Los apologistas del agronegocio insisten con su estrategia de amansamiento y domesticación de nuestro pueblo

Coronavirus en Argentina: la soja, una alternativa disponible en la emergencia alimentaria

Entre los sustitutos de la carne que están haciendo un verdadero boom, no requiere cadena de frío y reduce los riesgo de contaminación. Permite elaborar desde empanadas hasta pastel de papas.

Sigue en: Clarín


Los apologistas del agronegocio insisten con su estrategia de amansamiento y domesticación de nuestro pueblo, en un esquema en el cual la Argentina sería complemento natural del coloso chino.

En el 2002 inventaron la soja solidaria y la repartieron hasta el cansancio en los barrios carenciados. Los granos del poroto llegaban directamente desde el campo a los comedores populares, y los líderes piqueteros se ocupaban de dar cursos de cocina para que las mujeres del barrios aprendieran a cocinar la soja y la incorporaran a sus hábitos alimentarios.

La legitimación en la culinaria popular del agronegocio fue parte de esa etapa que precedió al kirchenerismo . muchas experiencias internacionales, dan cuenta de los efectos sorprendentes que la ingesta de soja, que no es alimento humano, como ingesta de poblaciones vencidas, puede producir un notable “amansamiento” de sus posibles rebeldías .

La experiencia argentina daría también probada cuenta de ello. La soja, como debería saberse tiene una notable proporción de fitohormonas, o sea, hormonas vegetales que el organismo humano confunde con hormonas femeninas . De esta caracteristica da cuenta el hecho de que durante tanto tiempo se usaran subpoductos de la soja para las mujeres que atraviesan el período de menopausia. Pero estas prácticas fueron abandonadas, pese a su efectividad en cuanto a la inestabilidad hormonal, porque se demostró que como consecuencia secundaria de estos tratamientos crecía exponencialmente, en esas personas tratadas, los casos de osteoporosis, o sea de extrema descalcificación ósea.

Pues bien, ahora se sabe que la soja tiene inhibidores de la fijación del calcio y del cinc en los huesos, y por ello se desaconsejan sus “bebibles” para aquellos niños que sufren rechazo a los lácteos .Digo bebible, porque es un grave error quizá malintencionado el referirse a leche de soja, porque leche, solamente producen las glándulas mamarias de los mamiferos.

Lo que la soja puede dar es un bebilble, que, repito, estaría absolutamente desaconsejado por variadas razones. Es que la soja no es un alimento para humanos. Los pueblos asiáticos que tienen una experiencia milenaria de su manejo, solamente la comen como Tofu, luego de fermentaciones naturales que suelen llevar más de seis meses y que posibilitan desactivar esas capacidades inhiibitorias del calcio y del cinc.

Sin embargo, debemos señalar que tanto los chinos como los japoneses, requieren para ello,de una soja que sea convencional, es decir que no sea geneticamente modificada, a punto tal que los productores de tofu japones, tienen en el medio oeste norteamericano sus propias bocas de compra del poroto, donde se garantizan que la soja no sea transgénica, tal como lo es en la Argentina.

Somos concientes que los vegetarianos reqieren la ingesta de proteina vegetal, en reemplazo de la carne, pero para ello tienen en la Argentina la facilidad de disponer de variedad de semillas y legumbres como la lenteja o el garbanzo, así como la arveja, el amaranto y la quinoa .

La ingesta de soja, en cualquiera de sus preparados es siempre un modo de legitimar el modelo de los agronegocios que a través de la sojización compulsiva como política de Estado, ha devastado el territorio y expulsado de sus parajes a millones de argentinos, a los que hacinó en la miseria clientelar de los conurbanos. //

Jorge E. Rulli

Tememos que en la Argentina la decisión de alimentar a los necesitados con comida chatarra y particularmente con soja transgénica, contituya una política de Estado

Entre hoy y mañana, llegarán a nuestra ciudad 27 mil kilos de papas, 3 mil kilos de milanesas de soja y 2 camionetas de galletitas para la atención de las demandas alimentarias del plan de familias asistidas por la Secretaria de Desarrollo Social. Es a través de una gestión de @javierosunalh y su equipo de AUBASA.

La Voz de Las Heras


Con la nota anterior sobre Gualeguaychú, y esta de General Las Heras (BA), tenemos claramente expuestos los contrastes que queremos evidenciar.

Al intendente herense, le intreresa alimentar a los necesitados de su pueblo con tres toneladas de milanesas de soja, igual que se alimenta a los cerdos de China.

La ingesta de fitohormonas (léase hormonas vegetales similares a las femeninas humanas) que caracterizan a la soja, más los disruptores hormonales, consecuencia de los rastros de agrotóxicos, y como si todo ello fuera poco, los inhibidores para la fijación de calcio en los huesos que contiene esta leguminosa, constituyen un acto de barbarie alimentaria, que no justifica la ignorancia.

No sólo numerosos medios, y profesionales de la salud han advertido incansablemente sobre estos riesgos, sino que es públicamente conocido, que, en una época cercana, muchos médicos recomendaban a las menopaúsicas, extractos de soja para calmar la falta de estrógenos disminuidos.

Sin embargo, esta práctica médica fue suspendida, debido a que se comprobaron altos porcentajes de osteoporosis en las pacientes, como consecuencia de tales tratamientos.

Lo que ocurrió, es que los médicos desconocían suficientemente las características de esta leguminosa que, en verdad, no es alimento humano. Solo se la consume en algunos países orientales, en proporciones muy reducidas, en una versión similar al queso, denominada Tofu.

Vale aclarar que la elaboración del tofu, no se hace con soja transgénica, sino con soja convencional, y que el proceso del tofu lleva, al menos 6 meses de fermentación natural, tiempo en el que se logra desactivar esos inhibidores de calcio y de cinc que mencionábamos.

Tememos que en la Argentina la decisión de alimentar a los necesitados con comida chatarra y particularmente con soja transgénica, contituya una política de Estado, decidida y puesta en práctica desde finales de los años 90 y mantenida sin debate alguno a lo largo de todos estos años por los diversos gobiernos.

