El Real Ejercito en California -Hipólito Bouchard

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Hipólito Bouchard

Bouchard era un corsario argentino que venía de cruzar el Océano Pacífico después de bloquear Manila y que se acercaba a Monterey con el objeto de dar la vuelta al mundo atacando de paso, Monterey en la Alta California. El personaje mismo esté envuelto en la leyenda y el misterio. Hombre difícil, controvertido, poco amistoso, díscolo y pendenciero, poseía sin embargo, un gran valor personal y era un jefe de enérgica y decidida acción. Hasta su propio nombre es materia de conjetura, pues bautizado como Andrée, se cambio a Hypolite, apenas tuvo uso de razón. Mitre lo describe como un hombre recio, atlítico, enérgico, moreno de temperamente ardiente.(7)

No sabemos como ni cuando llegó a Buenos Aires, pero lo cierto es que al zarpar por el Rio Paraná la primera escuadrilla argentina, Bouchard iba como “capitán primero del 25 de Mayo.” Derrotada la escuadrilla en San Nicolás, Bouchard fue sometido a consejo de guerra por no haber asistido al comodoro Azopardo. Absuelto por un grupo de oficiales que le fue favorable, se le dio el mando de una sumaca, pero no se destacó tampoco terminando como teniente en el famoso Regimiento de Granaderos a Caballo del General San Martín. No duró mucho Bouchard en la caballería, pues, a pesar de haber arrancado con la vida el estandarte del enemigo en San Lorenzo, fue separado del cuerpo por razones que no conocemos y que sus biógrafos se han dado empeño a ocultar.

Formó entonces parte de la escuadrilla de Brown que operó en las costas de Chile durante la Reconquista al mando del Halcón. Pero como “las relaciones entre el almirante Brown y Bouchard distaban mucho de ser cordiales” después de muchas incidencias, se separó en las Galápagos para volver a Buenos Aires.(8) Bouchard recibió la fragata Consecuencia y una goleta a cambio del Halcón que se hallaba en mal estado.

En Buenos Aires, se asoció con Vicente Echeverría, rico potentado que financió el armamento de la fragata a la que se le dio el nombre de Argentina. Armada con 34 cañones y con la tripulación bien provista de sables de abordaje, fusiles y otras armas, se hizo a la mar con destino al Océano Indico. La narrativa de este viaje no tiene otra fuente que el propio Bouchard. Dice haber dominado un motín, detenido la venta de esclavos en Madagascas, repelido piratas en Indonesia, bloqueado Manila por seis meses, establecido un tratado de paz y ayuda mutua con el Rey Kamehaha de Hawaii y otras fabulosas aventuras.(9)

La Santa Rosa de Chacabuco

Es en Hawaii donde comienza la travesía de Bouchard que tiene interés para nuestro estudio. Es en esa romántica y exótica isla donde Bouchard se preparó para atacar las costas de México. Antes de avistar el archipiélago, recibió noticias de un neutral que se encontaba en el puerto una nave española. Al entrar en Kealakekua tuvo Bouchard una gran sorpresa al encontrarse con que la nave que suponía española, era la corbeta argentina Santa Rosa de Chacabuco que había zarpado en corso al mismo tiempo que él desde Buenos Aires. La tripulación de la Chacabuco se había amotinado en las costas de Chile, desembarcado a sus oficiales y luego abordado, saqueado e incendiado a cuanta vela se le puso a su alcance. Llegaron pues a Hawaii cargados de metales preciosos, pero Kamehaha desconocía el oro y sólo aceptaba barras de plata. Tuvieron los piratas que canjear a las tripulaciones de mercantes surtas en Hawaii las barras de plata por su oro de acuerdo con el peso de cada barra y no del valor del metal.(10)

