Nancy Giampaolo: Gran publicidad y pocos resultados Niunamenos: a la medida de todos


“De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social. Si una mujer vive para sí misma, yo creo que no es una mujer o no puede decirse que viva…”

Eva Perón

 

Quizás muchos de nosotros estemos poniendo en duda la existencia de una contraposición real entre kirchnerismo y macrismo, pero los medios de comunicación trabajan incansablemente para que creamos más en la realidad de la “grieta” que en la propia o la de nuestro vecino. Niunamenos, el fenómeno que tuvo el rarísimo “mérito” de ser aplaudido por casi todos los sectores que tienen alguna voz dentro del panorama político local, es un buen hilo conductor a la hora de reflexionar sobre el hecho de estar frente a dos modelos de país con demasiadas similitudes, aunque se presenten como opuestos.

Sin invalidar una causa justa (como toda que condene cualquier clase de violencia -institucional o privada- perpetrada contra el indefenso, sea mujer o no) la mirada crítica es saludable y necesaria, pero ninguno de los promotores de la consigna se ha molestado en abordar nuevas perspectivas para discutir. Pese a que nadie arribó a soluciones palpables, la violencia de género se transformó en un caballito de batalla del que echaron mano todos los grupos políticos, muchísimos intelectuales, artistas y formadores de opinión que no han sabido o querido asumir un debate real. Y los resultados de la falta de profundización, sumados al oportunismo, están a la vista: las estadísticas confirman aquel viejo axioma del periodismo que dice que si se difunde un hecho delictivo enfáticamente, probablemente haya réplicas (como sucedió con los secuestros extorsivos, las salideras y otras tantas olas criminales). Se puede argumentar que lo que aumentó es la visibilización del problema, pero lo concreto es que con toda la prensa y el grueso de la sociedad coreando la consigna Niunamenos no se logró que los casos catalogados como femicidio disminuyeran entre la primera y la tercera marcha efectuadas en Capital Federal. Al contrario, se reportaron más.

En el concepto “violencia contra la mujer” entran demasiados puntos que deberían ser revisados. La ley de acoso callejero, por tomar sólo un ejemplo, da para pensar: ¿por qué la misma sociedad que encomia o, en algunos casos, tan sólo soporta que Marcelo Tinelli lleve adelante un negocio millonario basado en la exhibición del cuerpo femenino en detrimento de cualquier otro aspecto (intelectual, espiritual) censura al tipo que por la calle espeta un “Si te agarro te hago un hijo” a una mujer en minifalda? Una posible respuesta pasa por lo económico: mientras una celebridad rica y poderosa puede burlarse de una mujer por televisión, el pedido de sanción apunta siempre al individuo carente de llegada a cualquier aparato de poder, como si él ejerciera la forma de cosificación más grave. Otra lectura puede ser aún más simple: el poder (mediático, en este caso) nunca actuará contra sí mismo. El culpable, como siempre, será el “tipo de la calle”.

El imperio de lo políticamente correcto

Podría decirse que la soja y la megaminería son pruebas aún más contundentes de la continuidad de un modelo con otro. Pero ni CFK ni Macri, incluidos sus voceros de Página 12, Clarín o La Nación, hablaron ni hablarán seriamente de estos negocios, mientras que el hombre de a pie cae fácilmente en la desidia: después de todo, el campo y las minas están lejos, podemos olvidarlos. Niunamenos, en cambio, apela a la buena conciencia, tiene que ver con el que está al lado o con uno mismo, identifica a una víctima y pretende ayudarla. Quien adhiere a esta causa puede jactarse de tener un objetivo ético y bien intencionado que, como si fuera poco, es furor en todo el mundo.

“Violencia de género” es hoy una frase que ejerce un influjo mágico sobre millones de personas. Se la usa, pero no se la piensa. Lo declamativo ha vaciado de significado a lo que pudo ser una movida verdaderamente ligada a la justicia, ahora disponible en el escaparate del chiquitaje ideológico. Cualquier mujer puede servirse de ella para falsear la verdad, extorsionar o manifestar su enojo con lo masculino, cualquier hombre puede repetirla para adornarse y todos los políticos pueden hacer un uso estratégico desde lo discursivo. Con el pretexto de “concientizar”, tanto los referentes tildados de progresistas como de reaccionarios, promueven la misma idea: la mujer es una víctima potencial del hombre. Su arma es la denuncia, aunque en general caiga en saco roto debido a la escasez de políticas y medidas genuinamente eficaces.

Los hombres que hoy asesinan, golpean, insultan, difaman, agreden y ningunean a las mujeres, son hijos de mujeres a las que no se responsabiliza de haberlos educado mal porque probablemente hayan sido víctimas de abusos a su vez. El medio social que enmarca todo esto es mucho más complejo de lo que los integrantes del Pro o el FPV aceptan públicamente, circunscribiendo el tema a una suerte de batalla entre los géneros. Sistemáticamente se soslayan las variables económicas, culturales, psicológicas y filosóficas que vienen detrás. Los dos polos de la “grieta” (tanto los referentes políticos como sus votantes) redujeron las soluciones a hashtags, marchas, notas en los diarios, performances, obras artísticas de todo tipo y grupos de facebook, sin disparar al acuerdo tácito entre policía y sistema judicial para dejar “tranquilas” a las víctimas reales o autoproclamadas, sin que unas u otras tengan una protección verdadera y comprobable después de hacer sus denuncias.

