Se nos enseñó un modelo de revolución cubana que, en la realidad, jamás existió…


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Se nos enseñó un modelo de revolución cubana que, en la realidad, jamás existió

Mis propias investigaciones en el terreno, luego de la muerte del Che y durante mi estadía en la isla de Cuba durante todo el año 1968 y principios del siguiente, me condujeron a develar historias olvidadas o al menos poco enfatizadas, y en especial, a sacar a luz un modelo revolucionario y de toma de Poder, que poco tenía que ver con aquel que se había propagandizado en el resto de América Latina como modelo cubano. En principio, digamos que los núcleos que produjeron la Revolución Cubana tuvieron inserción en partidos populares pretéritos y que no resulta difícil seguir, a lo largo de la historia cubana contemporánea, las sucesivas rupturas y reagrupamientos de los revolucionarios hasta llegar al 26 de Julio. Digamos también que la presencia de una formidable y prolongada tiranía en la isla, permitía imaginar que el Poder residía y se identificaba con el dictador mismo y que por lo tanto, el intentar ocupar por la fuerza el lugar en que residía era legítimo y comprensible. Nos referimos al asalto terriblemente cruento que el llamado Directorio Revolucionario con José Antonio Echeverría, a la cabeza como su Secretario General, realizara el 13 de marzo de 1957 con cientos de estudiantes, sobre el Palacio de Batista, generando un movimiento que sería con posteridad uno de los antecedentes del proceso revolucionario y del triunfo del Movimiento 26 de Julio. Pero, lo que más sorprende al investigador, son los respaldos multitudinarios que en todo momento tuvo la revolución en las zonas urbanas, el que los principales líderes lucharon y murieron en las ciudades antes del triunfo, y que el rol de la guerrilla rural misma, habría sido durante todos esos años bastante menor al que se nos ofrecía en los relatos y que, inclusive, en más de una oportunidad, había sido rescatada y reabastecida por las organizaciones del movimiento en las ciudades. Cuando se investiga la historia de la Revolución Cubana se caen por falta de sustento los modelos que se inspiraron en el foco y en la vanguardia rural, si bien no negamos que la matanza de líderes urbanos en los últimos tiempos de la tiranía, y ese final epopéyico de las columnas guerrilleras descendiendo de las montañas en medio de un levantamiento generalizado, haya incentivado un mito que parecía tener mucho peso en la realidad. Sin embargo, no podemos ignorar asimismo, que ese mito abreva en la necesidad de los sobrevivientes de enfatizar el propio rol, a la vez que disminuir otras luchas que se permitieron luego y con el transcurso de los acontecimientos, ignorar o desconocer.

Por último, una certeza y una probable justificación histórica: La certeza de que el núcleo guerrillero en Cuba, jamás podría haber sobrevivido sin las redes principalmente urbanas del movimiento 26 de julio y el constante fluir de hombres y abastecimiento hacia las montañas1. La justificación histórica a los líderes sobrevivientes, si es que la tienen, es que hayan sobrestimado el valor de lo propiamente rural por ser lo que vivieron, y en parte por ignorancia existencial de las enormes luchas habidas en las zonas urbanas. De todos modos, dista ello de explicar la exportación de esas miradas parciales como modelos revolucionarios, insistentemente y de manera contumaz, y propuestos al resto del continente a pesar de los repetidos fracasos habidos a lo largo de más de diez años de levantamientos guerrilleros. Aún mucho más todavía, resulta extraño imaginar en medio de la actual Globalización y a principios del siglo XXI, cómo pudo ignorarse con tanta obstinación y ceguera, las experiencias y conocimientos de que el enemigo disponía, su disposición para un combate que se anticipaba a nuestros propios desarrollos teóricos y organizativos, y a la vez, ese aferrarse a modelos antiguos, tanto de pensamiento, cuanto de práctica revolucionaria, en especial acerca de la toma del poder. Son interrogantes que cuesta responder y que resultan sumamente dolorosos. La propia experiencia conmovedora de la guerrilla boliviana del Che y su heroica caída en combate y posterior asesinato, y el hecho de que careciera de todo respaldo campesino, son prueba de cómo y de cuánto, muchos de nuestros mejores hombres incorporaron los esquemas simplistas, devenidos de la particular y recortada experiencia cubana.