Bouchard se entrevistó con Kamehaha y mostró documentos, fabricados ex-profeso abordo de la Argentina , que le ordenaban capturar a la Chacabuco . El rey la entregó después de que se le prometió devolverle el precio que había pagada por ella. Bouchard le entregó un documento en que se le autorizaba para capturar a cualquier desertor de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los panegiristas argentinos han querido ver en este acto ” un tratado de alianza para la paz, guerra y comercio, mediante el cual el rey reconocía la Independencia de Argentina.”(11)

No había tal, solo la fantasía de quienes han querido glorificar este crucero pueden ver en la entrega de un documento cuyo valor real no excedía el del papel en que estaba escrito, un acto tan transcendental. El propio Bouchard nada dice de un convenio formal y se limita a mencionar la devolución de la corbeta. Bouchard, por lo demás, era un corsario con patente de Buenos Aires y como tal, no poseía la autoridad para firmar tratados ni actuar como comandante de fuerzas armadas argentinas.

Bouchard procedió a juzgar y castigar a los prisioneros, para lo cual, tampoco tenía autoridad legal. Se fusiló al cabecilla y a los demás se les azotó, “lo que les despellejó las espaldas de la manera mas terrible,” según escribiría más tarde, Peter Corney.(12) Corney era un aventurero inglés que se encontraba en Hawaii y que ayudó a Bouchard a recoger a todos los desertores. Bouchard lo nombró comandante de la Chacabuco y la tripuló con 60 de los ex-amotinados, kanakas de las Islas, negros, malayos y cuantos quisieron enrolarse. A las pocas semanas, la escuadrilla contaba con 260 hombres.

La alarma en California

Durante su estadía en las islas urdió Bouchard el plan de caer sobre la costa de California, saquear las propiedades españolas e insurreccionar la provincia. Pero el bergantín americano Clarion zarpó antes de Oahu y llevó la noticia a Santa Barbara. El comandante del presidio, Don José de la Guerra, envió inmediatamente un “correo violento ” a Monterey dando cuenta al Gobernador Solá de la noticia y al mismo tiempo envió una circular a los padres de las misiones para que tomaran precauciones. El capitán del bergantín comunicó que los buques corsarios cargaban 34 y 20 cañones, 250 hombres, estaban al mando de un tal Vysart y que venían 4 o 6 días detrás de él.(13)

Solá ya estaba habituado a estos avisos alarmantes y sin embargo, hizo tomar toda clase de precauciones. Todos los objetos de valor como los vasos sagrados de las misiones se empacaron para mandarse al interior. Pertrechos y munición de boca se recolectarían en un lugar apropiado donde se retiraría la guarnición de cada presidio. las mujeres y los niños estarían listos para salir a la primera señal de ataque. Todo el ganado se llevaría tierra adentro. En 25 lugares de la costa se apostarían vigias con dos indios y jinetes listos para llevar la noticia. En realidad, Solá acometió la empresa con un empeño encomiable.(14)

Al mismo tiempo, Solá daba ordenes a los misioneros de seguir las instrucciones de los comandantes de presidios. Pero pasó un mes y no llegaron los temidos insurgentes. Se enviaron a los civiles de vuelta a sus pueblos y a sus casas pero no por eso, dejo Solá de mantener la vigilancia. Sus medidas se vieron justificadas cuando el 20 de noviembre de 1818 aparecieron frente a Punta Pinos, en la bahía de Monterey dos naves de guerra. Hay informes en los archivos californianos que indican que las fragatas fueron avistadas en el presidio de San Francisco, pero que no se acercaron a tierra. Otro despacho las pone frente a Santa Cruz donde se esperaba que los habitantes se unieran a los insurgentes, según el misionero local.(15)

Sospecha que se vio confirmada cuando los pobladores saquearon la misión ante la excusa del ataque, como se verá más adelante.