La falta de cuestionamientos o de un análisis profundo está relacionada a un blindaje mediático que excede la temática de género y plantea verdades parciales como si fueran dogmas. Del otro lado, la ingenuidad de miles de argentinos que se aferran a algo que parece estar por encima de las peleas entre los bandos aparentemente enfrentados que gobiernan, sin sospechar que el resultado último es la desunión de las masas. “Divide y reinarás” dijo el siempre vigente Maquiavelo. Una sociedad segmentada por género, preferencia sexual, nivel económico, nivel cultural, franja etaria, etnia, religión, moda y hasta marca de celular facilita a sus gobernantes la identificación de pequeños grupos que son potenciales “nichos” de mercado, aptos para enfrentarse y controlarse unos a otros. De ese modo, la idea de discutir con sinceridad términos como Pueblo, Nación o Patria, queda cada vez más lejos. Que las mujeres se concentren bajo un lema cuyos argumentos parecen diseñados para soslayar las causas culturales, sociales, políticas y económicas de la violencia, es otro síntoma más de una época en la que la libertad se pregona en la medida en que se pierde.

Trinchera Por La Liberación Nacional

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Un comentario en “Nancy Giampaolo: Gran publicidad y pocos resultados Niunamenos: a la medida de todos

  1. Cuantas falacias contenidas en una sóla nota. No termino de entender si es por confusión, ignorancia o mala fe.
    “Que las mujeres se concentren bajo un lema cuyos argumentos parecen diseñados para soslayar las causas culturales, sociales, políticas y económicas de la violencia, es otro síntoma más de una época en la que la libertad se pregona en la medida en que se pierde.” ¿El fenómeno #NiUnaMenos es parte del problema? ¿Es una distracción hacia cuestiones superficiales soslayando las causas del problema? De la nota se desprende una respuesta afirmativa, así que evidentemente hay algo que quien escribe la nota no está entendiendo (o está manipulando en función de sus intereses).

    Hay cuestiones que se mezclan, sin una clara relación de necesidad: ¿son la hipocresía social y el oportunismo político consecuencias del fenómeno NiUnaMenos? ¿Es la primera consigna que es vilipendiada, manoseada, ultrajada por quienes son sus detractores prácticos fundamentales? No, esta consigna es una más en la lista de consignas que diversos sectores políticos buscan explotar para llevar agua a sus molinos. NO es un problema del movimiento de mujeres ni del amplio colectivo impulsor de la consigna los usos que la sociedad y la élite económico-mediática-política haga de la misma. Separemos entonces, la hipocresía social y política, de la consigna NiUnaMenos: no hay relación de causa y efecto.

    La sensibilidad social, sus afectos, es lo más difícil de modificar en un proceso de cuestionamientos y transformación. ¿Por qué? Porque está ligado al cuerpo, que no siempre está ligado a la conciencia. Ahí podemos ver contradicciones entre discursos progre-antipatriarcales y prácticas machistas. Entre ir a NiUnaMenos y prender a Tinelli por la noche. Está bien marcar la hipocresía y la contradicción entre el rating de Tinelli y la Ley contra el acoso callejero, pero la autora debería saber que esa ley es más un producto del #NiunaMenos que del cambio de conciencia social, aun super incipiente, marginal. Que la mayoría de quienes votaron la ley lo hayan hecho tal vez más por dar una buena imagen que por estar afectados por el asunto, no cabe duda: sin embargo, es probable que hayan optado no hacerlo, y el movimiento los/as haya presionado a hacerlo.

    Por último, aunque uno se tiente a seguir señalando errores de criterio o perspectiva en la nota: NiUnaMenos es un fenómeno que cumplirá dos años este sábado. Es importante señalar que hay sectores (fundamentalmente mediáticos y políticos) que buscarán vaciar sistemáticamente el contenido de la consigna, como lo harán con cualquier consigna que implique un cuestionamiento de la realidad (que no se escape esto, ausente en la nota: se reclama que dejen de matar mujeres). Más fuerte será esa avanzada cuanto más grande el movimiento que despierte la consigna. Ese tamaño no se ve sólo en las marchas anuales, sino en el día a día, cuando, por ejemplo, una mujer defiende a otra que es acosada verbalmente, y una tercera grita “Ni una menos!”. De a poco, de a poquito, sólo así se desarmará el patriarcado, tal vez el cimiento más duro sobre el que se sostiene nuestra sociedad, y se empujará al Estado a activar los mecanismos para garantizarlo, aún contra su voluntad.

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