Un llamado la Huelga General en Francia: 5 De Diciembre Y Después: Vamos A Hacerlo Simple

(Un llamado la Huelga General en Francia)

Cuanto más abrasador se vuelve el verano, más petróleo se quema; cuanto más desaparecen los insectos, más recurrimos a los pesticidas; cuanto más mueren los océanos en una marea de plástico, más plástico producimos; cuanto más tóxico se vuelve el mundo de los negocios, más se generalizan sus peores técnicas de gestión; cuanto más revientan las personas, más calles están llenas de publicidad de marcas de lujo; cuanto más se emborracha la policía, más se victimizan. Al final de este proceso de invertir cualquier verdad, están los Trump, los Bolsonaro, los Putin, genios malvados que dan vuelta todo, títeres de carbofascismo. Debemos detener el tren.

Agnes de Iowa


Agnes comparte toda la traducción del artículo:

5 DE DICIEMBRE Y DESPUÉS: LO HAREMOS SIMPLE

“Gilejauner [Chaleco Amarillo]  la huelga, es dejar de dar vueltas. “

¿Qué esperar de este día de huelga del 5 de diciembre? ¿Una demostración simbólica y ordenada que tranquilizaría al poder macronista? ¿El gran regreso del “movimiento social” a los franceses? O el punto de encuentro de todo descontento sobre el tema del trabajo y la jubilación, pero también el desastre ecológico, el cuidado y la vida tal como no va más. Entre los cientos de llamadas de huelga que circulan en las empresas y en Internet, esta particularmente nos ha llamado la atención; por su simplicidad, como indica su título, pero también por la síntesis que propone precisamente de estos diversos frentes que trazan la oposición al poder actual.

5 DE DICIEMBRE Y DESPUÉS: LO HAREMOS SIMPLE

Todo es muy simple. Ese es el espíritu del Chaleco Amarillo. Macron dice que vengan a buscarlo; lo vamos a buscar al Elíseo. El Estado nos estafa en las rutas; reventamos los radares. Estamos cansados de dar vueltas en casa; tomamos las rotondas. BFM miente; BFM se come una. Queremos hacernos visibles; nos ponemos el chaleco flúo. Queremos mezclarnos con la muchedumbre; nos lo quitamos. Los Chalecos Amarillos son el retorno del espíritu de simplicidad en la política, el fin de las falsas pretensiones, la disolución del cinismo.

Como entramos en huelga, salimos de ella. Quien entra en la huelga tiritando, sin mucha fe en ella, o especulando con el agotamiento del movimiento, como siempre hacen las centrales, incluso cuando pretenden llamarlo, salgan de ella. Quien entra de manera aplastante tiene la oportunidad de aplastar al oponente. La huelga que viene, – eso se siente tanto como la tensión que provoca incluso antes de comenzar -, contiene un elemento magnético. Durante meses ha estado atrayendo a más personas hacia ella. Está burbujeando en las cabezas, en los cuerpos, en los boliches. Cruje por todas partes, y todo el mundo cruje. Es solo que las cosas son simples, de hecho: esta sociedad es un tren que va acelerando a fondo.

Cuanto más abrasador se vuelve el verano, más petróleo se quema; cuanto más desaparecen los insectos, más recurrimos a los pesticidas; cuanto más mueren los océanos en una marea de plástico, más plástico producimos; cuanto más tóxico se vuelve el mundo de los negocios, más se generalizan sus peores técnicas de gestión; cuanto más revientan las personas, más calles están llenas de publicidad de marcas de lujo; cuanto más se emborracha la policía, más se victimizan. Al final de este proceso de invertir cualquier verdad, están los Trump, los Bolsonaro, los Putin, genios malvados que dan vuelta todo, títeres de carbofascismo. Debemos detener el tren. La huelga es el freno de emergencia. Detener el tren no para reiniciarlo después luego de unas vagas concesiones gubernamentales. Parar el tren para bajarse de él , para poner los pies en la tierra; veremos si reconstruimos los rieles para que no lleven, esta vez, al fondo del abismo. Esto es lo que tendremos que discutir en las AG de lo que queda del mundo, no el progreso de las negociaciones. En cada profesión, cada sector, en medicina, agricultura, educación o construcción, muchas personas inventan en los últimos años técnicas y conocimientos para hacer posible una vida material sobre cualquier otra base. La proliferación de experimentos es proporcional al reconocimiento universal del desastre. La interrupción del curso regulado del mundo no significa pánico y penuria salvo para aquellos que nunca han carecido de nada.

