Los agronegocios, Pepsico, la tragedia y el circo

pepsico


Cuando la Democracia sucedió a la Dictadura en el manejo del gobierno, Alfonsín se encontró con que el mundo necesitaba divisas para pagar los intereses de la colosal Deuda que los militares habían dejado y que el mundo ya no necesitaba las materias primas de calidad: maíz, trigo y carnes, que tradicionalmente la Argentina había exportado durante más de un siglo. En ese momento, al menos lo que necesitaban aquellos países que tenían divisas con que pagar nuestras exportaciones, eran forrajes para alimentar sus ganados. La vaca loca y el cambio climático que alejó los cardúmenes de las costas y encareció la harina de pescado condujo a esos países a reclamarnos que exportáramos porotos de soja. Así comenzó otra historia en la cual todavía estamos inmersos. Lo que en los ‘80 fuera una necesidad y un accidente se convirtió, en los 90, en un modelo de Agronegocios que se instaló férreamente y que todavía perdura. Recordemos que Menem no tenía un plan de gobierno, y que ese plan lo puso Bunge y Born, en especial, Mario Hirsh, el hombre que había transformado a la granaria en una enorme productora de comestibles industrializados. La Argentina cambió calidad por cantidad, y puso todo su esfuerzo en la producción de commodities, así como en la exportación de bienes naturales. Extraordinariamente, deberíamos reconocer que el Modelo no lo instaló la derecha ni las puertas giratorias de Monsanto. Fueron los compañeros que venían del exilio, el setentismo escarmentado y ahora devenido progresista y modernizante los que alababan la Revolución Verde y los OGM, los que proponían una agricultura industrializada y en gran escala; fueron ellos, todos de izquierda, los que propiciaban el uso masivo de las tecnologías, los monocultivos, los herbicidas y la megaminería con cianurización. Esto comienza en los ‘90 con Menem, pero continúa con Duhalde, con el FREPASO, y muy particularmente con el kirchnerismo. Tanto el Peronismo como la izquierda en general respaldaron este Modelo que desplazó millones de argentinos rurales hacia la periferia de las grandes ciudades y que dejó decenas de miles de víctimas, en especial niños afectados por los agrotóxicos. Durante más de 20 años, denunciamos la instalación de este Modelo de los agronegocios que requería el vaciamiento de los territorios para la instalación de las corporaciones y el hacinamiento en los conurbanos para facilitar el asistencialismo clientelar y el desarrollo del Narco.
Tanto el Peronismo como la izquierda le dieron la espalda a nuestras denuncias; no importaba siquiera que el mismo modelo se expandiera por el mundo y que a través del land-grabbing, decenas de millones de hectáreas africanas fuesen compradas por empresas europeas, de Corea u otros países asiáticos como patios traseros productores de alimentos y a costa de la población del continente. La izquierda nos expulsó de Radio Nacional por develar estas realidades. Hasta el poder oligárquico se modificó y la vieja oligarquía vacuna se convirtió en un anacronismo, mientras se fortalecía un nuevo poder rural, mil veces más poderoso y, además, ligado a los exportadores y al negocio inmobiliario, y a los shoppings con inversiones en Estados Unidos y en Israel.
Pero es que con el progresismo vivíamos en el reino del simulacro y del relato, y fue útil para engañar al común continuar despotricando contra una oligarquía vacuna, particularmente durante la llamada crisis del campo, en la que Néstor condujo la guerra nacional y popular desde las mismas oficinas de Eduardo Elzstain en Puerto Madero.
La Argentina fue reconfigurada en lo económico, en lo social y en lo urbano; se nos acostumbró a la comida chatarra y, además, se bancarizaron los planes asistenciales para enriquecer a los supermercados. La propia Cristina se regocijó públicamente de las nuevas inversiones de Monsanto, mientras liberaba decenas de nuevas variedades transgénicas y festejó reiteradamente el altísimo consumo de gaseosas por parte de la población argentina.
