Por que estamos más acelerados, según este historiador

Nexo Jornal

 

Es domingo. En tesis, es un dia libre para “pasar el tiempo” como quieras. El tiempo es uno sólo: la métrica de conteo es igual para todos (segundos, minutos, horas, días y así siguiendo).

Lo que cambia son las impresiones sobre el tiempo, que varian de acuerdo a una serie de factores, como condiciones de trabajo, estilo de vida, género, edad y relaciones sociales. Estas percepciones están atrayendo la atención de especialistas de diferentes áreas, como sociologia, psicologia, neurociencia, linguística, filosofia y design.

“Con los avances tecnológicos recientes, nuestra comprensión sobre como percibimos y estimamos el tiempo debe abrir nuevos horizontes”,  anuncia el texto de la segunda edición de la conferencia internacional Timing Research Forum, en el Instituto de Neurobiologia de la Universidad Nacional Autónoma de México, agendada para octubre de 2019.

Cuánto tiempo perdemos ‘perdiendo el tiempo’#

Con el ritmo acelerado de las nuevas tecnologias digitales, algunas actividades cotidianas pueden ser vistas como “pérdida de tiempo”.

En la ciudad de São Paulo, por ejemplo, esperar a que el semáforo esté en rojo para cruzar la calle puede demorar hasta 17 minutos en la zona este (según registro del diario Folha de S.Paulo, en 2017) y puede demorar 7 minutos para que el trenllega a la línea plata del metrô (de acuerdo con datos consultados por Nexo en 2016). Los paulistanos pasan 2 horas y 43 minutos por día desplazándose por la ciudad, según un estudio de Ibope Inteligência de 2018 – esto corresponde a 36 días por año perdidos en el tránsito.

En abril de 2011, cruzando diferentes investigaciones y la expectativa de vida de 71,3 años en Brasil, de acuerdo con el IBGE [INDEC brasileño], la revista Mundo Estranho estimó que los brasileños pasan 23 años, 9 meses y 7 días durmiendo; 1 año y 10 meses estudiando; 3 meses y 3 dias haciendo sexo; y 27 días y 2 horas esperando al ascensor.

En febrero de 2017, el diario británico Daily Mail publicó un artículo que, a partir de diferentes investigaciones y considerando la expectativa de vida de 80 años en el Reino Unido (cerca de 29 mil días), indicó que los británicos pasan el equivalente a 26 años ininterrumpidos durmiendo, 12 años en el trabajo, 3 años en las redes sociales, 2 años con resaca, 588 en el tránsito y 117 dias fazendo sexo.

Según el informe “Digital in 2019”, realizado por la agencia estadounidense We Are Social y divulgado en enero de 2019, los brasileños pasan 9 horas y 29 minutos por día en internet. El promedio global es de 6 horas y 42 minutos.

Pero qué es perdida de tiempo? Hay una línea tenue entre desperdicio de tiempo y descanso de verdad, que es facilmente confundido con distracciones, comenta la periodista Heidi Stevens, en su columna de setiembre de 2015 el diario estadounidense Chicago Tribune.

“Somos inundados por estadísticas e histórias de como somos superocupados y dormimos poco. […] No es de admirar, entonces, que busquemos – y encontremos – maneras de relajarse, frecuentemente con ocupaciones que no le agregan mucho a nuestras vidas, como ver fotos del novio de la facultad en Facebook, jugar Candy Crush y ver a ‘Friends’ en Netflix. Pero esto es bueno o malo?”, cuestiona la autora, que defiende la importancia de descansar, el “downtime” (tiempo de inactividad, en castellano).

En el libro “How To Do Nothing”, lanzado en abril de 2019, la artista estadounidense Jenny Odell propone dedicar atención hacía como nos relacionamos con el mundo, con los otros y nosotros mismos. Según la autora, la manera de conseguir este cambio de conciencia es se dar el tiempo de no hacer nada, literalmente nada relacionado a la lógica de producción capitalista: desde observar pájaros hasta contemplar un jardin, ejemplifica la periodista Marie Sollis, en una reseña publicada en el portal Vice.

Diferencias entre “perder”, “pasar” o “aprovechar” el tiempo son subjetivas y varían según la actual aceleración social del tiempo – la lectura de este texto, por ejemplo, lleva cerca de 17 minutos, lo que puede ser considerado “mucho” o “poco”, “útil” o “inútil”, dependiendo de la perspectiva del lector.

Qué es la aceleración social del tiempo#

La impresión de que el tiempo está pasando más rápido, más acelerado, puede ser estudiada en las humanidades a partir del concepto de “aceleración social”, que se refiere al aumento de actividades realizadas en un período de tiempo acompañando las transformaciones de la sociedad. Se trata, según el historiador Rodrigo Turin, de una “experiencia histórica”.

Desde la Revolución Industrial (1760-1860), en Inglaterra, y la Revolución Francesa (1789), se inició un sentimiento de aceleración marcado por la búsqueda del“progreso”. Las transformaciones tecnológicas, con el surgimiento de las fábricas, del telégrafo y del tren, por ejemplo, “acortaron” las nociones de tiempo y espacio. Las rupturas políticas, con el fin de la monarquia y la instauración de la República, inculcaron la idea de cambiar la realidad radicalmente – el propio concepto de revolución.

