Brasil: La mayoria de las cervezas más consumidas en el país es hecha con maíz transgénico

La industria se aprovecha de la legislación mal hecha, que no exige un etiquetado especial, ni especificación de los “cereales no maltados”, omitiendo del consumidor el símbolo relacionado al miedo, enfermedades e incertezas

Red Brasil Actual

por Cida de Oliveira publicado 03/03/2017 10h42, última modificación 06/03/2017 17h16


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La ley determina que alimentos o bebidas con más del 1% de ingredientes transgénicos deben ser etiquetados; la T indicando las presencias de plantas geneticamente modificadas no aparece en ninguna cerveza

La bebida alcohólica más consumida por los brasileños, la cerveza puede contener en su formulación mucho más que agua, cevada y lúpulo. Las letras pequeñas en las etiquetas de las botellas o impresas en la propia lata, en colores metálicos, que hacen más difícil la lectura, dan algunas pistas: “cereales no maltados” o “malteados”. El consumidor común se queda sin saber al final qué ingredientes exactamente son. Mientras especialistas en nutrición, no tienen dudas. En general es el maíz, el más barato de los granos, el elegido por los fabricantes para componer, con los demás ingredientes, una bebida que puede ser vendida más barata para que no tengan que ceder del elevado margen de ganancia.

“Como la legislación no exige la especificación de cada ingrediente que constituye la cerveza, las empresas utilizan el término genérico ‘cereales no maltados’. Al no colocar la denominación específica, dejan dudas sobre la composición. Por lo tanto, es posible partir del principio de que el maíz está siendo utilizado sin que haya una indicación de su presencia”, dice la nutricionista Rayza Dal Molin Cortese, pos-graduanda en Nutrición por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC).

Un estudio del Laboratorio de Ecologia Isotópica del Centro de Energia Nuclear en Agricultura (Cena), de la Universidad de São Paulo, divulgado en 2013, respalda a la suposición de Rayza. Al analizar 77 marcas, de las cuales 49 eran producidas en Brasil y 28 importadas de países de Europa, América del Sur y del Norte y de China, los investigadores del Cena/USP concluyeron que sólo 21 de ellas pueden exhibir el sello “pura malta” por utilizar solamente granos de cevada.

¿Pura malta?

Entre las nacionales, fue detectado maíz en la composición de 16 marcas, en cantidades equivalentes al 50% del mix de cereales adicionados a la cevada. Esta proporción, es contraria a la legislación brasileña, que limita la cantidad de maíz, arroz, trigo, centeno, avena y sorgo a 45% del total de la cevada utilizada. Y justificaria el trueque del nombre de estas bebidas prevista en la ley: cerveza de maíz, cerveza de arroz etc., agregándose el nombre del cereal con mayor presencia en la formulación.

Pero seria esta opción adoptada por un mercado gigante comoe el cervecero brasileño, que mueve todo el año algo en torno de R$ 74 mil millones [unos u$s 23 mil millones], cerca de 1,6% del PBI, de acuerdo a la investigación divulgada en marzo de 2016 por la Fundación Getúlio Vargas?

Darle nombre a los cereales – especialmente si fuera maíz – puede no ser considerado un”buen negocio” para el millonario grupo de productores de la bebida alcohólica más vendida en Brasil – cerca de 14 mil millones de litros por año. Pero hace toda la diferencia para los brasileños que consumen, per capita, todo el año, lo correspondiente a 62 litros de cerveza.

Primero porque más de 80% del maíz cultivado en Brasil, según especialistas oídos por este reportaje, está em plantaciones transgénicas, sembradas con granos modificados geneticamente. Con el argumento de aumentar la productividad, la industria de las semillas alteró el DNA de plantas como el maíz para supuestamente aumentar la productividad.

En realidad, esa biotecnologia las transformó para dos cosas: resistir a las cantidades cada vez mayores de agrotóxicos utilizados para matar a las plantas indeseables para el monocultivo, que podrían comprometer a esa propalada productividad; o para que produczan toxinas que contraataquen a los insectos que afectan a la salud humana.

Incertezas

El problema es que, como estas plantas útiles para el equilíbrio ambiental e indeseables para la producción a gran escala van adquiriendo resistencia contra algunos principios activos de los agrotóxicos pulverizados, empiezan a ser aplicados otros venenos, más potentes y en cantidades mayores.

Las consecuencias a la salud humana, animal y ambiental debido a una alteración genética tan grande en granos que serán usados directa o indirectamente en la producción de alimentos aunque fueran dimensionadas lo suficiente por la ciencia. De los pocos estudios, los resultados son preocupantes, por no decir alarmantes.

