Lula, marioneta, fetiche y Quijote del Grupo Odebrecht

El País, Brasil

Causa una cierta incomodidad observar como el imperio Odebrecht usó a Lula con su aureola de ex-presidente mítico para convertirlo en un logo de sus obras

Si Miguel de Cervantes llama al Quijote, personaje central de su obra,  “el caballero de la triste figura”, en la telenovela de las confesiones de Emilio y Marcelo, padre e hijo del imperio de Odebrecht, Lula aparece como marioneta y fetiche de aquel imperio hoy en ruínas. Como Cervantes creó al personaje Don Quijote de la Mancha, los Odebrecht presentan a Lula como una figura inventada por ellos. Emilio, el padre, afirma que fue él que, no sólo consiguió la primera victoria del ex-sindicalista en 2002, a costa de millones, como también transformó a aquel que Leonel Brizola – dirigente histórico de la izquierda brasileña – llamaba de “sapo barbudo”, en un presidente elegante, con corbata, reformista, a quien ayudó a escribir la famosa “Carta al Pueblo Brasileño“. ¿Verdad o fanfarronada?

Emilio se vangloria de que Lula “no era de izquierda”. Dice que “no era de los que les gustaba quitarle a los ricos para dársel a los pobres”. Que también a él le gustaba hacerse el rico. Según sus confesiones, Emilio conocía a Lula desde los años 70, cuando era sindicalista y entonces ya le diera una mano al empresario para amansar una huelga. Desde entonces, los Odebrecht se vanglorian de haber sido los ventrílocuos de Lula, que actuaria en todos los momentos de conflictos de la empresa para resolver sus problemas y conseguir la aprobación de leyes que les favorecerían. “Fui a verlo y le dije: ‘necesitás tomar una decisión'”. Era Emilio quien decidía, según la versión que le contó a los fiscales de la Lava Jato.

Los grandes empresarios conocieron enseguida los puntos débiles de Lula, el nordestino pobre y sin estudios, con un cierto deslumbramiento por elo mundo del lujo y de la buena vida, y saciaron sus fantasias. Nunca lo dejaron viajar en un avión de línea, afirman. Tal vez Lula tenga razón cuando jura que nunca le pidió un real a los empresarios. No era necesario. Ellos mismos se anticipaban a sus gustos y deseos y a los de su fallecida mujer, Marisa Letícia. Se anticipaban a ayudar toda su familia: a uno de sus hijos, empresario novato del fútbol americano, a su hermano Frei Chico, a su sobrino Taiguara e incluso a su fiel director del Instituto Lula, Paulo Okamoto.

Los Odebrecht afirman que lo usaron como presidente y después lo transformaron en el lobista y fetiche del grupo dentro y fuera de Brasil. Sostienen que fueron ellos los que organizaron y costearon con cientos de millones a la sucesora Dilma, cuya campaña, dice Marcelo, que fue él quien “inventó”, después de saber antes de cualquiera que ella seria la indicada por Lula. Querían un sucesor al cual Lula pudiese manejar para que ellos continuasen mandando en el país. Dilma, sin embargo, se mostró indócil, una especie de caballo difícil de dominar, pero Lula les daria una mano para domarla y mantenerse fuertes con ella en la presidencia.

Causa una cierta incomodidad observar como el imperio Odebrecht usó a Lula con su aureola de ex-presidente mítico para convertirlo en un logo de sus obras. Da melancolia conocer hoy la farsa de las conferencias que el grupo organizaba para Lula por el mundo para que les consiguiese obras y financiación fácil. Lo adulaban diciéndole que le pagarían sus conferencias a precio de oro: 200.000 dólares, “como el ex-presidente estadounidense Bill Clinton“. Lo que Lula decía en sus pronunciamientos era lo de menos. Lo importante era que sus conferencias llevaban la marca de Odebrecht. Hoy nadie más lo llama a Lula para hablar ni le paga por esto.

El Grupo Odebrecht también le contó a los fiscales que le concedió, bajo la designación de “el amigo”, una cuenta secreta de la que podía sacar dinero en efectivo, que era entregado en mochilas. Dicen que era una cuenta de 30 millones de dólares. Si fuera comparada, sin embargo, con los cerca de tres mil millones que Odebrecht distribuyó entre los políticos de todos los partidos, aquella cuenta de Lula mas se parece a los chanchitos que los padres van llenando de monedas para sus hijitos. Viento todo esto, ante la instrumentalización que Odebrecht viene haciendo de Lula hace casi 50 años, haciendo de él también “el caballero de la triste figura”, casi se llega a sentir compasión de quien pretendia ser sólo inferior a Jesucristo. Dan ganas de exclamar: “Pobre Lula, quijote, en qué te transformaron!”.

El ex-presidente, que continúa viéndose como “el alma más limpia de Brasil”, sigue siendo, como también lo describió Emilio, “un animal político”. Hay quien asegura que es un animal com siete cabezas. ¿Terminará empequeñeciéndose después de las confesiones de los empresarios que un día lo endiosaron y manipularon y hoy lo abandonaron a su suerte, o preferirá mostrar también los dientes confesando los pecados de los otros? Porque pocos como Lula deben ser depositarios de los secretos y debilidades de la enmarañada y sombría selva política brasileña. Atención!


Es posible que El País haga una traducción al español de este artículo, fíjense en los artículos en español escritos por Juan Arias


“Ahora se sabe que Lula fue una creación del grupo Odebrecht…

¿Cuántos más lideres de izquierda o de derecha han montado las Corporaciones para que nos conduzcan?