Según Turin, actualmente estamos viviendo una nueva onda de aceleración, impulsada por las tecnologias digitales y por el sistema financiero internacional. Esta aceleración ahora encuentra expresión en palabras como “eficiencia”, “flexibilidad” y “produtividad”.

Es por esto que nos sentimos culpables por la sensación de “perder el tiempo”, por ejemplo, en las redes sociales. Para Turin, internet puede ser una invitación a la procrastinación y, al mismo tiempo, un factor de presión para la productividad.

En las grandes ciudades, el ritmo acelerado inspiró la oferta de una serie de servicios para “economizar tiempo”, como aplicaciones de entrega de “todo” -–desde una cápsula de café, como ejemplifica la página de aplicativo Rappi, disponible en Google Play. Así, la aceleración abrió un margen para la llamada “uberización”, expresión del autor británico-canadiense Tom Slee para el fenómeno de precarización de las actuales condiciones de trabajo.

“La relación entre la aceleración del tiempo y precarización del trabajo es algo cada vez más estructural en la sociedad. Estamos llegando al límite fisiológico y psicológico”, dice Turin a Nexo.

El profesor de la UniRio (Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro) y autor de “Tessituras do Tempo” (Ed. Uerj), el historiador invstiga el asunto en el posdoctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, en Paris. A continuación la entrevista concedida a Nexo por e-mail.

Estamos viviendo un tiempo más ‘acelerado’?

RODRIGO TURIN  Si, estamos viviendo un tiempo más acelerado. Pero es importante especificar la naturaleza de esta aceleración. Las sociedades modernas son esencialmente “aceleracionistas”, esto es, ellas se estructuran a partir de la producción de un movimiento de crecimiento y de diferenciación. Es lo que el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss llamó de “sociedades calientes”, por oposición a las “sociedades frias”, que se organizan de modo de privilegiar la estabilidad.

La aceleración, por lo tanto, no es algo puntual en nuestra sociedad, sino su propio fundamento. Todas nuestras instituciones y nuestro lenguaje reflejan este imperativo de la aceleración. Necesitamos siempre estar en la búsqueda del “progreso”, innovando, intensificando al crecimiento económico, tecnológico, cultural. En las últimas décadas, con las nuevas tecnologias, los cambios en las formas de trabajo, la hegemonia del capital financiero global, este imperativo aceleracionista obtuvo nuevas dimensiones.

La percepción de que la velocidad aumentó se debe al modo como estas transformaciones afectan a nuestro cotidiano. Con los aparatos tecnológicos, tenemos accesso a un mayor número de información en “tiempo real”, esto es, en el mismo momento en que está pasando. Somos bombardeados constantemente con nuevas noticias y productos, sin que tengamos el tiempo necesario para procesarlos. Las propias tecnologias parecen ya nacer obsoletas, siendo substituídas en intervalos cada vez más cortos. Se hace difícil mantenerse sincronizado con la velocidad de estos cambios, por eso la sensación de que estamos siempre atrasados. Así, la aceleración social puede ser entendida como una contracción del presente, promovida por el aumento de actividades a ser realizadas dentro de los mismos intervalos de tiempo que, en el fondo, no se alteran (las 24 horas del día, por ejemplo).

La aceleración estructura a nuestra sociedad, pero afecta a los indivíduos de formas diferentes, dependiendo de la clase social, de la edad, del género y de la raza. La aceleración tiende a afectar más a las mujeres, por ejemplo, que los hombres. Al entrar al mercado de trabajo, las mujeres terminan acumulando otras tareas, como quehaceres domésticos y cuidado de los hijos. Esta división de tareas según el género, construída historicamente, no fue borrada con la inclusión de las mujeres en el mercado de trabajo. Por eso ellas tienden a sentir más los efectos de la aceleración que los hombres.

Por qué muchas veves tenemos la sensación de estar ‘perdiendo el tiempo’, por ejemplo, en internet?

RODRIGO TURIN  La sensación de estar “perdiendo el tiempo” se debe a la incorporación de un princípio ético que vincula el tiempo a la dimensión de ganancias, de la productividad. El lema “tiempo es dinero” sintetiza esta idea.

“Perder el tiempo”, por lo tanto, nos deja con la sensación de culpa, como si estuviésemos violando este imperativo ético. Actualmente, con la intensificación del ritmo de vida, cada vez menos hay una división entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio, que hacía posible un espacio legítimo para el ocio, el “no hacer nada”.

Las demandas aceleradas del mercado de trabajo, asociadas a las nuevas tecnologias, hacen con que tengamos que estar siempre disponibles, conectados. Internet tiene un papel fundamental en esto, pués es el principal medio en el que esta optimización del tiempo sucede. Pero internet tiene igualmente un efecto dispersivo. Navegamos con diferentes páginas abertas, un link nos lleva a un nuevo vídeo, un amigo nos encamina un nuevo artículo, y así vamos dispersándonos en este espacio virtual. Según la académica alemana Aleida Assmann, el “presente” en internet dura cerca de 5 minutos. Ese es el tiempo promedio, por ejemplo, que un internauta ocupa asistiendo a un vídeo en YouTube. Vídeos o textos mayores que eso tienden a ser menos consumidos, pués la atención del internauta ya va a ser dirigida a otro objeto.

