Naomi Klein:Preparense para el Capitalismo del Desastre de Trump

The Intercept

Ya sabemos que el gobierno Trump pretende desregular al mercado, librar una guerra total contra el “terrorismo islámico radical”, destruir a la ciencia que estudia el calentamiento global y desencadenar un frenesí por los combustibles fósiles. Este es un abordaje que con seguridad generará un tsunami de crisis y shocks: shocks económicos, con burbujas de mercado estallando; shocks de seguridad, con efectos internos de la reacción al militarismo externo; shocks ambientales, en la medida en que el medio ambiente se desestabiliza; y shocks industriales, con derrames en oleoductos y colapsos de plataformas, que tienden a suceder, en especial, cuando están poco regulados.

Todo esto es muy peligroso. Pero lo más grave será la forma en que el gobierno Trump, con seguridad, explorará a estos shocks tanto política como económicamente.

No hace falta especular. Basta un poco de conocimiento de la historia reciente. Hace diez años, publiqué “La Doctrina del Shock”, un libro sobre como fueron explotadas sistematicamente las crisis en los últimos cincuenta años para promover una agenda radical a favor de las grandes corporaciones. El libro empieza y termina con la respuesta al huracán Katrina, pués ella representa un modelo asustador del capitalismo basado en desastres.

Ese hecho es relevante debido al papel central, y poco recordado, desempeñado por el hombre que ahora es el vicepresidente de los EE.UU., Mike Pence. Cuando Katrina llegó a Nueva Orleans, Pence era presidente del Comité de Estudios Republicanos (RSC), un organismo poderoso y extremadamente ideológico. El 13 de setiembre de 2005, apenas 14 días después que se rompieron los diques y con partes de Nueva Orleans aún bajo el agua, el RSC convocó a una fatídica reunión en las oficinas de la Heritage Foundation, en Washington, D.C..

Bajo el liderazgo de Pence, el grupo elaboró una lista de “Ideas a favor del libre mercado para responderle al huracán Katrina y al alta del precio del gas”. En total, 32 políticas retiradas directamente de la cartilla del capitalismo del desastre.

Para tener una idea de cómo la administración Trump reaccionará a sus primeras crisis, vale la pena leer a la lista completa (y fijarse que el nombre de Pence está al final).

Lo que más se destaca en el paquete de pseudo políticas de “socorro” es el compromiso de librar una guerra total contra las normas laborales y la esfera pública, lo cual es irónico porque el fracaso de la infraestructura pública es lo que convirtió a Katrina en una catástrofe humana. También es impresionante la determinación de aprovechar cualquier oportunidad para fortalecer al sector de la industria del petróleo y el gas.

Los tres primeros itens de la lista del RSC son “suspender automáticamente las leyes Davis-Bacon vigentes sobre salarios en áreas de desastre”, una referencia a la ley que les exigía a los contratistas federales que pagaran un salario mínimo; “Hacer de toda la zona afectada una zona impuestos uniformes y de libres emprendimientos”; Y “hacer de toda la región una zona de competitividad económica (incentivos fiscales integrales y suspendiendo las regulaciones)”.

Otro punto solicitaba que los padres recibiesen vales para serusados en escuelas autónomas, una medida perfectamente en línea con la visión adoptada por la indicada por Trump para la secretaria de educación, Betsy DeVos.

Todas estas medidas fueron anunciadas por el presidente George W. Bush en menos de una semana. Bajo presión, Bush fue finalmente obligado a restablecer las normas laborales, aunque fueron ignoradas por los contratistas. Hay muchas razones para creer que este será el modelo de las inversiones multimillonarias en infraestructura que está usando Trump para cortejar al movimiento obrero. Ya se informó que la derogación de la Ley Davis-Bacon para esos proyectos flotaba en la reunión del lunes con los líderes y sindicatos del sector de la construcción.

En 2005, la reunión del Comité de Estudios Republicanos produjo otras ideas que también obtuvieron el apoyo presidencial. Los científicos del clima relacionaron el aumento de la intensidad de huracanes directamente con el calentamiento de la temperatura de los oceanos. Sin embargo, esta conexión no impidió que Pence y el RSC exigieran que el Congresso de los EE.UU. derogara las leyes ambientales en la costa del Golfo de México, que diera permisos para nuevas refinarias de petróleo en los Estados Unidos y autorizara la “perforación en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico”.

Todas estas medidas son una forma segura de impulsar las emisiones de gases de efecto invernadero, que son la mayor contribución humana al cambio climático.Sin embargo fueron inmediatamente defendidas por el presidente bajo el disfraz de remediar a una devastadora tormenta.

Obviamente la industria petrolera no era la única que se beneficiaba del huracán Katrina. Lo mismo ocurrió con una serie de contratistas con buenos conectactos, que convirtieron a la Costa del Golfo en un laboratorio privado para la respuesta a los desastres.

