Contra el mito del aumento del Producto Interno Bruto [o Producto Bruto Interno] Artículo de Gaël Giraud

Me fijé en el INDEC y se lo llama Producto Interno Bruto

“Este capítulo incluye estimaciones del Producto Interno Bruto en términos corrientes y constantes, además de cálculos relacionados con la oferta y demanda agregada y sus componentes. Los indicadores presentados permiten medir la producción de bienes y servicios finales dentro de nuestro territorio.
Indec


También lo llama así el Banco Mundial:
“Con un Producto Interno Bruto (PIB) de más de US$550.000 millones, Argentina es una de las economías más grandes de América Latina. El país está en proceso de una transformación económica que promueve un desarrollo económico sostenible con inclusión social e inserción en la economía global. ”
Banco Mundial


Aunque algunos diarios lo llaman Producto Bruto Interno como en esta nota de ChequeadoEl Producto Bruto Interno (PBI) es un indicador que debe englobar a toda la economía, reflejando el valor agregado que genera un país. Esto significa, por ejemplo, que a un auto producido en la Argentina se le debe descontar el valor de las partes que se importaron para saber cuánto de ese valor fue efectivamente generado en el país (para calcular el valor que agrega cada sector a la economía, se debe también descontar del valor del auto, el de las autopartes producidas en el país, puesto que estas pertenecen a otro sector -bienes intermedios-, o la luz y el gas que se utilizaron en su producción).

El PBI es la manera en la que medimos y comparamos cuán bien o mal le va a los países. Pero no se trata de medir un fenómeno natural como la superficie de un país o la temperatura promedio con diferentes niveles de precisión. El PBI es una entidad inventada. El concepto viene sólo de los años ’40”, aclara Diane Coyle, en su libro “El PBI, una historia breve pero cariñosa” (GDP, a brief but affectionate story).”

Chequeado


Fuente: L´Osservatore Romano

“La problemática de la economia mundial es la siguiente: cuanto más buscamos aumentar la relación PIB/habitantes, más nos exigimos esfuerzos sobrehumanos en la relación CO2/energia. En otras palabras, cada crecimiento, en los años por venir, corre el riesgo de ser condenado a ser un “crecimiento negro” o insuficientemente verde, teniendo en consideración los determinantes climáticos que prefijamos”, escribe Gaël Giraud, jesuíta, economista graduado en la Ecole Nationale de la Statistique et de l’Administration Economique – ENSAE y en la Ecole Normale Supérieure y actual diretor de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique – CNRS, en un artículo publicado por L’Osservatore Romano, el 04-01-2017.

Entre otros libros, Gaël Giraud es autor de Ilusión Financiera. De las subprimes a la transición ecológica

El artículo.

Tomarse en serio el compromiso de +2 C hasta el final del siglo, hace difícil aumentar el PIB. Esto no significa transitar el camino del decrecimiento, sino que, talvez, sea prioritario identificar otros factores para medir la prosperidad tanto en el hemisferio sur del mundo como en el norte. Los diferentes compromisos de la comunidad internacional exigen que las emisiones de CO2 sean reducidas en un 33% en las próximas tres décadas.

Se necesita alcanzar el nivel cero de emisiones en el curso de la segunda mitad de este siglo si queremos conservar el bienestar del planeta. El respeto por estos compromisos exige que sea cuestionada la obligatoriedad del crecimiento del PIB, incluso dentro de un contexto económico deflacionario como aquel que vive el hemisferio norte del mundo en este período. Para eso, es necesario partir de la ecuación de Kaya. De forma muy simplificada, esta ecuación indica que las emisiones de CO2 (por ej., en el ámbito planetario) son siempre iguales al producto de las siguientes variables: emisiones de CO2/energia consumida a nivel mundial; energia consumida/PIB mundial; PIB mundial/población; población.

Para respetar los compromisos asumidos por la comunidad internacional, es preciso dividir por tres al producto de los factores citados anteriormente. ¿Cuáles son los términos de la ecuación que los actores involucrados en el desarrollo duradero de la sociedad pueden y quieren disminuir?

¿La población? La tendencia demográfica mundial hoy está principalmente conectada al fuerte crecimiento de la población del África subsahariana, donde las tasas de fecundidad permanecen elevadas y, por otro lado, aumentan en algunas regiones del Sahel. Al contrario de una creencia muy difundida, frecuentemente repetida sin el examen de los datos, parece posible disminuir esta tendencia demográfica actuando en el ámbito de un apoyo integrado que incluye actividades que buscan mejorar el acceso a los servicios de planeamiento familiar, contribuyen a mejorar la comprensión del desafio en términos de demografia, promueven la educación de las niñas y mejoran los sistemas de protección social, considerando que la crianza desempeña un papel decididamente importante en muchas sociedades africanas. Permanece el hecho que, según la trayectoria indicada por los datos de la ONU, la población mundial deberia ser multiplicada por 1,25 desde hoy hasta el 2050. Las políticas para el cambio de la curva demográfica vistas arriba, aunque sean indispensables, no traerán sus frutos antes de una generación. Luego, es
necesario a priori reducir a las otras relaciones en 3 x 1,25 = 3,75.

Ningún político será electo con un programa con una base que prometa una reducción de la renta para cada habitante. Es aqui que habita la facinación que sentimos en relación al crecimiento del PIB.

