Jorge Eduardo Rulli: LOS DESAFIOS IRRESUELTOS EN EL MOVIMIENTO OBRERO Y UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE RUCCI

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LOS DESAFIOS IRRESUELTOS EN EL MOVIMIENTO OBRERO Y UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE RUCCI

El 25 de Septiembre se cumplió un nuevo aniversario del asesinato de José Ignacio Rucci. Su muerte en 1973, fue una verdadera catástrofe para el proceso de reconstrucción democrática y nacional que se vivía en esos años, una catástrofe que ayudó a crear las condiciones que a poco andar produjeron el fin de la democracia constitucional, con el inicio de la Dictadura militar y la práctica extensiva del Terrorismo de Estado. No fue sencillo conocer las razones que los homicidas de Rucci pudieran haber tenido entonces y aún tampoco lo fue con posterioridad, las justificaciones existentes se conocen solo en medio de solapamientos y evasivas… Sin embargo, no cabe duda alguna que haciendo objeción de cuestiones éticas e inclusive políticas, se trataba de una resolución de tipo militar destinada a debilitar notablemente al adversario y que eso se logró de manera demoledora, aunque las consecuencias fuesen tan terribles que también afectaran notablemente las propias filas de la organización Montoneros.

Es interesante destacar, en especial para los razonamientos que intentaré luego, que el bando homicida pretendía vestir un rol revolucionario o sea progresista y de izquierda, mientras reprobaba a la víctima por burócrata, traidor a su clase o acaso como responsable por el acoso que sufrían sus propias filas por parte de sectores caracterizados como retrógrados o parapoliciales. Vale recordar entonces que más allá de que vastos sectores repudiaron claramente el magnicidio, esas caracterizaciones acerca de unos y de otros que, supuestamente habrían justificado el crimen, se impusieron sin embargo, tanto entonces como en los años siguientes y hasta el presente, como supuestas verdades, como algo tan cierto e incuestionable que, sencillamente correspondía al sentido común reconocerlo. Si bien acordaríamos que, el compartir aquellos juicios de valor, no necesariamente lleva a la justificación del crimen, resulta obvia y llamativa la magnitud de la victoria moral de los homicidas, al menos en ese campo de la propaganda política, y la notable penuria de recursos, acaso también la existencia de larvadas desidias y hasta complicidades encubiertas, de muchos de los compañeros de la víctima, particularmente en su propio sindicato.

Aclaro que si enfatizo esa situación y subrayo ciertos juicios y valores, no significa ello que los comparta, sino que los menciono en razón de que configuraron un escenario de confrontación y de sentido propio de aquellos años, que a mi criterio aún perdura. Más de una vez, hemos comprobado en muchísimos cuadros que ocuparon puestos funcionariales en los últimos años y que sin mayores pudores por su pasado, han vuelto a reconocerse en público como peronistas, una justificación en base a las lógicas operatorias que serían propias de la guerra, ellos habrían estado haciendo la Revolución y eso no solo los redime sino que pareciera que con ese pensamiento mágico pueden neutralizar su mala conciencia y su falta de autocrítica para continuar siendo entenados a nombre del Peronismo. En este caso como en los anteriores también, intentaré probar que el tiempo, que tal como se dice es un maestro que arregla muchas cosas, probaría a mi juicio, todo lo contrario de lo que entonces se daba por cierto, que fue una confrontación entre izquierdas y derechas por una parte y por otra que los primeros intentaban la revolución y los otros eran retrógrados. Los procesos posteriores irían demostrando en mi parecer, que el marxismo y las políticas de toma del poder que se esgrimieran en los años setenta como valederas para actos irremediables, encubrían una sorda lucha de clases y el intento por parte de sectores medios altos y lúcidos por descabezar al movimiento obrero organizado que fungía como la columna vertebral del Peronismo, sencillamente para reemplazarlo en la posibilidad de su propio proyecto así como para dominarlo como clase.