Lamentablemente en una Argentina donde la política de derechos humanos se promovió a todo nivel como un discurso casi hegemonico, el hecho aberrante e injustificado de alimentar con soja transgénica a la población argentina nunca fue considerado.//

Jorge E. Rulli

La pandemia revela porqué necesitamos socializar al sistema alimentario

Jacobin

26/04/2020

Por
Matt Huber

El coronavirus reveló una verdad que sabíamos antes de la pandemia: el sistema alimentario capitalista es irracional y no sirve a las necesidades humanas. Los socialistas deben remodelar a la producción alimentaria para atender a las necesidades sociales y ecológicas – proveyendo alimentos para todos.

La crisis del COVID-19 está revelando una contradicción básica en el núcleo del capitalismo. Por un lado, aprendemos que el virus es un producto de nuestro sistema agrícola capitalista. Como Rob Wallace y sus coautores argumentan, las condiciones para la transmisión do virus están enraizadas en nuestra propensión a cortar los bosques densos – ellos generalmente son reservorios de virus – y substituirlas por ecologias de plantación homogenea como palmeras [para el aceite de palma] o pastos con una única especie de animal viviendo hacinada.

Según ellos:

la totalidad de la línea de producción está organizada alrrededor de prácticas que aceleran la evolución de las virulencias patógenas y la subsequente transmisión. Monocultivos genéticos en crecimiento – de animales y plantas con genomas practicamente idénticos – remueven a las fortalezas de inmunidad que en poblaciones más diversas disminuyen la tasa de transmisión.   

Por ejemplo, el brote de influenza aviar y porcina de años pasados tienen su origen en el confinamiento de los criaderos de engorde. El COVID-19 aparentemente emergió en un mercado de calle que combinó todo tipo de mercaderias naturales de animales exóticos, como serpientes, a animales domesticados, como cerdos. Poner en interacción a múltiples especies, en un espacio pequeño, con multitudes de vendedores y compradores humanos es una excelente plataforma para la transmisión de un virus.

Como un intelectual dijo, “cortamos a los árboles; matamos a los animales o los colocamos en jaulas y los enviamos a los mercados. Desequilibramos los ecosistemas e incentivamos a los virus a abandonar a sus anfitriones naturales. Cuando esto sucede, ellos necesitan nuevos. Generalmente, seremos los anfitriones”.

Por otro lado, para millones de trabajadores alrededor del mundo, una realidad ecológica brutal del capitalismo se auto afirma: para vivir, dependemos de dinero para acceder a aquellas mismas cadenas de suministros agrícolas. Millones de trabajadores viviendo sólo de sus salarios mínimos ven a sus empleos o ingresos ser cortados, forzando a las familias a decidir si deben pagar el alquiler o comprar comida.

Para aquellas personas de la clase trabajadora que todavía poseen ingresos, la experiencia de la epidemia han sido de un ritmo nervioso entre idas a los corredores de supermercados, luchando por papel higiênico y encontrando series de góndolas vacías. Los especialistas en cadenas de producción de supermercados declaran que “existe comida suficiente en el mundo”, pero es claro que la sincronia inmediata de las cadenas de producción capitalistas está mal equipada para servir a todas las necesidades de la sociedad en una pandemia global.

Las cadenaas de abastecimiento usan algoritmos estadísticos para reafirmar la demanda de los consumidores de forma de sintonizar a las redes logísticas y de producción. Esos sistemas son concebidos para ahorrarle gastos a las corporaciones minoristas con costos de inventario (almacenamiento), pero ellas facilmente fracasan cuando la demanda dispara inesperadamente o cuando la cadena de abastecimiento es “perturbada”.

Ahora, la violencia del mercado está imponiéndose a través de la elevación abrupta del precio de los alimentos básicos. Las comunidades se están quedando hambrientas a medida en que los bancos de alimentos básicos se agotan, los agricultores dejan que los vegetales frescos se pudran en los campos y los productores de leche tiran la leche en el desague a causa de la caída de los precios y la falta de demanda. Es demasiado para el gracioso y resiliente mercado, supuestamente el sistema más eficiente en la asignación de recursos.

El sistema agroalimentario es claramente irracional. La demanda socialista que puede llevarnos a un sistema alimentario basado en necesidades sociales y ecológicas deberían sonarnos familiar: comida para todos.

Si la lucha por “salud para todos” ha mostrado la popularidad del eslogan “la asistencia médica es un derecho humano”, entonces ¿por qué la alimentación no es vista de la misma forma? Lo único que impide la “alimentación como un derecho humano” es una industria que depende de la creación de la escasez artificial de alimentos para mantener los precios y ganancias.

Un abordaje socialista de estos problemas no puede ser en compartimentos estancos-
reformando a la agricultura por un lado y su distribución: colocando a la alimentación como otro derecho humano. El objetivo debe ser revolucionar a todo el sistema alimentario y orientarlo hacía las necesidades sociales y ecológicas.
, reformando a la agricultura de un lado y delivering: entregando a la alimentación como un derecho humano de otro. El objetivo debe ser revolucionar a todo el sistema alimentario y orientarlo hacía las necesidades sociales y ecológicas.

El COVID-19 y el sistema alimentario capitalista

En la medida que descubrimos que nuestro sistema agrícola es responsable por la diseminación del virus, también nos damos cuenta de cuan peligrosamente dependientes somos de este mismo sistema alimentario para proveernos de alimentos y sobrevivir. Ambos problemas poseen la misma causa: nuestro sistema alimentario como un todo está controlado por entes capitalistas privados en búsqueda de ganancias.

Según Wallace, el sistema agrícola está estructurado de forma estrecha: “el comando privado de la producción permanece totalmente enfocado en la ganancia”. La motivación y competencia por ganancia que obliga a los productores agrícolas a racionalizar y homogeneizar brutalmente a la naturaleza en forma de monocultivos y la cría de especies de animales únicas. Esto no sólo proporciona un sistema ecológico perfecto para una transmisión viral, también substituye a la biodiversidad ecológica que tiende a mantener al virus salvaje a distancia.