Ya en el año 64 en la provincia de Salta y con el Ejército Guerrillero del Pueblo, Jorge Ricardo Masetti, periodista brillante y director de Prensa Latina que preparaba en el terreno las condiciones para la llegada de Guevara, había cometido similares y trágicos errores. Por otra parte, el relato del primer encuentro del grupo originario de la guerrilla boliviana, realizado al historiador Jon Lee Anderson, por el pintor Ciro Bustos, haciendo referencia al contacto inicial con el Che, nos remite a valores y sentimientos que hablan por mismos y que reflejan aquella época legendaria y trágica:Bueno, aquí están: ustedes aceptaron unirse a esto y ahora tenemos que preparar todo, pero a partir de ahora, consideren que están muertos. Aquí la única certeza es la muerte; tal vez algunos sobrevivan, pero consideren que a partir de ahora viven de prestado. 2

Nuestra propia experiencia militar en la preparación del Regreso y algún anecdotario.

Cuando a partir de 1964 organizamos las primeras FAP en Buenos Aires, a poco de salir de las cárceles del Plan Conintes, nos encontramos con situaciones propias de esa urdimbre clandestina de los que en las luchas políticas, optaban por la lucha armada. Me refiero a la natural fraternidad y colaboración entre quienes en un plano donde se debatan meras concepciones políticas, sería impensable. En principio, que la propia selección de los cuadros que conformarían los servicios necesarios a un Estado Mayor, por razones de necesidad y urgencia, no se guiaba por criterios políticos convencionales sino por disposición a la vida clandestina, compromiso con el aparato revolucionario y muy especialmente, capacidad de aportar recursos militares o de información. Con cierta naturalidad, la formación política en lo concerniente a lealtad al Peronismo, quedó subsumida en otras cuestiones prioritarias, y postergada de modo reiterado, a los desarrollos políticos de la organización. Y destaco esta situación porque refiere al año 64, cuando la vigencia del nuevo paradigma marxista leninista que llegaba desde Cuba, y que se expresaba en la constante incorporación de sectores medios estudiantiles y universitarios al peronismo, era aún incipiente. Qué no habrá sido entonces siete u ocho años después, cuando la entrada de esos mismos sectores al Movimiento se transformó en avalancha

Pero, volvamos a aquellos días de 1964, cuando nos organizábamos bajo la enorme presión del anunciado retorno de Perón a la Argentina. Algunos de los primeros compañeros a los que sumé a esos servicios propios de la conducción militar, provenían de un intento de organizar un apéndice militar por parte del viejo tronco del socialismo. Me refiero en especial a ciertas prácticas de obtención de documentación y laboratorio que tenían relación con los acontecimientos en la calle Gazcón que condujeran dos años antes a la desaparición de Vallese. Las divisiones posteriores del partido, habían dejado a los pocos que se habían sumergido a la vida clandestina en la muy incómoda situación de ser ignorados por los nuevos dirigentes y habían concluido por continuar su propio camino, y en la natural dispersión de un pequeño aparato militar sin horizontes políticos, se sumaban ahora a nuestra convocatoria.

Entre los contactos que estos compañeros nos aportaron, estaba el conocimiento de un argentino que servía como entrenador de la policía en Argel y que estaría en disposición de colaborar con las FAP. En algún momento se tomó contacto con esta persona y supimos que se ofrecía a imprimir y difundir un Boletín internacional de la organización siempre que le enviáramos el material escrito. Con algunos compañeros, en especial Bechy Fortunato y César Mendieta, más el apoyo de los mellizos Argañaráz y sus compañeras, también incorporados todos ellos a la organización y que en aquel entonces editaban la versión en español de Monthly Review 3, nos abocamos a un primer número y con el esfuerzo de Beatriz María Fortunato y César Aníbal Mendieta 4que constituían un Comité político de las FAP, y estuvieron a cargo de su redacción, lo enviamos con el presuntuoso nombre de Boletín militar internacional de las FAP. En realidad fue aquello como lanzar una botella al mar, ya que las compartimentaciones propias de la vida en clandestinidad y las dificultades de comunicación naturales a una época en que no existía Internet ni las facilidades actuales de comunicación, nos hicieron imposible durante mucho tiempo conocer los resultados de aquel trabajo de relacionamiento y difusión internacional. Grande fue mi sorpresa no mucho después, cuando en un encuentro casual con Alicia Eguren, la compañera de Cooke, supe de su fuerte impresión cuando en una reunión internacional de dirigentes de la Tricontinental en El Cairo, se distribuyó un boletín militar de las FAP en prolijo francés, editado en las imprentas del Ejercito de Liberación Nacional de Argelia, y donde se explicaba qué era el Movimiento Peronista y en tiempos de fuertes tensiones con los nuevos paradigmas, se daba testimonio de su esencia profundamente revolucionaria.

