Walden Bello: Para rescatar el espíritu rebelde de Seattle

Outras Palavras

Walden Bello

Walden Bello es autor y académico filipino, coordina el centro de investogacopmes Focus on the Global South, basado en Bangkok, Tailandia. Integra el Consejo Internacional del Foro Social Mundial y fue recientemente electo diputado en el Parlamento de Las Filipinas.

Diecisiete años después de la gran acción global que [abalou] la creencia en el neoliberalismo, uno de los articuladores provoca: el sistema se recicló, por falta de una alternativa. Es nuestra responsabilidad construirla.

Por Walden Bello

Aprendi varias lecciones en la Batalla de Seattle, y una de ellas fue que una policía femenina puede ser tan eficiente como cualquier policía. Fui fuertemente golpeado, por una de las mejores de Seattle. Ayer, decidi bajar la ladera de la memoria y visitar la escena del crimen. Recuerdo que vi aMedea Benjamin, del movimiento Code Pink, siendo tratada con mucha brutalidad y corri hasta allá para intentar hacer que la policía pare. Fue cuando una policía femenina empezó a pegarme con la porra, mientras me arrastraba y me tiraba en la calle, con el golpe de misericórdia siendo una bien planeada patada en mi trasero. Pero el mayor golpe no fue este, y si lo que afectó mi ego: yo merecia ser golpeado y pateado, pero no incomodaba lo bastante para ser preso…

Como Cesar, voy a dividir mi discurso en tres partes. Primero, algunas reflexiones sobre lo que Seattle significó para el cambio en los sistemas de comprensión del mundo globalizado. Según, una discusión de como, a despecho de la profunda crisis del neoliberalismo, el capital financiero maniobró para mantener intacto su inmenso poder. Tercero, un apelo para construir una nueva visión abarcadorea de la sociedad deseable.

Seattle y la crisis del neoliberalismo

Según la teoria de Thomas Kuhn, sobre como se dan los cambios en las ciencias físicas, los datos disonantes no pueden ser acomodados en el antiguo paradigma hasta que alguien venga con uno nuevo, en el que ellos puedan ser explicados. Los científicos sociales se apropiaron de los esfuerzos de Kuhn para explicar el desplazamiento y la substituición del pensamiento hegemónico en política, economia y sociologia. Pienso que aunque el papel de los datos disonantes haya sido exhaustivamente estudiado, como en el caso del desplazamiento del keynesianismo en el final de los años 70 y de las teorias de la elección racional y el mercado eficiente durante la reciente crisis financiera, las explicaciones sobre cambios en los sistemas de conocimiento no fueron capaces de considerar el papel de la acción colectiva.

La Batalla de Seattle resalta, para mi, el papel extremadamente crítico, si no decisivo, de la acción colectiva de masas en el desplazamiento de los sistemas de conocimiento. Lo explicaré a continuación.

Hoy se acepta, de modo más o menos generalizado, que la globalización fracasó, en su triple promesa de rescatar los países de la [estagnación], eliminar la pobreza y reducir la desigualdad. La crisis econômica global en curso, conducida por las corporaciones y basada en la liberalización financiera, clavó el último clavo en la ideologia de la globalización virtuosa.

Pero las cosas eran muy diferentes dos décadas atrás. Todavía me acuerdo la nota de triunfalismo alrededor del primer encuentro ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Singapur, en noviembre de 1996. Allá, oímos de representantes de los EUA y de otros países desarrollados que la globalización conducida por las corporaciones era inevitable, que era la ola del futuro, y que la única tarea que faltaba era hacer más “coherentes” las políticas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial de Comercio de manera para llegar más rapidamente a la utopia neoliberal de una economia global integrada.