No solo es un escándalo lo de Lula, el saberlo un montaje y un títiere de las empresas, se supone que debería ser un terremoto para las izquierdas latinoamericanas que se guiaron y que lo tuvieron como grande referente a la marioneta de Odebrecht….

Sin embargo, nadie se da ahora por aludido…

¿Se desmemoriaron de golpe o simplemente son autistas, me pregunto? ¿Seguirán los neocolonizados discapacitados políticos militontos pintando las paredes y diciendo que Él bajó un cuadro y que miles nacimos a la militancia…..?

¿Quién lo inventó a Néstor y a Cristina…. quién inventó a Guillermo Moreno, a Forster, a Horacio González, a DElía, a Pérsico y a Grabois? ¿Quién inventó al Anibal Fernandez y a Boudou?”

Jorge Rulli en Trinchera Por La Liberación Nacional

14 libros de ciencia ficción sobre el cambio climático

De una nota de The Verge

Algunos de los libros:

Trilogía ‘MaddAddam’ de Margaret Atwood


“La trilogía de Margaret Atwood está compuesta por las novelas Oryx y Crake (Oryx and Crake, 2003), El año del diluvio (The Year of the Flood, 2009) y MaddAddam (2013), de las cuales las dos primeras están publicadas en España por Ediciones B. La historia se localiza en un futuro postapocalíptico en el que las grandes corporaciones han tomado el control de los gobiernos y en el que la modificación genética de sus individuos es una constante. El protagonista es el que parece ser el último hombre vivo en la Tierra, un personaje rodeado de extrañas criaturas híbridas y series de aspecto humano denominados crakers, que parecen haber sido creados mediante ingeniería genética. Una historia que encaja en lo que la escritora canadiense ha denominado “ficción especulativa“, que ya exploró en una de sus obras clave, El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale, 1985).

Koratai


HBO había iniciado un proyecto para hacer una serie con MaddAddam pero parece que abandonaron al proyecto.


Paolo Bacigalupi


La Chica Mecanica Premios Hugo, Nebula, Locus (Primera Novela) Y John W. Campbell Memorial 2010.

Bienvenidos al siglo XXII. Anderson Lake es el hombre de confianza de AgriGen en Tailandia, un reino cerrado a los extranjeros para proteger sus preciadas reservas ecológicas. Su empleo como director de una fábrica es en realidad una tapadera. Anderson peina los puestos callejeros de Bangkok en busca del botín más preciado para sus amos: los alimentos que la humanidad creía extinguidos. Entonces encuentra a Emiko… Emiko es una «chica mecánica», el último eslabón de la ingeniería genética. Como los demás neoseres a cuya raza pertenece, fue diseñada para servir. Acusados por unos de carecer de alma, por otros de ser demonios encarnados, los neoseres son esclavos, soldados o, en el caso de Emiko, juguetes sexuales para satisfacer a los ricos en un futuro inquietantemente cercano… donde las personas nuevamente han de recordar qué las hace humanas.


Cuchillo De Agua

Una escalofriante aventura futurista que arroja nueva luz a nuestra forma de vivir, Cuchillo de agua es la primera novela adulta de Paolo Bacigalupi después de la aclamadísima, multipremiada e internacionalmente exitosa La chica mecánica.
Cuando el río Colorado se seca, el sur de Estados Unidos se convierte en el escenario desértico de una guerra por el agua.
En un futuro no muy lejano, tras siglos de sobreexplotación, el río Colorado está secándose. La catástrofe obliga a miles de ciudadanos a emigrar a zonas más fértiles de Estados Unidos, pero los estados deciden construir barreras para impedir la marea de refugiados que se les viene encima.
A medida que la sequía se extiende y se prolonga, el campo y las ciudades se convierten en páramos sin ley, presas de especuladores que empiezan a comerciar con la desesperación de los seres humanos.
En medio de esta desalmada guerra por el agua, el mercenario Angel Velasquez está al servicio de un poderoso cártel que busca nuevos acuíferos. Siguiendo su cometido se cruza con la curtida periodista Lucy Monroe, quien conoce de primera mano el peligro de saber demasiado, y con la joven Maria, hija de un inmigrante mexicano que sueña con escaparse al norte, donde dicen que la tierra sigue poblada de lagos y aún cae agua del cielo.
Con la ciudad de Phoenix viniéndose abajo, no queda más remedio que depender los unos de los otros para sobrevivir. Aun así, en un escenario donde el agua vale más que el oro, las alianzas resultan tan movedizas como la arena.


James G Ballard – Galaxia 20 – El Mundo Sumergido

“Nos encontramos ante una novela que no se parece en nada a cualquier historia de catástrofes que pueda conocer el lector ocasional de CF. Aquí no hay una sociedad que haya sobrevivido a los embates del ambiente y esté empezando una lenta reconstrucción, ni Kerans es un héroe que vaya deshaciendo entuertos sobre una lancha a motor a golpe de ametralladora por las calles de ese Londres antidiluviano (de hecho, cuando tiene que enfrentarse físicamente a algún contratiempo es vencido sin problemas). No. Ballard elige su camino, mostrándonos a Kerans como una persona perfectamente cuerda, explorando lo que le está pasando y asumiendo ese cambio que se produce en su interior. Al final de la novela Kerans se adentra en la jungla que está cubriendo de nuevo el planeta, en paz consigo mismo a pesar que su muerte se da por segura.
Seguramente estamos ante la mejor novela de Ballard que, cuando está lejos del experimentalismo de ciertos relatos y de los excesos de alguna de sus novelas posteriores (tengo en mente Crash), es un escritor inteligente, de prosa envolvente y onírica, capaz de hacernos ver un descenso a la locura como algo completamente necesario. Y como toda su literatura, engancha. Una vez que te ha pillado, ya no podrás parar. “


