Brasil: Algo podrido en el reino de la agroindustria

Fuente: Nexo Jornal

Por : DENIS R. BURGIERMAN

Hay algo oliendo mal en el sistema – y no me refiero sólo a la carne, mi mayor sorpresa con el escándalo de la carne, la semana pasada, fue la sorpresa de tanta gente. En serio que la gente no esperaba que la industria enmascarara el olor y el gusto de la carne vencida, para economizar en la materia prima y no perder el ingreso de esas ventas? Querida, disculpa si soy yo quien te cuento esto, pero es así que las cosas han funcionado. Especialmente en Brasil. El país es una megapotencia agropecuaria. Somos los mayores exportadores del mundo de pollo, soja, jugo de naranja, azúcar, café, jugo de frutas, estamos en camino a tornarnos en la próxima década los mayores productores del mundo de todo el sector. Orgullo.

Vamos, Brasil. pero es divertido que este mi orgullo patrio no siempre encuentra eco en las reaciones de los amigos que hago por el mundo. Este mes entrevisté a una sudafricana aqui en São Paulo – almorzamos juntos. Ella quedó aliviada cuando vió que el menú del evento era pasta. “Comemos mucho pollo brasileño en Sudáfrica. Tengo que confesarte que lo odio.” Tengo una amiga colombiana que siempre que me encontraba me recordaba que el café brasileño de mal calidad g precio bajo que inundó al mercado internacional quebró a un monton de granjeros que hacían cafés increíibles en las montañas de la región donde ella nació, en los Andes.

Divertido es también que una potência agropecuaria, responsable por un porcentaje considerable de toda la producción mundial de alimentos, bendecida con una cantidad surreal de recursos naturales, coma tan mal. En ningún otro lugar del planeta se usan tantos agrotóxicos como aqui, con consecuencias imprevisibles, aa largísimo plazo. “Yo recibo a los mejores chefs del mundo – y no consigo encontrar en el mercado a un ingrediente realmente bueno para mostrárselos”, me dijo cierta vez el cocinero Alex Atala, que al mismo tiempo queda encantado con la riqueza alucinante de sabores que la fauna y flora brasileñas ofrecen. No son sólo los chefs los que se incomodan: la comida que se encuentra en el supermercado en buena parte del país estpa demasiado estandarizada, sin la diversidad alucinante de los verdaderos paraísos gastronômicos del mundo, como Peru, España y Vietnam, y no voy ne empezar a hablar sobre Italia, Francia y Japón. Es así que es. Es así que ha sido.

Hace mucho tiempo, el sistema político brasileño hizo una elección, conciente o no: el país iria a especializarse en producir en grandísima escala, para competir sólo en el precio. Y la izquierda que no me venga a culpar la derecha – y ni la derecha venga a culpar a la izquierda. Esta elección fue en conjunto, del sistema político entero, de Kátia Abreu a Blairo Maggi, del PT al PSDB, pasando por el siempre fluido PMDB.

Si es verdad que las antiguas oligarquias peemedebistas y peessedebistas, con sus raíces aristocráticas, dueñas de extensiones astronómicas de tierra, nunca se interesaron mucho en dividir mejor el suelo, de forma con que más gente pudiese producir, aumentando la competencia y, por lo tanto, la inovación. Pero la verdad es también que la tónica de los gobiernos petistas fue la de dar privilegios y favorecer la concentración de empresas enormes del sector, que son más útiles en el momento de financiar campañas – lo que exterminó a miles de pequeños productores y procesadores de comida, diezmados por la competencia desleal contra los gigantes, o comprados por ellos. Sin hablar que tanto un lado como el otro son corresponsables por el quiebre de la educación pública, sin la cual no existe ni inovación ni calidad.

No necesitaba ser así. En verdad, para mucha gente, no lo es. Hay excepciones: miles de productores por el país cuidan de la calidad, respetan la tierra, piensan en el futuro. El mercado aún gatea, pero ya proporciona una cantidad razonable de productos increíbles – cafés, cervezas, harinas, pollos, huevos, frutas realmente especiales. Ningún país del mundo tiene tantas especies de todo, ninguno tiene tanta agua, ninguno tiene tanto clima ameno – por lo tanto, ninguno tiene tanto potencial. Pero la mayor parte de la zona rural brasileña sigue sometida a una cultura corporativa enfocada sólo en una cosa: ganancias de eficiencia, al costo de todo el resto.

No es que haya algo equivocado en la eficiencia, claro: es importante hacer las cosas de la manera correcta, sin desperdiciar recursos. El peligro es cuando se empieza a creer que las dos únicas cosas que importan son reducir los costos y aumentar los ingresos: es en este momento en que se torna practicamente inevitable que, frente a una decisión del tipo tiremos a la basura la carne o enmascarar al gusto y olor y vender, la decisión a favor de la segunda opción sea la única posible.

Demasiada eficiencia es un riesgo, según la ciencia de los sistemas complejos. Al final, la eficiencia significa reducir el número de opciones. Si yo produzco naranja, voy a querer que todo los naranjos de todo el Brasil proporcionen el máximo de frutos, y que cada fruto tenga el máximo de jugo. Entonces encuentro al naranjo más productivo del país, lo cruzo con el que dá la naranja más suculenta y voy desarrollando el naranjo perfecto, que entonces disemino por cada sítio de cada ciudade de cada estado del país entero. Tendré así la eficiencia máxima. Tendré también una inmensa fragilidad: basta que venga el hongo correcto y “bang bang” toda la producción de Brasil. Así, estamos reduciendo a nuestra casi infinita biodiversidad a casi nada.