Habilitadas las baterías, con refuerzos de tropa del norte y sur, el establecimiento de partidas móviles por toda la costa, el envio de los objetos de valor, las mujeres y los niños al interior y con las dos terceras partes de la pólvora escondidas en sitios alejados, no podrá decirse que Monterey no esperaba a Bouchard apercibido para el combate. La realidad es que había un buen jefe, buenos armamentos, refuerzos y un firme espíritu de resistencia por parte de la población.(16)

Ataque y ocupación de Monterey

Al atardecer del 20 de noviembre de 1818 el centinela de guardia en Punta Pinos avisó que dos velas se acercaban al puerto. A pesar de todos los preparativos, Don José Vicente Solá contaba con solo cuarenta hombres: veinticinco soldados de cuera de la guarnición del presidio, cuatro artilleros de línea y once artilleros milicianos.

Solá se dio a la tarea de colocar personalmente a los artilleros de la batería apostada en la playa a quienes dejo al mando del teniente Manuel Gómez y del alférez José Estrada. Al parecer Gómez se volvió al castillo donde tomó el mando de la artillería pues el alférez José J. Vallejo tomó el mando de la batería de la playa, donde hoy se encuentra la antigua casa de la aduana. Luego ordenó que las mujeres y los niños se dirigieran inmediatamente hacia el rancho del Rey, la actual ciudad de Salinas.

Al anochecer, la “fragata chica” que más tarde sería llamada tambiín “Santa Rosa o “Libertad”, ancló cerca de la playa mientras la nave de mayor porte se mantenía a la distancia. Estas maniobras obedecían al plan de Bouchard que era tomar el fuerte por sorpresa mediante un desembarco en sus inmediaciones y como la Chacabuco , de menor tonelaje que la fragata, corría menos riesgo de encallar, se concentró en ella la tropa de desembarco. Pero había todavía otra razón, Corney conocía bien la bahía de Monterey y podía buscar el surgidero más conveniente. La versión argentina, dice que Corney cometió dos errores: uno anclar demasiado cerca del fuerte y otro no haber bajado a tierra a parlamentar. Lo cierto es que Corney no ancló demasiado cerca del fuerte. Sin que el supiera, Solá había instalado dos baterías en la playa para proteger el desembarcadero.

Los de tierra no notaron que la calma reinante había puesto en peligro a la nave capitana y ésta tuvo que ser remolcada por sus botes hasta anclar en quince brazas de agua. Los botes para esta maniobra tuvieron luego que llevar la tropa hasta la Chacabuco , desde donde se esperaba, desembarcarían para tomar el fuerte. Se escogieron 200 hombres armados de fusiles y lanzas y se les puso al mando del teniente Sheppard. Al parecer, la actuación del uruguayo Juan María Piriz había sido deficiente, pues en ésta y en ocasiones siguientes, veremos que el comodoro dio el mando de la tropa de infantería a otros oficiales.

Durante la noche se hicieron varios esfuerzos para comunicarse con la bocina, pero desde abordo se pretendió no entender el castellano y se contestó en inglés, hasta que se dio a entender que el capitán haría todos esos arreglos a la mañana siguiente. Pero al alba, en vez de enviar un bote, el buque abrió fuego contra la playa. Los californios contestaron el fuego de inmediato con sus seis cañones y con tal precisión y constancia por poco más de dos horas durante los cuales” el alférez y los artilleros–dice Solá en su informe al Virrey–mantuvieron un fuego constante y efectivo, haciendo mucho daño a la fragata, asistido por los soldados presidiales que llegaron hasta la batería con serenidad intachable, a pesar de las muchas balas que les caían.”(17)

Abordo de la Chacabuco Corney se dio cuenta que no podía retirarse, ni tampoco contestar con efectividad el fuego que se hacía de tierra. Ordenó que la gente se retirara en los botes desabracando por el socaire del fuego que le caía desde la playa y ante la sorpresa de los californios, arrió su bandera. La versión de Corney no reconoce haberse rendido pero todas las otras relaciones lo comprueban. Incluso el propio Bouchard escribía: “a los diez y siete tiros de la fortaleza tuve el dolor de ver arriar la bandera de mi patria.” Bouchard contó 17 tiros, pero no vio, pues probablemente la “fragata chica” se lo ocultaba, el fuego nutrido que se hacia desde la batería provisional. Y un narrador argentino diría más tarde: “Por primera vez Bouchard con lágrimas de ira vio descender la bandera de la patria que había afianzado con tanta gloria en su mástil”.(18)