En relación a esta anécdota, digamos que fue propia de aquellos tiempos acelerados en que los acontecimientos nos sobrepasaban y en que, como un sentimiento terriblemente dramático de la vida, gravitaba en nosotros la certeza de que cada cosa que hiciéramos podía condicionar lo porvenir. Veamos cómo describe Rene Gallissot en septiembre del 2005 la situación que se vivía en Argelia cuando nuestro Boletín de FAP salió a la luz y en relación con el secuestro en aquellos tiempos del líder marroquí Ben BarkaLa capital argelina se había convertido en el refugio intelectual del cuestionamiento revolucionario internacional. Allí se encontraban los dirigentes de los movimientos de liberación y sobre todo, después de los disturbios en Angola (1960), Guinea-Bissau (1962) y Mozambique (1963), los exiliados de las colonias portuguesas. Mestizos y minoritarios, los intelectuales caboverdianos, especialmente Amilcar Cabral, se hacían eco de las corrientes liberadoras provenientes del continente americano. Una de las figuras más influyentes del movimiento negro en Estados Unidos, Malcom X, se encontraba en Argelia en 1964; Ernesto Che Guevara, antes de tomar contacto con los guerrilleros de Congo, también pasó por allí en la primavera de 1965. Acabar con el subdesarrollo no era sólo un proyecto nacional, sino una acción concertada contra la dependencia del sistema capitalista, cuyos polos dominantes eran diversos y estaban ligados a la hegemonía económica y política de Estados Unidos. “África es la América Latina de Europa”, repetía Ben Barka. Trabajar en la unión del Magreb y África adquiría una dimensión antiimperialista. Se salía del nacional-desarrollismo que encerraría a la izquierda en el marco de los nuevos Estados y la pondría a su servicio tanto por medio del nacionalismo como del elitismo tecnocrático. El Movimiento Tricontinental no pertenecía a la esfera de influencia soviética, lo que generaba fricciones con los partidos comunistas, así como tampoco respondía al maoísmo. Mehdi Ben Barka pretendía desarrollar una dinámica autónoma; su desafío era encontrar la cooperación y el punto de equilibrio entre China y la URSS.

Rene Gallissot LE MONDE DIPLOMATIQUE5.

Lamentablemente, el huracán de la historia nos arrastró a todos durante muchos, demasiados años, y se sucedieron muertes incontables, derrotas, fracasos, cárceles, locura y desapariciones. Transcurrieron cuarenta años desde aquellos días previos al anunciado Retorno y a la formación de las FAP, cuando en cierta oportunidad fui invitado a dar una conferencia en la Universidad de Lérida en España, y casi en simultáneo supe que aquel viejo compañero argentino que tanto nos apoyara desde Argel, al que nunca había visto y del cuál apenas lo recordaba por un nombre bastante común, Rodolfo Campos, vivía muy cerca, en Valencia, a poca distancia de Barcelona, donde en ese momento me encontraba. No dudé un instante y lo llamé por teléfono, me atendió con enorme afecto y me dio las señales necesarias para llegar, cosa que no fue sencilla. Vivía en las nuevas periferias urbanas de Valencia nacidas al calor de las especulaciones inmobiliarias y del clientelismo político. Me llevó hasta la zona un tranvía eléctrico, luego de un recorrido de más de media hora de atravesar sucesivos cordones de nuevas urbanizaciones o de urbanizaciones en plena construcción, en medio de un bosque de grúas que se alzaban sobre los techados recién construidos, y que alcanzaban el horizonte. Tal como me dijo luego mi nuevo amigo, estábamos frente a un nuevo monocultivo, el de los pisos o departamentos. Debo aclarar que fue casi tres años antes de la terrible crisis que asoló a España, cuando todavía el festival de créditos estaba en su apogeo.

