Brasil “Carne Débil”: Friboi, BRF y la “ética” del libre mercado

Outras Palavras

on 20/03/2017

Por Gustavo Henrique Freire Barbosa

En el capítulo de El Capital sobre la jornada de trabajo, Marx trata sobre la adulteración del pan revelada por el informe del comité de la Cámara de los Comunes elaborado en los años de 1855 y 1856 en Londres. Aunque haya reconocido la irregularidad en la producción de panes, el comité, trata con la “más tierna delicadeza al free trader que compra y vende mercaderías adulteradas to turn an honest penny (para ganar un centavo honesto)”, concluye que el libre comercio alcanzaría también el derecho de comercializar productos falsificados, llevando al pensador alemán a tejer críticas más que pertinentes a la increíble condescendencia de las instituciones inglesas:

“El inglés, versado en las Sagradas Escrituras, sabía bien que el hombre al que la predestinación no ha elegido para capitalista, terrateniente o beneficiario de una sinecura está obligado a ganarse el pan con el sudor de su frente, pero no sabía que con su pan tenía que comer diariamente cierta cantidad de sudor humano mezclado con secreciones forunculosas, telarañas, cucarachas muertas y levadura alemana podrida, para no hablar del alumbre, la arenisca y otros ingredientes minerales igualmente apetitosos”1.

Aún en el mismo capítulo, Marx simula un ultimatum de un trabajador que exige un pago justo por su fuerza de trabajo además de una jornada de trabajo correspondiente con la dignidad humana, queja que hace al burgués

“ sin apelar a tu corazón, ya que en asuntos de dinero la benevolencia está totalmente de más”.

Denunciando la separación de la narrativa del capital con las idiosincrasias de quien lo maneja, prosigue:

“ Bien puedes ser un ciudadano modelo, miembro tal vez de la Sociedad Protectora de los Animales y por añadidura vivir en olor de santidad, pero a la cosa que ante mi representas no le late un corazón en el pecho.”2.

La lección posible de extraer de estos trechos es que el capital, en sus más diversas expresiones, es una fuerza impersonal, volcánica y ajena a la moral particular de quien detiene los medios de producción — personas que, en su condición de capitalistas, se correspondem sólo con el capital personificado. Su alma, así, es el alma del capital, que tiene un único impulso vital: el impulso de autovalorizarse, de crear plus valía y, como un vampiro, vivir sólo de la succión del trabajo vivo, viviendo de acuerdo a cuanto más trabajo vivo es capaz de succionar3.

Para sobrevivir en un ambiente de competencia, el capitalista está obligado a despedirse de sus valores morales particulares y abrazar la ética del libre mercado, actuando impulsivamente en el sentido de adoptar el mayor número posible de subterfugios para disminuir los costos de la producción y aumentar su excedente de ganancias ante el riesgo de ser comido por sus competidores. El hecho de tales subterfugios ser lícitos o ilícitos es apenas un detalle.

Así, no son novedades las noticias recientes involucrando a las dos gigantes nacionales en el ramo del comercio de carnes, JBS y BRF, acusadas de adulterar sus productos y colocarlos en el mercado en condiciones completamente no aptas para el consumo, incluyendo la disposición de carne podrida con inyeciones de ácido ascórbico y rellenada de cartón.

El escándalo sirvió para desmistificar de una vez dos puntos defendidos de forma entusiasmada por la apologética del libre mercado: el primero, relacionado a la libre iniciativa, se consolida como quimera frente al hecho de que las conductas son atribuídas a dos marcas que forman un oligopolio responsable por la brutal mayoria de los productos dispuestos en las góndolas de los supermercados (BRF, por ejemplo, posee a Sadia y a Perdigão, mientras que JBS es dueña de Friboi, Seara y de Big Frango, además de una serie de incontables mercaderias de diferentes marcas producidas por estos conglomerados); el segundo punto, a su vez, dice sobre la propia libertad de consumo y de la conciencia del riesgo que se corre al consumir determinados productos. Por fuerza del Código de Defensa del Consumidor, en buena parte de los casos tenemos acceso a informaciones suficientes de que la ingestión de determinados alimentos puede causarnos problemas de salud, como el ejemplo de las gaseosas, transgénicos y demás mercaderías en cuyas etiquetas constan sus ingredientes, químicos y estabilizantes. En caso en análisis, los conglomerados afectados no sólo negaron el riesgo a la salud que sus mercaderías adulteradas pueden causar a los consumidores como elevaron ilícita y exponencialmente este riesgo, en una clara relación de causa y efecto para lograr unicamente del pináculo del modo de producción capitalista que es la acumulación predatoria a cualquier costo.

Así, para que vendan más y engorden sus márgenes de ganancias, terminan por demoler de una vez los pilares del liberalismo neoclásico que son la libre competencía y la libertad de elección, en más un ejemplo de la clásica contradicción entre las fuerzas productivas – también señalada por Marx – por medio de la que se evidencia que el modo de producción capitalista es incapaz de concretar los mismos principios en los que se funda.

Abundan contradicciones en este sentido. El hecho de que produzcamos alimentos suficientes para alimentar a la población del planeta al paso que casi mil millones de personas aun padecen hambre4 es una de las más categóricas pruebas de que, estando la producción alimentícia encarcelada por la dinámica de la acumulación y de la propiedad privada, los géneros alimentícios jamás serán producidos con la principal finalidad de saciar el hambre de las personas, sino si para contemplar los intereses de la media docena de entidades que dominan al mercado mundial de producción de alimentos. El hecho de no ser encontrados recursos para resolver problemas como el del hambre mientras trillones de dólares en recursos públicos fueron proporcionados de la noche para el día para salvar a especuladores y agentes del sistema financiero internacional responsables por la crisis de 2008 dá la dimensión de que el problema jamás fue la insuficiencia de recursos, sino si las formas de su canalización y la ausencia de maneras de organización social que le permita a los ciudadanos y ciudadanas la apropiación democrática de los recursos y resultados económicos.

En esta perspectiva, quien no está dispuesto a posicionarse de forma contraria a la ética predatoria de acumulación desenfrenada del capitalismo y su tendencia natural a la formación de monopolios y oligopolios no pose ninguna autoridad para criticar el escándalo de las carnes. De la misma manera, tampoco posee ninguna condición de salir en defensa de la libertad fomentada por la apologia vulgar del libre mercado — incluso la libertad de consumir en los mismos términos y premisas de los códigos mercantiles que suelen condicionar y confundir el ejercício de la libertad al acto de comprar, generando un ejército de consumidores fracasados que, según Bauman, pagan el amargo precio de la confusión entre ciudadania y consumo promovida por el capitalismo posmoderno.

Mientras permanezca existiendo la contradicción de las fuerzas productivas referentes a la producción y distribución de alimentos, gigantes del agronegocio como BRF y JBS – conocidas violadoras de derechos ambientales, laborales y responsables por conflictos en el campo involucrando a comunidades indígenas y ribereñas – continuarán existiendo y, sobre todo, produciendo veneno en forma de comida, coronando un sistema plenamente disfuncional y hostil a cualquier prospección emancipatoria de la humanidad.

2 Idem, página 308.

3 Idem, página 307.

Anuncios

Un comentario en “Brasil “Carne Débil”: Friboi, BRF y la “ética” del libre mercado

  1. Pingback: Brasil “Carne Débil”: Friboi, BRF y la “ética” del libre mercado | blog no oficial | cotidiano-contemporaneo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s