El avance de la globalización parecia barrer todo a su frente, incluyendo la verdad. En la década anterior a Seattle, numerosos estudios, inclusive informes de las Naciones Unidas, cuestionaban la alegación de que la globalización y las políticas de “libre” mercado estaban conduciendo al crecimiento sostenible y prosperidad. Los datos mostraban que la globalización y políticas pró mercado estaban en verdad promoviendo más desigualdad y más pobreza y consolidando la estagnación económica, especialmente en el Sur global. Con todo, estos números permaneceran como “[factoides]” en lugar de hechos a los ojos de académicos, de la prensa, de los políticos, que celosamente repetiam el mantra neoliberal de que la liberalización econômica promueve el crecimiento y la prosperidad. La visión ortodoxa, repetida ad nauseam en las clases, en los medios y en círculos políticos, era de que las críticas a la globalización eran encarnaciones modernas de los luditas o provenían de personas — como fuimos rotulados con desdén por Thomas Friedman — que creen que la terra es plana.

Entonces vino Seattle, en 1999. Después de aquellos días [tumultuados] en la ciudad, la prensa empezó a hablar sobre el “lado sombrio de la globalización”, sobre las desigualdades y la pobreza siendo generadas por la globalización. Después de eso, tuvimos las espetaculares [defecciones] del campo de la globalización neoliberal, tales como las del financista George Soros, del premio Nobel Joseph Stiglitz y la del economista-star Jeffrey Sachs. El retroceso intelectual de la globalización probablemente alcanzó su punto alto en 2007, en un informe [abrangente] sobre un panel de economistas neoclásicos liderado por Angus Deaton, economista de Princeton, y por el ex-economista jefe del FMI, Ken Rogoff. El informe afirmó implacablemente que el Departamento de Investigación del Banco Mundial – la fuente de la mayoria de las afirmaciones según las que la globalización y la liberalización del comercio estaban conduciendo a índices más bajas de pobreza, crecimiento econômico sustentado y menos desigualdad – [distorcia] deliberadamente los datos y/o hacía afirmaciones injustificadas.

Es verdad, el neoliberalismo continúa siendo el discurso estándar entre varios economistas y tecnocratas. Pero incluso antes del reciente colapso financiero global él ya había perdido mucho de su credibilidad y legitimidad. Qué hace la diferencia? No tanto la investigación o debate, sino la acción. Fue necesario que pasaran las acciones de masas en las calles de Seattle, interactuando de modo sinérgico con la resistencia de representantes de los países en desarrollo en el Centro de Convenciones del Sheraton, y una rebelión de la policía, para provocar el espectacular colapso de una reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio y traducir aquellos [factoides] en hechos. Y el fracaso intelectual impuesto a la globalización por la lucha de Seattle tuvo consecuencias muy concretas. Hoy, la revista Economist, primer [avatar] de la globalización neoliberal, admite que la “integración de la economia mundial está en retracción en casi todos los fronts” y un proceso de “desglobalización”, que antes se consideraba impensable, está en verdade en desarrollo.

Seattle fue lo que Hegel llamó de “evento histórico-mundial”. Su lección duradera es que la verdad no está sólo afuera, con una existéncia objetiva y eterna. La verdad es efectivada, transofrmada en real y ratificada por la acción. En Seattle, mujeres y hombres comunes hicieron verdad real con una acción colectiva que desacreditó un paradigma intelectual que había servido de guardián ideológico del control del mundo por las corporaciones.

Yo no diria que el neoliberalismo fue derrotado en Seattle. Pero, para usar una metáfora de guerra, Seattle fue en verdad la batalla de Stalingrado del neoliberalismo. Demoraria una década más hasta que la globalización fuese definitivamente detenida, y fue necesario que la crisis financiera global completase el trabajo, al aniquilar la Teoria de la Elección Racional y de la Hipótesis de Mercados Eficientes, que habían sido la vanguardia de la globalización de las finanzas.

Poder estructural persistente del capital financiero

Pero el desmantelamiento del paradigma neoliberal es sólo la mitad de la historia. Incluso con su crisis ideológica, las fuerzas del capital global trabaron una feroz batalla de retaguardia. Como ejemplo, tome el caso del exitoso esfuerzo del capital financiero para resistir a cualquier cambio frente a la evidente necesidad y del consenso social para una reforma [abrangente].