El biólogo, investigador jubilado de la Embrapa [el INTA brasileño] y ex-miembro de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio) José Maria Gusman Ferraz es coautor del libro Plantaciones Transgénicas – Riesgos e Incertezas (es un pdf). La obra, editada en 2015 por el Núcleo de Estudios Agrários y Desarrollo Rural del entonces Ministerio del Desearrollo Agrario, disponible para su descarga, terminó de conseguir su versión en inglés. Los autores analizan más de 750 estudios despreciados por las agencias reguladoras de organismos geneticamente modificados en todo el mundo.

Él destaca una investigación divulgada en 2012 por investigadores franceses que movilizó a la opinión pública y al mercado de transgénicos de todo el mundo. Comandados por Gilles-Eric Séralini, de la Universidad de Caen Normadie, en Francia, los científicos constataron daños al hígado y riñones y disturbios hormonales en ratones alimentados con el maíz transgénco NK603, de Monsanto. Además de estos graves efectos, fue detectado el desarrollo de innúmerables tipos de tumores.

El impacto de la gran repercusión hizo que la investigación sea cuestionada y retirada de la revista que la publicó originalmente (Food and Chemical Toxicology). No sólo: la publicación tuvo su cuerpo editorial reformulado, con la entrada de un nombre fuerte indicado por Monsanto. Los mesmos resultados, sin embargo, fueron publicados con detalles después en la Environmental Sciences Europe, mostrando todos los daños causados.

En esa época, el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (Idec) y otras entidades ambientalistas, de la salud y en defensa de la agricultura orgánica, entre otras, pidieron la suspensión de la liberación comercial de esta variedad de maíz.

“Incluso con este estudio indicando claramente el riesgo, la CTNBio aprobó su liberación comercial en el país, en una clara falta de respeto al principio de la precaución, que preconiza que si existe la posibilidad de riesgo, la empresa que lo propone tiene que probar que el riesgo no existe”, afirma Gusman. “Un grupo minoritario dentro de la comisión solicitó que, si existían dudas, el estudio deberia ser rehecho antes de su liberación para la comercialización. Pero como siempre, fueron vencidos por el voto de la mayoria – relacionada con los agronegocios –, que despreció a esta y otras evidencias de que sí había un riesgo a la salud en la liberación comercial.”

Además de profesor invitado de la Unicamp, donde conduce investigaciones en agroecologia, Gusman se dedica a la campaña contra el mosquito transgénico, desarrollado en el laboratorio para combatir al Aedes aegypti, que ya fue suelto en el interior de São Paulo – otro caso envuelto en irregularidades en el proceso de liberación, con problemas y dudas en las investigacions, lo que transforma a las poblaciones locales en cobayas de intereses de transnacionales.

Otro estudio, según él, también enciende el alerta contra los transgénicos. Conducido en la Facultad de Medicina de Tanta, en Egipto, constató que otra variedad de maíz de Monsanto, el MON810, alteró profundamente las estructuras que componen el intestino de las cobayas. Surgieron lesiones proliferativas y hemorrágicas en las mucosas intestinales, responsables por la absorción de los nutrientes necesarios para el funcionamiento del organismo. El maíz correspondia a sólo el 30% de la dieta de los ratones.

Más venenos

Como las plantaciones transgénicas son sinónimo del uso de altas dosis de agrotóxicos, los especialistas alertan sobre los peligros de los agroquímicos a la salud y a la vida de los agricultores y de quien vive cerca de las áreas pulverizadas, para aquellos que trabajan en las industrias de venenos, y para quien ingiere alimentos y agua cargados de residuos de estos agroquímicos.

Por eso estas substancias son un problema de salud pública, aunque las autoridades de salud hagan poco o nada para reducir, por lo menos gradualmente, el uso de productos tan nocivos. Estos venenos ya fueron relacionados a diversas enfermedades, entre ellas cánceres de varios tipos; alteraciones endocrinológicas y reproductivas, como cuadros de menstruación, menopausia y andropausia precoz, además de alteraciones en el sistema reproductor; e inclusive neurológicas, facilitando el desarrollo del Mal de Parkinson, por ejemplo, según invetigaciones recientes.

También pueden provocar alteraciones en la gestación que deriven en el nacimiento de bebés con malformaciones; disturbios emocionales que generen discapacidad, como  depresión; cuadros de intoxicaciones agudas, que de acuerdo al veneno puede matar por asfixia, o incluso crónicas, debido a exposiciones frecuentes o a la acumulación de resíduos en el organismo. Todo esto en un cuadro en que algunas de estas enfermedades pueden convivir sin que sus causas sean asociadas a los venenos agroquímicos. El Ministerio de Salud estima que por cada caso notificado, con nexo-causal, hay otros 50 totalmente ignorados.

