Brasil: ¿Es segura la urna electrónica?

urnaelec

Marcos Müller/ArtEstado
“La falta de seguridad de la urna eletrônica no es sólo hipotética. Sólo es que el Tribunal Superior Electoral y la mayoria de los políticos, como los banqueros, prefieren no divulgar las fallas a los gritos”


Una nota del Suplemento Link del diario “O Estado de São Paulo” del 2 de octubre del 2006. Quedó una copia en Archive.org

Por Pedro Doria

Ayer, todos nosotros en edad de votar fuimos a las urnas a elegir entre los menos peores. Votar debería ser un derecho, no un deber [el voto en Brasil es obligatorio] – pero esta es otra discusión. Fuimos a votar en candidatos difíciles de justificar, la mayoría de nosotros algo desanimados, pero al menos seguros de que el fraude, de aquellos homéricos como sucedían en el tiempo de Ademar, ya no existen más. Estamos protegidos por la tecnologia.

¿Pero lo estaremos? ¿La urna electrónica nos protege realmente de la corrupción electoral? Los sabios del Tribunal Superior Electoral (TSE), cuando se les pergunta e imploran para que no les revelemos su nombre, dicen que la urna no es segura. Sólo no evita el voto comprado directo del elector, como sucede en muchos rincones del País, principalmente en el interior. Quiere decir: corrupto, sólo es el pobre que vende su voto. Internamente no hay riesgos. Verdad: El Estado brasileño es incorruptible.

La urna electrónica no tiene nada de segura. Nada digital es seguro – punto. Porque la seguridad absoluta no existe. Los bancos son invadidos y robados en todo momento. No lo divulgan porque los sistemas digitales ayudan a economizar tanto dinero que prefieren cargar con el perjuicio sin confesarle a los clientes que seguro, de verdad, no es.

La falta de seguridad de la urna electrónica no es sólo hipotética. Sólo que el TSE y la mayoria de los políticos, como los banqueros, prefieren no divulgar las fallas a los gritos. Vean el caso de la elección para gobernador del Distrito Federal, hace cuatro años. En aquel pleito, Joaquim Roriz (PMDB) fue reelecto gobernador llevando un poco más de 12 mil votos a más que los de su adversario, Geraldo Magela, del PT. En el porcentual, la diferencia entre uno y otro no llegó al 1,5% de los votos de Brasilia y sus ciudades satélites.

En esa época, se rumoreaban acusaciones de irregularidades en el proceso electoral por la prensa local. El PT-DF contrató a un equipo que conocía profundamente a la tecnologia de las urnas – había participado de su proyecto, al final – y, para investigar, ellos no necesitaron ir mucho más allá de los datos oficiales del TSE. Fueron distribuídas 1.153 urnas, pero sólo 600 emitieron la zerésima. La zerésima es un documento muy simple: la urna escupe antes de ser abierta un papelucho que afirma que no hay ningún voto previamente registrado.

O sea, no es posible afirmar que la mitad de las urnas en el Distrito Federal estaban en cero cuando llegó el balotaje de las elecciones.

Aquella elección fue asustadora. De casi todas las casi 1.200 urnas, apenas 121 produjeron pruebas automáticas con éxito; sólo 145 produjeron boletines de urna considerados por el propio sistema de las urnas como correcto y libre de errores. Evidentemente, la gente del PT-DF se movilizó para salir divulgándolo para quien fuera.

Encontraron dos problemas. El primero, en la prensa. A los periodistas no les gusta oír que el sistema electoral electrónico es tan fácil de engañar como el antiguo. No les gusta porque necesitan entender el porqué es tan facil hacerle fraude y esto parece demasiado complicado. El periodista de política le tiene miedo a la tecnologia. Tampoco les gusta porque prefiere creer en el gran hecho tecnológico brasileño de haber diseminado urnas con botones por todo el país. Nunca nadie se pregunta por qué las urnas electrónicas son vistas con tanta desconfianza en los EUA y en Europa.

El segundo problema fue en el propio PT. Al llegar al poder en la Casa de Gobierno, el núcleo duro del gobierno queria seducir al PMDB. Una de las condiciones impuestas por el partido para iniciar las conversaciones era que Magela se dejara de reclamar. Le callaron la boca de presto.

Las urnas electrónicas son miradas con desconfianza afuera porque el fraude electrónico no deja rastros. Se cambia el número en el banco de datos y listo – no hay forma de hacer un recontaje. En Brasilia, si el problema no hubiese sido sólo ignorado, la solución seria producir una nueva elección.

No quiere decir que hubo fraude o incluso que hubiese errores. Quieer decir que todos los sistemas de seguridad de las urnas fallaron, que ellas no se responsabilizan por los resultados. Y esto se sabe porque fue investigado en aquel caso. En otros casos, andá a saber.

Brasil digitalizó las elecciones a las apuradas sin explicarle a la plebe los riesgos. Se explicó que era seguro y listo. Preguntale a un especialista y él te responderá con una sorrinsa sarcástica: seguridad digital es un término contradictorio.


El sistema brasileño sigue siendo, más o menos, el mismo, ahora, para empeorarlo, le agregaron biometría.

Algo más sobre el voto electrónico en Brasil:



Denuncia por compra de votos en el programa Fantástico del 8 de marzo de 2015


Blog de Javier Smaldone sobre el sistema de voto electrónico en Brasil

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