Vamos a suponer que se desee aumentar esta relación en un 2% al año (um valor considerable). Esto significa duplicar esta relación antes del 2050. En este caso es necesario que el producto de las demás relaciones sea dividido por 3,75 x 2 = 7,5. En los últimos 15 años no se observa una real duplicación de estas dos variables en el ámbito mundial; y nuestra duplicación en la esfera europea es en parte una farsa. De hecho, una parte significativa de la aparente fuerza energética del continente europeo proveen simplemente del hecho que deplazamos las industrias, especialmente para China, las que disipan la energia necesaria para producir nuestros bienes de consumo. Además de esto, la reducción de la intensidad energética del PIB mundial registrada hasta el fin de los años 90 también es discutible. Ella depende en gran parte de las convenciones del cálculo del PIB mundial. Podríamos, por lo tanto, ganar algunos puntos de porcentaje en la relación energia /PIB no desperdiciando energia, desarrollando el reciclaje y haciendo grandes esfuerzos en el campo de la eficacia energética, etc. Pero, mis estudios sobre la dependencia del PIB de la energia sugieren que no será posible avanzar mucho en esta dirección. Los especialistas en termodinámica están de acuerdo en este punto: en este mundo poco sucede que no involucre la energia… A menos que vaciar el PIB de un contenido físico, la duplicación absoluta entre energia consumida y PIB es imposible.

¿Y la relación entre CO2/energia? Esta relación es justamente la de la “transición ecológica”: a las energias de origen fósil es necesario substituir energias con menores emisiones de CO2. Este es el ponto sobre el que, creo, el mundo tiene realmente formas de intervención a corto plazo, de manera voluntaria y realísta, aunque en los años 2000 haya ocurrido muy poco progreso en este sentido. Nadie cree que sea possible dividir a esta relación en 7,5 en el plazo de una generación, a menos que ocurra un milagro tecnológico sobre el que seria imprudente basar el sentido de nuestras acciones.

En verdad existen otras formas de reducir las emisiones de CO2, además de la modificación de un mix de energias que, en la esfera mundial, hoy permanece “fósil” en 80%: parar con la deforestación, practicar una agricultura que respete el suelo, aumentar la sobriedad de los más ricos en consumir, y así siguiendo.

La problemática de la economia mundial es ahora: cuanto más buscamos aumentar la relación PIB/habitantes, más nos exigimos esfuerzos sobrehumanos en la relación CO2/energia. En otras palabras, cada crecimiento, e lnos años por venir, corren el riesgo de ser condenado a ser un “crecimiento negro” o insuficientemente verde, teniendo en consideración los determinantes climáticos que prefijamos.

Tomarse en serio el compromiso de +2 C antes del fin del siglo torna contradictoria todo intento en favor del crecimiento del PIB. Esto no significa absolutamente que se deba optar por el camino del decrecimiento planetario; pero exige la concepción y la utilización, por parte de quien decide – tanto a nivel público como privado – de otros indicadores de prosperidad en relación al PIB. Este último ya hace algun tiempo se tornó un indicador equivocado para medir la riqueza producida, como demonstraron com mucha propiedad los estudos publicados por Dominique Méda, Florence Jany-Catrice, Jean Gadrey o Patrick Viveret, el informe Stiglitz-Sen-Fitoussi, los indicadores multidimensionales de la pobreza de Oxford, el informe del Departamento para desarrollo humano de New York, el Fórum para otros indicadores de la riqueza.

En numerosos países en el sur del mundo, y en especial en África subsahariana, el gran tema y que este en condiciones de organizar el mercado de trabajo para que este pueda absorver a las jóvenes generaciones del mañana. Sabemos desde la década del 90, que el crecimiento del PIB ya no es necesariamente más sinónimo del crecimiento de la tasa de empleo. Esta, ahora, depende de los diversos países y de la tasa de penetración de las recientes tecnologias de comunicación en cada país. En otras palabras, la comunidad internacional deberá, más temprano o más tarde, asumir el hecho que es politicamente, socialmente y economicamente mucho más importante encontrar empleo para un mayor número de personas que hacer crecer el PIB. Las primaveras árabes testimonian todo esto, a su modo.

Sobre este aspecto estamos frente a un confronto directo con los diversos actores políticos y económicos, tanto en el norte como en el sur del mundo. América Latina, con su concepto andino de buen vivir, es probablemente el continente más abierto para enfrentar a esta problemática. En verdad es posible tener en consideración objetivos geograficamente diferentes: el crecimiento del PIB para los países pobres es prioritario, “una otra prosperidad” tal vez sea más adecuada para los otros países. Todo esto tendrá mayor sentido que las investigaciones sobre “felicidad subjetiva” que se realizan en los últimos años y que se refieren al hecho que por encima de determinado límite (12 mil dólares por habitantes) el aumento del PIB no se correlaciona más con el aumento de la “felicidad percibida” de los habitantes.

Esto significa, lo contrario, que ya estamos en este límite y que aún hay una contínua y fuerte correlación entre estas esferas (cosa, por otra parte, que el buen sentido confirma!). Por otro lado, la correlación entre crecimiento del PIB y el aumento de las emisiones de gases de efecto estufa permanece muy fuerte independientemente del nivel de desarrollo del país considerado. En consecuencia, para los países emergentes, y naturalmente para las economias avanzadas, continuar aumentando el PIB no constituye más una garantia de crecimiento de la felicidad de los ciudadanos, ni una garantia de aumento de la ocupación. Siendo así,la garantia al respeto a nuestros compromisos climáticos se tornará imposible. Promover el aumento del PIB en los países del hemisferio sur no tendrá sentido si, al mismo tiempo, los países del norte no se comprometen a reducir voluntariamente su producto bruto interno. John Romer, investigador de Yale, formuló una propuesta de este tipo. ¿La comunidad internacional está dispuesta a asumir tal propuesta?

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