Rendida la presa, los artilleros exigieron que el capitán bajara a tierra. Se le contestó que se había alejado en uno de los botes. Un parlamentario que bajó a tierra fue apresado y puesto en el calabozo por el gobernador. Un nuevo emisario, venido desde La Argentina trajo un segundo mensaje. Según Bouchard, solo pedía que se le permitiera sacar la fragata de donde estaba sin molestarla. Según Solá el emisario exigía que se rindiera la provincia a los insurgentes. Las respuestas varían también. Bouchard dice que se le contestó que debía pagar un fuerte rescate. Solá dice haber contestado altivamente que defendía la provincia en nombre del Rey y que mientras hubiera un habitante vivo, este derramaría hasta la última gota de sangre en la defensa de la provincia.

No hubo acciones por el resto de ese día en que la fragata chica permaneció anclada frente a la playa. Fue un grave error de Solá no abordarla, pues al parecer estaba allí todavía la mayoría de la tropa, cansada y sin dormir, con frío, pues el tiempo era lluvioso y sin botes con que escaparse.

Durante la noche se levantó el viento que permitió a Bouchard entrar con la Argentina al puerto y pudo, amparado por la oscuridad enviar los botes a recoger la gente que todavía estaba en la fragata chica. A las ocho de la mañana del día siguiente, nueve botes, incluyendo cuatro con un cañón abordo, se vieron acercarse a remos hacia Punta Potreros, lugar intermedio entre Punta Pinos y el fuerte. Solá envió a Estrada con su piquete de caballería que al ver a “cuatrocientos hombres armados y cuatro cañones de campaña” se retiró, replegándose hacia el presidio.

Al mismo tiempo, la fragata chica abría otra vez fuego contra la batería. Se dio orden a los artilleros de clavar los cañones, reventar la pólvora y retirarse hacia el presidio. En el presidio se hizo una punil resistencia y Solá, que dice que el número de asaltantes era abrumador, se retiró con su gente llevando un cañón de dos libras, dos cajas de pólvora, seis mil cartuchos de fusil y todos los documentos del archivo, hacia el rancho del Rey.

Es interesante comparar los verdaderos números de los californios con los que creyó ver Bouchard. La fuerza de desembarco dice haber puesto en fuga a una tropa de caballería de 300 a 400 jinetes, eran 25. Luego dice haber escalado las paredes del fuerte sin encontrar mayor resistencia. La verdad es que no había resistencia alguna pues la tropa había huido. Una versión dice que la tropa de Bouchard avanzó con su jefe al frente, con abanderado y al son de pífanos y tambores, versión probablemente cierta, ya que como veremos, un prisionero o desertor, resultó ser músico.

Bouchard dice haber luchado con la tropa para conquistar el pueblo “nos hacían vastante rexistencia y por ello, por sangre y fuego logramos rendir todo aquel pueblo y salvar a sus prisioneros.” Esta versión, a todas luces inexacta, habla de prisioneros que no existían. Se izó entonces la bandera argentina sobre Monterey y por seis días la tropa se dedicó al saqueo y la borrachera. No había más, todos los artículos de valor habían sido llevados al interior. No había mujeres pero según Corney, a quien los locales llamaron “Conde”, los kanakas se vistieron con los vestidos de “españolas” ( en realidad californias), que encontraron en las casas dando al saqueo un gran colorido.

Se lograron embarcar dos cañones y unas barras de plata encontradas en una de las casas. Luego se intento arrasar el presidio hasta los cimientos poniíndole fuego por los cuatro costados. Se incendiaron las casas, el cuartel, la residencia del gobernador, se destruyeron los jardines y las huertas y se sacrificó todo el ganado y caballares que habían quedado atrás. Un borrachín llamado Molina que había quedado rezagado o que en su alcohólico estado se aventuró a Monterey, fue capturado. Fue el único prisionero. ¿Cuál fue el objeto de semejantes destrozos? Afuera del presidio, toda la ciudad estaba habitada por pacíficos habitantes que probablemente simpatizaban con la causa criolla. Ahora, costaría mucho atraérselos a la causa de la Independencia.

