Discurso de Lord Byron en el parlamento defendiendo a los luditas

En esta entrada del blog dejé la traducción del discurso de Lord Byron dejando separadas las partes traducidas por mi y las que estaban en un libro.

Para que quede algo más coherente dejo acá todo el discurso sin separar que parte fue traducida por mi y cuál traducida en el libro que estaba incompleta.

Acá están las partes traducidas por mí y las encontradas en el libro Antología del Discurso Político que lo había dejado incompleto.

En Luddite 200 dejaron su discurso en original en inglés.

Mis Lores:

Este tema remitido por primera vez ahora a sus señorías, aunque nuevo en la Casa, no es, de ninguna manera, nuevo en el país. Creo que ocupó a los graves pensamientos de todo tipo de personas mucho antes de su introducción para el conocimiento de la Legislatura cuya interferencia por sí sola podría ser un real servicio. Como una persona en algún grado conectada con el condado que lo está sufriendo, aunque siendo un extraño, no sólo a esta casa en general, sino a casi todos los individuos de cuya atención presumo solicitar, debo reclamar un poco de indulgencia de sus Señorías, mientras ofrezco algunas observaciones sobre una cuestión en la que me confieso profundamente interesado.

Entrar en los detalles de estos disturbios sería superfluo; la Casa ya es consciente de cada breve ultraje de los actuales derramamientos de sangre que han sido perpetrado, y que los propietarios de los telares que molestaban a los alborotadores, y a todas las personas que se supone que están conectados con ellos, han estado sujetas al insulto y la violencia.

Recientemente, durante el breve tiempo que pasé en Nottinghamshire, no transcurrieron doce horas sin algún acto de violencia, y el día en que dejé el condado se me informó de que cuarenta telares habían sido destrozados durante la noche anterior y, como suele ser habitual, sin que nadie opusiera resistencia y sin que nadie lo detectara.

Tal era la situación de ese condado entonces y tengo razones para creer que así sigue siendo en estos momentos. Pero si bien hay que admitir que estos atropellos existen en un grado alarmante, no puede negarse que han surgido como consecuencia del sufrimiento más extremo. El modo en que estos miserables hombres perseveran en sus actuaciones tiende a demostrar que nada, salvo la miseria más absoluta, podría haber conducido a gran parte de estas personas honradas y trabajadoras a cometer excesos tan peligrosos para ellas mismas, sus familias y la comunidad. Durante el episodio al que he aludido hubo un gran despliegue militar en la ciudad y el condado; la Policía se había movilizado y los magistrados se habían reunido, pero, a pesar de todo, estos movimientos, civiles y militares, no habían conducido a nada. No ha habido un solo caso en que se haya detenido a algún delincuente en el momento de los hechos, ni existe la evidencia legal suficiente para su condena.

Pero la policía, sin embargo inútil, no estaba de ningún modo inactiva: se habían detectado a varios notorios delincuentes; hombres sujetos a condena, con la más clara evidencia del crimen capital de la pobreza; hombres, que habían sido vilmente declarados culpables de forma legal de engendrar a varios hijos, a quienes,-gracias a estos tiempos! -eran incapaces de mantener.

Se ha causado un considerable perjuicio a los propietarios de los nuevos telares. Estas máquinas eran para ellos una ventaja, en la medida en que sustituían la necesidad de contratar a un número de trabajadores y, en consecuencia, estos eran condenados a pasar hambre. Con la adopción de un tipo de telar en particular, un hombre realizaba el trabajo de muchos, y los trabajadores sobrantes fueron despedidos. Ahora bien, hay que observar que la calidad de la obra era inferior, que no se comercializaba en casa sino que simplemente se puso en marcha con miras a la exportación. Era conocido, en la jerga del oficio, por el nombre de “trabajo araña”. Los obreros despedidos, ciegos en su ignorancia, en lugar de alegrarse por tan beneficiosos avances técnicos de la humanidad, consideraron que estaban siendo sacrificados en beneficio de ese perfeccionamiento mecánico. En su ingenuidad, se imaginaban que el mantenimiento y el buen hacer de los pobres trabajadores tendrían mayor repercusión que el enriquecimiento de unos pocos individuos gracias a las mejoras en el comercio, que dejaban a los trabajadores sin empleo y sin la digna prestación de su salario. Y hay que confesar que, a pesar de la maquinaria perfeccionada, en el estado de nuestro comercio, del que el país se jactó una vez, podría haber resultado beneficioso para el patrón sin ser perjudicial para el trabajador. Sin embargo, en la actual situación de nuestras manufacturas, pudriéndose en los almacenes sin perspectivas de exportación, con la demanda de trabajo y trabajadores disminuida por igual, este tipo de telares tienden significativamente a agravar la angustia y el malestar de estas víctimas decepcionadas.