En ese sentido es preciso comenzar recordando los manuales de materialismo histórico de Martha Harnecker, que fueran libros de cabecera de los integrantes de las organizaciones armadas argentinas en los años setenta y que reencontráramos con enorme y penosa sorpresa más de cuarenta años después, y cumpliendo el mismo rol de formación política o tal vez mejor dicho de deformación política y cultural, en este caso con indios y mestizos campesinos, en las escuelas políticas del MST en Brasil. Esos manuales de marxismo, que unen las izquierdas radicalizadas de los años setenta con los progresismos posibilistas del
siglo XXI, transmitirían certezas a nuestro criterio, que de manera inevitable conducen a modernas colonialidades. Me refiero al supuesto decimonónico de que avanzando con el Capitalismo, profundizándolo o acaso exacerbándolo, arribaríamos a nuevos estadios sociales más justos y que, por lo demás, es precisamente el Capitalismo y solo el Capitalismo industrial el que genera la clase proletaria llamada históricamente no sólo a derrocarlo, sino en especial a llevar a cabo la Revolución y construir un mundo nuevo… Convencidos de la profunda estulticia del grueso de la izquierda nativa, fundadas sus convicciones todavía en aquellos supuestos obsoletos, no podemos sino recordar los diálogos postales entre Vera Zasulich y Marx en el año 1881 , en que la líder de los populistas rusos desconcierta al filósofo, demandándole la razón por la que encontrándose las Comunidades campesinas rusas tan cercanas al Cielo del socialismo, deberían según les indicaba Lenin, tener obligadamente que atravesar primero el infierno del Capitalismo…

Vayamos ahora a nuestra propia historia cercana para exponer las dramáticas secuencias de una lucha de clases interna por la hegemonía del movimiento popular, una lucha despiadada que se solapó empecinadamente en un formato de izquierdas y derechas, que a la postre y hoy se evidencia claramente con el kirchnerismo, no fueron más que una enorme simulación para confundir y engañar a los sectores medios sin los cuáles sería imposible pensar políticas de Liberación Nacional. Recordemos que, una prueba decisiva para la llamada Resistencia Peronista y para el rol que entonces tenía John William Cooke como delegado de Perón, fue la elección del año 1958 con que la dictadura de Aramburu Rojas intentó escapar a la encerrona y al desgaste a que lo sometía la lucha popular basada en el sabotaje, en la huelga y en los caños, a la vez que intentaba perpetuar su antiperonismo colonizador en el poder del Estado, mediante sectores políticos que expresaran a las capas medias y que no le fueran esencialmente hostiles. Seducido por esos mismos sectores, por el desarrollismo de Frigerio y del diario Clarín, Cooke, recién llegado al exilio chileno desde la fuga del penal de Río Gallegos, es ganado para una postura negociadora que implicaba el respaldo electoral del Peronismo a la candidatura de Arturo Frondizi. Desde ya que este acuerdo que al fin se logró concretar al obtener el consentimiento de Perón, y a pesar de la oposición del ala más radical del Movimiento, implicaba quebrantar la línea insurreccional en que se venía empeñando tanto la Juventud como la llamada Resistencia Peronista y sacrificar la posibilidad de continuar buscando generar un escenario revolucionario con restauración de la Argentina anterior al golpe del 55.

Si bien el acuerdo se consumó y Frondizi fue electo Presidente de los argentinos, las expectativas se desinflaron rápidamente cuando el Gobierno incumplió sus promesas en relación al petróleo, que fuera su gran caballito de batalla, e inició una política de franca domesticación del aparato sindical mediante la cooptación de sus dirigencias. El intento de privatizar el Frigorífico Lisandro de la Torre cuya venta fue sancionada el 14 de enero de 1959, fue asimismo la oportunidad para que, en medio de una enorme indignación popular, numerosos grupos retomaran las actividades insurreccionales, y que se propusiera la huelga general con ocupación popular del territorio, tal como ocurrió en una amplia zona del barrio de Mataderos, en que la población logró confrontar de manera exitosa con las fuerzas represivas incluyendo al Ejercito. Las consecuencias de estas luchas al interior del Peronismo fueron el inmediato relevo de la conducción de John William Cooke que, caído en desgracia y desconocido por sus propios compañeros a la vez que negado por las bases
del Movimiento, se marchó a Cuba dónde no tardó en declararse marxista y cuando volvió de la isla cuatro años más tarde, lo hizo ya no como Delegado de Perón sino como embajador oficioso de la Revolución Cubana. Un penoso ciclo esta parábola del Gordo Cooke que, en una estrategia de domesticación burguesa del Peronismo, justifica que cuarenta años después su figura, junto a la del viejo Arturo Jauretche que acompañaba en esa época el respaldo al Desarrollismo desde la Revista Qué, años 57 /58, vayan a ser promovidas desde la Biblioteca Nacional y desde la inteligentzia progresista, en la propia relectura de la historia inmediata, como la presunta ala de izquierda del Peronismo y como expresiones críticas y supuestamente revolucionarias y cuestionadoras a la figura de Perón.