Solá recibió refuerzos de los otros presidios y custodias pero no se atrevió a atacar a los corsarios. Limitó sus actividades a observarlos mientras, reparaban el buque averiado y el 26 de Noviembre, con gran alivio suyo, los vio zarpar hacia el sur dejando la ciudad en ruinas y dos prisioneros en manos del gobernador.(19)

Bouchard en Santa Barbara

La alarma cundió en California. ¿Adónde atacarían ahora los piratas? La noticia del saqueo e incendio de Monterey tuvo por todas partes las mas diversas e interesantes reacciones: por un lado se abandonaron varias iglesias que eran “asistencias” de las misiones, algunas, sin que jamás volvieran a reconstruirse, por el otro, muchos frailes se vieron llevados por un verdadero frenesí de patriotismo que parecían confundir con la Fe. El padre Seíún de Buenaventura, al abandonar su iglesia dice que los insurgentes eran “herejes, cismáticos, excomunicados, idólatras y moros”.(20)

Al mismo tiempo enviaba diez vaqueros, al mando de Pedro Fermín y prometía que una compañía de arqueros indios saldría al día siguiente para Santa Barbara.

Los habitantes del pueblo de Branciforte, frente a la misión de Santa Cruz, se aprovecharon del pánico y fingiendo que ayudaban a empacar las pertenencias de la iglesia, se las arreglaron para desvalijarla. Dos cancos de aguardiente y el vino para las misas desaparecieron y los entusiasmados pobladores dicen haber “salvado” las pertenencias del fraile. En la confusión se desarrajaron puertas, se rasgaron cortinajes, las vestimentas sagradas se ensuciaron y en general, se robó a destajo. En la investigación que se llevó a cabo más tarde uno de los pobladores fue culpado porque regaló a una amiga unas medias que habían pertenecido al padre Oblás.(21)

Bouchard ancló sus naves en la ensenada de Refugio, cerca de Santa Barbara y sus marineros procedieron a saquear e incendiar la hacienda de los Ortega que eran contrabandistas reconocidos. Esta información debe haber sido proporcionada a los corsarios por el borracho Molina. Se repitieron las escenas de Monterey y a tres magníficos potros traídos de México se les cortó el pescuezo. Al día siguiente los corsarios se embarcaron pues tropa de Santa Barbara merodeaba en los alrededores, a tal punto que en una emboscada, los soldados presidiales capturaron a tres tripulantes incluyendo el teniente William Taylor, que dijo ser de Boston.(22)

El 6 de diciembre las dos naves anclaban en Santa Barbara, puerto donde no se les esperaba por lo avanzado de la estación y lo abierto y bajo de la bahía. Bouchard hizo bajar a un parlamentario que no pudo comunicarse con nadie. Dejó una carta ensartada en la punta de un palo que plantó en la playa. En ella proponía un intercambio de prisioneros y prometía alejarse de la costa sin mayores hostilidades si se concedía el arreglo. De la Guerra contestó que necesitaba permiso del gobernador mientras que hacía entrar y salir su escasa tropa del cuartel para dar la impresión que tenía mucha gente. Pero al fin, accedió al intercambio, aunque resultó que Bouchard tenía solo un prisionero, el borrachín Molina. Después de la partida, cuatro desertores o marineros que se habían emborrachado y no alcanzaron a llegar a sus buques, se presentaron a las autoridades. Entre ellos se encontraba John Rose que dijo ser tambor de la banda corsaria.

