Los tres cajones

Fuente:Quadrados Loucos

Por Bruno Cava

En 2011, estaba acampado en OcupaRio [inspirado en el 15 M español en Río de Janeiro y otras ciudades de Brasil], involucrado hasta el pescuezo en la comunicación y acciones de organización, cuando fui abordado por un miembro de Fora do Eixo [FdE Fuera del Eje], que en esa época buscaba pegarse a las marchas de la libertad y en las ocupas del ciclo 15-M. Recuerdo que, en ese período, la red de que participó no había roto definitivamente con ellos, y estábamos en una campaña común llamada “Moviliza cultura” para contestar al guiño a la derecha que el gobierno Dilma había terminado de aplicar en el Ministerio de Cultura, con la gestión de Ana de Holanda. El tal agente de FdE se sentó en un bar conmigo y resolvi recontarles un rumor que había escuchado. Lo hice sin ninguna intención de provocación, como algo para charlar. Yo había oído que FdE tenía tres cajones con los nombres de potenciales asociaciones y reclutamientos. Los cajones estaban organizados por lo que ellos evaluaban que era el deseo principal del blanco, “Dinero”, “Fiesta” y “Ego”. Para mi sorpresa, el interlocutor no solamente confirmó a esta táctica de cooptación como dijo que mi nombre estaba en el cajón “Ego”. Imaginen como me quede ofendido, y les dije que deberían inmediatamente recolocarme en el cajón “Dinero”. Si no fuese posible, que por lo menos me colocasen en el esquema de “Fiesta”.

En 2014, la campaña de Dilma asumió abiertamente la “guerra de relatos” para una candidata y una campaña que no tenían nada de bueno en realidad para mostrar. Al contrario, la realidad era una crisis multidimensional que llevaba al país al borde del abismo. Era necesario, entonces, invertir todo en la “guerra de relatos”. Y ya no alcanzaba más con contar sólo con los intelectuales orgánicos, con la legendaria militancia petista [del Partido de los Trabajadores de Lula/Dilma] o con los blogueros anti-PIG (Partido de la Prensa Golpista por su sigla en portugués) regimentados a sueldo desde el episodio del mensalão. La situación era tan crítica para la reelección que era necesario capilarizar la guerra discursiva. Fue entonces que, más o menos concientemente, el comité electoral y la cúpula del PT encontraron a la enorme red de la elite universitaria, académica y cultural. Una red alimentada durante años con leche “A” que, ahora, estaba en el lugar y la hora adecuada y con las capacidades adecuadas. Para todos esos productores del discurso, el gobernismo les ofreció los tres cajones de una sóla vez:

  1. del “Dinero” por la via indirecta de congresos, coloquios, proyectos de investigación
  2. del “Ego”, por la importancia inédita dada a los intelectuales en una campaña política por una causa justa,
  3. de la “Fiesta”, por el fortalecimiento de los lazos identitarios y de una zona de confort que involucra a la socialidad y la buena conciencia (y sabemos que la mayor enemiga de la fiesta es la culpa).

Pasada la elección, sin embargo, toda la guerra de relatos se cayó porque estaba basada en dos mentiras:

  1. que no había una crisis dramática,
  2. que Dilma no haria lo que los adversarios harían.

Habia crisis y Dilma hizo lo que le había imputado a los adversarios. Luego sigue un nihilismo comunicativo impresionante, al mismo tiempo que dos de los tres cajones pierden el poder de convencimiento. El del dinero, que empezó a escasear. Y el de la fiesta, ya que la gestión de expectativas dió lugar a la gestión de frustraciones y la buena conciencia se tranformó en mala. Sobró la del ego. Todo esto junto, no admira la completa neurosis que les sobró a los intelectuales gobernistas, mezzo-gobernistas y criptogobernistas: apegarse al propio ego en medio de la mala conciencia y a la pérdida del dinero.

Yo ya participé de elecciones en el pasado y se bien como consume una gran cantidad de tu tiempo por semanas enteras. Es necesario participar de reuniones aburridoras, aprender a panfletear, bajar a la plaza y tener una paciencia enorme con los electores. En 2014, con la “guerra de los relatos”, bastaba hacer posts en redes sociales y firmar manifiestos burocráticos como aquel suboficial de una repartición pública vagamente interesado en el caso que para el que lo solicitaban. Para la “guerra de relatos”, eso bastó. Pero el desierto de la realidad se impuso en los años siguientes y las declaraciones beligerantes, los repudios a los enemigos, las fiestas de las batallas vencidas, los relatos de heroísmo, todo esto se tornó postizo, no convence más a nadie, ni a los mismos gobernistas. El sabor que queda no es amargo, es ácido.

He visto a algunas personas hablando de luto, que llevará mucho tiempo para que superemos el clima de nihilismo pos-PT. Yo ya estoy más desencantado. Creo que nunca va a pasar ningún luto. Que esta generación está definitivamente perdida y que quedarse esperando un cambio a esta altura del campeonato es un aliento inútil. El esfierzo necesario para salir de esta situación es infinitamente mayor que el esfuerzo que nos trajo a ella, que fue un esfuerzo mínimo de parte de la mayoria de los gobernistas, un esfuerzo “narrativo”. La zona de falta de confort para la superación de los impases excede trabajo y olvido activo lo que habría sido necesario para construir la zona de conveniencia en primer lugar. Entonces va a venir de otro lugar, de otros mundos y otros arreglos. No sirve esperar que nadie se despierte porque el insomnio no es conveniente.

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