Soledad Barruti: Chatarra Sin Control y Leyes dormidas en el País de “Cuestión de Peso”


Grupo en Facebook Mal Comidos, Soledad Barruti

“En Argentina el 7,3% de los menores de 5 años tiene sobrepeso y obesidad, lo mismo padece más del 30 por ciento de los adolescentes. Las cifras no se repiten año a año, las cifras aumentan y es un problema de salud pública enorme. El sobrepeso y la obesidad están relacionados con una serie de enfermedades que van de la diabetes a la depresión. No hay país en la región que no esté trabajando en leyes orientadas a revertir este asunto. Prohibir la publicidad y el marketing dirigido a niños, hacer etiquetados frontales claros, promover el acceso a alimentos frescos, sanos y adecuados es el único camino. No es un capricho salir del “que cada familia se haga cargo”: es la conclusión a la que llegaron todos los científicos que asesoran a la Organización Panamericana de la Salud, que devino en un acuerdo que firmaron los países miembros del organismo, también Argentina.

Ahora bien, ¿qué ocurre en nuestro país que no se hace NADA? ¿Que las promociones como las que adjunto son de lo más natural? ¿Por qué puede McCain vender este refrito de papa usando pensonajes como Minions que hablan directamente a los niños, sugiriendo un menú espantoso bajo el claim saludable? ¿Por qué Vieníssima sigue ofreciendo su embutido de carnes mecánicamente extraídas mezclada con aditivos y sodio como un juego y ahora con cubiertos para empujar aún más a que los chicos la lleven a la escuela como si fueran alimento? ¿Por qué McDonalds nunca siguió la ley que les impide meter juguetes de anzuelo en la cajita feliz (ahora es el Nerf de la foto acompañado por una leyenda: “Estimula las capacidades motrices de tu hijo”)?

El asunto es así: en Argentina hay leyes dando vueltas. Sobre todo una bastante completa. Pero no avanza. Desde hace meses la está “puliendo” dentro del ministerio de Salud una mesa de asesores representada por un grupo cada vez más chico, elegido a dedo según la afinidad que tienen con las autoridades de ese ministerio, que a su vez tienen grandes afinidades con la industria alimentaria. Para decirlo más directamente: muchos de los que están ahí participando del debate se visten de expertos pero son representantes de los intereses de las marcas. Aunque no están obligados a decir para quién trabajan, claro. De hecho a muchos a los que se les pidió que lo hicieran les pareció una ofensa tener que contarlo. Cuestión que luego de más de un año de “trabajo”, hasta ahora se firmó un sólo acuerdo y fue con COPAL, la cámara que nuclea a las grandes marcas, donde se comprometen a lo mismo que se comprometen y no cumplen desde hace años: a no publicitar a los niños, por ejemplo. Los acuerdos con entidades como esa son algo que la OPS explícitamente sugiere no hacer: porque se sabe cómo terminan; en esto mismo: en nada. O peor: en leyes a medias. “Publicitamos a los niños pero menos” “Cambiamos el etiquetado por uno que está probado que no es tan efectivo y no baja tanto nuestras ventas”, “inventamos kioscos “saludables” repletos de los mismos productos en porciones más chicas o repletos de versiones de lo mismo pero con edulcorante”. “Hacemos que hacemos mientras todo sigue igual”.

El problema en nuestro país, entonces son esos conflictos de interés que ponen a las empresas por encima de las personas, y del interés colectivo. El encargado del equipo de alimentación saludable dentro del Ministerio es Alberto Cormillot, quien siendo funcionario en el último mes volvió a la tele con su célebre Cuestión de Peso, donde un montón de gente -médicos, nutricionistas, famosos, productora, clínica- gana un montón de dinero alrededor de personas que padecen esta enfermedad pandémica. No me detengo otra vez en lo que pienso del programa en sí porque ya lo hice muchas veces, sólo voy a decir que la exposición, la infantilización y la humillación a la que se expone a los participantes, la falta de empatía que promueve en los espectadores (no es lo mismo la pena ni la gracia que la empatía) y los mensajes de dudoso rigor científico que se imparten, me generan una mezcla de espanto y tristeza.

En Argentina hay muchísimos investigadores serios y comprometidos con la salud de las personas que no tienen un negocio paralelo que se puede completar, e incluso revestir de seriedad por un cargo público. Algunos de ellos fueron invitados a participar del debate de esa Comisión para darle vueltas a la ley que no se trata, hasta que no fueron invitados más.

Y nosotrxos así seguimos: con estas publicidades que a algunos les parecen de lo más normal y a otros les vuelven el día a día una pesadilla con sus hijos deseando comestibles que les hacen daño. Con familias enteras que no saben qué hacer. Con niños y niñas que enferman mientras cambian mayonesa por ketchup para empujar el Paty porque en la tele dijeron que es más “light”. Con la solución ahí enfrente, consensuada, probada como efectiva, pero tapada por una montaña de plata que no nos la deja ver.

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