Luego pasamos de Cristina a Mauricio, manteniendo el mismo sistema, el mismo ministro de Ciencia y Tecnología y el mismo periodismo militante en la radio Nacional. Las políticas de estado permanecieron intactas. Lo que se estaría discutiendo es quién ocupa la jefatura del directorio de esta empresa colonial que es hoy Argentina. Días pasados nos informamos de que, en una reunión peronista, gente ligada al gremialismo de la Central nuclear de Atucha contó que cuando la puja electoral entre Scioli y Macri, uno de los principales referentes se comunicó con la Rosada y les hizo saber que se sumaba con todo a la campaña de Scioli; la orden que le bajaron fue tajante: “Parece que no comprendiste, no es Scioli el que tiene que ganar, volvé a tu gremio y no seas pelotudo”. Por supuesto que a nosotros no nos sorprende aunque no terminemos de comprender las lógicas que inspiraban a Cristina y a su mesa chica. Lo que nos sorprenden son los millones de paparulos que la siguen de manera ciega e insensata…
Y ahora viene la tragedia de Pepsico, en épocas de ajuste laboral, cuando la CGT se encuentra tan debilitada que hasta la izquierda se la lleva por delante y cuando el ministro de Trabajo es nada menos que el hijo del primer dirigente sindical que fue aceptado como miembro del Jockey Club. La Pepsico es una empresa sumamente antigua que se fue adecuando a la producción de comida chatarra y que quedó inmersa en una zona de alto poder inmobiliario y en que es molestia para sus nuevos vecinos surgidos del poder sojero y de la nueva Argentina agroexportadora y sionista. Esos terrenos que ocupa valen una fortuna incalculable y es un negocio redondo trasladar la empresa, en especial porque se da de baja a los trabajadores agremiados y se calcula tomar a jóvenes precarizados. Estamos mencionando varios elementos: una empresa privilegiada por el agronegocio, un enorme negocio inmobiliario, la posibilidad de ajustar en materia laboral, y además, una comisión interna de izquierda que prioriza lo social y olvida el resto, y que está enfrentada al sindicato. Concretamente, que aprovechando la desesperanza y la falta de conciencia de clase se arregla con unos que son muchos, se apalea y desaloja a los más duros, y además de conformar a los vecinos de la zona se expresa un gesto de orden que reclamaban los sectores medios, en especial cuando comienza la campaña electoral. Por supuesto que luego de estos acontecimientos se desata el circo donde todos operan, en especial la izquierda que va por el propio desarrollo de su poder en las bases que alguna vez fueran peronistas y sin otros horizontes, además de la masa enorme de confusos y despistados que viven la zozobra de un retorno de prácticas que acusan de dictatoriales porque quisiéramos suponer que no llegaron a conocer lo que en verdad fue una dictadura…
Y lejos estamos de justificar la represión, que seguramente, de haber estado en el lugar, habríamos sido de los que arrojábamos los bancos y los botes de pintura… pero sentimos la necesidad moral de expresar que aquello fue una encerrona, una trampa largamente montada, de esas de las que no hay escapatoria. Durante más de 20 años se pavimentó el camino que lleva a la actual desolación y tenemos la obligación de señalarlo, no ya la obligación de tomar partido en la coyuntura y prestarnos como zombies a las estrategias de los operadores perversos. Cristinismo y macrismo son un solo modelo con dos caras y luchas por gerenciar el mismo proyecto. Daer se fortaleció con la industria del agronegocio y de la comida chatarra; pasó como Moyano con la sojización y Facundo con los peajes. Todos dejaron de hablar del proyecto nacional y se remitieron a cuidar su propio kiosco.
La izquierda aprovechó el descontento de la base para ganar posiciones internas que, en otras circunstancias, jamás habría obtenido. Las Madres le reprochan al kirchnerismo no haber puesto toda la carne en el asador de esta pelea y son coherentes con su nuevo rol de partido cristinista que caracteriza al gobierno como “una mierda” y como un grupo de “hijos de puta”, pero que no lo define ni podría definirlo, porque sería como definirlos a Néstor y a Cristina…//

Jorge E. Rulli en: Trinchera Por La Liberación Nacional

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