El científico de la complejidad Scott Page, de la Universidad de Michigan, notó que casi todas las empresas más antiguas del mundo son un poco ineficientes. “Cuando estudias la lista de las compañías realmente antiguas, que tienen más que 500 años, percibis que casi ninguna tiene el estilo ‘Hazlo con la soga al cuello’. Entre ellas hay muchos hoteles, cervecerias, muchas cooperativas, empresas que permiten más libertad, más diversidad”, dijo, en un curso. Son negocios que no pasan todo el tiempo cortando ineficiencias – ellos siempre preservan alguna idiosincrasia, que acaba ayudándolos a reinventarse cuando la inevitable crisis llega.

En la agropecuaria, Brasil eligió lo opuesto de esto: mucho agrotóxico, poca educación, mucha concentración de tierra, poca innovación, mucha devastación ambiental, poca colaboración, muchos intereses, poca infraestructura, mucha eficiencia, poco futuro. Nuestro sistema nacional de producción de alimentos es decidido en las planillas de cálculo de corporciones como Friboi, JBS y Ambev, que siempre van a decidir por el menor costo y los mayores ingresos, independientemente de cualquier efecto colateral en la salud pública. Es un modelo frágil, como vimos la semana pasada. Basta un escándalo – y, con este modelo, es seguro que terminará habiendo un escándalo – y nuestras exportacionões se evaporan, llevándose con ella a un tercio del PBI. No es un buen modelo. Hasta es verdad que es la forma más fácil y rápida de generar miles de millones, pero va a durar poco, y va a dejarnos a pié. Y enfermos. Y con hambre.

Lo que necesitamos ahora es encontrar una forma de hacer la transición de este a un modelo nuevo, completamente diferente. No existe la opción de no hacer esto: sucederá, de una form u otra, por design o por falta de opción. Yo, desde aqui, quedo soñando con que crisis como la de la semana pasada, tan previsibles como chocantes, nos ayuden a despertar hacía la urgencia del tema. No es sólo la carne. Es mucho más que esto.

Denis R. Burgierman es periodista y escribió libros como “El Fin de la Guerra”, sobre políticas de drogas, y “Piratas en el Fin del Mundo”, sobre la caza a las ballenas en la Antártida. Fue director de redacción de revistas como “Muy interesante” y “Vida Simple”, y comandó la curadoria de TEDxAmazônia, en 2010. Escribe semanalmente, los viernes, sobre la vida y su complejidad


Hay algo que me llama la atención de la nota y es lo que comenta el cocinero Alex Atala sobre la alimentación y la agroindustria en Brasil, él se queja de eso y es propagandista de la marca SEARA, una de las que está denunciada en la operación Carne Débil y esto fue en junio del año pasado

Todo muy raro es a veces con los cocineros mediáticos


Comentario de Jorge Rulli en Trinchera Por La Liberación Nacional

Me parece sumamente importante lo que analiza DENIS R. BURGIERMAN sobre la situación a que ha conducido el Agronegocio en Brasil. Aclaremos, el agro negocio y el agronegocinho que, sería lo que ahora impulsa en la Argentina el Evita o sea la integración al Capitalismo de los pequeños, de los minifundistas…. y que en Brasil ha sido el modelo casi desde el principio de las administraciones petistas….

El resultado ha sido el de generar inmensos plutócratas como Maggi por una parte y por otra, un movimiento como el MST que se subordina a las políticas de la burguesia y recibe el Bolsa Familia….

Esto de ser una potencia exportadora y que la propia población coma mierda… que se multipliquen los niños nacidos deformes, con enfermedades autoinmunes o con deficiencias notables del intelecto consecuencia de la comida chatarra, de la contaminación generalizada y de la TV basura, ha ocurrido asimismo en nuestro país desde los años noventa, pero hicimos como que no nos dabamos cuenta porque nos cocinaron calentando lentamente el agua como al sapo….

El agronegocio en la Argentina ha sido un crimen de lesa humanidad por sus espantosas consecuencias en la población no solo en el ambiente y ha sido obra de gobiernos que se dijeron peronistas y que si hay algo que desconocen o se permitieron ignorar ha sido siempre el Mensaje de Perón a los Pueblos del Mundo del año 72 que leyó Yolanda Ortiz en el foro de las Naciones Unidas. Yo creo que este crimen o esta ignorancia de las facciones peronistas o de las franquicias peronistas como bien dice Asiz, en lo relativo a lo rural, en que se guian directamente por Grobocopatel como Julian Dominguez y en gral el PJ… o se desinteresan olimplcamente como Néstor, pero impulsaron abiertamente las políticas agrarias del nuevo poder judio agroexportador… es un remedo de los años setenta y de un nuevo desarrollismo, un modo de leer el peronismo en versión POSMODERNA y con un marxismo berreta de colonizados….

De hecho me veían a mi como un premoderno y tal vez tenían razón, no en despreciarme sino en reconocer el esfuerzo de volver a retomar un camino en el que se priorizara la humanidad y la convivencialidad. El esfuerzo de intentar RETOMAR UN DESTINO desde la premodernidad y desde las tradiciones y la Cultura con mayúscula, en vez de seguir la corriente suicida a que nos conduce el Capitalismo, las posverdades y la poshumanidad a la que aluden con absoluta imbecildad colonial la mayor parte de esta despreciable dirigencia que deshonra la calidad y la identidad que se autoadjudican….

Jorge E. Rulli en Trinchera Por La Liberación Nacional

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