La Pianola-Kurt Vonnegut

“En libro, publicado por primera vez en 1952 (un par de años más tarde tuvo una edición bajo el título de UTOPIA 14) Vonnegut hace una curiosa incursión en la antiutopía, ojo, antiutopía, no distopía. Las distopías presentan sociedades decididamente oscuras, degradadas, tan embrutecidas que están más allá del colapso social, en una situación tan estable como indeseable.

La sociedad de LA PIANOLA es, por el contrario, perfecta en el sentido de que no hay escasez, a nadie le falta trabajo, todo el mundo tiene su vivienda, todo el mundo come tres veces al día, existe una estratificación social basada en la meritocracia, la automatización ha eliminado los trabajos penosos y repetitivos, sin embargo, tanto orden, tanta higiene está a punto de acabar con algo que para Vonnegut es fundamental; la creatividad, la habilidad, la sensación, en definitiva, de sentirse útil pero a la vez diferente.

Algo que podría achacarse a la ociosidad en la que viven la clases más bajas, que ocupan su tiempo en trabajos apenas simbólicos y manifestaciones públicas de índole cuasi folclórico, es sin embargo un cáncer que está corroyendo a la sociedad de LA PIANOLA. Surgido tras una gran guerra, este nuevo orden que ha depositado en las máquinas, la automatización al cabo, todo el peso de seguir adelante con su desarrollo, no ha tenido en cuenta que el desprecio por el trabajo humano, que ha pretendido sustituir para, en teoría, mejorar la calidad de vida de sus miembros, es lo que la está destruyendo.

Ya no es sólo la alineación de las clases más bajas, es también la competitividad compulsiva de los ingenieros, aristocracia de las máquinas, lo que está pudriendo el sistema en su cúspide. Objetivos irreales, ascensos al borde del abismo, conspiraciones de guardarropía, chalaneo de alto nivel, un falso espíritu de compañerismo que disfraza odios, recelos y envidias… Un ambiente malsano, en definitiva, en el que los ingenieros se desenvuelven como pez en el agua pero del que más de uno desearía escapar para volver a un mundo quizá menos cómodo, pero más controlable.

La novela arranca cuando uno de estos ingenieros, el joven Paul Proteo, a punto de alcanzar la cúspide de su carrera, empieza a tener dudas, a cuestionar la perfección que aparentemente le rodea y preguntarse si todo aquello es realmente lo que la gente desea. Poco a poco sufrirá una transformación que le abrirá los ojos y le llevará a embarcarse en una revolución personal que, más allá de la habitual formación del carácter, le supondrá romper con el mundo que ha conocido y ayudado a construir.

Resulta inquietante que ya en 1952 estuvieran tan claro el destino del mundo occidental. Hoy día vivimos en una sociedad tecnificada, donde todo el control pasa por las máquinas y en el que la manufactura, la labor manual, es considerada un lujo a medio camino entre la exquisitez y la excentricidad, en la que muchos trabajos carecen de contenido real (¿por qué si no tantos trastornos psicológicos relacionados con la actividad laboral?) donde movimientos como el neoludita adquieren mayor relevancia y los entretenimientos carentes de contenido (Huxley sale por la puerta para volver por la ventana) plagan las horas de ocio.

Vonnegut lo supo ver, como también supo ver la insatisfacción, la amargura ante la mediocridad no elegida, la ansiedad que provoca el batallar diario por alcanzar metas que no se desean, en definitiva; la locura de los tiempos que nos ha tocado vivir.”
Francisco José Súñer Iglesias


Alguien lo dejó por acá…

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