Posverdad, Post-Verdad, Postverdad…Los medios no dicen que el problema es que ya no se les cree

Posverdad, que es como nos recomienda que se nombre el buscador urgente de dudas:

Posverdad, sin t ni guion, es preferible a la forma post-verdad como traducción de la palabra inglesa post-truth.

Con el neologismo post-truth se denomina en inglés a lo ‘relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal’.

Con motivo de la elección de este término como palabra del año por el diccionario de Oxford, en los medios se puede encontrar en frases como «Oxford destaca que la palabra “post-verdad” pasó de ocupar un lugar periférico en el uso cotidiano a ser eje de los comentarios políticos», «La sustancia fundamental de la ‘Post-Verdad’, corrompida y corruptora, es justamente que la verdad ya no importa» o «La comunicación ha entrado en una era que los expertos definen como la de la ‘post verdad política’».

La traducción posverdad puede considerarse válida, ya que el prefijo post forma en español numerosos derivados en los que no solo añade el significado de ‘detrás’ o ‘después de’, sino que aporta la idea de que lo que queda atrás está, de algún modo, superado o que deja de ser lo relevante. Así funciona en algunos conceptos filosóficos, como posestructuralismo, y así aparece en algunas voces como posindustrial, que el Diccionario académico define como ‘relativo al período en el que la gran industria ha sido desplazada como sector predominante por la tecnología avanzada…’.

En cuanto al modo de escribir este prefijo, la Ortografía académica recomienda emplear la forma simplificada pos-, mejor que post-, en todas las palabras que lo incorporen (salvo cuando se añade a aquellas que comienzan por s, como en postsurrealismo).

Además, de acuerdo con la norma académica, los prefijos se escriben unidos a la palabra a la que acompañan y, al no tratarse de un prefijo que anteceda a un término que comience por mayúscula o sea un número, no hay razón para emplear el guion intermedio.

Tampoco hay motivo para escribir esta voz con inicial mayúscula, ni existe, a priori, necesidad gramatical de hacerlo con resalte: comillas o cursiva.

Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido más adecuado escribir: «Oxford destaca que la palabra posverdad pasó de ocupar un lugar periférico en el uso cotidiano a ser eje de los comentarios políticos» (en cursiva por ser un uso metalingüístico), «La sustancia fundamental de la posverdad, corrompida y corruptora, es justamente que la verdad ya no importa» y «La comunicación ha entrado en una era que los expertos definen como la de la posverdad política».

Fuente: buscador urgente de dudas


De todas maneras buscando por Post-Verdad en Google aparece nombrado de 3 formas diferentes: Posverdad, Post-Verdad y Postverdad.


postverdad

Posverdad, Post-Verdad y Postverdad


La posverdad según algunos medios:

“Este es un término que ya tiene una década de uso, pero en este último año su uso aumentó notablemente, principalmente por esos dos hechos políticos de gran relevancia. Y su definición, según el diccionario, es la siguiente: “Que se refieren o denotan circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.”

Diario Clarín


“Estamos en tiempos de posverdades por la proliferación de las teorías de la conspiración, aunque el uso regular del término proviene de un libro que el sociólogo norteamericano Ralph Keyes publicó en 2004: Post-truth. Se refería a las apelaciones a la emoción y a las prolongaciones sentimentales de la realidad, si bien fue un colega y compatriota suyo, Eric Alterman, quien revistió la idea de un valor político, tomando como ejemplo la manipulación que habría ejercido la Administración Bush a raíz del trauma del 11-S, precisamente porque una sociedad en situación de psicosis iba a resultar mucho más sensible y fértil a la inoculación de posverdades. Más aún cuando se trataba de restringir libertades o de emprender iniciativas militares, empezando por la posverdad de las armas de destrucción masiva.

La diferencia, ahora, consiste en que el Diccionario Oxford no sitúa la posverdad como un arma a disposición de la clase política dominante, sino como un poderosísimo y descontrolado recurso de los súbditos. Trump y el Brexit serían expresiones inequívocas de rebelión al sentido común.

El País


“Postverdad ha sido proclamada palabra internacional del año por Oxford Dictionaries, la sociedad que edita el Diccionario de Oxford, este miércoles. Una elección que el editor ha dicho “refleja un año definido por el discurso político emotivo“.

Postverdad ha sido definida como una palabra que “denota circunstancias en las que los hechos son menos influyentes sobre la opinión pública que las emociones o las creencias personales”.

Oxford Dictionaries ha dicho que el uso de postverdad se ha incrementado en 2016 en alrededor de un 2.000 por ciento en comparación con su uso en 2015, vinculando el pico de frecuencia al referéndum de Gran Bretaña sobre la adhesión a la UE y las elecciones presidenciales de Estados Unidos.”

