o simplemente mantener sobre ellos una relación simbiótica (similar al sistema operativo Droid – donde Google se basa en el sistema operativo pero otros construyen los dispositivos). Otras cuestiones, como si estos coches estarán disponibles como propiedad personal o si van a funcionar como un servicio de taxi de alta tecnología para ser convocados con el clic de un botón (y por lo tanto cuáles van a estar disponibles) – todos esperan respuestas que se darán en una fecha posterior.

Es probable que pase bastante tiempo antes de que las calles de tu ciudad (o pueblo) se llenen de coches de Google (a menos que vivas en torno a Silicon Valley [ en este caso las calles están llenas de aubuses tecnológicos ]) – Sin embargo, lo que hace a estos coches interesantes es la relación que establecen entre el usuario (o piloto) y el propio vehículo. Lo cual es en realidad otra forma de decir – la relación entre el usuario / conductor y la empresa de tecnología que dirigue el desarrollo. Con un coche auto-conducido que se convoca para un lugar por una aplicación y que luego lanzará a la persona al lugar deseado sin que la persona sea capaz de hacer mucho excepto pulsar el botón de “parada de emergencia” – es uno en el que una persona está siendo forzada a confiar por completo en la tecnología, a confiar completamente en Google. Si uno se mete en ese coche uno tendrá que confiar en que el coche va a realmente a llevarlos a donde quieren ir, y no van a tener más remedio que quedarse de brazos cruzados mientras el coche (es decir, los algoritmos de Google) determinan la mejor manera de llegar a un dado destino.

Uno puede preguntarse – sólo medio en broma – si estos coches tienen una tendencia extraña a estacionar delante de las vallas durante varios minutos a la vez, o si van a tener una tendencia a conducir a lugares (como tiendas) que han pagado por una clasificación (“patrocinada”) preferencial.

El coche de Google hace cada vez más claro el enigma de nuestra sociedad altamente tecnológica, en la que se nos pide en repetidas ocasiones a poner nuestra confianza en los sistemas tecnológicos de propiedad a cambio de la promesa de que estos dispositivos y máquinas nos llevan adonde queremos ir.

A pesar de que a menudo el caso es que no somos tan “preguntados” como “lo pedimos”. Este es uno de los lugares en los que la lógica de “quiebre” se cuela en el escenario en donde las empresas de tecnología se sienten con el derecho de introducir profundos cambios sociales en nombre del resto de la sociedad. Mientras los coches auto-conducidos pueden hacer que parezca que “hacia dónde queremos ir” es el lugar que damos como nuestro destino, en esta situación, la verdadera pregunta de “dónde queremos ir” no es sobre el destino físico sino nuestro destino como sociedad. Lo que los vehículos auto-conducidos de Google reforman no es la ubicación “hacia dónde vamos”, sino el “cómo llegar allí” – la intención de estos coches es darle forma a “adónde vamos” en una escala social. Y el “hacia dónde vamos” a la que estos coches nos conducen es un futuro en el que nos hemos vuelto cada vez más dependientes de las estructuras tecnológicas – pero esto ya no es simplemente sobre el vehículo, se trata de toda la gama de nuevas tecnologías que son responsables para conseguir que el coche auto-conduzca del punto A al punto B.

Sin embargo, para un coche auto-conducidos el destino físico es algo así como una idea de último momento, el propio vehículo es el destino real.

Mientras que algunos han respondido con escepticismo a estos coches auto-conducidos con comentarios sobre los trenes / subterráneos ya llenan este papel – el punto es, precisamente, que los trenes y el subterráneo no se ajustan a este papel. El coche auto-conducido no es realmente acerca de hacer el transporte más fácil para más personas. Si el problema que alguien está tratando de resolver ( para ponerlo en el lenguaje de Postman ) es “¿cómo se transporta de manera eficiente a la mayor cantidad de personas?” – de lo que es obvio que el coche auto-conducido es una respuesta cuestionable. Sin embargo, si la pregunta es “¿cómo hacer a la gente más dependiente de las complicadas estructuras de poder tecnológico” ? el coche auto-conducido surge como una respuesta maravillosa. Una vez más, no se trata de un transporte eficiente sino de control. Estos nuevos vehículos auto-autoconducidos son maravillosas manifestaciones de la ideología tecnológica – una vez que te comprometes a entrar en el coche y sentarte en su interior te encierras en tu coche, que es en realidad la unidad de la empresa detrás de todo.

El futuro según lo previsto por los coches auto-conducidos no necesitan que los manejes – no quiere que los conduzcas – sólo quiere que te sientes de forma pasiva, mientras que una gran empresa te lleva donde quieres, y el mundo, va.

Y así, el coche-autoconducido es el símbolo perfecto para la dirección de nuestra sociedad tecnológica que se está moviendo en un auto en el que una persona se sienta en el “asiento del conductor”, pero donde es la maquinaria corporativa la que está conduciendo.

El ser humano ya no necesita un volante, es esto y no hacía donde el coche está siendo dirigido.

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