Las empresas que ganaron los contratos más importantes formaban parte de la conocida pandilla que participo en la invasión de Irak: la unidad KBR de Halliburton ganó un contrato de 60 millones de dólares para reconstruir bases militares a lo largo de la costa. Blackwater fue contratada para proteger a los empleados de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias [FEMA] de los saqueadores. Parsons, conocida por su trabajo negligente en Irak, fue llamada para un importante proyecto de construcción de puentes en Mississippi. Fluor, Shaw, Bechtel, CH2M Hill – todas las principales contratistas en Irak – fueron contratadas por el gobierno para proporcionar casas móviles a los evacuados sólo 10 días después de que los diques se rompieron. Sus contratos terminaron por un total de $ 3,4 mil millones, sin pasar por un proceso de licitación.

Ninguna oportunidad de ganancias fue dejada de lado. Kenyon, una división del mega conglomerado dedicado a los servicios fúnebres de la Service Corporation International (donadora de la campaña de Bush), fue contratada para rescatar a los cuerpos en las casas y en las calles de la ciudad. El trabajo fue increíblemente lento y algunos cuerpos quedaron expuestos al fuerte sol durante días. A los equipos de emergencia y a los voluntarios locales se les prohibió ayudar porque el manejo de los cuerpos incidía en el territorio comercial de Kenyon.

Y como muchas de las decisiones de Trump hasta ahora, una especialización relevante parecía no tener nada que ver con la forma en que se asignaron los contratos. Se informó que AshBritt, una compañía que cobró 500 millones de dólares para remover escombros, no poseía, supuestamente, un solo camión y que tercerizó todo el trabajo con otras contratistas.

Aún más impresionante fue la compañía a la que la FEMA le pagó $ 5.2 millones para desempeñar el papel crucial de construir un campamento base para los trabajadores de emergencia en la parroquia de St. Bernard, un suburbio de Nueva Orleans. La construcción del campamento se atrasó y nunca se completó. Cuando el contratista fue investigado, surgió que la compañía, Lighthouse Disaster Relief, era en realidad un grupo religioso. “Lo más cercano que he hecho a esto es simplemente organizar un campamento de jóvenes con mi iglesia”, confesó el director de Lighthouse, el pastor Gary Heldreth.

Después de que todas las capas de subcontratistas se llevaron su porción, no había casi nada para las personas que hacían el trabajo. Por ejemplo, el autor Mike Davis rastreó la forma en que la FEMA le pagó a Shaw u$s 175 el pie cuadrado para instalar lonas azules en techos dañados, a pesar de que las propias lonas fueron proporcionadas por el gobierno. Una vez que todos los subcontratistas tomaron su parte, los trabajadores que realmente instalaron las lonas cobraron sólo u$s 2 por pie cuadrado. “En otras palabras, todos los niveles de la cadena alimentaria contratante son grotescamente sobrealimentados, excepto el último peldaño”, escribió Davis, “donde se realiza realmente el trabajo”.

En Mississippi, una demanda colectiva obligó a varias compañías a pagar cientos de miles de dólares en salarios atrasados a trabajadores inmigrantes. Algunos cobraron nada. En un obrador de de Halliburton/KBR, los trabajadores inmigrantes indocumentados dijeron haber sido despertados en medio de la noche por su empleador (un subcontratista), quien supuestamente les dijo que los agentes de inmigración estaban en camino. La mayoría de los trabajadores huyeron para evitar su arresto.

Este nivel de corrupción y abuso es particularmente relevante debido al plan declarado por Trump de contratar gran parte de sus gastos en infraestructura con empresas privadas en las llamadas asociaciones públicas-privadas.

Como consecuencia del Katrina, los ataques contra las personas vulnerables, hechos en nombre de la reconstrucción y el socorro, no se detuvieron allí. Con el fin de compensar las decenas de miles de millones que fueron a las empresas privadas en los contratos y las exenciones fiscales, en noviembre de 2005 el Congreso controlado por los republicanos anunció que necesitaba recortar u$s 40 mil millones del presupuesto federal. Entre los programas que se redujeron estaban los préstamos estudiantiles, Medicaid, y los cupones de alimentos. En otras palabras, la gente más pobre de los Estados Unidos subvencionó dos veces la bonanza de los contratistas: primero, cuando el socorro por Katrina se transformó en beneficios corporativos no regulados, no proporcionando ni empleos decentes ni servicios públicos funcionales; Y, en segundo lugar, cuando los pocos programas que ayudaban directamente a los desempleados y a los trabajadores pobres de todo el país fueron cortados para pagar esas cuentas sobrefacturadas.

Este es el modelo del capitalismo del desastre que se alinea perfectamente al historial de Trump como hombre de negocios.

Trump y Pence llegan al poder en un momento en que este tipo de desastres, como los tornados fatales que acaban de golpear al sureste de Estados Unidos, están llegando rápida y furiosamente. Trump ya ha declarado a los Estados Unidos una zona de desastre permanente. Y los shocks seguirán aumentando, gracias a las políticas imprudentes que fueron prometidas en su campaña.

Lo que Katrina nos muestra es que esta administración intentará explotar a todos los desastres para ganar lo máximo posible. Será mejor que nos preparemos.

Trechos de este artículo son adaptaciones del libro: La doctrina del shock. El Auge del Capitalismo del Desastre


Cualquier semejanza con el gobierno Macri (y los nuevos contratos de Vaca Muerta con sus cláusulas laborales, por ejemplo) no deben ser una simple casualidad…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s