Cuando se abrió bajo Wall Street, en setiembre de 2008, hubo mucha cháchara sobre obligar a los bancos a pagar la cuenta, encerrar a los “banksters” [mezcla de banqueros con gangsters] e imponer regulaciones draconianas. El entonces recien electo Barack Obama llegó al poder prometiendo una reforma bancaria, avisándole a Wall Street, “Mi gobierno es lo único entre uds. y el infierno”.

Aún así, más de ocho años después de la [deflagración] de la crisis financiera global, es evidente que aquellos que eran responsables por la crisis maniobraron para salir completamente impunes. No sólo esto, sino que también hicieron que los gobiernos colocasen los costos de la crisis y el [ônus] de la recuperación sobre las víctimas.

¿Cómo consiguieron esto? La primera línea de defensa para los bancos fue hacer que os gobiernos los rescatasen de la [trapalhada] financiera que ellos mismos crearon. Los bancos rechazaron de movida la presión de Washington sobre ellos para montar una defensa colectiva con sus mismos recursos. Usando la caída maciza de los precios de las acciones, desencadenada por la caída del banco Lehman Brothers, los representantes del capital financiero fueron capaces de chantajear tanto a los parlamentarios liberales como a los de extrema derecha en el Congreso de los EUA, para aprobar el Programa de Alivio de Activos Problemáticos (Troubled Asset Relief Program – TARP), por el valor de 700 mil millones de dólares. La nacionalización de los bancos fue descartada como algo inconsistente con los “valores de Estados Unidos”.

Entonces, entusiasmándose con la guerra defensiva antirregulaciones que ellos controlaron durante décadas en el Congreso, los bancos fueron capaces, en 2009 y 2010, de eliminar, en la ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y de Protección de los Consumidores, tres items claves que eran considerados necesarios para una verdadera reforma: reducir el tamaño de los bancos; separar institucionalmente a los bancos comerciales de los bancos de inversión; y prohibir a la mayoria de los derivativos, regulando el llamado “sistema bancario en las sombras”, que provocó la crisis.

Esto fue hecho usando lo que Cornelia Woll llamó de “poder estructural” del capital financiero. Una dimensión de este poder fueron los 344 millones de dólares que el sector gastó haciendo lobby en el Congreso de los EUA, en los primeros nueve meses de 2009, cuando los legisladores estaban trabajando en la reforma financiera. Sólo el senador Chris Dodd, líder del Comité Bancario del Senado, recibió 2,8 millones de dólares en contribuciones de Wall Street, en 2007-2008. Pero tal vez tan poderoso como el lobby de Wall Street atrincherado en el Congreso hayan sido las influyentes voces en el nuevo gobierno Obama, que eran simpáticas a los banqueros — en especial el Secretario del Tesoro, Tim Geithner, y el jefe del Consejo de Asesores Económicos, Larry Summers. Ambos sirvieron como colaboradores cercanos de Robert Rubin, que fue sucesivamente co-presidente del banco Goldman Sachs, jefe del Tesoro de Bill Clinton y presidente y consejero senior del Citigroup.

Finalmente, el sector financiero fue exitoso al atar la defensa de sus intereses a uno de los pocos presupuestos que aún resuenan de una ideologia neoliberal que se desintegra: la de que el Estado es la fuente de todas las cosas malas que suceden en la economia. Mientras se beneficiaba del rescate financiero del gobierno, Wall Street consiguió cambiar el relato sobre las causas de la crisis financiera, tirándole toda la culpa en el Estado.

Esto está mejor ilustrado en el caso de Europa. Como en los EUA, la crisis financiera en Europa fue impulsada por la especulación, en la medida en en que los grandes bancos europeos buscaron substitutos de retorno rápido y altas ganancias para los bajos retornos que obtenían en la industria y en la agricultura. Partieron hacía préstamos inmobiliarios y especulaciones en derivativos financieros, o colocaron sus fondos excedentes en títulos de alto rendimiento vendidos por los gobiernos. En su impulso para lucrar cada vez más, al prestar para los gobiernos, los bancos europeos vertieron 2,5 trillones de dólares en Irlanda, Grecia, Portugal y España.