Aún así, no conseguimos pensar en estas granjas agroindustriais aisladas del sistema mayor. Toda ganancia de los agroindustriales capitalistas seria imposible si no fuese por la fuente principal de la demanda consumidora: la clase trabajadora alrededor de todo el mundo que no posee ningún medio para ganarse la vida, que sólo puede comer en la medida en que trabaja por dinero.

Según lo que Raj Patel argumentó una década atrás, vivimos en un sistema alimentario “en reloj de arena” en el que, en ambas extremidades, millones de agricultores y trabajadores-consumidores son explotados por un pequeño grupo de corporaciones en el medio: agroindustriales, procesadores de alimentos y gigantes minoristas. La demanda de la clase trabajadora es esencial para todo el sistema. Incluso el mejor tipo disposiciones para el bienestar social ifrecudi oir el gobierno, como cupones de alimentos y el interés actual en la Renta Básica Universal (RBU), sólo garantiza más flujo de dinero hacía las manos de las gigantes cadenas minoristas, procesadores de comida y compañías del agronegocio.

¿Qué es una respuesta ecosocialista?

La pandemia revela explicitamente una crisis en nuestra relación ecológica con la alimentación y con la naturaleza. ¿Cuál seria una respuesta socialista apropiada? Wallace diagnostica correctamente algunos problemas con nuestro sistema agrícola, pero sus soluciones son insuficientes para la masa de trabajadores que depende de dinero, mercaderias y supermercados para sobrevivir.

Wallace sugiere que necesitamos rehacer completamente a la agricultura, “primero, reintegrando a la producción de alimentos a las necesidades de las comunidades rurales”. En otro artículo, él elabora una lista de demandas que se centran en dos pilares principales: priorizar las luchas por tierra enfrentadas por pequeños productores del campo e indígenas, y reintegrar la producción agrícola con princípios ecológicos (con la agroecologia, por ejemplo) que substituyan a los monocultivos de escala industrial con rotación de plantación más diversificadas, fertilizantes orgánicos y gerenciamiento integrado de pestes.

Este estilo de política agrícola se resume con un florecimiento retórico:: “Hagamos juntos una nueva configuración estratégica del sistema-mundo, con autonomia de los productores rurales, liberación indígena y agroecologia específica para cada lugar que puedan redefinir la bioseguridad, que reintroduzcan protecciones inmunológicas de amplia diversidad en diferentes ganados, aves y plantaciones.”

Todo esto suena bien a los oídos. Los ecosocialistas deberían apoyar siempre a los pequeños propietarios del campo y movimientos indígenas por lo que es llamado de “soberania” alimentaria y territorial. Eso está en el corazón de una larga historia de políticas socialistas de apoyo a movimientos por “autodeterminación” o de personas oprimidas.

Sin embargo, la tension real en este tipo de política es que no queda claro como priorizar a las comunidades rurales o crear “agroecologia específica para cada lugar” para producir un sistema alimentario viable para los casi 71% de la fuerza global de trabajo que no está insertada directamente en el trabajo agrícola – o los 55% del planeta actualmente viviendo en ciudades que, a pesar de la tendencia de las huertas urbanas, dependen del dinero para acceder a la comida que necesitan para sobrevivir.

La pequeña agricultura es excelente para alimentar a regiones locales, pero la mayoria de nosotros vivimos y dependemos de cadenas de proveedores ya existentes. La autonomia de los agricultores es un valor crítico, pero ¿y la autonomia de los trabajadores de la mayor parte del sistema alimentario además de la propiedad productiva? Y ¿qué tal la autonomia de todos nosotros que dependemos de esos sistemas de provisión de alimentos para comer?

Así como Karl Marx y Frederich Engels colocan, la contradicción central del capitalismo es que aquellos de nosotros que necesitamos de mercaderias para sobrevivir, dependen de una densa red de trabajo, pero todo el dinero y la mercaderia son apropiados por actores privados. El objetivo del socialismo es la apropiación de sistemas de trabajo socializados que ya existen y socializar el control y los beneficios.

Por lo tanto, un programa agroecológico ecosocialista para las masas proletarizadas necesitan refletxionar de una forma más amplia sobre la “autonomia del agricultor”. Debe tener en cuenta la socialización de todo un sistema alimentario de forma que incluya a las propiedades rurales productivas, sino también a la red social más amplia de trabajo y producción que trae comida para nuestros platos.

Socializar al sistema alimentario

Más que abandonar simplemente a la cadena agroindustrial de suministros de la que somos dependientes, necesitamos pensar sobre cómo esta cadena puede ser reconstruída en caso que no fueran controladas por el lucro. Eso significa confrontar al hecho de que el actual sistema alimentario posee ventajas que no podemos descartar.

En la agricultura, las tecnologias generaron el ahorro de mucho trabajo, lo que produjo una abundancia tremenda de alimentos. Los países industrializados aplican porciones minúsculas de su fuerza de trabajo en el trabajo agrícola: 1,7% en los Estados Unidos, 2,9% en Francia, 1,9% de Suecia, y así siguiendo. Incluso en economias emergentes como la brasileña – claramente una potencia agrícola – el número es pequeño (10,3%).

Eso no significa que la agricultura está totalmente automatizada o que no depende del trabajo. La crisis del coronavirus está revelando como los trabajadores rurales migrantes son simultaneamente explotados y declarados “esenciales” para plantar nuestras frutas frescas y vegetales. Cualquier sistema alimentario socialista necesitaria encontrar una forma igualitaria para distribuir este tipo de trabajo entre la sociedad.

Según lo que los críticos de esta narrativa señalan, los países con pequeñas fuerzas agrícolas de trabajo también importan alimentos de otros países, muchos de ellos fruto de trabajo intenso, para dedicarse a la producción de plantaciones altamente explotadoras. Dejando de lado los objetivos del socialismo global, seria insustentable argumentar sobre un sistema socialista que provea alimentos basada en tales relaciones de explotación laboral.

