¿Qué es lo que nos colocó en este lugar de indiferencia y de apatía hacía el mal?

“Al hablar mejor español que los jovenes pasantes ingleses y norteamericanos que formaban la mayoría de la redacción, me tocó ser el que más recibía a las madres que venían a denunciar la desaparición de sus hijos. No eran las Madres de Plaza de Mayo todavía. Eran simplemente mujeres desoladas que no tenían a quién acudir. Yo tenía 23 años cuando esto empezó. Ellas tendrían entre 45 y 55.

“¿Pero porqué vienen al Herald? Porque la verdad que a este diario no lo lee nadie, se publica en inglés. ¿Porqué no van a los grandes diarios…?” les preguntaba yo. Ellas se mataban de risa, en su terrible circunstancia, y me decían: “Pero hijo. Hemos ido ahí y no nos dejan pasar ni por la puerta.”

“Yo tuve el gran privilegio de gritar cuando todos los demás guardaban silencio,” Cox ha dicho en alguna entrevista. Es así. Cuando el silencio es total, hasta respirar suena como un huracán ensordecedor. El Herald respiraba.

Muchas tardes, alguna madre volvía individualmente. Ya habíamos publicado la desaparición de su hijo. Pero volvían para tener con quien hablar. A veces volvían solo para que les tenga la mano. Yo, con mis 23 años y pelo pasando los hombros creyéndome Jimmy Page, y una madre, que entonces me parecía eterna pero que no llegaría ni a los 50, que no tenía a donde más ir. Rapidamente aprendí que la falta de justicia es el lugar más solitario del mundo.

Para mí, el tema fue siempre en la Argentina, el silencio y la negación. En el Herald, yo podía hablar con Cox y los periodistas ingleses y norteamericanos allí de lo que estaba ocurriendo.

Pero fuera del Herald era imposible. Me quedaba solo con mis palabras. Me cambiaban de tema. “El Silencio es Salud.”

Lo comentábamos con Cox. “Así debe haber sido en Berlín en 1941. Ves gente desaparecer. Sabés que algo terrible está ocurriendo pero no sabés exactamente qué es.”

Sentíamos que estabamos en la burbuja de Maxwell Smart. Que bajaba la burbuja y hablábamos solo entre nosotros lo que estaba ocurriendo.

¿Qué fue lo que los enfermó tanto? ¿Qué es lo que nos colocó en este lugar de indiferencia y de apatía hacía el mal? ¿Y el mecanismo que nos permitía ignorar los crímenes de la dictadura cuando los veíamos ocurrir no será el mismo que nos permite ignorar la corrupción evidente que impregna cada faceta de nuestra existencia actual social y política?

Roberto Barreiro estaba engrillado en el piso de Capucha en la ESMA cuando un marino le arrojó una copia del Herald frente a su nariz. “¿Qué es esto?” exigió saber el represor. “No sé leer inglés,” contestó Barreiro.

Era una copia del Herald de ese día en que Cox, alertado por un pariente, había escrito sobre la desaparición de Barreiro.

“Te salvaste pibe,” le dijo el militar.”

Fragmento de la nota: La Falta de Justicia Es el Lugar Màs Solitario Del Mundo


¿Qué pasa ahora? , ¿Por qué la indiferencia ante el genocidio sojero?…

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