Pero la verdadera causa de estas angustias y de los consecuentes disturbios es más profunda.

Cuando se nos dice que estos hombres se aliaron, no sólo por la destrucción de su propio bienestar, sino de sus propios ‘medios de subsistencia, podemos olvidarnos que la guerra destructiva se trata de una política amarga de los últimos dieciocho años, ha destruido al bienestar de ellos, al de ustedes, al bienestar de todos los hombres; que esa política emergente de “grandes hombres de Estado ya no lo es más”, sobrevivió a la muerte para convertirse en una maldición sobre los vivos hasta la tercera y cuarta generación!

Esos hombres nunca destruyeron sus telares hasta volverlos inútiles hasta que estos se convirtieron en obstáculos reales a sus esfuerzos por ganarse su pan de cada día

Pueden preguntarse entonces, que en tiempos como estos, cuando los que quiebran, los condenados por fraude, y los imputados por delitos, se encuentran en un estado no muy por debajo del de sus Señorías, de los que están más abajo, aunque sean el segmento más útil de personas, ¿deben uds. olvidarse de su deber ante sus aflicciones, y convertirlos sólo en menos culpables que uno de sus representantes? Pero mientras que el delincuente exaltado puede encontrar los medios para burlar la ley, nuevas penas de muerte deben ser elaboradas, nuevos lazos de muerte deben ser distribuídos, para el desgraciado mecánico al que se lo declara culpable por estar hambriento.

Esos hombres estaban deseando cavar, pero la pala estaba en otras manos; no les avergonzaba mendigar, pero no había nadie que les ayudara. Se habían eliminado sus medios de subsistencia.
Todos los posibles empleos estaban ocupados. Y los excesos cometidos, aunque vergonzosos y condenables, no deben sorprendernos en absoluto.