Una vez más debemos enfatizar entonces, que JWC no dejó de ser delegado Vicario de Perón por ser más de izquierda o más revolucionario, sino que, todo lo contrario, dejó de serlo por su adhesión al desarrollismo frondicista y por haber cedido a la seducción de esos sectores políticos que se proponían sacar a la Argentina de un clima de confrontación y montar una parodia de Democracia de baja intensidad. En cuanto al tema de Jauretche y Forja y su protagonismo prácticamente excluyente tal como se pretende en los orígenes fundacionales del Peronismo, supuesto convertido actualmente en otro lugar común por parte del progresismo, digamos que el propio Arturo Jauretche reconoce en alguno de sus escritos, el haber estado en la Avenida de Mayo el 17 de Octubre de 1945, viendo pasar hacia la Plaza las columnas de trabajadores que en muchos casos voceaban las consignas que él mismo generara desde Forja, sin que nadie lo reconociera. Tanto Forja como Jauretche fueron expresiones burguesas nacionales y partidocráticas propias de un Movimiento Nacional diverso y policlasista como el Peronismo, pero sin restarle méritos consideramos excesivo adjudicarle un protagonismo central que no tuvieron ni se habrían tampoco imaginado tener. Generar en pocos meses una central de trabajadores con seis millones de afiliados tal como se lograra, obra desmesurada y que asombra todavía, no puede haber sido solamente el fruto de la figura carismática de un líder sino más probablemente del trabajo ímprobo de miles de cuadros sindicales entregados de corazón a esa tarea organizativa, imbuidos por lo demás de una mística y de una tenacidad formidable, que solamente el anarcosindicalismo
pudo haber aportado en un proceso de rápida peronización tal como el que se generara en esos tiempos de profundos cambios de conciencia.

Lamentablemente, investigadores como Bayer pusieron el foco en los anarquistas expropiadores cuyo coraje y temeridad no discutimos, pero se hace necesario recordar que en todo caso no eran más de unos pocos entre miles o decenas de miles que no compartían esos métodos y por lo demás, se sabe lo que pasa cuando se coloca el foco sobre ciertos matices, los demás quedan en penumbra…

A lo largo de sesenta años las sucesivas maniobras para desclasar al Peronismo y despojarlo de su vocación revolucionaria, han sido incesantes y no necesariamente han sido parte de una conspiración ni generalmente impulsadas por sentimientos mezquinos. Sin embargo y más allá del marxismo que inspirara esas maniobras o quizá precisamente por ello, esas estrategias sirvieron a un interés de sectores medios que a la postre lograron civilizar a ese
Movimiento salvaje que fuera alguna vez. En un proceso gradual de retórica y de simulaciones, de represiones y de incomprensiones, hasta que definitivamente tal como ahora, se lograra encausarlo en los moldes de un partido más… y en los marcos de una Democracia colonizada. El problema de los sectores medios progresistas sigue siendo el continuar cultivando esa fascinación propia del siglo XIX por la industrialización de chimeneas, por el salariado y las tecnologías, una fascinación que en el mundo globalizado conduce fácilmente al desarrollismo que encubre el mero Crecimiento, y a las nuevas colonialidades. En ese camino de modernidades tardías, fácilmente se deviene funcional al interés de corporaciones que requieren de la gran escala, de la urbanización excluyente, de la confusión entre empleo y trabajo, del consumo chatarra o de la vivienda seriada que, reemplaza mediante el Hipotecario y los planes municipales, la capacidad familiar que alguna vez tuvieron los argentinos de proveer a la construcción de su propio hábitat.

No es casual entonces que en medio de semejantes retrocesos y derrotas, hayamos llegado a una organización sindical que ya no registra luchas revolucionarias ni siquiera se propone el respaldo a un Proyecto Nacional sino que meramente lucha por las Paritarias. En realidad han ocurrido recambios generacionales decisivos en la dirigencia, recambios que comienzan en los años sesenta inspirado por la Revolución Cubana por una parte, a la vez que empujados asimismo por la dictadura de Onganía, dictadura militar en la que se complementa la mayor torpeza y desaciertos por una parte, recordemos los allanamientos a los hoteles alojamientos en busca de adulterios o el apaleamiento a estudiantes y científicos en la Facultad de Exactas, con acciones sutiles y complejas propias de la inteligencia militar que fomenta y a la vez intenta controlar las primeras acciones guerrilleras. El convencimiento generalizado propio de la época, de que para hacer la Revolución hubiera que sumarse al Peronismo y la frase despechada de JWC 1en esos años, en el sentido que definiera al Peronismo como un gigante invertebrado y miope, ayudaron y mucho a que una generación joven y rebelde fuese tentada por el sueño de darle a ese gigante una conducción
revolucionaria. Lamentablemente ese sueño se enlazaba necesaria y biológicamente con la mirada despectiva, burlona y hasta racista de la generación que los antecediera y que, como nadie antes lograra anatemizar desde la radio el genial “mordisquito”…

