“Spotlight” un réquiem al Periodismo

Por Wilson Roberto Vieira Ferreira

Cine Gnose

Las representacioness del Periodismo hechas por Hollywood siempre fueron ambíguas, con una tendencia hacía lo negativo. Esto debe ser tenido en consideración al analixar el Oscar de Mejor película para “Spotlight”. La película cambia el foco sobre el escándalo del acobertamento de curas pedófilos por la Iglesia Católica para mostrar el porqué de periodistas y editores del diario Boston Globe haber ignorado esta pauta tan explosiva en el pasado. La película es sobre la culpa de una comunidad y de su periodismo por haber involuntariamente colaborado con el [acobertamento] de un escándalo y como “extranjeros” (un editor judio y un abogado armenio) sin lazos con la comunidad haber conseguido darse cuenta de esto. “Spotlight” es un réquiem al viejo periodismo local y comunitario, ahora substituído por Internet.

Al lado de la fuerte historia sobre abusos de niños encubiertas por la Iglesia por décadas (tal vez siglos), para quien es periodista ver la película Spotlight provoca sentimientos nostálgicos: clippings de notícias pre-web, periodistas investigando en archivos polvorientos y gastando la suela de los zapatos corriendo por las calles atrás de las fuentes, periodistas colgados al teléfono, rotativas y camiones llevando pilas de periódicos recien impresos cuya edición muestra en la primera página los artículos resultantes de largas investigaciones.

Faltó sólo el grito “Paren las rotativas!” clásico del viejo periodismo analógico donde los periodistas pasaban más tiempo en las calles chequeando la información que que en las redacciones “cocinando” press-releases.

Muy comparada a la película épica del periodismo investigativo Todos Los Hombres del Presidente (1972), Spotlight tiene una diferencia fundamental: mientras en los años 1970 la película tenía un aire documental y paradigmático del tiempo aún fuerte del Periodismo, aqui el premiado Oscar de Mejor Película transmite una atmosfera de fin de época.

La película

La película se inicia con la llegada de un nuevo editor (Marty Baron – Liev Schreiber) al diario Boston Globe en un diálogo con el jefe del equipo de investigación llamado “Spotlight” , Walter Robinson – Michael Keaton. Está el miedo por el despido y la preocupación por la pérdida de lectores por Internet. Su misión es transoformar al diario “esencial para los lectores locales”. Baron frunce la nariz al saber que el equipo Spotlight tarda meses para encontrar una nueva pauta y está preocupado con la pérdida de los clasificados del diario.

“Él es judio, no está casado y odia beisbol”, como jocosamente comentaban los periodistas en los bastidores sobre el nuevo editor que claramente está alli para intentar salvar al Boston Globe frente a los nuevos tiempos del siglo XXI.

La redacción del diario está formada esencialmente por periodistas que crecieron, estudiaron y viven en la ciudad donde el tema de las conversaciones giran en torno del último juego de la temporada de beisbol o sobre la consulta médica de un amigo. Baron sabe que este provincianismo es una barrera para el nuevo tiempo global que Internet prenaunciaba al comienzo del siglo – la historia transcurre en 2001.

Y él desafía al equipo Spotlight con una pauta que fuera despreciada por el diario y que necesita ser retomada: la vieja historia de un cura (John Geoghan) sobre quien se multiplican acusaciones de abuso infantil y que tiene un potencial de transformarse en un escándalo global – los documentos pueden revelar un esquema sistémico de la Iglesia para encubrir a curas pedófilos.

Para los periodistas que viven en Boston y que crecieron con una gran deferencia hacía la Iglesia Católica, llevar este tema hasta las últimas consecuencias es asustador: “Querés procesar a la Iglesia?!?!”, exclama asustado uno de los editores del diario.

Hollywood y el Periodismo

Las representaciones que Hollywood hace sobre el Periodismo en las pantallas siempre fueron, como mínimo, ambiguas: los periodistas son investigativos, osados y aventureros; pero también cínicos, inescrupulosos, alcohólicos y arrogantes.

Por eso, el Oscar de Mejor Película a este episodio real de la revelación del sistemático encubrimiento por a Iglesia de innumerables casos de pedofilia debe ser relativizado: con este premio Hollywood en verdad tocó un réquiem para el fin de una era del periodismo – la crisis del periodismo analógico, local y comunitario substituído por el digital y global de las nuevas tecnologias. Ironicamente, aquello que la película consagra (la lenta y cuidadosa investigación, la precisión y chequeo de la información) en verdad es un mundo que deja de existir justamente por la urgencia demotrada por el nuevo editor Marty Baron – paradojalmente, transoformar al diario “esencial para los lectores locales” es traerlo para las pautas del mundo on line donde justamente estos valores periodísticos que la película consagra dejan de existir por la velocidae y el inmediatismo.