En abril de 1970, unos días antes de la primera jornada de la Tierra, el jefe de Coca Cola declaró: “Los jóvenes de este país son conscientes de lo que está en juego, están indignados por nuestro aparente descuido. Masas de estudiantes se involucran y se manifiestan. Felicito a nuestros jóvenes por su conciencia y perspicacia. Nos sirvieron a todos haciendo sonar la alarma”. Eso fue hace cincuenta años. Hoy, la hija de Édouard Philippe es partidaria de Extinction Rebellion. Es a través de tales discursos, entre otros, que los capitalistas, de año en año, han ganado tiempo y, por lo tanto, dinero; al final, ganaron medio siglo y nosotros lo perdimos. Medio siglo para posponer la frase que este sistema ya ha pronunciado contra sí mismo. En algún momento, alguien tiene que ejecutarlo. Alguien tiene que empezar. ¿Por qué no nosotros, en Francia, en este mes de diciembre de 2019? Giletjauner la huelga, es terminar con las terminaciones. La huelga parte de la reforma prevista en las pensiones; ella no se detiene ahí. ¿Cómo será tu jubilación si tu cuenta bancaria está llena, pero la tierra está en llamas? ¿Dónde irás a pescar cuando no haya más peces? Estamos hablando de una reforma de veinte treinta años: justo el tiempo que le lleva a este mundo volverse imposible de vivir. “Para el futuro de nuestros hijos”, dijeron los GJ desde el principio. Este golpe no es una pausa antes de reanudar el tren, es la entrada a una nueva temporalidad, o nada. No es una forma de hacer recular al oponente, sino la decisión de deshacerse de él y la alegría de estar en acción o alrededor de un brasero. En todo el mundo, en este momento, las insurrecciones están expresando esta evidencia que finalmente se ha vuelto consciente: los gobiernos son el problema, no los dueños de las soluciones. Desde el momento en que nos hemos ahogado con “las buenas acciones y buenas prácticas” para salvar el planeta, todas las personas sensatas han llegado a la misma conclusión: los buenos gestos son quemar Bayer-Monsanto, despojar a Total es tomar el control de los depósitos de combustible, ocupar Radio France y apropiarse de la antena, expropiar todos las hormigoneras y robar la Caja de depósitos y consignaciones [institución financiera del sector público francés creada en 1816, y parte de las instituciones gubernamentales bajo el control del Parlamento. ] . Una buena práctica es sitiar los canales de televisión, es hundir los edificios de las pesquerías industriales, es guetizar la Defensa [ barrio de negocios situado al oeste de París], es bloquear todo, paralizar la logística del adversario y recuperar lo que necesitamos. Esta es la única solución, no hay otra: ni el scooter eléctrico, el automóvil de hidrógeno, ni la geoingeniería, ni el crecimiento verde y las abejas zángano moderarán el desastre. No habrá transición, habrá una revolución o nada. Este es todo el marco que primero debemos desechar si queremos encontrar “soluciones”. Debemos romper la máquina si queremos comenzar a reparar el mundo. Estamos encerrados en un estilo de vida insostenible. Nos vemos vivir de una manera que sabemos que es absurda. Vivimos de manera suicida en un mundo que no es el nuestro. Nunca se nos ha pedido nuestra opinión sobre ninguno de los aspectos tangibles de nuestras vidas: ni para centrales nucleares, centros comerciales, grandes complejos, para la gentrificación de centros urbanos, ni para vigilancia masiva, ni para el BAC [bachillerato] y los LBD [armas de balas de goma], ni para el establecimiento de los asalariados, ni para su desmantelamiento por Uber & co., ni para el 5G por venir. Nos encontramos como rehenes en su desastre, en su pesadilla, de la que estamos despertando.

A medida que avanzan las cosas, más se profundiza el cisma entre dos realidades. La realidad de los gobernantes, los medios de comunicación, los fanáticos macronistas, los metropolitanos satisfechos; y la de las “personas”, de nuestra realidad viva. Estos son dos continentes que se desvían de mes a mes. La huelga que viene es el momento del divorcio. No tenemos nada que hacer juntos. No nos vamos a dejar morir por sus hermosos ojos, por sus hermosas historias, por sus hermosas casas. Bloquearemos la máquina y recuperaremos el control punto por punto. Somos sesenta millones y no nos dejaremos morir de hambre. Sus días están contados; sus razones y méritos han sido considerados y no tienen peso. ahora queremos que desaparezcan. Hace cuarenta años que venimos siendo positivos; vemos el resultado. Se hicieron ricos sobre nuestra espalda como productores y luego como consumidores. Y lo arruinaron todo. Finalmente, entendimos que la destrucción de las condiciones de vida en la tierra no es un efecto desafortunado e involuntario de su reinado, sino una parte de su programa. Para vender agua embotellada, deben hacer primero que la del grifo deje de ser potable. Para que el aire limpio se vuelva valioso, debe hacerse raro. Desde el momento en que los ambientalistas dicen que una bifurcación es urgente, que debemos cambiar el paradigma, que nos estrellamos contra un muro, debemos enfrentar lo obvio: esta huelga es una oportunidad que no se ha presentado en 25 años, para comprometer la bifurcación necesaria. La forma seria de acabar con la miseria y la devastación.

Solo un país totalmente parado tendrá un promedio de emisiones de carbono compatible con las recomendaciones del IPCC. La única ciudad, por una vez, que se vuelve un poco más habitable, es aquella donde los paseantes florecen nuevamente en las veredas porque el subte dejó de funcionar.

No habrá retorno a la normalidad porque la normalidad era el problema.

La página donde está el llamamiento en francés

Traducción de Agnes, gracias a ella entonces!



PDF de la traducción realizada por Agnes

 

2 comentarios en “Un llamado la Huelga General en Francia: 5 De Diciembre Y Después: Vamos A Hacerlo Simple

  1. ¿Qué esperar de este día de huelga del 5 de diciembre?

    ¿Una demostración simbólica y ordenada que tranquilizaría al poder macronista?

    ¿El gran regreso del “movimiento social” a la francesa?

    O el punto de encuentro de todo el descontento, en relación al tema del trabajo y la jubilación, pero también al desastre ecológico, al cuidado de las personas y la vida tal como no va más.

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