El resultado fue que la deuda de Grecia llegó a 148% del PBI en 2010, llevando al país al borde de una crisis de la deuda soberana. Enfocada en la protección de los bancos, el abordaje de las autoridades europeas para estabilizar las finanzas de Grecia no fue penalizar a los acreedores por los préstamos irresponsables, sino tirarle a los ombros de los ciudadanos todos los costos del ajuste.

El nuevo relato veia el origen de la crisis no en las finanzas privadas desreguladas y ultra-especulativas, sino en el supuesto “Estado gastador”. Ella rapidamente llegó a los EUA, donde fue usada no sólo para evitar una reforma bancaria real sino también para prevenir el lanzamiento de un efectivo programa de estímulo en 2010. Christina Romer, ex-jefa del Consejo de Asesores Económicos de Barack Obama, estimó que serían necesarios 1,8 trillones de dólares para revertir la recesión. Obama aprobó menos de la mitad, o 787 mil millones, aplacando a la oposición republicana, pero impidiendo una rápida recuperación. De modo que los desatinos de Wall Street no recayeran sobre los bancos, sino sobre los norteamericanos comunes, con el desempleo alcalzando cerca de 10% de la fuerza de trabjo en 2011 y el desempleo de la juventud llegando a más del 20%.

El éxito de Wall Street en revertir la explosión popular contra si, luego de la eclosión de la crisis financiera, se hace evidente en la disputa por las elecciones presidenciales de 2016. Las estadísticas de los EUA son claras: 95% de las ganancias de los ingresos de 2009 a 2012 fueron para el 1% de la cima; el ingreso promedio era 4.000 dólares menor en 2014 que en 2000; la concentración de activos financieros aumentó después de 2009, con los cuatro mayores bancos detentando activos que llegaron a casi 50% del PBI. Aún así, la regulación de Wall Street no fue un tema en los debates de las primarias del partido Republicano, mierntras que en los debates de los Democratas fue un tema lateral, a despecho de los valientes esfuerzos del candidato Bernie Sanders para transformarlos en un tema de destaque.

Las instituciones políticas de una de las más avanzadas democracias liberales del mundo no fueron capaces de lidiar con el poder del establishment financiero. Como escribe Cornelia Woll, “Para el gobierno y el Congreso, la principal lección de la crisis financiera en 2008 y 2009 fue que ellos tenían medios muy limitados para presionar al sector financiero para que adopte un comportamiento compatible con la supervivencia de todo el sector y la economia como un todo”.

En Grecia, políticas de “austeridad” provocaron una revuelta popular – expresada en el referendum de junio de 2015 sobre el rescate, en el que más de 60% de la población rechazó el acuerdo – pero, al final su deseo fue aplastado, pués el gobierno alemán forzó a Tsipras a una humillante rendición. Claro que los motivos claves eran salvar a la elite financiera europea de las consecuencias de sus políticas irresponsables, reforzando el principio ferreo del reembolso total de la deuda y crucificando a Grecia para disuadir a otros, tales como los españoles, irlandeses y portugueses de rebelarse contra la esclavitud de la deuda. Como admitió algun tiempo atrás Karl Otto Pöhl, ex-jefe del Banco Federal de Alemania, el ejercicio draconiano en Grecia era para “proteger a los bancos alemanes, pero especialmente a los bancos franceses, de cancelamientos de la deuda”.

Aún así, es probable que el triunfo de los bancos sea, al final, una victoria Pirrica. La combinación de una estagnación o recesión profunda inducida por la “austeridad” que oprime a gran parte de Europa y los EUA y la falta de reformas financieras es mortal. La prolongada estagnación resultante y la perspectiva de deflación desestimulan inversiones en la economia real para que se extienda a los bienes y servicios.