Se ha dicho, que las personas que tenian la posesión temporal de los telares fueron cómplices de su destrucción; si esto se demostró en un interrogatorio, sería necesario que tales accesorios materiales del crimen deben ser los que merezcan el principal castigo. Pero tengo la esperanza de que cualquier medida propuesta por el Gobierno de Su Majestad para uds. sus Señorías, habría tenido la conciliación por base; o, si esto fuera imposible, alguna consulta anterior, algunas deliberaciones, habrían sido consideradas necesarias; no por nosotros que hemos sido llamados en el momento, sin examinarlo y sin causa, dictando sentencias al por mayor, y firmando sentencias de muerte con los ojos vendados. Sino admitiendo que estos hombres no tenían motivos de queja, que las quejas de ellos y sus empleadores no tenían fundamento por igual, que merecen lo peor; que ineficiencia, que imbecilidad, se ha evidenciado en el método elegido para reducirlas! ¿Por qué se llama a los militares a hacer una parodia si no iban a ser llamados para nada? Así cuando la diferencia de las estaciones lo permitiría, simplemente han parodiado la campaña de verano del Mayor Sturgeon; y, de hecho, todo el procedimiento, civiles y militares, parecen formarse en el modelo del Mayor y la Corporación de Garrett. Tales marchas y contramarchas! de Nottingham a Bulnell de Bulnell a Bareford de Bareford a Mansfield! y, cuando al fin, los destacamentos llegaron a su destino, con todo ‘el orgullo, la pompa y circunstancia de la guerra gloriosa,’ llegaron justo a tiempo para presenciar el daño que se había hecho, y determinaron la fuga de los autores; -para recoger el spolia opima [ hace referencia a la armadura, armas y otros efectos que un general de la antigua Roma se quedaba como trofeo de guerra tras haber vencido al general enemigo en un combate singular en el que sólo hubiesen participado ellos dos. Wikipedia], de los fragmentos de la rotura de los telares, y regresar a sus cuarteles en medio de la burla de las mujeres ancianas, y los abucheos de los niños. Aunque ahora en un país libre, sería deseable que nuestros militares no fueran demasiado temibles, por lo menos para nosotros mismos. No imagino otra ley que los ponga más en situación de hacer el ridículo. La espada es el peor argumento que se puede utilizar, por lo que debe ser el último: en este caso ha sido el primero, pero, afortunadamente, hasta el momento ha permanecido en la vaina. La presente medida, de hecho, la sacará de ahí. Aunque ha habido reuniones en los primeros momentos de estos disturbios, las quejas de los patrones han sido sopesadas y examinadas justamente. Creo que deberían haberse puesto medios para devolver a sus ocupaciones a estos trabajadores y la tranquilidad al país. Hoy en día, el condado sufre la doble presión de unas Fuerzas Armadas inactivas y de una población hambrienta. ¿En qué estado de apatía nos han sumido durante tanto tiempo como para que ahora, por primera vez, la Cámara haya sido informada oficialmente de estos altercados? Todo esto ha pasado a ciento treinta millas de Londres y, sin embargo, nosotros —¡hombres buenos y benévolos!— nos hemos solazado en nuestra grandeza y nos hemos sentado a disfrutar de nuestros triunfos extranjeros en medio de la calamidad doméstica. Pero todas las ciudades que habéis tomado, todos los ejércitos que se han rendido ante vuestros generales, no son más que miserias autocomplacientes si vuestra tierra se divide contra sí misma y vuestros dragones y verdugos deben ser soltados contra sus conciudadanos.
Podéis considerar a estos hombres una multitud desesperada, peligrosa e ignorante, y pensar que la única manera de silenciar a la bellua multorum capitum [turba] es cortar algunas de sus despreciables cabezas. Pero creo que será mejor disolverla mediante la razón, combinando conciliación y firmeza, más que irritación y sanciones. ¿Somos conscientes de nuestras obligaciones hacia la multitud? Es la multitud la que trabaja vuestros campos y cuida de vuestros caballos, la que se encarga de vuestra Armada y recluta vuestro Ejército; ella es la que os ha permitido desafiar al mundo, y la misma que os puede desafiar cuando el abandono y la calamidad los lleve a la desesperación. Ustedes pueden considerar a esa gente una turba, pero no deben olvidar que, a menudo, las multitudes representan los sentimientos de las personas.
Y aquí debo resaltar con qué presteza están ustedes acostumbrados a acudir en auxilio de sus aliados cuando se encuentran en apuros, abandonando a los afligidos de su propio país al cuidado de la providencia o de la parroquia.

Cuando los portugueses sufrieron luego de la retirada de los franceses, fueron ofrecidos todos los brazos, todas las manos se abrieron, -desde la generosidad del rico a la ofrenda de la viuda, todo les fue otorgado para que puedan reconstruir sus aldeas y reponer sus graneros. Y en este momento, cuando miles de equivocados, pero más desafortunados compatriotas están luchando en los extremos de la penuria y el hambre, vuestra caridad que se inició en el extranjero, debe terminar en casa. Es mucho menos que la suma de una décima parte de la recompensa otorgada a Portugal, incluso si estos hombres (no puedo admitirlo sin consultarlos) no podrían haber sido restaurados en sus empleos, habría hecho innecesario clavarles una bayoneta en sus entrañas y la horca. Pero, sin duda, nuestros fondos tienen demasiados reclamos extranjeros para admitir una perspectiva de alivio interno, – aunque nunca tal objetivo haya sido exigido.