Además de esto, la tendencia geenral del “ en todas partes del planeta” es un cambio en las personas que abandonan a la agricultura y son lanzadas hacía la economia monetaria, Lo que Farshad Araghi llamó de “descampesinización global”. Para las masas que ya fueron apartadas de sus tierras, los socialistas necesitan de una política alimentaria preocupada tanto con la provisión como con la producción de alimentos.

Vivimos en un sistema en que la vasta mayoria no produce alimentos directamente, aunque algunos pensadores socialistas argumenten que un sistema alimentario “revolucionario” implica que todos nos transformemos en agricultores, donde “practicamente todos tendrían un dedo en la producción de la comida que comen”.

Debemos ser claros: el trabajo agrícola es increiblemente difícil. La mayoria de las personas en sociedades industriales no posee ni el deseo ni de la gran habilidad necesaria para realizar este trabajo (que es justamente la razón por la que los agricultores capitalistas dependen de las ganancias de la explotación de trabajadores migrantes dispuestos a aceptar salarios bajísimos y que pueden ser mandados para su casa con las remesas).

Recordemos a la campaña de 2010 de la Unión de los Trabajadores Agrícolas, “TRABAJE CON NOSOTROS” para ofrecer empleos a los ciudadanos norteamericanos, en una era de desempleo en masa. Sólo “algunas docenas” de pretendientes serios o calificados aparecieron.

Cualquuer política revolucionaria que tiene como premisa la realización del trabajo agrícola por todos no va a crear el tipo de política de masas necesarias para un socialismo victorioso. Siguiendo a Friedrich Engels, un retorno al agrarismo local de trabajo intenso representa un “socialismo utópico” fuera de sintonia con las condiciones que nos confrontan.

Algunos pueden argumentar que debemos transformar al trabajo agrícola más recompensador y mejor remunerado, pero mi argumento es que un abordaje verdaderamente socialista garantizaria que los trabajos más peligrosos y exhaustivos deberían ser automatizados, así nadie tendria que hacerlos. Una pregunta central para los socialistas deberia ser: ¿qué partes de estas tecnologias automatizadas puede ser redireccionada para crear sistemas de producción agroecológicos en lugar de máquinas de ganancias de monocultivos? Esto significa que el debate no se basa o que la producción agrícola industrial o de pequeños propietarios, pero probablemente en la combinación de ambos.

¿La rotación de cultivos y métodos de gerenciamiento integrado de pestes puede ser combinado con tractores (que no usen combustibles fósiles) y cosechadoras automáticas? La producción agrícola automatizada puede ser reducida de forma de prevenir el tipo de destrucción de habitat y biodiversidad responsables por la transmisión pandémica del virus?

No es sólo la tecnologia de economia de trabajo. ¿Las cadenas de suministros con el sistema “just in time” rotas por el pánico con compras superiores a las normales todavía representan a inmensas máquinas de planeamiento socializado que usan enormes cantidades de datos y poder computadorizado para predecir exactamente cuando pretendés comprar un paquete de maní. Imagina si este sistema logístico no fuese aprovechado para las ganancias de gigantescas firmas mayoristas, pero para asegurar que las necesidades sociales fuesen atendidas?

¿También debemos resistir a la idea de que debemos cambiar para un sistema de alimentación puramente local. Si descarbonizarmos a los transportes, podríamos crear una relación de intercambio mutualmente benéfica que permita que las comunidades disfruten de alimentos aunque no sean cultivados localmente?

Considera a la pequeña cantidad de personas que, de hecho, sólo dependen de alimentos de temporada cultivados especificamente en sus regiones, cuando estén disponibles. Podemos debatir el valor de ciertos sandwíches de pollo, pero una visión amplia (socialista) de las necesidades humanas acomodaria el genuíno deseo por alimentos frescos y deliciosos provenientes de otros lugares que no sean la región local.

El problema con alimentos no locales bajo el capitalismo no es su origen geográfico, sino el hecho de que las relaciones de las mercaderias esconden a las condiciones de explotación humana y ecológica de la producción. EL socialismo hace visible – y sujetos al control democrático – esta producción. Si no pudieramos encontrar maneras justas y racionalmente ecológicas de proveer lechuga para regiones templadas en el invierno, que así sea. Pero no debemos rechazar tal idea en base a alguna idea nostálgica de que lo “local” es mejor para todos los involucrados.

Permanece una pregunta abierta sobre el modo en que podemos transformar a nuestro sistema capitalista agroindustrial en uno que sea socialista. Simplemente no tuvimos en cuenta cómo nuestro sistema alimentario privado y con control para las ganancias es restrictivo. Si este sistema fuese basado en las necesidades humanas y en la racionalidad ecológica, no habria motivos para asumir que la tecnologia y el comercio no deberían ser empleadas para finalidades benéficas de gran escala.

“Comida para todos”

En la medida en que las personas pierden sus empleos e ingresos, ellas están empezando a pasar hambre para conseguir que sus hijos coman. Así como la salud, la alimentación debe siempre ser considerada un derecho humano fundamental. Esto significa que necesitamos de una estratégia ecosocialista enfocada en una plataforma de desmercantilización de los alimentos. Es la mercantilización – y las fuerzas de la competencia y lucros – que impulsan al capital a desarrollar escenarios de producción de alimentos como si fuese una fábrica – filas de la misma planta cultivada en estilo de línea de montaje.

La primera premisa de la desmercantilización es la provisión de alimentos como un derecho humano para todos. Considera otra necesidad vital para los humanos: el agua. A pesar de los esfuerzos para su privatización, muchas sociedades proporcionan agua como una utilidad pública, sea gratis o a precios bajos. Cuando las ciudades como Detroit, intentan desconectar el suministro de agua en residencias pobres son justamente acusadas de abusos de los derechos humanos.

¿Por qué no podemos ver al sistema alimentario como un tipo similar de utilidad pública? El alimento es, óbviamente, muy diferente al agua (aunque nuestra necesidad por ella no lo sea). La comida es algo extremadamente diverso: viene en diferentes formas y es producto de prácticas culturales variadas. Esto no es un llamado para una planificación centralizada para racionar a la avena. Es sobre transformar a los alimentos – en toda su diversidad cultural – un tema público en lugar de privado.