Nora K. Jemisin: Trilogía de la Tierra Fragmentada

“La quinta estación, que lleva por subtítulo «Toda era llega a su fin», nos transporta a la Quietud, un lugar de contraste. Su nombre indica calma, pero sucede todo lo contrario: una serie de cataclismos naturales asolan la humanidad y el lugar cada pocas estaciones. La humanidad ha aprendido a sobrevivir durante estos períodos apocalípticos pero su desarrollo tecnológico, social y económico se ve mermado cada cierto tiempo. En la Quietud hay unos personajes llamado orogenes que tienen poderes «geológicos», es decir, pueden interaccionar de cierta manera con su entorno físico (volcanes, mares, océanos o la propia tierra). Pero al contrario de lo que se pueda pensar, los orogenes son una lacra y están esclavizados por la humanidad como meras herramientas para controlar estos períodos de colapso y alargarlos todo lo posible”

Fantifica


Edan Lepucki, California

“la primera novela de la estadounidense Edan Lepucki. En California, una joven pareja, Calvin y Frida, han logrado huir de un escenario post-apocalíptico en la ciudad de Los Ángeles. A los cataclismos sobrevenidos con el cambio climático y algunos brutales terremotos se han añadido el colapso del gobierno, de la economía y del orden público. En algún momento, y por culpa de los continuos apagones, internet dejó de funcionar (yeah!), nos cuenta la voz omnisciente de esta entretenida (ojo, pero solamente a ratos) novela.

Cal y Frida escapan en un automóvil cargado de enseres y se adentran en una región boscosa de lo que se supone es el estado de California. En un principio se instalan en un cobertizo, apartados del mundo y de los pocos seres humanos que, según parece, habitan esa parte del mundo. La costa este de los EE.UU. y el midwest han quedado devastados por supertormentas. Del resto del planeta – ¿a quién podría importarle el resto de la humanidad? – no se sabe nada. Casi mejor, diría uno: ¿no sería deliciosamente irónico que esta hecatombe solo afectara a unos pocos ‘escogidos’ in God’s own country…?

El caso es que Cal y Frida sobreviven en su cobertizo, cultivando hortalizas, recolectando setas y frutillas y cazando animalitos en el bosque; cuando están aburridos (no hay tele, no hay libros, no hay internet) se entregan al sexo (lo cual, parece sugerirnos Lepucki, les sucede casi todo el tiempo). Al poco tiempo hacen contacto con otra familia, los Miller, que también se han establecido en la región. Bo y Sandy subsisten, al igual que ellos, a duras penas, pero están sacando adelante a sus dos hijos, Jane y Garrett.

Hay también una especie de buhonero, August, quien desde su carreta tirada por una yegua se dedica al trueque. Tanto los Miller como August transmiten a los jóvenes desconfianza y miedo. El mundo es un lugar peligroso, y es recomendable no explorar los alrededores, en concreto un asentamiento cercano que Bo Miller le enseña un día a Cal.

Todo cambia, sin embargo, cuando Cal descubre que toda la familia Miller ha muerto envenenada. Después de darles sepultura, Cal y Frida se mudan a la casa de los Miller, mejor dotada y preparada para el invierno. Pero la curiosidad les azuza, y Cal y Frida emprenden el camino hasta adentrarse en una especie de laberinto construido con enormes estacas. ”

Sigue la reseña en Down Under


New York 2140, Kim Stanley Robinson (no encontré reseña en español)


Jeff Vandermeer-Trilogía del Área X

“En un futuro no determinado, el Área X es un lugar remoto y escondido declarado zona de desastre ambiental desde hace décadas. La naturaleza salvaje ha conquistado el lugar y su acceso está prohibido. La agencia estatal Southern Reach ha enviado diversas expediciones pero casi siempre han fracasado: todos los miembros de un a expedición se suicidaron, otros enloquecieron y acabaron matándose entre sí, y los integrantes de la última expedición regresaron convertidos en sombras de lo que un día fueron. Ésta es la expedición número doce. El grupo está compuesto por cuatro mujeres: una antropóloga, una topógrafa, una psicóloga y la narradora, una bióloga. Su misión es cartografiar el terreno y recolectar muestras, anotar todas sus observaciones tanto de su entorno como de sus compañeras. Pronto descubren una gran anomalía geográfica y formas de vida más allá de todo entendimiento. Mientras se enfrentan a una naturaleza tan bella como claustrofóbica, el pasado y los secretos con los que cruzaron la frontera se vuelven cada vez más amenazantes. Aniquilación es el primer volumen de la Trilogía Southern Reach, una serie que crea un mundo como nunca has imaginado y que nos enfrenta al extraño que se esconde dentro de nosotros mismos.”

La Noche Temática-Disruptores Endócrinos:Vidas Envenenadas

De un tweet de Esther Vivas



asuntotoxico


“Frutas y verduras, cortinas, esmalte de uñas, tintes para el pelo. Todos contienen disruptores endocrinos perjudiciales para nuestra salud al alterar todo el sistema hormonal. Las mujeres que ejercen determinadas profesiones como peluqueras o esteticistas y que además viven cerca de lugares donde se practica la agricultura intensiva, tienen un riesgo once veces superior de tener un hijo con malformaciones congénitas.”