He recorrido el teatro de la guerra en la península, he visitado algunas de las provincias más oprimidas de Turquía, pero nunca, bajo el más despótico de los gobiernos infieles, he contemplado la escuálida miseria que he visto aquí desde mi regreso, en el corazón de un país cristiano. ¿Y qué soluciones proponen ustedes? Después de meses de inactividad y de una actividad peor que la inactividad, surge la gran panacea que nunca falla, la panacea infalible de todos los médicos sobre este estado, desde los días de Draco hasta la actualidad. Después de sentirle el pulso y sacudir la cabeza sobre el paciente, prescribían el tratamiento normal de agua caliente y sangrías- el agua caliente de su empalagosa policía, y las lancetas de sus militares- estas convulsiones deben terminar en la muerte, la consumación segura de las recetas de todas las Sangrías políticas.

Dejando a un lado la injusticia palpable y la ineficacia del proyecto de ley, ¿no hay suficientes penas capitales en vuestros códigos? ¿Quieren encerrar a todo el país en la cárcel? ¿Erigirán una horca en cada campo y colgarán a hombres como si fueran espantapájaros? ¿O procederán (ya que deben de llevar esta medida ha hacerla efectiva) con el estrago; colocando al país bajo la ley marcial; a someter al país a la ley marcial, despoblando y arrasando todo lo que nos rodea, y devolviendo a su condición de coto de caza y refugio para los proscritos el bosque de Sherwood como un muy aceptable regalo para la Corona? ¿Son estas las soluciones para una población hambrienta y desesperada?
¿Acaso será llevado a sus horcas el hambriento miserable que ha desafiado a sus bayonetas? Cuando la muerte resulta un alivio, el único alivio que les puedes asegurar es que pronto encontrarán la tranquilidad eterna.

¿Seremos constreñidos en la tranquilidad? ¿Eso que no pudo ser efectuado por sus granaderos, pueden lograrlos sus verdugos? Si continúan por las formas de la ley, ¿dónde está su evidencia? Los que se han negado a acusar a sus cómplices cuando solamente el castigo era el exilio, difícilmente se verán tentados a testimoniar contra ellos cuando la pena es la muerte. Con el debido respeto a los señores nobles que se oponen, creo que un poco de investigación, alguna averiguación previa, podría inducirlos incluso a cambiar su propósito. Esa medida más preferida del Estado, tan maravillosamente eficaz en muchos casos recientes y, [temporising], no sería sin su ventaja en esto. Cuando se hace una propuesta para emancipar o aliviar, vacilas, uds. deliberaron durante años, contemporizaron y manipularon las mentes de los hombres; pero una proyecto de ley de muerte debe pasar fuera de la mano, sin pensar en sus consecuencias.

Estoy seguro, por lo que he escuchado y he visto, de que aprobar la ley bajo estas circunstancias, sin consulta, sin deliberación, solo servirá para agregar más injusticia a la irritación y más barbarie a la negligencia. Los autores de ese proyecto de ley deben de estar contentos de heredar los honores de aquel legislador ateniense cuyos edictos, según dicen, estaban escritos, no con tinta, sino con sangre.
Pero, supongamos que uno de estos hombres, que he visto demacrados por el hambre, deprimidos por la desesperación, despreocupados por una vida que sus señorías tal vez estén a punto de valorar como algo menos preciado que un telar; supongamos que este hombre, rodeado de unos hijos a los que es incapaz de procurar el pan en el extremo de su existencia, a punto de ser alejado para siempre de una familia que últimamente sostenía pacíficamente, y que no es culpable de no poder seguir haciéndolo; supongamos que este hombre —y hay diez mil más entre los que ustedes pueden elegir a sus víctimas— es llevado al tribunal para ser juzgado por este nuevo delito, por esta nueva ley. Todavía necesitarán dos cosas para condenarlo: doce carniceros para un jurado y el juez Jeffreys [el famoso “juez de la horca” de Jacobo II] para presidirlo.


En esta entrada están las traducciones hechas por mí y las que aparecen en el libro por si alguien quiere corregirlas/revisarlas.

Mi e-mail:

Eduardo_g(Arroba)riseup.net

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