Ataque a San Juan Capistrano

Bouchard no cumplió su promesa pues semanas más tarde desembarcaba en San Juan Capistrano preciosa bahía a dos millas de una de las bellas misiones de California. Bouchard envió un mensaje exigiendo provisiones a cambio de las cuales no atacaría la misión.(23)

El prior contestó que desembarcaran si querían y que les daría una buena provisión de metralla y pólvora. Bouchard montó en cólera y ordenó a Corney que desembarcara con 140 hombres y dos cañones para probar la pólvora de los misioneros. Una partida de caballería hizo un amago de ataque pero se retiró al galope. Corney ocupó la misión y sus edificios y después de desayunar se dedicó al saqueo. La misión estaba bien surtida de alimentos pero no había dinero ni tesoros. Encontraron gran cantidad de vino y licores y se destruyó la propiedad pública y privada. A las dos de la tarde dio Corney la orden de marcha que no pudo llevarse a cabo con la marcialidad deseada pues muchos de su hombres estaban borrachos, a tal punto, que fue necesario amarrar algunos a los cañones y arrastrarlos hasta la playa. Seis habían quedado atrás y al día siguiente se azotó a 20 más por borrachos.(24)

Bealer ofrece el siguiente comentario:

Unos veintisiete días fueron empleados en la costa de California con resultados difíciles de estimar. Ningún botín de importancia había sido tomado; la Santa Rosa escapó apenas de ser perdida definitivamente; la antorcha de la independencia rechazada sin demora.(25)

Los corsarios abandonan la costa rumbo a Valparaíso

Los corsarios se dirigieron entonces a la isla de los Cedros donde descansaron, cazaron ciervos, lobos de mar para comer sus lenguas y corazones. Durante la estadía intercambiaron provisiones con cazadores rusos y perdieron una ballenera con seis hombres que desertaron.(26)

Dice Corney que apresaron y destruyeron un bergantín mercante y que luego desembarcaron en las Tres Marías. En estas islas los isleños de Hawaii intentaron cocinar “poi” con una planta local que encontraron parecida a las del taro, pero se envenenaron doce kanakas que murieron en las mas atroces agonías.

Las fuentes argentinas dicen haber bloqueado a San Blas y Acapulco, hecho que parece una gran exageración cuando se le coteja con los documentos mexicanos. No ha faltado quien asegura que capturaron Acapulco. Es de dudar este supuesto “bloqueo de la costa mexicana” y aunque se dice que desembarcaron y se comunicaron con agentes de Guerrero, la única acción registrada por la historia es el cañoneo con el corsario Chileno en aguas de San Blas.

Bouchard se dirigió a Sonsonate en la costa de El Salvador donde capturó cuatro embarcaciones menores, incluyendo el lugre María Sofía que era propiedad de un neutral inglés. Bouchard se encontraba abordo de la Chacabuco cuando la Argentina avistó a la Cazadora y salió a perseguirla creyéndola nave española. El Chileno que escoltaba a su presa desde la distancia, se dirigió hacia la Chacabuco y al ver que llevaba bandera española–ambos buques trataban de engañar al enemigo usando este ardid de guerra– abrió el fuego con tanta eficacia que le mató tres hombres e hirió a otros tres. Bouchard arrió la bandera española e izó la enseña azul y blanca de Argentina. Pero el cañoneo continuó hasta que llegado el momento de abordar al enemigo, reconoció Coll, el comandante chileno, que se trataba de un buque argentino.

Desabracados los buques, Coll se retiró para encontrarse con la Cazadora dejando a Bouchard que se preocupara de sus propios heridos y de reparar la nave que quedaba seriamente averiada. El Chileno no encontró a la Cazadora que volvió al puerto de Sonsonate con La Argentina . Allá, Bouchard le extrajo doce cañones para armar sus propias presas y luego la dejó salir hacia Valparaíso.