Encontrarme con Rodolfo Campos fue un hecho memorable. Era un viejo enjuto y de alta estatura, un viejo duro que debía andar por los ochenta años. Tenía una mujer joven, al menos muchísimo más joven que él, agraciada pero con rostro cansado. El hijo de ambos no tendría más de quince años. El viejo le dedicaba gran parte de su tiempo y de sus preocupaciones. Vivian en una pobreza extrema a la que se sumaba el aire de ostracismo y el vivir en una comunidad de gitanos transplantados desde Andalucía por el Partido Popular en planes de asistencialismo, zona que mi nuevo amigo consideraba prácticamente como territorio hostil. Traté de indagar acerca de nuestra común historia, pero me confesó entonces, con mucha pena por su parte y también por la mía al escucharlo, que debido a su avanzada edad, había perdido gran parte de su memoria y que ya no recordaba sino las situaciones generales de su vida. Me quedaron como sucedáneo, algunos escritos sobre su relación con el Che, una novela de su autoría sobre la guerrilla urbana de los años setenta, editada en España, y muchísimas fotos en que se lo veía joven al frente de la policía de Argel, en la Kabila rodeado de beduinos con las respectivas Kalashnikov, y muchas otras con diversos mandos de la Revolución argelina. Con el viejo guerrero salimos varias veces a caminar largos paseos por la zona, lo hacia habitualmente munido de un bastón de hierro con el que decía haber escarmentado a más de uno que le faltó el respeto. En verdad, me impresionaron los cambios habidos en esa población gitana que nos rodeaba y con la que había convivido yo con naturalidad, algo más de veinte años atrás, durante mis años del exilio en Málaga. Ahora la obesidad y la grosería eran evidentes y generalizadas, todos por otra parte vestían con ropas deportivas de nylon o acaso con ropas que imitaban las que se usan en los barrios bajos de Nueva York. El contraste con la propia memoria que guardaba de mis años en España, era de esa manera, sumamente fuerte y no podía dejar de pensar en las consecuencias del neoliberalismo, tanto en las ingestas de comida basura, como en la cultura de los pueblos desvirtuada por la publicidad constante y los climas televisivos imperantes.

Con el deterioro de la memoria de Rodolfo Campos se disipó la posibilidad de indagar acerca de una de las intuiciones que me llevaran a buscarlo en un lugar tan remoto. La corazonada de que uno de los nuestros hubiese tenido algún protagonismo en un momento bisagra de la historia de aquellos años intensos: me refiero al discurso del Che en Argel, sin lugar a dudas uno de los discursos más polémicos del Che, uno de sus discursos más contestatarios y cuestionadores de las relaciones cubanas con la URSS y con los países socialistas, y por otra parte, el último que diera como representante cubano: ¿Cómo puede significarbeneficio mutuo”, vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente? Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que, los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados constituye una parte insignificante del comercio exterior de estos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del cambio6.

Leyendo las notas de Rodolfo Campos me enteré que ya lo conocía al Che por haber estado en su casa de la Habana e invitado a almorzar en familia por su esposa Hilda Gadea. En esa ocasión, conversaron largamente en la sobremesa. Rodolfo en ese año 1959 vivía en México y había viajado a Cuba como representante del Movimiento América Latina, ambos pertenecían a la misma generación y sin lugar a dudas simpatizaron. Se vieron por segunda vez a solicitud de Campos en la Embajada cubana en Argel, para anticiparle al Che, las razones que conducirían poco más tarde a la deposición de Ben Bella. Digamos que Rodolfo estaba en ese entonces y desde el año 1962 incorporado al Ejército de Liberación Argelino y que revistaba bajo las órdenes del legendario Capitán Abdel Benhmanza, alias Capitán Amirouche, el que dependía directamente del propio Coronel Houari Boumedienne, quien como Jefe de Estado Mayor del ejército argelino, dio el golpe de Estado contra el Presidente Ben Bella, el 19 de junio de 1965.

