Así como los hechos positivos de fines del 2001 no existieron, en Brasil Junio de 2013 no tuvo lugar

Del artículo de Bruno Cava, Crisis Brasileña: junio de 2013 no tuvo lugar, Open Democracy

En « Mai 68 n´a pas eu lieu” [Mayo de´68 Nunca Ocurrió], Deleuze y Guattari contestan a la afirmación de que nada había sobrevivido al ciclo de luchas alrededor del año mágico de 1968. Publicado en 1984, en la atmósfera melancólica de la era Reagan y del miedo nuclear, el artículo demandaba “un poco de lo posible, ante la asfixia”. Para los autores, era como si el impulso constituyente de los nuevos mundos del mayo de 68 hubiese desaparecido por completo de las narrativas y de la comprensión del presente histórico. Esta desaparición tenía lugar tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político-ideológico, formando una especie de frente amplio de olvido.

Al contrario de otras revoluciones, que alcanzaron el punto de cristalización en nuevas instituciones y ensamblajes colectivos, – como en el New Deal, en el despegue japonés, en el Welfare europeo, con todas sus ambigüedades – aquél acontecimiento había resultado absolutamente cegado. Todo lo que se había abierto, como campo de posibilidades, terminó siendo reprimido, caricaturizado, marginalizado.

Si, por un parte, las narrativas sobre la crisis vivida al comienzo de los años 80 borraron Mayo del 68 de su memoria, como un acontecimiento que apenas había tenido lugar; por otro, sus rastros resurgían como una memoria nocturna desde donde, según los autores, se podrían recrear las fuerzas para superar los impases y desatascar los problemas actuales. La paradoja de formulación consiste en que Mayo del 68, al mismo tiempo que no tuvo lugar, de acuerdo con la linealidad histórica, crea las condiciones para que un suceso la rompa, escapando así de sus atascos.


“El rechazo de la política existente está acompañado, en paralelo, por el deseo y las potencialidades concretas de una democracia de movilización, que la lógica de redes y la intensiva productividad social ya han hecho posible. Sus expresiones han sido amortiguadas por atolladeros ideológicos, por las llamadas al miedo y al pánico moral, por los esfuerzos en desmovilizar cualquier alternativa que no sea adherirse al “más de lo mismo”. Debido a ello, la polarización “desde arriba”, constituye un bloqueo estructural. Bloquea sistemáticamente las energías que podrán regenerar “desde abajo” las instituciones o inventar otras nuevas, causando una tensión cada vez más ruidosa e insoportable, que puede llevar a la indignación reprimida y, como en un strike en los bolos, derribar el sistema político. ”

Junio de 2013 no tuvo lugar

“Como escribieron recientemente Alexandra Mendes y Clarissa Naback, las jornadas de 2013 proyectaron dos tendencias principales: fueron reivindicatorias, en el sentido que exigieron derechos y respuestas por parte del poder público; pero también inmediatamente productivas, como en las ocupaciones de instituciones legislativas, la constitución de nuevas redes y colectivos, y de una larga cadena de “mediactivismos” que desafiaron a los medios de comunicación conservadores. Las protestas de 2013 fueron tan impactantes que, en aquel entonces, Dilma acudió a la red nacional de TV para proponer la convocatoria de una asamblea constituyente, los incrementos tarifarios fueron cancelados, la remoción de las favelas fue suspendida y el proyecto de ley que instituía la “cura de los gays” fue aparcado, entre otras conquistas. Para los autores del artículo, a fin de escapar de las trampas del impeachment, a día de hoy la posición política más consecuente es exigir nuevas elecciones. Ese es también el posicionamiento de Marina Silva e de Luciano Genro, tercera (21.5% votos) y cuarta (1.5%) fuerzas políticas en las últimas elecciones (octubre 2014). Unas nuevas elecciones, pese a no resolver los problemas por sí mismas, al menos servirían de circuit breakers, como sucede en la Bolsa ante la aceleración perversa de una crisis.

Sin embargo, junio de 2013 fue borrado de la memoria y negado en las narrativas, tanto por izquierda como por la derecha. Esta negación vino de la mano de la represión, que se intensificó en el periodo que va desde octubre de 2013 hasta el Mundial de Futbol en julio de 2014. Si junio impulsó el sistema político hacia arriba, éste dio varias vueltas en el aire y cayó de pie como un gato…y arañando. A la izquierda, las luchas de 2013 fueron descalificadas porque encarnarían un levantamiento nihilista y fascista, un caldo de cultivo desorganizado, a la deriva y sujeto a pulsiones reaccionarias, según el viejo argumento hobessiano-burkeniano de que la multitud es caótica y voluble. Desde la derecha de siempre, las protestas habían sido contaminadas por vándalos y criminales, que desvirtuaban las reivindicaciones de los ciudadanos de buena fe. En ambos casos, la condena más vehemente convergió en la figura maldita de los black blocs, un actor inasimilable.