RTVE


Lamentáblemente el video, que está online en el site de RTVE lo bloquearon para el Sur!.

Hay una alternativa para verlo en Documania TV que tiene una traba para Adblocker!.

En definitiva el video está alojado en Cnubis clickeando donde dice descargar ver ahora se lo puede descargar usando el complemento Download Helper


Anarquismo individualista de lujo totalmente automatizado, por Edmund Berger

Una primera traducción, si quieren mejorarla, revisarla, corregirla, envíen un email a: Eduardo_G(Arroba)Riseup.net


Fuente: Center For Stateless Society

Lujo Revolucionario, Administración Burocrática

Cualquier política que busque una noción abarcadora de liberación y libertad debe orientarse, ante todo, hacia el futuro y debe perseguir este horizonte a través de acciones orientadas a objetivos. Esto efectivamente establece un sistema de retroalimentación, que une el futuro cambiante y modular que reúne a aquellos que lo desean con acciones concretas, impulsos revolucionarios y actos insurreccionales que se muevan hacia su construcción. En sus giros más eficaces, los horizontes futuros se ensamblan en cuanto permanezcan abiertos, como la composición de las posibilidades en una gama cada vez mayor de opciones. Sin embargo, algunos motivos se despliegan actuando como anclas o señales para el ensanchamiento del espacio de posibilidades.

Uno de esos anclajes meméticos que ha recibido un kilometraje decente en ciertos círculos es el “comunismo de lujo totalmente automatizado” (CLTA) – una visión utópica en la que el trabajo se elimina mediante la tecnología, el capitalismo es reemplazado por el comunismo y, como describe Aaron Bastani en en un artículo de 2015 para Vice, El «aventurerismo político» culmina en «Cartier para todos, MontBlanc para las masas y Chloe para todos». A su vez, a menudo se habla de CLTA, junto con la aceleración hacía la izquierda de Nick Srnicek y Alex Williams, su menos hiperbólico, más especulativamente inclinado primo. Con sus demandas por la automatización desenfrenada, el ingreso básico universal y el dominio prometeico, el futuro político según Srnicek y Williams son un intento de revivir (y auto-corregir algunos puntos problemáticos) a lo que Nick Dyer-Witherford se refiere como “Red Plenty Platforms” [Plataformas Rojas de la Abundancia] – las diversas ofertas hacía el ‘comunismo cibernético’ como las recomendaciones para la planificación de Oskar Lange para La Unión Soviética, las de Paul Cockshott y Allin Cottrell para el Nuevo Socialismo , el CyberSyn de Salvador Allende y el Parecon de Michael Albert, entre otros.

Al revisar esta lista, lo que viene a la mente es la presencia innegable de burocracias tecnocráticas que acechan en los bastidores, ya sea en la engorrosa infraestructura de Gosplan, las divisiones de clases no intencionadas que surgieron entre trabajadores e ingenieros durante el curso de CyberSyn, o la infernal social burocracia que, sin duda generaría, Parecon. De hecho, Dyer-Witherford escribe que los futuros comunismos cibernéticos deben ser más flexibles y de múltiples escalas, y Srnicek y Williams siguen su ejemplo en este sentido. Para cada uno de ellos, el comunismo de lujo es estar libres del trabajo y de las condiciones de escasez. Esto sitúa su tecnopolítica en una trayectoria mucho más grande, llevándola hacia atrás a través de las reflexiones de Thorstein Veblen sobre la necesidad social de un “soviet de ingenieros” al retrato de  Fourier y Saint-Simon del socialismo como la “administración de las cosas”. Para los aceleradores de la izquierda y sus allegados, la amplificación de la tecnología eliminará gradualmente la necesidad de la burocracia que recorre los escritos y las reflexiones de sus antepasados.

Tales tendencias son comunes a quienes operan en las trayectorias marxistas, neomarxistas y también los posmarxistas, y muy a menudo, las contradicciones entre los planes propuestos para llegar a la libertad de los libertarios y la expansión del autoritarismo burocrático que estas soluciones requerirían no se han probado lo suficiente. Es difícil ver cómo la utilización de las infraestructuras actuales del mundo pueden ser dirigidas hacia la realización de una utopía futura a gran escala. Es igualmente difícil ver cómo la grandiosidad de la producción capitalista, tal como se encuentra actualmente, encarna el horizonte hipersticial (es decir, el horizonte epistémico, constructivo de ciertas acciones políticas) que podría sacudir a la izquierda de su estupor. Con esto en mente, lo que quiero hacer ahora es intentar abrir un espacio en el que ciertas percepciones de estos pensadores puedan rescatarse y empujarse hacía una nueva dirección, alejándose de una política orientada al futuro basada en las tendencias existentes en el desarrollo de tecnologías productivas, y basadas hacia nuevas infraestructuras y nuevas tecnologías. Para ello, sin embargo, primero tenemos que dar vuelta a la más contenciosa de las figuras: Karl Marx.

