La comunicación de Bolsonaro usa táticas militares de punta, dice un especialista – 14/10/2018 –

Folha de São Paulo

Los recursos escasos, la estética do material de divulgación y las constantes contradicciones de Jair Bolsonaro (PSL) y sus aliados pueden llevar a la impresión de que la estrategia de comunicación del candidato es amateur.

Sin embargo, según el antropólogo Piero Leirner, profesor de la Universidad Federal de São Carlos que estudia a las instituciones militares desde hace casi 30 años, la comunicación de Bolsonaro se vale de métodos y procedimientos bastante avanzados de estrategias militares, manejados de manera “muy inteligente, precisa, pensada”.

“No se trata exactamente de una campaña de propaganda; es mucho más una estrategia de criptografia y control de categorias, a través de un conjunto de informaciones disonantes”, explica Leirner.

“Es parte de lo que ha sido llamado de ‘guerra híbrida’: un conjunto de ataques informacionales que usan instrumentos no convencionales, como las redes sociales, para fabricar operaciones psicológicas con gran poder ofensivo, capaces de ‘doblar a partir de abajo’ la asimetria existente en relación al poder constituído”.

En este nuevo paradigma político descripto por Leirner, gestado en guerras “asimétricas” como la de Vietnam —en las que los poderes y tácticas militares son muy discrepantes entre los adversarios— y colocado en práctica en las “primaveras” del Medio Oriente, las redes sociales tienen un papel central, pués “descentralizan y multiplican a las bombas semióticas”.

La cúpula bolsonarista cuenta con la participación de diversos miembros de las Fuerzas Armadas, que tuvieron contacto con estas doctrinas. Un reportaje de Folha mostró que Bolsonaro es el candidato preferido de la mayoria de los 17 generales de cuatro estrellas de la corporación –la cumbre de la jerarquía.

Uno de los protagonistas del grupo de Bolsonaro es el general cuatro estrellas de la reserva Augusto Heleno, que llegó a ser propuesto fuertemente como su vice.

Hay diversos recursos de “guerra híbrida” identificables en la campaña bolsonarista con la participación de sus electores: la diseminación de “fake news” y las contradicciones (llamadas por Bolsonaro de “caneladas” [del fútbol, como que patearan la pelota con la canilla en lugar de con el pie]) entre las figuras importantes de la campaña son algunos de ellos.

Las divergencias entre el presidenciable y su vice, general Hamilton Mourão (PRTB), sobre el aguinaldo [su vice dijo que habría que suprimir al aguinaldo, algo que luego tuvo que desmentir Bolsonaro], y también entre él y el economista Paulo Guedes sobre ka creación de un impuesto similar al del CPMF [una especie de impuesto al cheque], son ilustrativas de este vaiven que, al final, le genera dividendos políticos a Bolsonaro.

“Estos movimientos crean un ambiente de disonancia cognitiva: las personas, las instituciones y la prensa quedan completamente desorientados. Pero, después de todo, Bolsonaro reaparece como un elemento de restauración del orden, con un discurso que apela a valores universales y etéreos: fuerza, religión, familia, jerarquía”, analiza Leirner.

En este ambiente de disonancia, el intercambio de la información pasa a ser filtrada por el criterio de la confianza. Las personas confian en aquellos que ellas conocen. En este universo, entonces, las personas funcionan como “estaciones de repetición”: hacen circular la información en diversas redes de personas conocidas, liberando, así, al mismo Bolsonaro de producir contenido.

Él aparece sólo en el momento siguiente, transportando su carisma directamente hacía las personas que realizaron el trabajo de repetición. Las personas se quedan con una sensación de empoderamiento, se quiebra la jerarquia. El resultado es la construcción de la idea de un candidato humilde, que enfrenta a los poderosos, que es ‘antisistema’”, dice el antropólogo.

Estos poderosos contra los que se enfrentan Bolsonaro y sus seguidores son justamente los agentes que tradicionalmente transmiten la información de manera vertical, como políticos, prensa, instituciones, que son lanzados al descrédito.

Los competidores como el candidato Geraldo Alckmin [del PSDB partido de Fernando Henrique Cardoso] y del petista Fernando Haddad [del PT partido de Lula/dilma], entonces, sufren para alcanzar al electorado con herramientas clásicas de propaganda. Se hace difícil establecer un lazo con los electores, especialmente con aquellos que ya participan de la red bolsonarista.

“El trabajo de los marquetineros de los otros partidos se quedó a años luz de distancia. La táctica de Alckmin fue un increíble laboratorio: cuanto más lo atacó, más aumentó la resistencia de Bolsonaro. Y esto con él en el hospital [Bolsonaro se estaba recuperando de una cuchillada en el abdomen].  Los ataques a Bolsonaro fueron encarados entonces como ataques a estas ‘estaciones de repetición’, y su movilidad los transformó en inocuos”, afirma Leirner.

Si está claro que esas “fake news” generan desinformación y desorientación, el antropólogo cree que aún no se sabe exactamente lo que se puede hacer para combatirlas. En estas elecciones, el Tribunal Superior Electoral ha sido presionado para tomar alguna medida en relación a ellas, pero tuvo dificultades en proporcionar respuestas.

“Si una fake news es castigada, otras son generadas y nuevas estaciones entran en la artillería. ¿Al fina qué vas a hacer? ¿Castigar a todas las redes? ¿Detener a millones de personas? Lo que vamos a ver es si las instituciones van a continuar asistiendo a su propia implosión.”

Para Leirner, al final, la proliferación de noticias falsas colabora para el desplazamiento de poder dentro de instituciones centrales a la democracia, como la Justicia y las Fuerzas Armadas.

“Hoy vemos  a sectores del Estado, especialmente del judicial, entrando en modo invasivo, cada uno autorizándose a intentar establecer una especie de hegemonia propia”, dice.

Para él, la especificidad de la institución militar, aquella que tiene un poder que como límite sólo ella misma controla, deberia motivar reflexiones sobre el peligro de mexclarla con la política.

“Lo que me pregunto es si el personal en actividad está preparado para darse cuenta que un pedazo de este ‘caos’ está saliendo de una fuerza política que se juntó con algunos de sus ex-cuadros (…) La institución militar dice: ‘obedecemos a la Constitución y nos autocontenemos’. Invadir a este poder con la ‘política’ no es una buena idea”, dice Leirner, concluyendo con la reflexión sobre la coyuntura.

“Me parece que estamos viviendo un Estado bipolar: resta saber cómo, después de la fase eufórica, vamos a encarar la fase maníatico-depresiva”.

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