El dilema del populismo

Pablo Ortellado

Las protestas no serán a favor del gobierno, sino contra el poder en el Congreso y en el Supremo Tribunal Federal [STF, la Corte Suprema de Justicia]

Luego de las exitosas manifestaciones contra los cortes en el presupuesto de educación, grupos bolsonaristas lanzaron un llamado para protestas el próximo día 26 de mayo. Por un lado, parecen ser sólo una reacción contra la movilización de la oposición; por otro, parecen querer reafirmar el caráter antisistema del gobierno Bolsonaro.

El mayor dilema de cualquier gobierno populista es que, una vez que asume, pasa a formar parte del establishment contra el que se oponía.

Bolsonaro se eligió denunciando la articulación de las elites políticas en el Congreso y en los medios de comunicación de masa que perpetuaban al miesmo grupo corrupto en el poder.

La naturaleza populista de su proyecto exige que, una vez en el cargo, parezca no haber sido asimilado por las elites. Incluso más: necesita presentarse como aquel que está comprometido en derrotar una casta cuyo poder está atrincherado y es resistente a cambios.

Por esto, necesita abandonar el antagonismo puramente posicional, en el que el pueblo se opone a las elites, e incluir en él una dimensión moral, en la que miembros de la elite se sublevan contra los pares en defensa del pueblo.

Sus limitaciones y fracasos son presentados como la incapacidad de derrotar a las estructuras profundas y duraderas contra las que hasta el mismo o poder del Estado es débil. Son las insidiosas articulaciones del centrão [los partidos de centro que el gobierno depende para aprobar proyectos en el Congreso], las sórdidas decisiones del Supremo y la velada campaña de oposición de los medios de comunicación.

Para reafirmar su condición de antiestablishment, a pesar de ser gobierno, necesita alertar al pueblo que, por más integral que sea su compromiso moral, él es incapaz, por si mismo, de derrotar a las elites. Por eso, necesita promover actos de movilización social que reafirmen su respaldo en el poder soberano del pueblo.

El mensaje que compartió en WhatsApp reconociendo su impotencia y el carácter anti-instituciones de las convocatorias para las protestas del día 26 parecen indicar este esfuerzo de diferenciarse y antagonizar con las elites. Más que a favor del gobierno Bolsonaro, el llamado a las manifestaciones es contra las elites del Congreso y del Supremo que lo impedirian de gobernar.

Vale notar que la convocatoria no cuenta con el apoyo de grupos que fueron muy activos en el movimiento anticorrupción, como Vem Pra Rua y Movimiento Brasil Libre. Esos grupos parecen querer mantener cierta independencia del gobierno y alejarse de un discurso anti-instituciones que puede sonar antidemocrático, sobre todo en un gobierno que tiene lazos estrechos con los militares.

Sin embargo, si las manifestaciones fuesen exitosas, llevando a mucha gente a las calles, ellas podrán consagrar la hegemonia total del bolsonarismo sobre el legado del antipetismo [anti Partido de los Trabajadores de Lula/Dilma].

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