Somos Rehenes de Partidos, incluso de izquierda, que no quieren cambiar nada

Correio da Cidadania

Segmentos de una entrevista a Henrique Costa sobre la situación en Brasil

“Somos rehenes de partidos y movimientos tradicionales que no quieren cambiar nada, al contrario, quieren que todo vuelva a ser como era en la vigencia plena del lulismo,  esto significa un presidencialismo de coalición sustentado por el dinero de las commodities, con mucho dinero disponible para programas sociales como Minha Casa, Minha Vida [programa social que financia la construcción de casas populares], que les interesan directamente a algunos movimientos. Esas  condiciones ya no están más presentes, lo que hace el apoyo a la candidatura de Lula aún más cuestionable”, resume.

” Infelizmente,incluso asistiendo a este festival de escarnio todos los días, toda esta ilegitimidad e impopularidad no se ha transformado en movilizaciones, por dos motivos: sobre todo porque, luego de la caída de Dilma, se retomó la espiral de descreencia con el sistema político. La clase trabajadora precarizada está muy ocupada con la lucha por la supervivencia que la crisis económica hizo retornar y, si la clase media se había animado con la Operación Lava Jato, ahora ve que el poder de autoprotección de la elite política es praticamente indestructible.

De todas maneras, la población va a la política a la distancia tanto como una forma de inmunización como por el escepticismo. No hay nada alli que minimamente se conecte a ella. Es una categoria totalmente desconectada de la realidad del pueblo y autofágica, que se reproducia por el fuerza de la financiación privada y del fondo electoral. Ningún partido hoy se comprometeria a autofinanciarse.

Además de esto, quedo muy claro que organizaciones de izquierda a las que todavía le creíamos que tenían poder de movilización han hecho exactamente lo contrario: apuestan en el desgaste de Temer y en la vuelta de Lula en 2018. No consiguen vislumbrar niguna otra salida para la crisis que no pase por la estabilidad del sistema de autorregulación de la política y temen que una reacción popular pueda quitarles protagonismo, como sucedió en junio de 2013, abriendo possibilidades diferentes de aquellas en las que tienen predominio.”

Correio da Cidadania: Qué decir de la izquierda brasileña a esta altura de los acontecimientos?

Henrique Costa: Es un tema complicado, pero decir esto es un lugar comun. Lo esencial a ser dicho es que la desconexicón de la izquierda tradicional de la clase trabajadora precarizada – la inmensa mayoria – viene a reclamar su precio con la deslegitimación de estas organizaciones, que no conocen y no se interesan por la realidad dura de la supervivencia en el mundo del trabajo del siglo 21 y de la violencia, física y simbólica, que él le impone a los sujetos. Lula, como figura carismática que es y con la memoria de años mejores para la población más pobre durante su presidencia, confunde a la izquierda al inyectar esperanza en el petismo [del partido de los trabajadores] de retornar al poder central.

Una parte de este “recall” puede contaminar al PT, pero su destino como partido está sellado. No renovó a sus líderes, actúa en los bastidores contra movilizaciones en las calles (cuando no actúa contra ellas, como en el caso de junio de 2013) y es parte integrante del consorcio de autopreservación en que se transformó la política institucional brasileña como consecuencia de la Lava Jato. Él es parte de este sistema, quiere verlo reconstruído e intenta públicamente hacer el discurso izquierdista de defensa de la población, una manipulación poco convincente, además de oportunista.

Además hay un sector de la clase media ligado al activismo cultural, al emprendedorismo desconectado, y universitarios intelectualizados, que tomó la decisión de alejarse politicamente (y fisicamente, a través de la gentrificación que fingen que no es un problema de ellos) del sufrimiento social del trabajo y apostar en la democracia en abstracto y en el papel del Estado como proveedor de políticas públicas, cuyo universo conocen bien: son vencedores en la disputa por las mejores posiciones del capitalismo contemporáneo. Algunos desarrollaron, como buenos gestores, la capacidad de transformar a aquella izquierda que veían como superada en clientes de los servicios que prestan.

Otros están, incluso honestamente, en la búsqueda de construir alternativas, pero son víctimas de la alienación que se hizo cargo de la izquierda contemporánea, esto es, no consiguen ver que la democracia que reivindican a nivel institucional nunca existió en el piso social. Están enviciados en si mismos y reproducen a esta cultura del narcisismo para consumir los unos a los otros. Este es un nicho que se tornó interlocutor preferencial del “petismo sin pueblo”. Más una vez, es el objetivo electoral el que anima a estos partidos, con resultados apenas moderados, por supuesto.”

Correio da Cidadania: Qué Brasil se cosechará de estos años de inestabilidad y austeridad?

Henrique Costa: Todavía en la gestión Dilma la población sintió de que forma la gestión del tema social brasileño puede ser violento. Lula inauguró la gestión de la pobreza por las políticas públicas, y su sucesora expuso la cara violenta de ella, con la Ley Antiterrorista, el uso extensivo de la Fuerza Nacional en la protección de las grandes obras do neodesarrollismo dilmista. En Belo Monte, en la represión a las poblaciones indígenas, en el Estado de excepción que estuvo en vigor en el Mundial de Fútbol. Así como se vió  al desempleo y a la crise económica alcanzar de lleno sobretodo a la clase trabajadora precarizada.

Esto se profundizó dramaticamente desde entonces. El caos en Rio de Janeiro, las rebeliones en los presidios del Norte del país, la violencia en las grandes ciudades son apenas el rostro más visible de un agujero que sólo se hunde. En el piso social, la precarización de las relaciones laborales, con el aumento de la informalización, deberá imponer aún más sufrimiento y stress a la rutina del trabajo. En el mantenimiento de esta situación, cada vez más la policía será solicitada para hacer la limpieza social de poblaciones excedentes, donde la población pobre y negra es el blanco prioritario. Por otro lado, los condominios fortificados de clase media segregarán aún más a los ricos y pobres.

Esto ya está sucediendo y lo más preocupante es que no hay oposición organizada. Llegar a 2019 con las reformas aprobadas es el objetivo de todos los partidos que están en la disputa, vistas como panaceas para la crisis económica. Los juegos de poder continúan a años luz de distancia del mundo concreto. La esperanza es que toda la energia social que fermenta contra este estado de cosas pueda ser apropiada a la izquierda por grupos al margen de la institucionalidad.”

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