Cuando me marché de su casa, Rodolfo me cambió una valija suya por una que yo llevaba y que se había roto. Ya no tendré oportunidades de utilizarla, me dijo secamente, luego sacó de su bolsillo un pesado llavero con la efigie del Che y en su reverso una frase tajante: Prefiero morir de pie que vivir arrodillado. Me lo entregó como se entrega algo sumamente valioso y que conlleva un mensaje encriptadoNo he vuelto a verlo, y supongo que si nos veremos, será probablemente en otro mundo. Leyendo sus escritos veo que menciona el sólido llavero con la efigie del Che y aclara que sin ser supersticioso, se trataba para él de un objeto que llevaba durante años con afecto, siempre consigo. Ahora, mucho tiempo después, cada vez que mi mano lo encuentra en los bolsillos recuerdo al viejo guerrero sin memoria pero con la misma disposición, el genio y la figura

De cómo la actual inteligentzia encuentra en la mistificación de la historia reciente, las coartadas y razones que necesita para justificarse

Digamos que los pensadores de esta generación que recogen aquellas experiencias o que deberían recoger aquellas experiencias, cuentan con el respaldo de los grandes medios, de la Biblioteca Nacional y de las cátedras universitarias. Desde todos ellos, el respaldo a un pensamiento progresista antiguo y a vertientes políticas en que se rescata la figura tanto de John Williams Cooke, como de Frondizi y del Desarrollismo frigerista, resulta un hecho aceptado y hasta generalizado. Algunas reinterpretaciones de Horacio González sobre los finales de los años cincuenta, presumen con increíble despreocupación y ligereza, en que, el pensamiento peroniano, se expresaba en aquellos momentos, en la doble vertiente de Cooke por una parte y de Frondizi por la otra… En otros autores, como José Pablo Feinmann, podemos encontrar una aplicación mecánica de los esquemas fijados por los años setenta pero proyectándolos hacia el pasado, al afirmar que, en la Resistencia, la lucha del Pueblo peronista excedió a Perón, que la generalización de las luchas lo rebasaron, lo cual es tan solo una expresión de enorme ignorancia respecto a los criterios de la conducción que Perón llevaba adelante en aquellos años.

Desaparecida la posibilidad de una revolución que pueda cambiar drásticamente el futuro, el Che transformado en mercancía o devenido en camiseta ilustrada, los discursos de combate se desbarrancan en pura nostalgia y se termina desentendiéndo de las mil artimañas del Imperio y de la Globalización, para continuar alimentando una imaginería antigua sobre el Imperialismo, una imaginería propia de los siglos diecinueve y veinte, y que en definitiva no nos plantea ya la necesidad de cambiar la torta sino meramente en repartirla. Abundan los estructurados de las antiguas ideologías que defeccionan ahora y de esa manera, ante los desafíos de la posmodernidad, porque parecieran empecinarse en prolongar en el tiempo los modelos urbano-industriales y los mundos de valores y de resistencia propios del capitalismo fabril y del trabajo asalariado. Es lógico entonces que nos preguntemos: ¿qué ocurre con los otros, con todos aquellos que desde supuestos no científicos, antecedieron a las izquierdas clásicas o debieron convivir con ellas durante años con el menoscabo de experimentar las miradas de superioridad, porque fueron víctimas, no sólo de los enemigos comunes, sino también de modelos de pensamiento hegemónicos y excluyentes en el campo de los movimientos populares? Nos referimos al marxismo leninismo y a la concepción del partido revolucionario y de la vanguardia. Yo recuerdo bien, cuando en el inicio de los años sesenta, en el norte de África, se sucedían las reuniones internacionales preparatorias para el Movimiento de la Tricontinental que terminaría más tarde, en 1966, reuniéndose en la Habana, y Villalón, el entonces delegado de Perón, acorralado por los argumentos y razones de los argentinos y latinoamericanos de izquierda, entre los cuales se destacaba el mismo John William Cook, en alguna de esas reuniones, semiderrotado, terminara manifestando: esta bien, puedo llegar a aceptarles que la Revolución será inexorablemente marxista, pero lo que les aseguro es que, cuando llegue ese momento, los marxistas habremos de ser nosotros y no ustedes”…

1 Frank País, combatiente y organizador, su muerte en Santiago de Cuba

http://granma.co.cu/secciones/50_granma-80_fidel/frank_pais.html

2 Testimonio de Héctor Jouve sobre la guerrilla del Che, cuarenta años después

http://www.elinterpretador.net/15EntrevistaHectorJouvePrimeraParte.htm

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