Actualmente, los consumidores votan con dólares para expresar sus preferencias alimentarias – pero el dinero, más votos – y los vendedores privados hacen las decisiones en base a los retornos de los accionistas.

Por lo tanto, transformar al sistema alimentario en una utilidad pública también involucra al segundo aspecto de la desmercantilización: el control democrático. Si bien la desmercantilización es generalmente encarada como el simple suministro de “cosas gratis”, la dignidad humana básica también deberia incluir a las personas en el control de las decisiones que afectan sus vidas.

Con qué se pareceria una democracia del sistema alimentario? Sam Gindin propone un terreno socialista intermediario entre trabajadores locales y planeamiento estatal democrático y de alto nivel. El sugiere que creemos “consejos sectoriales” para sectores importantes y específicos como comida y agricultura. Estos consejos serían idealmente representados tanto por las comunidades que necesitan del suministro de alimentos como a los trabajadores involucrados en la producción agrícola.

Esos consejos podrían dar forma a los esfuerzos de gran escala en “planeamiento ecológico”. La investigación de Wallace y otros muestra que nuestro sistema de producción de alimentos es altamente irracional a partir de una perspectiva ecológica. No existe una escasez de conocimuentos científicos ecológicos que pueda ser usado para moldear a todos los tipos de producción. El capital simplemente ignora a esto. Los ecosocialistas deben argumentar que el planeamiento ecológico debe ser integrado en todos nuestros sistemas de producción – y nuestro sistema alimentario es un obvio punto de partida.

La crisis del coronavirus reveló que el capitalismo es un sistema en guerra con la vida. Virus mortales emergen en plantaciones capitalistas y viajan a través de redes de dinero y de la circulación de mercaderias. Los seres humanos que no son muertos por los virus terminan transformándose incapaces de acceder a los alimentos que necesitan para mantener una vida saludable. Esta crisis representa una oportunidad dramática para reimaginar lo que nuestra sociedad y economia podrían ser si son organizadas en términos diferentes.

 

Sobre el autor:

Matt Huber

Es profesor asistente de Geografia en Syracuse University. Es autor de “Lifeblood: Oil, Freedom, and the Forces of Capital”.

No debemos volver a la “normalidad”

Coronavirus en EE.UU.: qué hay detrás de la escasez de carne en el país que más proteína animal consume en el mundo

Sigue en: BBC Mundo


En la compilación de documentos que presentamos pocos días atrás, decíamos que el mañana es hoy .
Lo que quisiéramos que se comprenda es que el mañana se discute ahora, cuando los indicios significativos de lo que podría ocurrir en la post pandemia están por todas partes.
Ahora, es, entonces, el momento de comenzar a expresar los desafíos de ese nuevo mundo que debería nacer sobre las ruinas de una globablización que ha fracasado con la pandemia.
Se dice que a la catástrofe provocada por el virus, pueden seguir otras carástrofes, debido a las consecuencias económicas de la actual parálisis, pero sobre todo a que se han derrumbado ciertos paradigmas en que se basó la modernidad y la llamada globalización .
Ocurre que es preciso reconocer esos fracasos y la necesidad imperiosa de levantar nuevos paradigmas, porque, de lo contrario, nos veremos bajo la condena de repetir los errores que nos llevaron a la catástrofe que atravesamos .
Es por ello que repetimos, que no debemos volver a la “normalidad”. Porque lo que imaginábamos como ·normalidad, fue el preludio de la catástrofe, cuando no la causa directa o indirecta de esa catástrofe.
Cuando criticamos la propuesta de Diego Guelar, acerca de que la Argentina podría aprovechar una complementariedad” natural” con China, teniendo más de 50 millones de porcinos, estamos cuestionando esa contumacia o esa persistencia en repetir los errores del pasado cercano.
El reinado del antropocentrismo excluyente, la centralidad de la tecnociencia y de la bio nanotecnología, nos han conducido al actual desastre .
Hoy la naturaleza misma que se recupera gracias a la cuarentena nos demuestra la vigencia necesaria de la Biodiversidad. Ella es la mejor “vacuna ” que podríamos imaginar para sosbrevivir en un mundo de 7 mil millones de personas, donde habría espacio, comida y justicia para todos, si fuésemos capaces de vivir en armonía con el medio ambiente y estimular la potencialidad que proveen tanto la autonomía como la autoproducción, al menos de una parte significativa de lo que cada uno consume .

Pero necesitamos cambiar la mirada, o sea el paradigma y lamentablemente en la Argentina siguen pesando sobre nosotros la pesadas losas del siglo XIX. Se insiste en considerar al virus con las miradas de Rudolf Steiner, y las manifestaciones y relaciones sociales con los criterios de Carlos Marx.
Mientras el mundo cambia a nuestro alrededor y los pueblos marchan hacia el campo o entran en crisis, las sinarquías financieras, en la Argentina priman los solapados golpes de mano del progrecamporismo que insiste en apropiarse de las grandes cajas estatales y el insistir en la alianza con China, aprovechando la cuarentena del pueblo argentino .
Desde hace semanas venimos reclamando de la militancia que pongan en marcha su rebeldia y su imaginación para que podamos aprovechar la pos pandemia como una enorme oportunidad en que proponerse cambiar el mundo y particularmente los sistemas que habrían colapsado..
Se trata, entre nosotros de salir del modelo de los agronegocios, abandonando la producción de commodities transgénicas y recuperar el mandato que alguna vez Perón nos dejara en su carta ambiental de ser productores de alimentos sanos y saludables . Cambiar el actual modelo de los agronegocios no solo implica dejar de lado la agricultura industrial y volver a cultivos de variedades con rotaciones en base a ganadería, implica sobretodo repoblar con familias los espacios territoriales de una Argentina ahora desierta .
La llave de este poblamiento debe ser el ferrocarril, que no puede continuar estando como pretende el kirchnerismo dependiente de la industria o de los prestamos de China . Tanto la maquinaria que nos vendieron como los rieles, se encuentran ya, luego de pocos años a riesgo de quedar obsoletos e inutilizables.
El nuevo paradigma vigente debe ser el de apoyarse en las propias fuerzas. En la Argentina eso lo logramos en exceso durante el Peronismo, de manera que no es una experiencia que nos sea desconocida.
Se trata de volver a confiar en nosotros y repoblar los pueblos abandonados, remediando las zonas contaminadas y reforestando los bosques y los montes nativos en una gran empresa nacional que debería concitar el esfuerzo de todos los argentinos y que nos aseguraría un lugar en el mundo y un porvenir para nuestros hijos.//

