Modo de vida campesino aún resiste entre pequeños agricultores

De una tesis de la Universidad de San Pablo.

Algunas familias van poco a la ciudad, intercambian mercaderias y pasan meses sin el consumo proporcionado por el dinero

Aunque el agronegocio sea la nueva cara de la agricultura, los campesinos resisten a los avances tecnológicos en el campo y se encuentran plenamente activos en algunas regiones brasileñas. Para comprender el modo de vida de estas personas y analizar los aspectos que intermedian la producción de alimentos que huyen de las relaciones capitalistas, una investigación de la Universidad de San Pablo le dió voz a las familias de agricultores que viven en chacras en el municipio de Ribeirão Branco, São Paulo, unas de las principales regiones productoras de tomate del País.

La motivación para el estudio vino de las memorias de la socióloga y autora de la investigación, Lucinei Paes de Lima, que pasó buena parte de la infancia y de la adolescencia en la propiedad de la familia en el interior paulista, donde frecuentemente iba a las plantaciones junto com las hermanas y sus padres para trabajar la tierra. En esa época, plantaban frijol, arroz, maíz, cebolla, chaucha, arveja y tomate, además de manter una pequeña huerta, árboles frutales y pequeños animales: cerdos, gallinas y una vaca para obtener leche y hacer queso para el consumo de la familia.

La investigación, que empezó en 2014 y fue hasta 2016, incluyó el testimonio de 50 familias. La socióloga deseaba saber como los campesinos de las pequeñas propiedades rurales permanecían activos incluso con el dominio de la cadena productiva empresarial y de agricultores capitalistas. La principal conclusión a la que Lucinei llegó fue que ellos eran un grupo social bastante pujante y tenían una significativa participación en el desarrollo del País. Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario, en 2009, del total de cerca de 5 millones de establecimientos existentes en el País, 4,3 millones eran de agricultura familiar (84%) y 807 mil (16%), patronal. Los pequeños ocupaban 12,3 millones de personas (74%) y los grandes, 4,2 millones (26%).

Como grupo social, el campesinado posee un estilo de vida propio. Son autónomos, cooperadores entre sus miembros y poseen una relación completamente diferente con la agricultura, que va más allá de los valores económicos. En algunas unidades familiares, los alimentos son producidos principalmente para garantizar la supervivencia del propio agricultor, de su familia y de la comunidad en que está incorporado.

Policultura sobrevive mejor a la crisis

En períodos de crisis, quien tiene la práctica de cultivar productos agrícolas diversos sufre menos impacto que los agricultores que invierten solamente en el monocultivo. La zafra de tomate de 2016, por ejemplo, quedó abandonada en la planta debido a los bajos precios. Cuando los campesinos son comparados a los trabajadores de las ciudades, de los sectores de la industria y del comercio, ellos también reaccionan mejor a las crisis económicas. Aunque no tengan dinero circulando facilmente en sus propiedades, siempre hay una mesa llena de verduras, legumbres, cereales y leche.

La investigación mostró también que el tiempo cronológico no comanda la vida de estos trabajadores rurales. Son orientados por las fases de la plantación y de la cosecha. Algunas familias van poco a la ciudad, intercambian mercaderias una por otra, comparen días de trabajo en el campo en chacras vecinas y pasan meses sin el consumo proporcionado por el dinero.

Desde el punto de vista político, el estudio señaló que los campesinos no son representados por grupos partidarios importantes. Como máximo, están afiliados a algunos sindicatos o asociaciones y participan de movimientos populares. Según la investigadora, la complejidad de sus características como grupo social impidió que ellos fuesen conceptuados como clase (ellos no son proletarios, ni son capitalistas). Como consecuencia de esta ausencia de definición social, infelizmente, ellos son “sólo recordados para rellenar las multitudes de las manifestaciones populares. No ocupan cargos de destaque en la política partidaria, ni en las organizaciones nacionales de trabajadores que incluyen al campo y la ciudad”, afirma Lucinei.

Como conclusión de la investigación, la socióloga afirma que, independientemente de crisis económicas, disputas políticas y transformaciones tecnológicas, “estos sujetos representan una fuerza social importante en el escenario político y económico brasileño. No dejarán de existir y se adaptarán a cualquier transformación”. De forma peculiar, son contrarios a la proletarización y continuarán defendiendo su modo de vivir, con autonomia para decidir su ritmo de trabajo y lo que van a plantar. En este escenario polisêmico, esto es, de múltiples sentidos, la investigadora explica que la agricultura campesinosa “necesita ser comprendida fuera de la economia de mercado porque no está insertada en las reglas generales en el modo de producción capitalista”, concluye.

La investigación sobre los campesinos forma parte de la disertación de maestrado Hay gente en la plantación! El modo de vida campesino en Ribeirão Branco – SP , que fue orientada por la profesora Valéria de Marcos, del Departamento de Geografia de la Facultad de Filosofia, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH) de la USP.

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