Tratar de mantener la vocación revolucionaria del Peronismo a la vez que su innata rebeldía originaria y esos sentimientos de ser pueblo pobre y descamisado, no ha sido fácil….todos los caminos y las tentaciones del sistema se confabularon de manera natural para demostrarnos que esa delgada napa enfriada sobre el magma de que nos hablaba Rodolfo Kusch, era un piso firme sobre el cuál los sectores medios, aquellos tantos que se proponían llegar a ser alguien, podían construir el sueño de darle al Peronismo una conducción no solo revolucionaria tal como indicaban los manuales, sino también adecentada y respetable tal como indicaban para muchos de ellos los mandatos familiares. Yo recuerdo hoy en aquellos finales del 55 y también a lo largo del año siguiente, en ese jolgorio de los sectores medios que festejaban el fin de la sangrienta tiranía, recuerdo las decenas de marquesinas en la Avenida Corrientes satirizando al dictador depuesto, las decenas de teatros en que las plateas llenas de burgueses y de pequeños burgueses after office homenajeaban la fiesta de la democracia y se burlaban de los vencidos, o sea de nuestro propio pueblo, inclusive de los fusilados de junio, asesinados tanto en los cuarteles cuanto en los basurales….

En qu´r otro lugar más adecuado, se solazaban, se podía matar a esos negros peronistas?… Recuerdo el sacrilegio de las intimidades expuestas, recuerdo las vejaciones del cadáver de Evita…. No quedó tropelía ni arbitrariedad sin cometer y cada busto fue escenario de una pequeña batalla o al menos de una escaramuza necesaria para esconderlo y preservarlo del desborde del odio de clase empoderado….

Y quiero recordarlo hoy, en este 25 de Septiembre del 2016 en que se cumple un nuevo aniversario de la muerte y del asesinato de Rucci, porque justamente hoy expusieron en el Salón que lleva el nombre de mi compañero Felipe Vallese, los descendientes directos de aquellos sectores clasemedieros radicalizados que desde el marxismo se propusieron alguna vez la loca utopía de conducir a nuestro Pueblo. La nueva conducción unificada de la CGT que pretende remozar frente al Gobierno de Macri antiguas practicas de lucha, pareciera plantearse ampliar su capacidad de convocatoria y de esa manera, se convence de que ofrecer su tribuna a los sectores progresistas que desde la izquierda legitimaron a lo largo de más de diez años el modelo de los agro negocios y de la conurbanización compulsiva de nuestras poblaciones rurales, sería un modo de intentar retomar caminos de conducción política penosamente abandonados en el largo maridaje en que la cabeza del movimiento obrero fueran los camioneros de la soja transgénica…. Si de eso se trata se equivocan. Que quién fuera el público lobbista de Monsanto en el Vaticano durante más de una década exponga en la central de los trabajadores argentinos o que lo haga quién encarna hoy como nadie el ejemplo de que el evitismo crítico a Perón es la etapa superior del gorilismo… no aportan a un reencuentro ético de los argentinos y menos a que los trabajadores vuelvan a tener como movimiento obrero organizado el rol que en aquellos años trágicos perdieron….Vivimos en medio de situaciones de crisis extrema y no deberíamos ignorar que la toma de decisiones corresponde en momentos como estos, a confrontar situaciones de orden estratégico, en especial porque lo táctica carece de la gravedad suficiente…

Las luchas del movimiento obrero no pueden ni deberían ir detrás de las meras paritarias o
acaso contra el impuesto a las ganancias, ignorando que los grandes triunfos del pasado se basaron en luchar por un Proyecto Nacional y por llevar banderas de conjunto que expresaban otros intereses que no parecían ser precisamente los de los trabajadores pero que les permitieron erigirse en la columna vertebral de un Movimiento que se proponía una Argentina socialmente Justa, económicamente libre y políticamente soberana. Comprender el sentido y las consecuencias de la muerte de Rucci más allá de las adherencias de los relatos y de las afirmaciones que sirvieran para justificar el crimen político, nos permite entender la diferencia entre unos y otros proyectos en el movimiento obrero, no comprenderlo a su vez, es cómo repetir una y otra vez el magnicidio, al menos resignándonos a lo inevitable y solapándolo.

Estoy convencido repito, que en situaciones de Crisis como las que vivimos las circunstancias se obstinan en que cada decisión que tomemos se encuentre más cercana a la estrategia que a la táctica, de modo que el principal riesgo es el del oportunismo y el de carecer de valor ético en los objetivos propuestos. Que cada dirigente decida si a su hora el Pueblo deberá marchar con ellos a la cabeza o marchará como fuere necesario….

Jorge Eduardo Rulli

Septiembre octubre 2016

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