Con Trump y Uber, el futuro de los autos sin conductor podría convertirse en una pesadilla

The Guardian

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La revolución de la automatización ya no es un sueño de ciencia ficción – pero pueden terminarse millones de empleos, alimentando aún más la alienación y la preocupación

El futuro está aquí – no en la forma de Facebook, Twitter y todo le resto, sino en un cambio drástico de uno de los requisitos básicos de la civilización: cómo los seres humanos se desplazan de un lugar a otro. El miércoles, Uber añadió una segunda ciudad de Estados Unidos a un experimento que pronto se expandirá: habíendolo hecho ya en Pittsburgh, que transporta a clientes pagantes por todo San Francisco en autos en los que cada movimiento es controlado por computadora.

Las pruebas de los vehículos sin conductor están ocurriendo todos los días. Los gigantes corporativos que fabrican camiones y automóviles están tratando frenéticamente de inventar nuevos modelos de negocio.

En un acto de magnífica sincronía con el experimento Uber, gente de los medios de Donald Trump anunciaron el mismo día que el presidente ejecutivo de Uber, Travis Kalanick – que alguna vez dijo en broma que si Trump ganaba él se mudaría a China – se uniría al presidente electo al llamado comité estratégico y de políticas. Compuesto de corporaciones económicas gigantes muy distintas del siglo XX como General Motors, Walmart, General Electric y PepsiCo, así como Elon Musk, el magnate de los viajes espaciales y del automóvil eléctrico, sus instrucciones son bastante simples: como lo dice una declaración de Trump , Las personas involucradas serán “invitadas a reunirse con el presidente con frecuencia para compartir su experiencia y conocimiento específicos mientras el presidente implementa su plan para traer de vuelta trabajos y Hacer a Estados Unidos Grandes de nuevo”.

En ese momento, deberíamos permitirnos una sonrisa colectiva. Hay muchas cosas en las que Uber está interesado, pero la cuestión de los empleos no es una de ellas. Lo que pasó esta semana en San Francisco demostró lo siguiente: en caso de problemas, la gente de Uber podría haber estado sentada detrás de un volante de un número no especificado de Volvos SUV computarizados, pero su papel era pasivo, llegando a ser insignificante. Tal es la visión de futuro de la empresa: a pesar de que Uber está actualmente luchando para justificar su horrible tratamiento con los conductores, el elemento humano pronto será destruido, ya que la empresa se convertirá en un sinónimo de las maravillas de la automatización, y los procesadores digitales tomarán el control.

Aunque Uber supuestamente ve los conflicots con las autoridades como buenas relaciones públicas, no tardó mucho para que el Departamento de Vehículos Motorizados de California insistiera en que la compañía no tenía permiso oficial para las pruebas y ordenó que se detuvieran. Más seriamente, durante el tiempo en que los coches circularon por las calles de San Francisco, hubo al menos dos informes de que no se respestaron luces rojas, lo que fue apropiadamente tomado como pruebas de que simplemente la tecnología no estaba lista. Pero con su descaro habitual, Uber culpó a las personas que supervisan las pruebas, en lugar de a la tecnología. “Estos incidentes se debieron a errores humanos”, dijo un comunicado. “Esta es la razón por la que creemos tanto en hacer los caminos más seguros mediante para construir vehículos autoconducidos de Uber”.

Los accidentes sucederán, y subrayan las comprensibles preocupaciones de los escépticos con la tecnología sin conductores. La participación de Uber hace que sea fácil pensar en lo peor. Pero no hay dudas: el enorme progreso de la tecnología sin conductores y los miles de millones detrás de ella convertirán rápidamente a estos accidentes como meros contratiempos. Las pruebas de los automóviles sin conductor han tenido lugar en los EE.UU. durante los últimos años: Sólo en California se les dió a 20 empresas permisos, y el estado ha publicado un proyecto de reglamento para permitir completamente a los vehículos sin conductor en los caminos, con tal de que estén en comunicación con un centro de control remoto. Las pruebas también han estado ocurriendo en Iowa y Pennsylvania, entre otros estados. En un movimiento lleno de simbolismo, pronto comenzarán las pruebas en Michigan. En agosto la empresa estadounidense nuTonomy  ya comenzó probando taxis sin conductores en Singapur. Mientras tanto se han probado, camiones autónomos en Nevada, Colorado y, más cerca de casa,Alemania.