Cambio de foco

Diferente del documental de 2012 Mea Maxima Culpa: Silence in The House of God (donde Alex Gibney sugeria que el Vaticano mantendria registros sobre abuso de niños por curas desde el siglo IV), Spotlight cambia el foco. La Iglesia es representada en la película de forma abstracta como “todo el sistema” y los choques del diario con la institución católica son sólo mostrados de pasada.

La narración es concentra más en el tema de como una comunidad entera puede tornarse cómplice de crímenes tan abominables. “Si toda la comunidad educa a un niño, toda la comunidade abusa de él ”, dice a cierta altura el abogado Mitchell Garabedian (Stanley Tucci) cuyos clientes enfrentan una conspiración de silenciamiento por los miembros de la alta sociedad de Boston.

Spotlight quiere mostrar como la propia fuerza del diario Boston Globe (su redacción formada por periodistas que nacieron y viven en la misma ciudad que lee el diario) fue su debilidad: silenciosamente la vida en la comunidad hizo ignorar una noticia que hace mucho tiempo deberia haber merecido una primera página.

Extranjeros

El actor-director Tom McCarthy parece haber sido el nombre correcto para el proyecto de esta película: él es un especialista en personajes outsiders o extranjeros – En El Agente de la Estación (2003) un exiliado se muda para una estación de tren abandonada en busca de soledad y se transforman en el catalizador de cambios inesperados; en El Visitante (2007) un profesor tiene su vida inesperadamente cambiada cuando descubre que en su departamento viven ilegalmente una pareja de extranjeros (una senegalesa y un sirio).

De esta vez en Spotlight tenemos un editor judio y Garabedian, abogado armenio, que en la película son también catalixadores de cambios en una comunidad en que los secretos son silenciados por fiestas y confraternizaciones sociales donde “una mano lava a la otra”. Todo cimentado ideologicamente por el fervor religioso y por la habituales misas del domingo. Como se habla en una línea de diálogo a cierta altura de la película, sólo los extranjeros venidos de afuera de aquella comunidad podriam verr algo que todos rehazaban ver.

Si historicamente Hollywood crea representaciones como mínimo ambíguas sobre el Periodismo (com una tendencia hacía lo negativo), debemos tener en consideración a esta perspectiva al analizar el Oscar de Mejor Película a Spotlight. La película es impiedosa sobre la forma como los periodistas del Boston Globe fueron también involucrados por el juego de “una mano lava a la otra” que mantuvo por décadas los terribles secretos envolviendo a curas en aquella comunidad.

La ironia de “Spotlight”

Si, por un lado podemos considerar a Spotlight un película que le presta un homenaje al viejo periodismo investigativo tal como en Todos los Hombres del Presidente, por otro la amenaza de Internet al diario (citada al comienzo de la película) y l parroquialismo y provincianismo que le hicieron al diario perder una buena historia en el pasado señalan hacía una crítica que está latente: el viejo periodismo comunitario y local debe ser substituído por el periodismo global, libre de las limitaciones regionales como lazos de amistades y familiares.

Al final, Marty Baron sentencia la moraleja: “pasamos la mayor parte del tiempo tropezando en la oscuridad. En un momento se prende la luz y sobra una buena porción de culpa para distribuir”. Quienes prendieron las luces fueron extranjeros, solitarios y sin lazos familiares o de amistades con aquella comunidad.

Lo Global se sobrepone a lo Local, en el prenuncio do en que se transformaria el Periodismo con Internet y la Globalización. En esta perspectiva, Spotlight es un réquiem a un estilo de Periodismo que desaparece con la transnacionalización de las enpresas de comunicación – periodistas ahora “cocinando” la información enviada por terminales globales, todos sentados en lugar de gastar sus suelas de zapato y paciencia chequeando los datos en archivos polvorientos.

Esta es la ironia de la película premiada por el Oscar: una homenaje a un Periodismo que no existe mas.


Al leer esta crítica y recordar la película pensé en lo que pasa con el modelo transgénico en la Argentina y la ausencia de información en los medios.

Es obvio que Clarín y La Nación son socios en esta destrucción y enfermedad, pero y los otros?.

Pensé en tantas denuncias que hubo en el Boston Globe diciendo de la situación con los curas pedófilos y la campaña de encubrimiento por parte de la iglesia y al diario haciendo oídos sordos ante todo esto….Alguna vez tendremos un “Spotlight” en la Argentina?, obvio que no con Clarín o La Nación…

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