Con el fin del intento de re-regular las finanzas, los bancos tienen todas las grandes razones para hacer lo que hicieron antes de 2008 y que detonó a la crisis actual: comprometerse en operaciones intensamente especulativas destinadas y obtener super ganancias, beneficiándose de la diferencia entre el precio inflado de activos (y de derivativos basados en activos) y el valor real de estos activos. Esto dura hasta que la ley da gravedad cause el inevitable desastre.

Se estima que el mercado opaco de derivativos mueve hoy un total de 707 trillones de dólares, significativamente más alto que los 548 mil millones de 2008. De acuerdo con un analista, “el mercado se tornó tan abismalmente amplio, que la economia global corre el riesgo de daños macizos aunque sólo un pequeño porcentaje de contratos se caiga”. Su tamaño e influencia potencial son difíciles hasta de compreenderlo, cuanto más de estimarlo”. Artur Levitt, ex-presidente de la Comisión de Seguridad y Cambio de los EUA, estuvo de acuerdo, cuando le dijo a un escritor que ninguna de las reformas pós 2008 “redujo significativamente la probabilidad de las crisis financieras”.

El tema entonces no es si irá explotar otra burbuja, sino cuándo. Y para nosotros, la lección clave es que a despecho del descrédito ideológico del neoliberalismo y de la rabia popular por las [trapaças] de los bancos, el poder estructural del capital continua inmenso e impidió incluso la prisión de cualquier banquero importante — que decir de una reforma significativa…

La necesidad de una nueva visión abarcadora

¿En qué se apoya el poder estructural duradero del capital financiero? Mi impresión es que a pesar de los los hechos objetivos, la crítica intelectual y la acción colectiva hayan corroído la legitimidad del neoliberalismo, fuimos incapaces de articular una alternativa robusta a punto de enfrentar la profunda crisis del capitalismo en que nos encontramos.

Hay un enorme descontento, frente a la múltiple crisis desencadenada por el capitalismo. Infelizmente, no es posible repetir lo que Mao dijo cierta vez: “Todo bajo los cielos está en desorden; excelente noticia!” Muchos de aquellos que fueron atropellados por la globalización movida por las corporaciones están yendo hacía demagogos e ideólogos de la derecha, tales como Donald Trump y Marine Le Pen. O, en su propio país [Las Filipinas], el presidente Rdrigo Duterte, que de alguna forma convenció a un amplio sector de los ciudadanos de que el crimen y las drogas estan en la base de los problemas del país y que la principal cura para las enfermedades del país es matar a todos, tanto traficantes como usuarios. Recordemos que los EUA y Europa no tienen el monopolio de peligrosos demagogos de derecha con una base maciza y radicalizada, gran parte de ellos personas resentidas de las clases medias bajas que desean soluciones simples y quieren aprobar la violencia para alcanzar la visión de su líder sobre el que seria el cielo en la tierra.

Sin dudas, parte del problema es el fracaso de las fuerzas tradicionales de izquierda en educar a sus principales bases de apoyo, tales como la clase trabajadora blanca. Otra parte ha sido la falta de habilidad para integrar a poblaciones minoritarias entre la izquierda — que tradicionalmente albergaba a los desfavorecidos y marginalizados — forzando a algunos a volverse hacía grupos radicales fundamentalistas tales como ISIS. Así, a las heridas reales impuestas a tantos sectores por la globalización dictada porlas empresas se sumaron los mitos sobre el desplazamiento de los inmigrantes y sus crímenes, y al real fracaso de la integración de los inmigrantes. Donald Trump, Marine Le Pen e ISIS han sido muy astutos al obtener ventaja de las brechas abiertas por la izquierda, por aquellos que estuvieron en el frente de movimientos como Occupy y la antiglobalización. Estas personas se han comido a nuestro almuerzo.