Marx contra el trabajo

En su libro Tiempo, Trabajo y Dominación Social, el teórico marxista Moishe Postone ofrece una extensa crítica al “marxismo tradicional” (es decir, a la lectura del marxismo que supuestamente conduce al marxismo-leninismo, al estalinismo, al maoísmo, etc.) reinterpretando a la teoría comunista. Como Antonio Negri y los autonomistas, Postone basa su enfoque no en los tres volúmenes del Capital, sino en  Los Grundrisse, el manuscrito inédito y menos conocido de Marx  donde expuso todo el alcance de su proyecto. Los estudiosos radicales han considerado desde hace mucho tiempo que el Marx de Los Grundrisse era diferente y más radical que el Marx del Capital, ofreciendo una metodología alternativa a su obra, un conjunto de preocupaciones e incluso una articulación hacía lo que quiere alcanzar el “comunismo” . Para Negri, Los Grundrisse  ilustran la forma en que la clase obrera (entendida aquí no sólo en términos del proletariado industrial, sino como el trabajo colectivo de la sociedad en su conjunto) opera de manera autónoma dentro y contra el capitalismo. En contraste, Postone sostiene que la crítica de Marx No es tanto una crítica hacía el capitalismo desde el punto de vista del trabajo, sino una “crítica del trabajo en el capitalismo”.ii

En El Capital, Marx presenta como la contradicción que come en el corazón del capitalismo como una entre las “fuerzas de producción” y la forma en que se distribuye la producción de estas fuerzas -es decir, entre la producción en masa de las mercancías y el sistema de marcadores que Los distribuye. Postone ilustra que esta llamada “contradicción” tiene una importancia significativamente menor en los Grundrisse. En este trabajo, es la contradicción entre el tiempo de trabajo y la producción de máquinas. Postone llama la atención sobre la manera en que Marx analiza el trabajo y la producción temporalmente: lo que Marx (muy problemáticamente) denominado “valor” era simplemente la magnitud del tiempo de trabajo empleado en el proceso de producción, por el cual se recibe un salario. Al mismo tiempo, sin embargo, la producción capitalista está revolucionando constantemente la producción a través del desarrollo de la tecnología que tanto disminuye la posición central del trabajo como acorta el tiempo empleado en el trabajo. En “El fragmento de las máquinas”, el pasaje más conocido de los Grundrisse, Marx pone sus tapas futuristas e intenta anticipar el horizonte de esta tendencia:

…una vez adoptados en el proceso de producción del capital, los medios de trabajo pasan por diferentes metamorfosis, cuya culminación es la máquina , o más bien, un sistema automático de maquinaria … puesto en movimiento por un autómata, una poder móvil que se mueve a sí mismo; Este autómata está compuesto de numerosos órganismos mecánicos e intelectuales, de modo que los propios trabajadores [cast merely] se echan simplemente como sus vínculos conscientes.iii

Para este Marx, no es tanto la socialización de la riqueza la característica definitoria del comunismo, sino la liberación del trabajo que se produce por medio del desarrollo de una tecnología post-capitalista de producción: el tiempo de trabajo se aproxima a cero. Al mismo tiempo, sin embargo, no podemos absolver a este Marx distintivamente más libertario de la celebración de la tecnocracia y la burocracia que se ha enganchado al concepto (s) de socialismo y comunismo. Sigue siendo un sistema sin dinero basado en la superación de la “anarquía ciega del mercado” a través de la “racionalización de la producción”, aunque debe decirse que el Marx de Los Grundrisse es más ambivalente ante la racionalización y la burocracia que el Marx del Capital . Lo que importa en Los Grundrisse es el desarrollo de la ciencia misma, que se la clasifica como surgiendo no del brillo de los individuos, sino del “cerebro social” o “intelecto general” de la sociedad. Marx sostiene que el movimiento hacia la «producción racional» se incuba dentro del capitalismo, derivado de la tendencia de la “manufactura y la industria pesada” a buscar el “empleo del poder científico” para transferir “al espíritu comunal del trabajo … a la máquina V

Es en este punto en que la teoría marxista se revela como un prototipo de “comunismo de lujo totalmente automatizado”. La transferencia de la ciencia a la máquina “redundará en beneficio del trabajo emancipado y es la condición de su emancipación”. Esto se debe a que no sólo el proceso de automatización -que es precisamente lo que aquí describe Marx- dirige el tiempo de trabajo; También es porque expande rápidamente las capacidades de la producción misma. En otras palabras, disminuye la existencia de la escasez.

Es por esta razón que encontramos repetidamente a marxistas elogiando las infraestructuras que permiten la producción en masa y la industria pesada. Como es el caso del propio Engels, quien sugirió en “Sobre la Autoridad” que el desarrollo se movía inexorablemente hacia “la industria a gran escala y la agricultura a gran escala”, y que buscar entrar en otra vía no constituía nada menos que “querer abolir a la misma industria, destruyendo al telar mecánico para volver a la rueda giratoria “. Estos argumentos prefiguraban los del economista austro-marxista Rudolf Hilferding, quien escribió en su libro Finance Capital, de 1910, que la corporación era un ejemplo del capitalismo que superaba las “ineficiencias” de la libre competencia a través de la combinación de privilegios monopólicos, la especializacion tecnológica y la “administración racional”. “Una corporación”, escribió, “es capaz de organizar su planta de acuerdo con consideraciones puramente técnicas, mientras que el empresario individual está siempre restringido … La corporación puede así ser equipada de una manera técnicamente superior y puede mantener esta superioridad técnica”. Las ideas de Hilferding influyeron, a su vez, en revolucionarios marxistas como Vladimir Lenin (que conscientemente buscó construir un “capitalismo de estado en la Unicón Soviética) Y también a economistas no marxistas como Joseph Schumpeter (quien había sostenido que la competencia libre de muchas empresas era inferior a la competencia limitada entre grandes industrias y financieras combinadas).