Además de trabajar con Uber, General Motors tiene una participación de u$s 500 millones en la compañía  Lyft – donde las cifras superiores estiman que para el 2020 los viajes sin conductor formarán la mayor parte de su negocio – y también han gastado más de u$s 1000 millones en autonomous-una empresa de vehículos sin conductor llamados Cruise. Ford ha anunciado su propio proyecto de coche sin conductor, y su objetivo es tener una flota de coches en el camino en el 2021 . En el Reino Unido, tenemos nuestra propia versión ligeramente decepcionante de estas innovaciones – entre ellos,los comparativamente insignificantes  £ 20 millones dados para la investigación por parte del gobierno, y una prueba que involucró a coches pequeños llamados Pods que hacen repetidas vueltas por las aceras afuera de la estación Milton Keynes. Pero los mismos acontecimientos pronto llegarán aquí también, con espanto.

Indudablemente, la perspectiva de un futuro sin conductores está repleta de elementos liberadores, casi utópicos. Si en los pueblos y en las ciudades paulatinamente se viaja sin conductores y hay menos propietarios de autos, el estacionamiento se convertirá progresivamente menos en un tema  urbano, y podría transformarse el gran desorden de los asuntos alrededor de la escasez del espacio. Por otra parte, muchas vidas se transformarán al viajar sin conductor. Muchas personas autistas encuentran la conducción algo imposible y agotador. Las personas mayores, las personas con discapacidades físicas y miles de otras personas para quienes la conducción nunca ha tenido ningún atractivo considerarán el transporte autónomo como un regalo. Visto desde otra perspectiva, si el vehículo sin conductor significa el fin de la edad de los conductores y Jeremy Clarkson,  ¿por qué preocuparse?

La respuesta radica en algunos temores bastante obvios. Si los sin precedentes viajes baratos en taxi se conviertieran en la norma, ¿cuál será el destino de los autobuses y los trenes? ¿Todas esas flotas de autos no causarán una congestión increíble? ¿Estamos preparados para las arrogantes demandas para la reconstrucción del espacio urbano que vendrá con Uber, Lyft, Tesla, Waymo (nueva rama de Google) y todos los otros gigantes sin conductor? Y si los viajes sin conductor no son el medio para una gran hazaña de emancipación colectiva, sino para un individualismo llevado al noveno grado -el mismo aislamiento distópico capturado en el himno de Iggy Pop al destacar un auto-poseído  The Passenger [El Pasajero] (“Soy un pasajero / Permanezco bajo el vidrio “)? Como lo demuestran las películas como Total Recall y Minority Report, los viajes sin conductor han sido durante mucho tiempo centrales en muchas visiones distópicas. Esa puede ser una muy buena razón.

Al final, sin embargo, estas son preocupaciones ficticias en comparación con la mayor preocupación de todas: los trabajos. Hay 3.5 millones de camioneros en los EE.UU.. así como  233,000 taxistas (una estimación oficial, que parece baja), 330,000 conductores Ubers y 660.000 conductores de autobús.

En el Reino Unido, según el último recuento, había 297.600 licencias para taxistas o conductores de vehículos de alquiler sólo en Inglaterra, y están registradas 600,000 personas como conductores de vehículos pesados . La lógica tradicional del mercado de trabajo daba por sentado que siempre hay una opción de trabajo detrás de un volante, si todo lo demás fracasa, siempre puedes conducir un taxi. Pero eso ya no lo será más: lo que antes era uno de los reductos más confiables del mercado de trabajo es ahora uno de sus elementos más precarios.

¿Qué significa esto para la política? Incluso si Trump ahora finge ser un amigo de las empresas de vanguardia de su país ( “Estoy aquí para ayudar a la gente que lo hace bien”, dijo esta semana en la reunión con los grandes jefes de Facebook, Amazon, Google y el resto), el tenor anti-moderno de la campaña con la que ganó la presidencia decía mucho más. La automatización, algo que hasta ahora han eludido la mayoría de los principales políticos, continuará sembrando la alienación y la preocupación en la que el presidente electo y sus compañeros populistas se regocijan alegremente – y la revolución de los vehículos sin conductores llevará todo a un nuevo nivel. En ese sentido, debemos prepararnos para la turbulencia que pronto hará que los eventos del 2016 se parezcan tanto a un melodrama.

Mientras tanto, Trump se sienta con Uber, y todo se vuelve claro. Ellos molestan a las autoridades y siembran disrupción, y elevando la ansiedad de las personas, cosecharán las recompensas. Es un matrimonio de conveniencia horrible, con los autos sin conductores listos para sacarlos a los dos en un futuro que se vuelve cada vez más incognosciblemente complejo.

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