El “crecimiento” un ejemplo desde África

De una nota en New York Times:

“El desarrollo parece obvio: un simple paseo por Nairobi, la capital de Kenia, o muchas otras capitales africanas, permitiría ver nuevas plazas comerciales, nuevos hoteles, nuevo alumbrado público potenciado por energía solar, e incluso nuevas pizzerías Domino’s; todo se activó con lo que parecían ser altas tasas de crecimiento económico por todo el continente.
Durante mucho tiempo, África se había asociado con la desolación y la miseria, y ahora la calidad de vida de muchos africanos estaba mejorando.
Sin embargo, en meses recientes mientras la crisis se ha extendido por todo el continente y el crecimiento económico se enfrió, esta narrativa optimista no tiene la misma fuerza que antes.

Algunos analistas ahora cuestionan qué tan profundo fue el crecimiento en realidad.”

Aparentemente el problema no fue el crecimiento sino que no fue lo suficientemente profundo

“Sudáfrica, el país más desarrollado del continente, se ha visto afectado por olas de malestar. Tropas con rifles de asalto recorren los campus de las universidades mientras intentan sofocar manifestaciones estudiantiles. La moneda del país, el rand, se acerca a un mínimo histórico.

Sudán del Sur, que estuvo a la cabeza de la lista de The Economist de las economías con mayor crecimiento en 2013, ahora es un campo de muerte, el sitio de una de las peores guerras civiles en África.

Leke, uno de los autores del informe de McKinsey, dice que la turbulencia política puede afectar a cualquier economía, y que el crecimiento de años recientes no ha sido compartido, ni cerca, entre la población. De acuerdo con un informe reciente por parte del Banco Africano de Desarrollo, el desempleo en África subsahariana sigue siendo cercano al 50 por ciento y es una “amenaza a la cohesión social”.

Como señaló Leke: “El crecimiento no se come”.

Aun así, dice, ha habido cambios fundamentales —y positivos— en el continente, como aumentos en los ingresos disponibles para muchos consumidores africanos. Chelwa, el economista zambiano, tiene una opinión distinta. Las bases de las economías africanas no han cambiado de la manera como la narrativa del “ascenso de África” lo sugería, dijo, pues África aún depende demasiado de la exportación de materias primas y no lo suficiente de la industria.

Además señala que algunas de las economías con más rápido crecimiento, como Etiopía, Angola y Ruanda, también son naciones opresoras. Esos gobiernos pueden emprender grandes proyectos de infraestructura para impulsar el crecimiento, pero al mismo tiempo excluyen a muchas personas, lo cual crea resentimientos peligrosos.

El crecimiento no se come…El autor no se cuestiona qué es el crecimiento, tampoco si vale la pena ese crecimiento.

Los que mejor nos demuestran que con crecimiento, con este crecimiento vamos al desastre son los entusiastas de eso.


Toda la nota del New York Times

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