Talvez sirva como colofón del viaje de Bouchard su llegada a Valparaíso, donde Lord Cochrane, almirante en jefe de la Armada de Chile, lo arrestó, le siguió un consejo de guerra acusóndolo de pirata, de ataque y captura a neutrales y a buques aliados(27)

Gracias a la influencia política de algunos jefes argentinos que habían servido con el en el Regimiento de Granaderos, fue absuelto y participó con su buque en la Expedición Libertadora al Perú. La Argentina sin su patente de corso que le fue cancelada, volvió a llamarse Consecuencia . Bouchard entró en conflicto con su socio y armador, el doctor Echeverría iniciándose un enojoso y largo pleito con el y luego con su familia que se consideraba abandonada.

Bouchard llegó al Perú y San Martín lo protegió dándole el mando de la fragata Prueba que no mantuvo por mucho tiempo. Retirado del mar, administró una haciendo y murió asesinado por sus propios esclavos en 1837.


1. Carta a José de la Guerra, Doc. Hist. de Calif. MS xi. 124. Citado por Bancroft, California Vol. II. p.222

2. Bancroft, Op. Cit. p.292

3. Bancroft, Op. Cit. p. 211 Los memoralistas mexicanos de California, como Solá, Vallejo, Alvarado, etc. caen en el error de creer que estos corsarios y otros que aparecieron por la costa, tenían patente firmada por San Martín. Bancroft al leerlos, cayó también en el mismo error. No era éste el caso. San Martín, excepto por un corto período que sirvió como “Protector” del Perú, no fue nunca cabeza de gobierno, ni en Chile, ni en Argentina. Por lo tanto, dificilmente podría haber firmado los decretos o patentes de corso. Los corsarios patriotas en el Pacífico, salvo dos excepciones, flameaban bandera chilena. Curiosamente existe un documento en el Archivo de la misión de Santa Barbara que atribuye el ataque a Monterey a “rebeldes al mando de Lord Cochrane”. ( Documento # 862)

4. Audiencia de Guadalajara-Archivo General de Indias- legajo 33- Mexico 14- documentos anexos. Se muestra un mapa de la costa con las anotaciones respectivas.

5. Bancroft, Op. Cit. p.227. Alvarado también menciona este incidente en sus memorias.

6. Combier, Voyages au Golfe de la Californie , p. 251

7. Mitre, El Crucero, p. 48

8. Ratto, Capitán, p. 88

9. El manuscrito de Bouchard se encuentra en Archivo General de la Nación, Gobierno Nacional 1810-1828. Guerra. Campañas Navales. V-XXIV-11-6. Buenos Aires.

10. Lewis W. Bealer, “Bouchard in the Islands of the Pacific”, en Pacific Historical Review , Winter, 1937, p. 337

11. La mayoría de las historias navales argentinas, incluso Mitre, dan a este hecho la importancia que no tiene. Veáse Todo es Historia ya citado, Ratto, etc. La historia parece haber salido de la narración de Piriz, de la infantería de marina:

“Selebramos un tratado de Union para la paz, g:rra y comercio, quedando obligado el rey con este arremitir a disposicion de nuestro Sup.mo Gob.no todo los Buques que arrivasen p:r aquellas Costas como la Chacabuco, y a darnos hombres y auxilios quanto se lo pidiese nuestro Socorro, reconociendo desde entonces nuestra Independencia.”

El Manuscrito de Piriz que se encuentra en el Archivo Mitre, Armario 1, caíjn 16. Buenos Aires.

12. Corney, Voyages, p. 121

13. Guerra, Doc. Hist. Cal. MS. iii 110. Bancroft, Op. Cit. p. 223

14. Solá, “Instrucción General a los Comandantes sobre lo que debe practicarse contra los Insurgentes”, 1818, MS. Bancroft Library.

15. Padre Obles a Guerra, Octubre 19, Guerra, MS vii 92

16. Gracias a las narraciones de Peter Corney, Bouchard y Piriz tenemos tres versiones diferentes de como vieron las acciones los atacantes. Por otra parte, el historiador Bancroft acumuló un verdadero tesoro documental sobre este episodio, desde el punto de vista californiano, que se encuentra en la biblioteca que lleva su nombre. Otro documento, excepcional por su exactitud histórica es una carta del padre Seújjn al padre Baldomero López, fechada en Buenaventura, enero 2 de 1819 en AGN, México, Hacienda.