Hay también una similitud distintiva entre el Marx de Los Grundrisse y las teorías económicas de Veblen, escribiendo como él lo hizo por el mismo tiempo que Hilferding. De la misma manera que Marx veía los desarrollos en la ciencia y la tecnología surgidos de un “cerebro social” o “intelecto general”, Veblen describió un “patrimonio tecnológico” de la sociedad, del cual surgió el “proceso de máquina” esto es, “la sistemática organización de la producción y la aplicación razonada del conocimiento “. Este último punto es de vital importancia (y no sólo para los marxistas y los tecnócratas inspirados en Veblen, como ilustraré en breve), ya que reúne una visión amplia que une la creatividad y el deseo con la compilación de técnicas y técnicas para operar en el mundo . Veblen subrayó como a lo largo de las presiones competitivas de los negocios , existe una tendencia hacía la cooperación (que se alinea, quizás engañosamente, con la industria) en la unión de “todas las ramas del conocimiento que tienen que ver con las ciencias materiales”.

Para Veblen, el resultado de esta cooperación e integración era doble. En primer lugar, sembró las semillas para la futura cooperación e integración a través de la profundización y expansión del patrimonio tecnológico. En segundo lugar, puso de manifiesto las necesidades de una «gestión racional» por medio de una clase de ingenieros, que nos llevaron a un conjunto de preocupaciones paralelas (pero no directamente) al camino serpenteante del pensamiento marxista hacia la administración tecnocrática. Los llamados tecnocratas, seguidores de Veblen se dividieron en sus propias alas izquierda y derecha, tomaron estas ideas en el futuro. Lewis Mumford, el más conocido de los tecnocratas de izquierda, vio la acumulación de conocimiento y la integración de los procesos de producción como la apertura de la posibilidad de un estado de cosas bastante similar a la que plantea el comunismo de lujo totalmente automatizado:

Cuando el automatismo se vuelva general y los beneficios de la mecanización se socialicen, los hombres volverán una vez más al estado de Original en el que existieron en regiones un incremento natural, como los Mares del Sur: el ritual del ocio reemplazará al ritual del trabajo y el trabajo Se convertirá en una especie de juego. Ese es, de hecho, el objetivo ideal de un sistema mecanizado y automatizado del poder de la producción: el logro universal del ocio.

Ecologías y Economías del Conocimiento

De hecho, el conocimiento tiene una “base social” (en la medida en que podemos hablar significativamente de “sociedad” como algo que no sea una abstracción). Contiene propiedades emergentes, surgiendo como lo hace en un segundo orden, dentro del grueso de las interacciones, negociaciones y labores entre los pueblos y los ecosistemas en los que están insertados. Se despliega en iteraciones, pasando de observaciones de las normas generales y fijas (metis) a estructuras más concretas y superficiales (techne) antes de regresar de nuevo, las dos recorriéndose una a otra en una exprimidora perpetua. Tal danza puede como lo destacó correctamente Veblen, representarse por la figura de la máquina misma, que marca el paso del conocimiento en un conjunto de materiales de una manera que produce un objeto técnico o un artefacto. Además, la acumulación y transformación de tales objetos o artefactos mismos son los que forman parte del tapiz de este “patrimonio tecnológico” o “cerebro social” en la medida en que se despliegan a través del tiempo y siembra las semillas para futuras invenciones o innovaciones. Consideremos, por ejemplo, la sugerencia de Lewis Mumford de que la Revolución Industrial del siglo XVIII estaba supeditada a una masa de innovaciones que se habían ido acumulando durante siglos, desde los desarrollos de la minería durante el siglo XVI (“Más estrechamente que cualquier otra industria, la minería estaba ligada al primer desarrollo del capitalismo moderno “) a la invención monástica del reloj en el siglo XIV (” El reloj … es la máquina clave de la era industrial moderna “), entre muchos otras.

Esta forma de desestabilizar a las formas tradicionales de organización y comportamiento, alterando técnicamente nuestras interacciones, puede describirse de muchas maneras. Para Marx, era la naturaleza innata de nuestro “ser-especie”, y para Veblen, era el impulso de la “creatividad” en su forma más inmediata y aplicable (Personalmente, prefiero la noción de Gilles Deleuze y Félix Guattari de “deseo” caracterizándola como una fuerza productiva, generativa). Sea cual sea el término que utilicemos, es evidente que el problema subyacente con las fórmulas de Marx y Veblen es que ambas se trasladan, con la noción de que el despliegue de las facultades humanas se trasladan directamente a una industria intensiva a gran escala basada en el manejo cuidadoso de los recursos humanos, y las variables económicas. Tal vez sea fácil ver por qué, escribiendolo tal como eran en tiempos de prometheismo a gran escala, de sistemas de fábricas expansivos e infraestructuras gigantescas. Aún hoy, tales sistemas reinan supremos- como un informe de la Brookings Institution de 2015 mostró, los mercados de la denominada “nueva economía” sin fricciones siguen dominados por firmas masivas, diferentes sólo de sus antepasados ​​por su grado de integración tecnológica. ) Y la tendencia a emplear una fuerza laboral mucho menor.