Jorge E. Rulli

El USDA [Ministerio de Agricultura de EE.UU.] dejó que se pudrieran millones de libras de alimentos mientras la demanda de los bancos de alimentos se disparaba

Politico.com

Por HELENA BOTTEMILLER EVICH

Los funcionarios estatales [de los estados] y los productores dicen que el Departamento de Agricultura de Trump ha sido lamentablemente lento para responder a la crisis agrícola causada por el coronavirus.

Decenas de millones de libras de productos cultivados en Estados Unidos se están pudriendo en los campos a medida que los bancos de alimentos de todo el país se apresuran a satisfacer un aumento masivo de la demanda, un desastre en dos frentes que ha privado a los agricultores de miles de millones de dólares en ingresos, mientras que millones de estadounidenses recientemente desempleados luchan por alimentar a sus familias.
Mientras que otras agencias federales adaptaron rápidamente sus programas a la crisis del coronavirus, el Departamento de Agricultura tardó más de un mes en hacer su primer movimiento significativo para comprar frutas y verduras excedentes , a pesar de las repetidas súplicas.

“Es frustrante”, dijo Nikki Fried, comisionada de agricultura en Florida. Fried, quien es demócrata, y gran parte de la delegación del Congreso de Florida le pidió al Secretario de Agricultura Sonny Perdue hace casi un mes que use su amplia autoridad y fondos para lograr que más agricultores de Florida se conecten a los programas federales de compra y distribución de alimentos a medida que el mercado de servicios de alimentos colapsaba. “Desafortunadamente, el USDA no se movió hasta [la semana pasada]”.

Tom Vilsack, quien se desempeñó como secretario de agricultura durante la administración de Obama, lo expresó de esta manera: “No es falta de comida, es que la comida está en un lugar y la demanda está en otro lugar y no han podido conectar los puntos tienes que galvanizar a la gente “.

Han pasado seis semanas desde que el presidente Donald Trump y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades instaron por primera vez a los estadounidenses a evitar los restaurantes como parte de las pautas nacionales de distanciamiento social para frenar la propagación del Covid-19, una medida que inmediatamente cortó la demanda de millones de libras de comida destinada a cocinas profesionales en todo el país.

A solo 50 millas de la casa de Trump en Mar-a-Lago, los productores de Florida, muchos de cuyos productos se destinaron a cadenas de restaurantes, enfrentaron una crisis inmediata: Buscar clientes para las cosechas excedentes o ara los campos para evitar atraer plagas.

Las imágenes de granjeros destruyendo tomates, apilando calabazas, enterrando cebollas y arrojando leche sorprendieron a muchos estadounidenses que siguen temiendo la escasez de suministros. Al mismo tiempo, las personas que recientemente perdieron sus empleos se alinearon por millas fuera de algunos bancos de alimentos, lo que plantea preguntas sobre por qué no ha habido una respuesta coordinada a nivel federal para llevar el excedente de alimentos perecederos a más personas necesitadas, incluso como mercancía. grupos, líderes estatales y legisladores le instaron reiteradamente al Departamento de Agricultura a intervenir.

La demanda en los bancos de alimentos ha aumentado un promedio del 70 por ciento, según Feeding America, que representa a unos 200 bancos de alimentos importantes en todo el país. El grupo estima que el 40 por ciento de los que están siendo atendidos son nuevos en el sistema.

A mediados de abril, el USDA dio a conocer el tan esperado programa de ayuda de u$s 19 mil millones con u$s 3 mil millones destinados a comprar alimentos en exceso, una olla de dinero que cubriría a un importante aumento de las compras de productos frescos, junto con productos lácteos y carnes. Pero las autoridades federales predijeron que pasaría la mayor parte del mes antes de que la comida se empaquete y envíe a los bancos de alimentos y otras organizaciones sin fines de lucro que lo necesiten. En ese momento, será demasiado tarde para muchos productores que vieron una gran caída en la demanda justo en el pico de su temporada.

“Para cuando llegue, no ayudará a Florida”, dijo Brittany Lee, una granjera de arándanos y directora ejecutiva de la Asociación de Productores de Arándanos de Florida. Los precios de los arándanos son aproximadamente la mitad de lo que eran en esta época el año pasado, dijo.

El Departamento de Agricultura dijo que se movió rápidamente para responder a la crisis.

“El USDA se compromete a maximizar nuestros servicios y flexibilidad para garantizar que los niños y otras personas que necesitan alimentos puedan obtenerlos durante esta epidemia de coronavirus”, dijo el secretario Sonny Perdue en un comunicado a POLITICO. “Este es un momento desafiante para muchos estadounidenses, pero es tranquilizador ver al presidente Trump y a nuestros compatriotas estadounidenses enfrentar los desafíos que enfrentamos para asegurarnos de que los niños y las personas que padecen hambre sean alimentadas”.

Los funcionarios del departamento rechazaron las solicitudes para discutir el enfoque del gobierno para capturar el exceso de alimentos perecederos. Un portavoz señaló que el departamento distribuye alrededor de u$s 2 mil millones en productos agrícolas cada año a escuelas, bancos de alimentos, grupos étnicos y otros. Ese número se duplicó a u$s 4 mil millones el año pasado cuando el USDA compró más productos para ayudar a compensar a los agricultores perjudicados por la guerra comercial.