Consumidor desinformado

Para especialistas y activistas contra los transgénicos y sus peligros, todos los alimentos – bebidas inclusive – con cualquier vestígio de transgénicos, deberían recibir el sello con la letra T en negro dentro de un triángulo amarillo, símbolo internacional de la presencia de organismos geneticamente modificados.

Pero la legislación, que en Brasil está creada por sectores alineados con el agronegocio que controlan al Congreso Nacional y a sectores del gobierno federal, no van en esta dirección. La nutricionista Rayza Cortese, que investiga a organismos geneticamente modificados y al etiquetado de alimentos comercializados en Brasil, afirma que la legislación sobre el tema, establecida por el decreto 4.680/2003, establece que “todos los alimentos (y las bebidas alcohólicas son consideradas alimentos) e ingredientes alimentarios que contengan o sean producidos a partir de OGMs, con presencia superior al 1% del producto, deben ser etiquetados”. Sin embargo, el símbolo no aparece en ningún embalaje de cervezas que contengan maíz.

Y eso a pesar de que el Idec haya obtenido, en el Supremo Tribunal Federal (STF), la garantia del etiquetado con el triángulo amarillo en alimentos con ingredientes geneticamente modificados, independientemente de la cantidad. En mayo del año pasado, el STF volvió a garantizar la indicación en la etiqueta de alimentos que utilizan ingredientes geneticamente modificados, independientemente de la cantidad presente.

La exigencia estaba suspendida desde 2012, por una decisión provisoria del ministro Ricardo Lewandovski, que atendió al pedido de la Unión y de la Asociación Brasileña de ls Industria de Alimentos (Abia).

“La decisión es importante porque debilita al proyecto de ley que tramita en el Congreso para derribar la obligatoriedad de la información en la etiqueta. Sin este etiquetado, el consumidor tiene negado su derecho a la información para decidir en el momento de la compra, de acuerdo a lo que prevé el Código de Defensa del Consumidor”, dice la investigadora en alimentos del Idec, Ana Paula Bortoletto.

Palabra de la industria

La Asociación Brasileña de la Industria de la Cerveza (CervBrasil), que representa a Ambev, Brasil Kirin, al Grupo Petrópolis y a Heineken – los cuatro mayores fabricantes – afirma, en nota a este reportaje de la RBA, reproducida íntegramente a continuación que “la industria brasileña de la cerveza es reconocida por la alta calidad de sus productos y recetas que conquistaron el gusto del consumidor brasileño – lo que hace que el país sea uno de los mayores mercados de cerveza del mundo. El respeto al consumidor es uno de los principales valores del sector cervecero. Es por eso, que mejoramos siempre los procesos, usamos los mejores ingredientes, adoptamos las técnicas más avanzadas e innovamos siempre.

“Las recetas, obviamente, varían de acuerdo con la marca y el tipo de la cerveza. Los detalles de estas formulaciones no son abiertos al consumidor, ya que son informaciones confidenciales y que necesitan ser protegidas para preservar al ambiente competitivo del sector. Cada ingrediente es usado para traer características al producto. La utilización de cereales no-malteados en la fabricación de cervezas no es una exclusividad de Brasil. Eso sucede en diversos países. Uno de los principales objetivos es chequear las características como leveza y refrescancia.

“Vale recordar que las legislaciones brasileñas y del Mercosur permiten que sean usados cereales no-malteados en la producción de cervezas, como maíz, avena, sorgo, arroz etc. Sin embargo, este uso no es indiscriminado. La legislación establece la participación máxima de 45% de estos insumos en el llamado extracto primitivo (la parte sólida de la cerveza). El sector cervecero en Brasil cumple rigurosamente esta norma. Los patrones de calidad y seguridad de la cerveza brasileña son regulados y fiscalizados por el Ministerio de Agricultura, Anvisa, entre otros órganismos.

“Las discussões alrededor de los organismos geneticamente modificados forman parte de este gran esfuerzo. Por eso, las cervezarias acompañan de cerca el tema y siguen todas las normas legales sobre el uso y etiquetado de estos insumos. Las cervecerias asociadas a la Asociación Brasileña de la Industria de la Cerveza (CervBrasil)- de la cual participan Ambev, Brasil Kirin, Grupo Petrópolis y Heineken – realizaron pruebas de detección de DNA transgénico que comprueban la ausencia de organismos geneticamente modificados en sus productos. Además de esto, nuestros productos atienden a las recomendaciones nacionales e internacionales más rígidas de seguridad, desde el início hasta el fin de los procesos productivos, no representando, por lo tanto, cualquier rieso a la salud del consumidor.”

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