Sin embargo, la existencia real de este sistema -esta megamáquina, como habría dicho Mumford- debe separarse de cualquier filosofía del determinismo tecnológico o de inevitabilidad histórica. El deseo, incluso en su orientación más tecnológica, no debe conducir directamente a los grandes altos hornos, al tablero de planificación corporativo (o estatal), o a la explotación de mano de obra paupérrima. Carlota Perez nos dice que “el espacio de lo tecnológicamente posible es mucho mayor que el de lo económicamente rentable y socialmente aceptable”, pero como neo-schumpeteriana, toma tal realidad como algo dado, como las megastucturas y los patrones económicos cíclicos que ella (correctamente) identifica como impulsada por el entrelazamiento orgánico de la tecnología “dependiente del camino” y la demanda del consumidor. No es así, afirmó Stephen Marglin en los años setenta. Basándose en ejemplos que van desde la organización del trabajo en las fábricas, el desarrollo de sistemas fabriles al final de la era feudal hasta la colectivización de la agricultura por parte de los Soviets, sugirió que existía una tendencia de las “clases poderosas desde el punto de vista económico y político” para dirigir la innovación de una forma que congenie con el mantenimiento del poder no sólo en el nivel molar, sino el nivel molecular de lo cotidiano. Anteriormente, Mumford había argumentado que las relaciones despóticas de poder forzaban las trayectorias del desarrollo tecnológico hacía estructuras que mejor sirvieran a las clases dominantes.

Entre los principales medios a través de los cuales se ponen en marcha estas trayectorias, se encuentran el otorgamiento de privilegios de monopolio por parte del Estado -y en particular, las patentes, los derechos de autor y otras protecciones denominadas de “propiedad intelectual”. Si el conocimiento y la tecnología emergen de un estrato social y evolucionan a través del tiempo, entonces estos privilegios de monopolio actúan capturando flujos particulares en este ecosistema. En otras palabras, le permite a ciertos actores encerrar una porción del «intelecto general» y prohibier que otros los utilicen, reproduzcan o mejoren, a menos que se extraigan las rentas apropiadas, por supuesto.

Lo que estos sistemas hacen es no sólo mantener una regulación apretada -aunque en última instancia informal- sobre el desarrollo tecnológico, sino ayudar a mantener la subordinación de la masa de trabajadores a un puñado de capitalistas ricos. Consideremos, por ejemplo, la aplicación de la ley de propiedad intelectual a nivel mundial, primero a través del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, luego a través de la Organización Mundial del Comercio (y de los diversos acuerdos de libre comercio que se negocian). Si bien se lo califica como globalización de las economías de mercado, lo que estos mecanismos han hecho es globalizar los métodos de exclusión. En el caso de las leyes de propiedad intelectual, el desarrollo desigual ya existente entre los mundos llamados “desarrollados” y “en desarrollo” se ve exacerbado por la obligación del mundo en desarrollo de confiar en el conocimiento y la tecnología del mundo desarrollado.

O considere la forma en que la producción intelectual de la academia -tan alimentada a menudo por las arcas públicas- es tan frecuentemente confiscada y encerrada por corporaciones privadas adyacentes al sistema universitario. Esta privatización del propio trabajo de generar conocimiento (en un espacio que pone de relieve la “naturaleza social” del propio conocimiento) va desde los avances materiales que se están produciendo en lugares como el MIT y Stanford hasta los registros de investigación y desarrollo en todos los campos . Un sinnúmero de artículos de revistas, resúmenes, tesis y escritos efímeros que forman el sustrato de las infraestructuras del conocimiento desaparecen del ojo público, son raramente vistos excepto por aquellos que pagan las grandes sumas demandadas por los cercamientos artificiales que hay que pagar (o por quienes han encontrado / cultivado medios de eludirlos).

Numerosos científicos, ingenieros, académicos de todas las ramas y activistas se han pronunciado una y otra vez contra los efectos cáusticos de estos cercamientos, destacando en particular las maneras en que han frenado efectivamente la investigación y el desarrollo. Muy a menudo la falta de acceso a determinadas herramientas y grupos de conocimiento ha llevado a los posibles desarrolladores a tener que reinventar la rueda, por así decirlo, de una manera que no infrinja la “propiedad” de los demás – un giro que ayudó a aumentar los costos asociados con la investigación y el desarrollo, lo que bloquea a muchos que nunca serán capaces de comenzar el trabajo en primer lugar (y viendo a los que se embarcan en el camino de la investigación y el desarrollo en las grandes empresas y los intereses de los inversores). Esto no sólo ayuda a mantener los paradigmas industriales más intensivos, sino que ayuda a reproducir la espectacular figura del entrepreneur heroico.

Especulando sobre el Futuro

Empujando contra esta tendencia destructiva, Charlotte Hess propone una comprensión de la información y el conocimiento como capaces de ser un “bien público puro – no rival y libre para todos”. Moviéndose en aguas similares, el músico Brian Eno ha descrito la manera en que las nuevas formas y tendencias novedosas tienden a emerger espontáneamente de redes sociales y culturales abiertas que comparten libremente información y herramientas -un fenómeno que él llamó “scenius”. Scenius aumenta la imprevisibilidad de la innovación y mejora su naturaleza dinámica, al mismo tiempo que destaca el papel que desempeñan los foros de conocimiento en el “preparado del terreno” para tales situaciones. Sólo se puede imaginar que bajo el escenario de que el conocimiento y la información sean tratados como un “bien público puro”, la velocidad y la complejidad de la innovación se acelerarán.