El Mundo


“El término inglés post-truth (“postverdad“) fue designado este miércoles como “palabra del año” por el Diccionario de Oxford, que ha detectado un incremento de su uso alrededor del referéndum sobre el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Según la definición de ese diccionario, “postverdad” denota “circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y la creencia personal”.”

La Vanguardia


Me llama la atención que los medios no se cuestionan el porqué las personas no les creen.

Y es algo que no ocurre sólo en la Argentina, pasa en todo el mundo.

Pero los medios no se preguntan porqué prefieren creer a lo que dice Trump o alguna otra persona y no lo que pueda aparecer en The New York Times, Clarín, La Vanguardia, etc..

Encuentro algo más sobre la posverdad en esta nota del Observatorio de la Prensa de Brasil:

La posverdad y el periodismo

La posverdad es sólo uno de los items de la era digital que están sacudiendo a nuestras creencias y valores. Nosotros periodistas y toda la sociedad estamos viviendo un momento de inseguridad e incertezas porque estamos pasando de un contexto social hacía otro. Esta inseguridad no es un fenómeno inédito en la humanidad porque ya sucedió antes cuando grandes innovaciones tecnológicas alteraron radicalmente al contexto social de la época. Basta ver lo que ocurrió luego de la invención de la pólvora, de los tipos móviles por Gutemberg, de la máquina de vapor y de los procesos de producción industrial.

Uno de los grandes, tal vez el mayor de todos,los dilemas enfrentados por la sociedad actual, es la necesidade de convivir con la complejidad del mundo contemporáneo. Tomemos el caso de la polémica científica sobre el medio ambiente. Es un tema complejo donde el bombardeo informativo confunde a las personas comunes com afirmaciones contradictorias entre científicos e investigadores. Desde el punto de vista de los científicos es natural que existan posiciones distintas pero para el público, acostumbrado por la prensa a esperar verdades absolutas, las contradicciones y divergencias generan incertezas, que terminan conduciendo al descrédito generalizado.

La posverdad nos coloca a nosotros periodistas el desafio da repensar la credibilidad y los parámetros profesionales para evaluar datos, hechos y eventos. No es una casualidad el hecho de que la credibilidad de la prensa, en países como los Estados Unidos, esta hoy en uno de los pontos más bajos de su historia. El lector está cada vez más confuso y desconfiado en relación a la prensa. Es una resistencia intuitiva al fenómeno de la complejidad informativa generada por internet.

La posverdad es tal vez el mayor desafio para el periodismo contemporáneo porque ella afecta a la relación de credibilidad entre nosotros y el público. Nuestra actividad está basada en la confianza de las personas de que lo que publicamos es verdadero. Cuando una nueva cojuntura informativa interfiere en esta confiabilidad, tenemos serias razones para preocuparnos, y mucho, sobre el futuro de la profesión.”

Observatorio de la Prensa


En la Argentina un ejemplo fácil de posverdad es lo que sucede con el modelo de los agronegocios, todos los grandes medios apoyando incuestionablemente a este modelo y, sin embargo, la gente no les cree!!


¿Los grandes medios le dieron alguna difusión al juicio por la muerte de Nicolás Arévalo en Lavalle, Corrientes?

El modelo que nos envenena, a juicio: hoy comienza el juicio por la muerte de un niño de 4 años y una chiquita de 5 que estuvo en coma y sigue en tratamiento. El caso es apenas la punta del ovillo que une la fumigación con agrotóxicos con el infierno que representa en la correntina localidad de Lavalle la producción de tomate. En el banquillo está sentado un empresario acusado de homicidio culposo y lesiones. En esta nota de MU publicada en noviembre de 2012 se cuenta la historia en su contexto: una industria sin control estatal que basa sus ganancias en el trabajo infantil, en negro, que usa venenos letales y produce así el 22% de los tomates que llegan al Mercado Central.

La Vaca


En Clarin aparece esta nota pero no dice que se inició un juicio por homicidio culposo.


Buscando Nicolás Arévalo en Clarín no aparece que hay un juicio por homicidio culposo:

nicolasarevalo

Aparece esta nota diciendo que dos niños murieron intoxicados por agrotóxicos


¿Y en La Nación?

Si buscamos Nicolás Arévalo dentro de las noticias del último mes, aparece sólo un resultado:


nicolaslanac


Pero este resultado no dice absolutamente nada sobre el juicio al productor de tomates por homicidio culposo!


Entonces, ya no les creemos ni a los diarios, ni a los políticos, como al Diputado Pablo Tonelli diciendo que los que cuestionaron al voto electrónico hicieron ilusionismo

Ante esto nos queda confiar en nuestra intuición, en aquellos a quienes podemos creerles, no es mucho, es lo que hay…

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