17. A pesar de que Solá no lo menciona, esta batería que causó la rendición del enemigo, estaba al mando de José Jesús Vallejo, valiente joven, hermano de Mariano que sería con el tiempo, gobernador de California. Así se ve confirmado en la documentación existente en la Biblioteca Bancroft. Veánse las versiones de Vallejo, Osio y Alvarado, especialmente “Recuerdos históricos y personales tocantes a la Alta California”, manuscrito inéditoen Bancroft Library. Manus. I pp. 182-241. Según Osio, el fuego del cañón de Vallejo iba en camino de exterminar la tripulación y como éstas se hallaba rendida, Gómez le ordenó que cesara el fuego.(Osio, p.46). Vallejo desobedeció estas ordenes y tuvo su propio padre que bajar hasta la playa para que obedeciera. Solá por su parte, temía de un engaño por parte de los insurgentes al arriar la bandera e insistía en continuar la lucha. Otra versión dice que Gómez habría ordenado a su gente en el castillo que dispararan sobre la batería de Vallejo lo que parece descabellado.

18. “La Bandera Argentina sobre California”, Todo es Historia, número 88.

19. Además de las memorias de Alvarado, Osio y Vallejo, ya mencionadas, deben consultarse dos documentos manuscritos en el archivo del estado: (copias en la Biblioteca Bancroft)

“Noticias de lo acaecido en este puerto de Monterey con dos fragatas pertenecientes a los rebeldes de Buenos Ayres, 1818.” Prov. State Papers,(Sacramento) MS xx. 70

“Testimonio de dos prisioneros acerca de los Insurgentes de Bouchard, 1818” Prov. State Papers,(Sacramento),MS XLIX, 70.

20. La misión de Santa Gertrudis, (probablemente una “asistencia” o capilla de la misión de San Buenaventura), desapareció hasta 1966 en que una “fantástica suerte”, según los periódicos, descubrieron las ruinas de la misión cerca de Cañada Larga cuando se construía una carretera. Había sido abandonada ante la amenaza de los Insurgentes. No sabemos la fecha exacta y puede haber sido la primera alarma de los corsarios chilenos en San Blas o Bouchard. Palo Alto Times, Diciembre 5, 1966. p. 13 Los estudios de carbón en San Fernando y Buenaventura indican abandono en esas épocas. Para los aprestos bélicos de los religiosos, veáse Bancroft, Op. Cit. p. 236. Documentos en Bancroft indican que se enviaron indios neófitos con lanzas para combatir a los insurgentes: ” con sus oraciones se espera una buena acción”.

21. Bancroft, Op. Cit. p. 245

22. Según Bealer, en Op. Cit. p. 144, Taylor no era parte del contingente original y fue probablemente enganchado en Hawaii junto con Corney.

23. Dice Bouchard que ofreció pagar por las provisiones, pero la nota, probablemente de su puño y letra, que se conserva en Bancroft Library, exige la entrega de 20 bolsas de patatas, 10 bolsas de trigo y cuatro cabezas de ganado. “Si esta contribución es cumplida, me retirará sin hacer el menor daño…”

24. Corney, Narrative p. 161

25. Bealer, Los corsarios, p. 145

26. ¿Que sucedió con esta embarcación? No hay otras noticias de ella en las fuentes argentinas. Lo más probable es que haya naufragado pero también es posible que sea la misteriosa goleta recogida en Sitka pues se menciona a kanakas como tripulantes.

27. Las acciones de Bouchard causaron no poco dolores de cabeza a O’Higgins, San Martín y Cochrane, los agentes norteamericanos e ingleses se quejaron ante el gobierno de Chile precisamente cuando se preparaba la crucial expedición libertadora al Perú. El proceso de Bouchard en Valparaíso se resume en Teodoro Callet-Bois, El proceso de Bouchard , Buenos Aires, 1936.


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