En 2013, en medio de los preparativos para campeonato del 2014, las calles gritaban “No habrá Mundial”, gritando más fuerte cada vez que eran reprimidas por la policía de choque. El grito recorrió el Brasil rebelde. Juntamente con la represión que tuvo lugar en los meses siguientes, el Gobierno y sus medios de comunicación resolvieron contestar a los manifestantes al año siguiente, al lanzar la campaña “Si que habrá copa”. Lo hicieron al mismo tiempo que coordinaban un aparato bélico-policial inédito para frustrar cualquier tipo de protesta, con derecho a kettling, ataques preventivos, al espionaje masivo de activistas, prisiones preventivas y todo tipo de amenazas e intimidaciones.

En 2016, la respuesta subió de tono cuando el grito de protesta “No habrá Mundial” fue sustituido por el “No habrá golpe” pro-gubernamental, manteniendo la mismo música. Todas las argucias legales e ilegales que fueron adoptadas por el juez estilo-Batman Sergio Moro contra las fuerzas aliadas del gobierno, que ahora se quejan del Estado policial, ya estaban presentes, y con mayor brutalidad, durante las protestas de 2013-2014, durante las que los pro-gubernamentales estaban en el poder. Por otra parte, nunca dejaron de estar presentes, si tenemos en cuenta el estado de excepción normalizado en la gestión de la pobreza en las favelas, periferias y comunidades habitadas mayoritariamente por negros e indígenas.

Los mismos intelectuales ligados al PT que hoy clasifican los millones de manifestantes, en las calles y en las redes, de elitistas o directamente de fascistas, emplearon la misma fórmula para, no sólo descalificar el levantamiento de 2013, sino también para participar directamente en el consenso represivo, que, una vez despejado el polvo de las marchas, se abatió sobre centenares de nuevos grupos y millares de activistas. Esos intelectuales, tal igual que los periodistas de los medios conservadores, vencieron dos veces: la primera, vencieron junto a la represión de las protestas, de las que participaron con el trabajo de la legitimación; la segunda, cuando constatamos cómo, durante el bienio 2015-2016, los colectivos autónomos y los black blocs desaparecieron de las calles, que pasaron a estar ocupadas por manifestaciones muy cívicas contra la corrupción o, en el caso de las protestas pro-gubernamentales, debidamente domesticadas por el propio partido en el poder. En medio de todo esto, sin embargo, sus voces siguen resonando tanto allí como aquí, ya sea cuando los políticos de la oposición son abucheados en un tono que recuerda el “que se vayan todos” argentino de 2001, ya sea cuando grupos minoritarios se resisten a ser instrumentalizados en nombre del miedo, rechazando la lógica de la pasividad.

Las protestas de junio de 2013 a día de hoy son un no-hecho, una anomalía para las linealidades construidas por quien narra la historia desde las atalayas del poder. A la izquierda del gobierno, se dice que el vacío dejado por el fin del ciclo del PT será ocupado por las nuevas derechas restauradoras de la noche neoliberal del Consenso del Washington. Como se creen el único sujeto histórico trasformador, es natural que adopten la gramática de après nous, le déluge. Faltaría explicar tan solo por qué no se puede considerar que ese giro no aconteció ya durante el gobierno de Dilma. Entroncado con reformas de austeridad, esquemas mega-empresariales corruptos y una legislación represiva que nada tiene que envidiar a la de los años 90. A la derecha, se establece un frente justiciero que, desde fuera del sistema político-partidario, pretende asaltarlo como un hegeliana “escoba de Dios”, en un higienismo conservador en nombre de la eficiencia, de la obediencia y de la competitividad. Faltaría explicar, en este caso, cómo profundizar la democracia mediante instituciones que no son democráticas, como la policía, el actual poder judicial o el alto empresariado de Sao Paulo.

Resignándose a esas decisiones predeterminadas, no habrá pensamiento y acción efectiva, sino adhesión y reproducción de los mismos esquemas, Entonces, ante un escenario en que estamos constreñidos a no escoger, es necesario escoger escoger. Junio de 2013 fue un suceso irreductible a los términos en disputa actualmente. Cabe preguntarse: ¿dónde están las condiciones de creación abiertas por las protestas realizadas hace tres años? ¿Dónde se encuentran sus vestigios, sus resonancias, las redes transversales a las dicotomías? ¿Cómo evitar las trampas de una polarización superficial e impotente? No hay salida predeterminada, menos aún si viene dada por una receta ideológica. Como decían Deleuze y Guattari en su libro sobre el 68, Il n’y a de solution que créatrice (no hay solución, si no es creativa).

Bruno Cava, Crisis Brasileña: junio de 2013 no tuvo lugar, Open Democracy


Pensando en la Argentina y en los hechos de fines del 2001, los políticos y los grandes medios se ocupan de negar aquellos movimientos que buscaban autonomía, independencia, soberanía alimentaria, que buscaban realizar intercambios sin la dádiva del gobierno…Todo eso no se recuerda, tal vez sea tiempo de recordarlo y de intentar recrear esos movimientos por fuera de los partidos y grupos políticos que sólo buscan sus propios intereses.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s