¿Y si le pagamos a los políticos para que no destruyan más?-Somos todos rehenes

Las represas patagónicas están frenadas, pero el país ya paga intereses por ellas

Se giraron US$ 61 millones, pero el proyecto sufrió demoras por irregularidades heredadas del kirchnerismo

Fue una de las últimas herencias que le legó el kirchnerismo a Mauricio Macri. Antes de dejar el poder, la presidenta Cristina Kirchner dejó en marcha el contrato para construir las centrales hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en Santa Cruz, la iniciativa de infraestructura más ambiciosa de la década. Pero la nueva administración se encontró con que el proyecto no contaba con un respaldo técnico suficiente, entre otras irregularidades. Y luego la Corte Suprema suspendió la iniciativa a pedido de dos ONG.

El resultado fue malo para el Estado: hasta el momento, la Argentina le pagó a China US$ 61 millones en intereses por un proyecto que casi no avanza, según recogió LA NACION de documentos oficiales. De ese total, una porción menor se giró en el epílogo de la gestión kirchnerista (US$ 6,9 millones, el 27 de julio de 2015), pero la mayor parte corrió por cuenta de la actual administración (US$ 13,39 millones el 28 de enero de 2016, US$ 20,04 millones el 27 de julio pasado y US$ 20,88 millones en enero de este año).

La Nación


En realidad esto de pagar para que no hagan nada podría ser más barato que dejar que las hagan. Los impactos ambientales y humanos de estas represas son enormes

En Brasil la hidroeléctrica de Belo Monte, donde el gobierno fue acusado de etnocidio por el Ministerio Público fue hecha para cobrar coimas.

¿En la Argentina, por qué pensar que sería algo distinto?

Ante esto, tal vez sea mejor pagar para que no destruyan más, saber que somos rehenes de ellos, saber que son como una ocupación enemiga, que todo será hecho para cobrar coimas, pagarles y decirles, no destruyan más lo que no es de ustedes.

Ya sé, tantos años de ser rehenes de ellos ha hecho que muchos desarrollen el Síndrome de Estocolmo:

“El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, violación o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con quien le ha dañado física y/o psicológicamente. Principalmente se debe a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del agresor. Según datos de la Federal Bureau of Investigation (FBI), alrededor del 27 % de las víctimas de 4700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción. Las víctimas que experimentan el síndrome muestran regularmente dos tipos de reacción ante la situación: por una parte, tienen sentimientos positivos hacia sus secuestradores; mientras que, por otra parte, muestran miedo e ira contra las autoridades policiales o quienes se encuentren en contra de sus captores. A la vez, los propios secuestradores muestran sentimientos positivos hacia los rehenes.

Wikipedia

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