No obstante, la catástrofe del coronavirus ha dejado al descubierto cuán atado en burocracia puede estar el sistema de compra de productos básicos del USDA. El proceso generalmente lleva meses de principio a fin. Y el departamento se ha centrado históricamente en comprar alimentos que pueden almacenarse durante largos períodos, como frutas enlatadas, carnes y quesos, y por lo tanto no está acostumbrado a manejar una oleada de alimentos frescos.

Caída repentina de la demanda

En marzo, aproximadamente una semana después de que en gran parte del país se cerraran restaurantes, eventos y otras empresas de servicios de alimentos, varios grupos de productores le escribieron al USDA con un pedido urgente para comprar productos perecederos porque al menos u$s 1 mil millones estaban “estancados en la cadena de suministros”. . ”

“No hay ninguna razón por la que estos productos nutritivos y de alta calidad cultivados por agricultores se dejen en las instalaciones para que se pudran cuando hay tantas familias estadounidenses que de repente enfrentan inseguridad alimentaria”, escribieron los grupos a Perdue. “Estos productores y compañías ya están donando a los bancos de alimentos y a otros necesitados y lo continuarán haciendo… pero también se enfrentan a sus propias crisis económicas”.

El Departamento no realizó nuevas compras en respuesta a esa solicitud, según los registros del USDA. Perdue aún no ha respondido a la carta.

El cierre de restaurantes, cruceros, hoteles y escuelas puede haber sido crucial para detener la propagación del virus, pero rápidamente se convirtió en un choque de trenes para el sistema alimentario. El sector de servicios de alimentos representa aproximadamente la mitad de los dólares gastados en alimentos y una cuarta parte de los alimentos consumidos en el país. Alrededor del 40 por ciento de los productos frescos del país se destinan al servicio de alimentos, ya que los consumidores prefieren cada vez más comer vegetales si alguien más los está preparando.

La caída precipitada de la demanda dejó a muchos productores sin más remedio que tirar a la basura al exceso de comida o dejarla en los campos porque el costo de recoger, empacar y almacenar los cultivos solo los perjudicaría más. Algunos con más recursos disponibles asumieron el costo de cosechar y donar los alimentos ellos mismos, pero la realidad desgarradora es que los cultivos se están abandonando a una escala sin precedentes.

Un puñado de estados, incluidos Florida y California, establecieron cámaras de compensación online para tratar de hacer coincidir el exceso de alimentos con la necesidad en su área, pero los grandes volúmenes de productos excedentes a menudo no pueden ser absorbidos por los bancos de alimentos locales, lo que hace que la distribución nacional sea importante para disminuir incluso a la basura.

Paul Allen, copropietario de RC Hatton Farms, que habitualmente cultiva cientos de acres de repollo, está triturando los cultivos en el suelo , porque simplemente no hay mercado para ellos. Es desgarrador verlo, pero el repollo que cultiva se usa generalmente para la ensalada de col en cadenas de restaurantes como KFC. Allen estima que dejó unos 8 millones de libras de coles y 4.5 millones de libras de arvejas en los campos.

“Ahora, dice Allen, debe decidir cuántos de sus cultivos son los mejores para dejarlos sin cosechar, sin saber cuándo gran parte de su base de clientes podrá reabrir sus negocios. “¿Sigo asumiendo más pérdidas?” Dijo, señalando que los productores de hortalizas ya han gastado varios miles de dólares por acre antes de la cosecha. “Pero si dejo de cultivar alimentos para nuestro país, ese será un problema aún mayor”.

Los productores le apuntan al USDA

Los líderes de la industria de productos, incluido Allen, también están furiosos porque el USDA planea imponer límites en los pagos para el resto de su ayuda a los agricultores afectados por el coronavirus. El departamento dijo a mediados de abril que los productores agrícolas estarían limitados a u$s 125,000 por producto o u$s 250,000 en total para ayudar a compensarlos por daños, ya que distribuye u$s 16 mil millones en pagos directos.

“Les suplicamos que no le pusieran un techo”, dijo Allen. Los agricultores que cultivan frutas y verduras tienen costos extremadamente altos por acre y a menudo plantan a una escala tan grande que los pagos ni siquiera comenzarán a cubrir sus pérdidas. Por lo general, cuesta menos de u$s 700 por acre cultivar soja. Cuesta más de u$s 4,000 por acre cultivar repollo. “Lo que es justo no siempre está equilibrado”, dijo.

Si bien u$s 250,000 es mucho dinero para la mayoría de los estadounidenses, representa aproximadamente la cosecha de un día para RC Hatton.

Casi un tercio de los legisladores en la Cámara recientemente le pidieron a Perdue que elimine los límites citando “daños sin precedentes”.

La escala de desperdicio de productos es asombrosa. Los agricultores de Florida, que proporcionan gran parte de los productos frescos a la mitad oriental de los EE.UU. durante el invierno y la primavera, dejaron sin cosechar alrededor del 75 por ciento de la cosecha de lechuga, junto con porciones significativas de maíz, col y calabaza del estado. Según el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor de Florida, podrían quedar hasta 250 millones de libras de tomates en los campos. Las autoridades de Florida estiman que los productores de productos agrícolas han recibido un golpe de medio billón de dólares. En California, se proyecta que la industria pierda más de u$s 1 mil millones por mes.

Tony DiMare, quien ha estado en el negocio de productos durante casi 40 años, dijo que nunca ha experimentado una interrupción tan dramática en la demanda. “Llegó a un alto chirriante”, dijo. Fue especialmente devastador para los productores de tomates de Florida, el 80 por ciento de los cuales se venden en el servicio de alimentos.

Toby Basore, un productor con sede en el oeste del condado de Palm Beach, Florida, estima que su compañía se deshizo entre 8 y 10 millones de libras de lechugas en las últimas semanas debido a la falta de demanda.

“Tuvimos la oportunidad de tener una muy buena temporada antes de este hecho”, dijo Basore. “Simplemente no puedes planificar con algo como esto”.