A procrastinación es, por lo tanto, uno de los modos de habitar la internet. Al mismo tiempo en que el medio virtual permite e incluso nos exige una producción acelerada, él también nos dispersa con actividades aparentemente inútiles, que adelantan o atrasan aquella producción. El indivíduo entra en internet para resolver una tarea específica, pero cuando lo percibe ya está navegando en una página aleatoria publicada en las redes sociales.

Internet acelera y dispersa, capturando constantemente nuesta atención para diferentes cosas. Y esto no es gratuito. Uno de los objetivos principales de las grandes redes sociales, como Facebook, es hacer que los usuarios pasen la mayor cantidad de tiempo posible en sus plataformas. Uno de los mecanismos que hace eso posible es justamente el hecho de que ellas sirven como una especie de “centro de redistribución”, en el que la información es actualizada y reenviadas por los propios usuarios. En este sentido, se puede decir que la procrastinación en internet es un comportamiento inducido y que no deja de tener un carácter productivo – por lo menos para las plataformas de internet que ofrecen los productos. Por otro lado, tal vez podamos decir también que la procrastinación sirve como una forma de micro-resistencia de los sujetos, un modo de desobedecer a los plazos, escapar del imperativo de la aceleración y, en fin, perder el tiempo. Al final, hay un límite psíquico para el imperativo de la aceleración.

También recurrimos a herramientas digitales para ‘no perder tiempo’, como aplicaciones de entrega rápida de diversos productos. Es una paradoja?

RODRIGO TURIN Esas aplicaciones sintetizan el encuentro entre la nueva fase del capitalismo global y las tecnologias digitales, implicando otras relaciones de trabajo y de consumo. Ellos permiten la creación de una serie de servicios dirigidos, supuestamente, a “ahorrarnos el tiempo” – nuevamente, la metáfora del tiempo como dinero.

Por un lado, ellos nos dan la impresión de una mayor facilidad y rapidez, liberándonos tiempo. Por otro lado, este tiempo liberado tiende a ser “gastado” o “invertido” en nuevas tareas, intensificando todavía más el ritmo de producción y de consumo. Es un ciclo de aceleración.

Cada vez más serán creadas diferentes demandas de servicios, que serán rapidamente atendidas por nuevos prestadores. Este ciclo de aceleración implica también una precarización del tiempo, en diferentes sentidos. Primero, en función de la desreglamentación de las relaciones de trabajo promovida por esas aplicaciones. Basados en la figura del indivíduo como emprendedor de si, ellos no ofrecen la seguridad de las leyes laborales, como vacaciones, por ejemplo. Debido a la competencia y al bajo valor de los servicios, esos indivíduos necesitan ocuparse durante más tiempo con sus actividades.

Segundo, desde el lado del consumo, la precarización se dá sea por la aceleración que produce (tendemos a ocupar el tiempo con nuevas actividades, metas y plazos), sea por el empobrecimiento de la relación que mantenemos con las personas y con el espacio. En lugar de ir a la calle, de recorrer el barrio, conociendo al farmacéutico o al mozo, nos quedamos en casa o en la oficina, siendo atendidos por trabajadores momentaneos y precarizados. Puede parecer un detalle, pero esta forma de distanciamiento, o incluso de alienación, frente a los otros y al espacio, produce grandes efectos sociales, como la falta de empatia o la pérdida de sentimiento de colectividad.

Estamos má activos o más perezosos?

RODRIGO TURIN No creo que estemos más perezosos. Al contrario, estamos cada vez más activos.

Estudios muestran que dormimos cada vez menos, viajamos cada vez más, trabajamos más horas. Más que la pereza, lo que tal vez caracterice a la sociedad actual sea la agotamiento. Agotamiento de trabajo, de imágenes e información, de tragedias que parecen suceder cada vez más rapidamente sin que tengamos tiempo para respirar.

Pero este agotamiento afecta de modos diferentes a los grupos sociales. El agotamiento de un conductor de ómnibus en Rio de Janeiro, que hace una changa como conductor de Uber los fines de semana, seguro que no es el mismo agotamiento del ejecutivo que pasa la semana en el puente aéreo, conectado con las variaciones del mercado financiero global. Ellos tienen condiciones y motivaciones diferentes.

De todos modos, la relación entre aceleración del tiempo y precarización del trabajo es algo cada vez más estructural en la sociedad. Estamos llegando al límite fisiológico, psicológico y climático. Algunos pueden apostar en la fase de un poshumano habitado por inteligencias artificiales, capaces de acelerar indefinidamente. No me parece una buena apuesta. Diria que la cuestión fundamental hoy es tratar el tiempo como un tema central de nuestra agenda política, cuestionando qué tipo de tiempo queremos como sociedad. Cuál es el tiempo de una buena vida?


 

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