Martirio: una película para que Brasilia se indigne

Fuente: Carta Capital

Documental de Vincent Carelli estrena en el Festival de Brasilia
por Felipe Milanez publicado 22/09/2016 17h53

martirio

Lo que está agarrándonos es el capitalismo. Imagen del documental “Martirio”


Hay un momento en la películaMartirio (2016, 160 min, dir. Vincent Carelli), y pido permiso para no hacer el sacrilegio de arrruiinar alguna sorpresa, pero está en la foto que ilustra a este artículo, cuando un indígena Kaiowa dice: “Lo que está agarrándonos es el capitalismo.”

Desde que ví Martirio, en un encuentro con el director Vincent Carelli en Olinda (Pernambuco), hace algunas semanas, esta frase, dicha en este contexto, por esa voz en el bello ritmo de la lengua guarani, no sale de mi cabeza. El capitalismo está agarrando a los indígenas.

Como un monstruo, en una analogia que hace Ailton Krenak cuando “el mercado se despierta de mal humor y quiere comer una montaña”, los Kaiowa y Guarani poseen un preciso análisis de la situación en que se encuentran y buscan trazar estrategias de autonomia y libertad. ¿Cómo enfrentar al capitalismo que también es responsable por la destrucción cultural, además de la física y otras dimensiones que afligen a los indígenas?

Este jueves 22 de octubre, el documental Martirio será exhibido por primera vez en el Festival de Cine de Brasilia, a las 21 horas (vea más información en la nota original en la parte final).

Martirio es la segunda película de la trilogia aún en curso de Vincent Carelli, indigenista, documentalista, creador del proyecto Vídeo en las Aldeas. La primera película fue Corumbiara, la segunda, Martirio, y al final será Adiós, Capitán. Esta trilogia, a diferencia de las películas del Video en las Aldeas, está basada en el largo trabajo de investigación de Carelli, películas producidas a lo largo de tres décadas, donde la visión de él de la lucha indígena es presentada junto a los profundos cambios en el país.

La trilogia de Vincent es al mismo tiempo material histórico del registro de un tiempo, de una transición de la dictadura hacía la democracia, en un proceso adonde los pueblos indígenas permanecieron, constantemente, excluído de las garantias a los derechos fundamentales y del acceso a los aparatos del Estado, sempre mantenidos de forma privilegiada en las manos de pocos y blancos.

En 2013, escribí un texto en esta columna apoyando la financiación colectiva por Carelli para la realización de Martirio, que consiguió superar la meta y recaudar ochenta y cinco mil reales [unos u$s 26 mil hoy]. Los recursos fueron insuficientes para todo la película, pero fundamentales para avanzar en su producción.

En aquel momento, entrevisté a Carelli y me dijo: “Ahora con esta tragedia con los Guarani Kaiowa, es necesario hacer algo, y el cine es una herramienta poderosa, aprendi esto con Corumbiara. No es por gusto que he tratado del tema de la violencia contra los indios, es por imposición de los acontecimientos.”

Ya me imaginaba, y así sugeri en el título, que Martirio era “um película que Brasil necesita ver”. Ahora, lista y finalizada, Brasil necesita verla.

Carelli dice que hizo la película “por imposición”, y así concluyó una obra extraordinaria. Martirio, bastante larga, es densa y profunda, al mismo tiempo conducido con una contradictoria suavidad que nos permite acompañarla, indignarnos, pero siempre con un gran respeto a los personajes y a las reflexiones presentadas.

Es un documental que traduce una profunda indignación que caracteriza a la vida de Vincent Carelli: esta imposición de gritar, de indignarse, insurgirse, una revuelta contenida dentro del pecho de Vincent desde la primera vez en que él estuvo entre los Kaiowa y Guarani en los años 80.

Martirio es una película-evento. Vincent nos conduce hacía el corazón de las tinieblas del agronegocio, y nos muestra la luz y la belleza que mueve a los Kaiowa y Guarani a luchar para existir. Esta luz es expresada por las reflexiones, cantos, la religiosidad siempre presente y marcante, y una epistemologia extremadamente sofisticada, una forma de ver, analizar y pensar al mundo que es única.

Martirio trae una profundidad inédita en la cinematografia sobre la lucha Guarani y Kaiowa. Um película filmada desde adentro, también junto, y por los indígenas. Y trae lo que se puede llamar de el “otro lado” del genocidio a través de los vômitos racistas en el Congreso Nacional, escenas deplorables de un remate de la muerte, la elocuencia de los matadores.

Después de todo, el genocidio es un acto en que un grupo intenta exterminar al “otro”, terminar con la existencia de un pueblo. En este caso, el lado genocida, materializado por las balas de los pistoleros y de los grupos de extermínio y empresas de seguridad, está compuesto por estancieros, ruralistas, y por la omisión y acción del Estado. La culpa histórica del Estado por los eventos que llevan al martirio guarani es presentada con precisión histórica, y abundante documentación.

Martirio acompaña la trayectoria del drama y de la violencia colonial del capitalismo que alcanza a los Guarani, desde su perspectiva histórica en los siglos anteriores, con la Guerra del Paraguay, hasta el violentísimo avance de las últimas décadas, marcadas por la crueldad del racismo moderno y la deshumanización científica y mediática producida contra los indígenas en los últimos años.

La “guerra justa” que era aplicada para la esclavización antes, ahora es justificada por la teologia del progreso, del desarrollo, y alabando a la pata del buey y al sagrado grano de la soja, la materialización de la desposesión producida por el capitalismo y por el colonialismo.

La película recorre el tortuoso camino entre Mato Grosso do Sul, en la realidad de la frontera, al centro del poder, en Brasilia — y podria también pasar por los grandes puertos consumidores de soja en Holanda, en China, en los Estados Unidos, o del biodiesel que abastece a los puestos de gasolina y al bolsillo de ricas familias en São Paulo.

A través de la cámara de Carelli, que trabaja en conjunto con Ernesto de Carvalho, acompañamos el pensamiento Guarani y Kaiowa, la sofisticada comprensión del mundo que desarrollan, y el deplorable discurso de la intolerancia que justifica a la acumulación de capital y de tierra sobre la sangre indígena. La hipocresia de la falsa democracia racial es desnudada por las contradicciones de la formación del Estado-nación que es un verdadero “Estado de Excepción”.

Carelli es un ícono de la lucha indígena, y nos muestra la posibilidad de una persona hombre y blanca, en una posición social del colonizador, de invertir la trayectoria construída por la sociedad para cambiar de lado, entusiasmarse en un contra-movimiento decolonial para luchar por la autonomia y libertad de los pueblos indígenas, a batallar por justicia, y a indignarse y provocar que otros se indignen frente a los absurdos, la cobardia y la violencia cruel.

Personalmente, soy un gran admirador de Vincent Carelli, y es por causa de películas como Martirio que tantos otros y otras, así como yo, lo tratan como una persona absolutamente esencial para pensar al Brasil que vivimos, para indignarse y luchar.


Corumbiara está en Youtube:

Pero no tiene subtítulos

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