La reorientación del conocimiento hacia un marco autónomo más basado en los bienes comunes no será suficiente para reorientar el camino del desarrollo industrial. Hay que tener en cuenta una serie de otros factores, como el acceso al financiamiento inicial, la forma en que esta financiación se lleva a cabo, etc., etc., pero están fuera del alcance de este artículo. Lo que quiero destacar es la manera en que el desmantelamiento del régimen de propiedad intelectual es la condición previa para el cultivo de una alfabetización socio-técnica generalizada y difusa -algo que, a su vez, aumentaría considerablemente el abanico de opciones presentadas a cada individuo. La alfabetización socio-técnica, en otras palabras, se presta a la amplificación de las libertades positivas, al ejercicio de la libertad. Se convierte así en el opuesto exacto de los sueños de los sueños automatizados de los marxistas, los veblenitas y los que quieren acelerar la izquierda más recientes, para quienes el desarrollo tecnológico se dirige hacia un estado de libertad negativa, hacía una experiencia de libertad.

En esta situación, ¿cuáles serían las grandes infraestructuras industriales de hoy? Si los individuos tuvieran el conocimiento, o al menos el acceso a medios para adquirir conocimientos técnicos, para producir, vivir y comerciar sin recurrir a la precariedad del presente, ¿seguirían trabajando para otros? Puede ser un poco exagerado declarar el fin del trabajo asalariado, pero parece obvio que si las personas tienen la capacidad de tener sus propios medios de producción, entonces la venta de su fuerza de trabajo a los miembros de la clase dominante disminuirá. En ese terreno, parece que cuando Srnicek y William discuten un “enfoque de bricolaje” al desarrollo tecnológico, uno de “combinar algo nuevo” con lo antiguo, es menos la CyberSyn de Allende (que es precisamente lo que describían en este pasaje ) Y más similar a los sistemas de producción de abajo hacia arriba y descentralizados discutidos por Kevin Carson en su Homebrew Industrial Revolution [Revolución Industrial Casera] que vienen a la mente. De hecho, la producción y la distribución radicalmente descentralizadas, estigmergidas (Mecanismo de coordinación espontánea, indirecta entre agentes o acciones, donde el rastro dejado en el ambiente por una acción estimula el funcionamiento de una acción subsecuente, por iguales o un diverso agente.), que cede el mayor control posible a los agentes autónomos, sirven mucho mejor como un horizonte sociotécnico y económico para una política militante.

Por lo que vale, Srnicek y Williams se acercan a esto al sugerir que “toda economía postcapitalista requerirá flexibilidad tanto en la producción (por ejemplo, la fabricación de aditivos) como en la distribución (por ejemplo, la logística” just-in-time “). Esto permite que una economía responda a los cambios en el consumo individual, a diferencia de los grandes e inflexibles esfuerzos de la era soviética “. Pero a pesar de estos momentos orientados hacia el futuro, la posición general de la aceleración de izquierda ha permanecido demasiado cerca de las visiones del exceso fordista , Ya sean los indicios de la nostalgia soviética, el retro-keynesianismo o la noción del comunismo de lujo totalmente automatizado. Cuando la fabricación aditiva y las técnicas relacionadas aparecen, siempre parece estar relegada a una posición menor, a una reflexión posterior o una nota de pie de página. Es extraño ver que las “plataformas de abundancia rojas” abarcan la cuestión de la flexibilidad, pero rara vez se ocupan de la cuestión de la escala (que por supuesto es a lo que la cuestión de la flexibilidad está íntimamente ligada).

Así que en lugar de un comunismo corregido, como una nueva configuración hipersticial: el anarquismo individualista totalmente automatizado. En lugar de utilizar el sistema industrial de masas como su punto de partida (que es, al final del día, poco más que un síntoma de la represión al desarrollo tecnocientífico del capitalismo, no su ápice), este modo de tecnopolítica insurreccional aún no mirará hacia un sistema productivo sin forma, cuya génesis se encuentra en las tiendas, garajes, sótanos y laboratorios emergentes en zonas urbanas anónimas y suburbios aburridos (¡y por no hablar de los espacios ya existentes como Emilia-Romagna de Italia o Shenzhen de China!) Se puede elaborar un linaje intelectual, comenzando tal vez con las observaciones de Marx sobre la tecnología y el conocimiento científico en Los Grundrisse, pero aumentado a través de los problemas de conocimiento de Hayek y las filosofías de la libertad positiva. El anarquismo individualista, totalmente automatizado, llega incluso con consignas ya hechas. En lugar de “todo el poder para los Soviets”, ¿Por qué no “todo el poder para el intelecto general”? En lugar de un “Beneficioso para todos”, ¿por qué no un “futuro para el diseño”? Tenemos metas para la acción inmediata, la creación del conocimiento común o la creación de sistemas de financiamiento para el desarrollo tecnológico, ¿por qué dejar que los marxistas y los tecnócratas reclamen políticas anti-trabajo por su cuenta?

Después de todo, es en esta fase tardía, cuando el capitalismo esclerótico se tambalea hacía el precipicio de su frágil meseta y el clima se desliza de mal en peor, que podemos decir con seguridad que el anarquismo debe ser el futurismo y que el futuro debe ser anarquista. Pongámonos a trabajar.


Todas las referencias en la nota original en inglés


Sobre el aceleracionismo de izquierda


Horacio González en “Detrás de lo que vemos”

Si no lo pueden escuchar o quieren descargar el archivo de audio: visiten esta página


El 21 de abril Horacio González estuvo en el programa Detrás de lo que vemos.


“Estoy esperando que Cristina anuncie su candidatura”


Dice varias cosas más…Hay que tenerle paciencia, más tarde lo escucho con más atención.