No seguiré con las razones sociológicas para el éxito de ellas o nuestro fracaso, dado que muchos outros ya hiucieron eso, pero quiero levantar un tema. Tenemos o no la responsabilidad de crear una visión, lenguaje y programa abarcador para desarrollar una alternativa y concretizrla? En los Estados Unidos, Bernie Sanders, candidato a la presidencia en 2016, asumió esta valiente tarea al apelar por un “socialismo democrático”, algo que resonó en el Sur Global. Pienso que es urgente que concretizemos esta idea, una vez que el otro lado ya está materializando su alternativa en la forma del trumpismo, de la defensa de los partidos de derecha europeos o del brexitismo. En este esfuerzo, ellos suman parte de nuestra crítica intelectual al capitalismo con el apelo altamente caegado de emoción para retornar a un pasado idealizado de homogeneidad blanca, pureza cultural o uniformidad religiosa. Pienso que es urgente superar nuestros miedos de articular grandes relatos y expresar la necesidad de superar, a través dde la lucha comun, un mundo destruído por el capital. Este nuevo relato debe defender la construcción de sociedades basadas en el más profundo instinto de hombres y mujeres – la cooperación. Es casi innecesario decir que tal empeño debe también reconocer las limitaciones, fracasos y distorciones de esfuerzos pasados en la construcción de sociedades pos-capitalistas, especialmente en lo que respecta a temas de democracia, género y medio ambiente.

En general, no me gusta citar a la Bíblia. Pero hay algo muy profundo en el pasaje 29:18 de los Proverbios: “Sin visión profética el pueblo perecerá; mas el que guarda la ley es bienaventurado.”. Seria trágico si las personas fuesen dejadas a las soñolientas alternativas formuladas por la social-democracia en Europa, los fastidiosos Clinton, en los Estados Unidos, y los nada inspiradores movimientos de reforma comandados por la elite en el Sur Global. Tales alternativas políticas, además de todo, no serán capaces de frenar a los movimientos contrarrevolucionarios que están en marcha.


Comentario:

Cuando empecé a leer la nota pensé:

-Ya va a llegar la parte en que se propone una alternativa que supere lo que hizo la izquierda.

Cuando llegué a la parte de Grecia pensé:

-Ahora dirá algo sobre la traición de Tsipras luego que el 60 % dijo que no estaba de acuerdo con la negociación con los bancos…

No encontré esas alternativas, al final me dió la sensación de que la izquierda sigue perdida y que no el autor no entendió qué pasa que quienes podrían apoyar a la izquierda no lo hacen.

No se le ocurrió pensar que la izquierda no da ninguna respuesta a todo lo que está pasando?

O, tal vez, sea eso de: una Monsanto con control obrero…
Y cuando leo lo que escribieron en el Partido Obrero sobre los transgénicos

” Estas son cuestiones que hay que aclararlas y demarcar correctamente; una cosa es la lucha contra las multinacionales, que usan una tecnología para su propio beneficio, y otra es el demonizar una tecnología como si fuera el origen de los males. Esto también lleva a la falacia de que antes todo era mejor, más sano y era “natural”, por lo tanto, bueno.

Una cosa es la tecnología, que no es ni buena ni mala per se, y otra muy distinta es el uso que se le da, los objetivos sociales que se le dé a esa tecnología.

Lo que debe hacer un partido revolucionario es luchar porque la tecnología no sea propiedad de una o de unas pocas empresas, que sea de libre uso; que no exista el secreto en la investigación y se compartan todos los hallazgos científicos inmediatamente y no cuando a la empresa le convenga. Que los técnicos, biólogos, veterinarios, farmacéuticos, especialistas de distintas ramas puedan trabajar con libertad, sin estar orientados por las necesidades de la empresa, sino de las necesidades sociales. Para eso se necesita que los trabajadores de la tecnología de OMG sean financiados por el Estado, a través de universidades públicas. Que los campesinos no tengan que pagar las regalías para enriquecer aún más a las multinacionales agropecuarias. Se debe expropiar esa tecnología, como tantas otras, para beneficio de la sociedad en su conjunto y no para el de la burguesía y los terratenientes. Solamente así, entre otras medidas, se podrá ir reduciendo el impacto ambiental de la actividad humana a consecuencia del manejo capitalista de la agroganadería.

Partido Obrero


Película La Batalla de Seattle

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