La industria láctea, por su parte, estima que su oferta es actualmente un 10 por ciento mayor que la demanda interna, en parte debido al cierre de miles de escuelas primarias y secundarias, que generalmente son consumidoras importantes de leche. La agitación ha tensado la capacidad de los procesadores de lácteos para convertir la leche en productos más almacenables como queso. La Asociación Internacional de Alimentos Lácteos dice que alrededor del 5 por ciento de la leche del país actualmente se está tirando.

Ahora, se espera que los problemas en Florida migren a otras áreas de cultivos importantes que recién comienzan sus temporadas de cosecha, incluidas California, Georgia y Carolina del Sur.

Un intento para hacer el bien

El nuevo paquete de ayuda del USDA tiene como objetivo amortiguar el golpe. El Departamento dice que gastará alrededor de u$s 100 millones por mes en frutas y verduras frescas, así como u$s 100 millones además para productos lácteos y productos de carne cocida cada mes durante los próximos seis meses. Los productos se clasificarán en cajas de variedades, que recuerdan el plan “Harvest Box” de la administración Trump, que tenía como objetivo transferir una porción de los beneficios de cupones de alimentos a una caja preseleccionada de alimentos estables y enlatados.

Todavía no está claro exactamente qué irá en las cajas. Los funcionarios han enumerado varias posibilidades probables, incluyendo cerdos y pollos precocidos; yogurt, mantequilla y leche; y diversos productos, como manzanas, naranjas, tomates, arándanos y mezclas para ensaladas.

Funcionarios del USDA dijeron que están tratando de distribuir las cajas lo más rápido posible. El proceso normal de adquisición es lo suficientemente complicado como para requerir un diagrama de flujo que describa los pasos que debe seguir una empresa para convertirse en proveedor.

“Estamos intentando movernos a la velocidad del rayo”, dijo la semana pasada David Tuckwiller, director de productos básicos y adquisiciones del Servicio de Comercialización Agrícola del USDA. El Departamento está comprimiendo en gran medida su cronograma típico de adquisiciones con el objetivo de enviar las primeras cajas de alimentos antes del 15 de mayo, dijeron las autoridades.

En ese momento, habrán pasado dos meses desde que explotó la cadena de suministros de servicios de alimentos.

Los grupos industriales elogiaron al nuevo programa como un paso en la dirección correcta y un pago inicial sobre el tipo de ayuda que necesitan, pero la mayoría de las partes interesadas parecen estar de acuerdo en que no es suficiente.

La United Fresh Produce Association estima que sus miembros están perdiendo u$s 1 mil millones por semana.

“Estamos súper frustrados de que no estén siendo lo suficientemente agresivos”, dijo Dennis Nuxoll, un destacado lobbysta de Western Growers. El USDA tiene el dinero y la autoridad para comprar varias veces más de lo que han esbozado, dijo Nuxoll. “Es una buena idea, pero no coincide con la magnitud de la necesidad”.

“Esto es una broma”, dijo DiMare, quien escuchó la reciente sesión informativa del USDA sobre el programa de compra. Aprecia las intenciones del departamento, dijo, pero rápidamente cuenta las deficiencias del programa: no está claro cuántas empresas están configuradas para empacar variedades mixtas de productos en cajas. ¿Qué les sucede a los productores altamente especializados? Si una empresa solo cultiva tomates, ¿tendrá que ir a buscar otras verduras para la caja o todos se venderán a un tercero? Lo más doloroso es que el programa simplemente no estará en funcionamiento a tiempo para ayudar a Florida, donde la temporada se está acabando.

La compañía de DiMare , DiMare Fresh, ha donado más de un millón de libras de tomates a los bancos de alimentos en su área, pero tuvo que dejar unos 10 millones de libras en el campo, dijo.

Mientras tanto, dijo que continúa recibiendo llamadas de bancos de alimentos en otras partes del país que necesitan productos, pero que no tienen el dinero para cubrir los costos de la cosecha, el embalaje y el envío hacía donde lo necesitan.

Algunos productores se han vuelto creativos. Cuando el granjero de Idaho, Ryan Cranney, se encontró de repente con millones de papas que no podía vender, decidió apilarlas afuera e invitar al público a venir a tomar lo que quisieran gratis.

“Al principio pensé que tendríamos unas 20 personas”, dijo Cranney en una entrevista . Miles de personas ahora han conducido a Cranney Farms en Oakley, una ciudad de 700 personas, para aceptar la oferta. “Alrededor de 60,000 personas podrían tener una bolsa de 10 libras cada una … vimos personas de lugares tan lejanos como Las Vegas, que está a ocho horas en automóvil desde aquí”.

“Si nosotros, como país, comprendemos mejor a nuestra cadena alimentaria y de dónde proviene nuestra comida y qué significa eso para los agricultores y el sistema de distribución, tal vez podamos cambiar las cosas donde no seamos tan vulnerables en el futuro ,” declaró.

Descolonizar el imaginario para sobrevivir al coronavirus (y después)

Outras Palavras

“Las soluciones” presentadas por las elites políticas exponen
la urgencia de que la sociedad encuentre alternativas de hecho para descoronizar y
descolonizar al planeta

El ministro da Economía le ofrece ayuda a los bancos, que no se cansan de batir récords de ganancias en medio al desempleo también récord. El gobernador de São Paulo, supuestamente un punto fuera de la curva en medio a la fanfarronada del Planalto Central [La Casa de Gobierno], sólo sabe dialogar con hipermercados y fabricantes de comida basura como medios de evitar el desabastecimiento — quien nació para farinata nunca le hará un saludo a la mandioca y al maíz, algo más sobre la farinata la propuesta de una Ración humana para los colegios de la municipalidad de la ciudad de San Pablo.

Una gran red minorista bombardea la caja de e-mails con promociones de todo lo que supuestamente necesitamos para atravesar la cuarentena: neumáticos, equipos para gimnasia, celulares, heladeras, computadores. Para no colocar a nuestros cuerpos en riesgo en la búsqueda por comida, apostamos por fortalecer a la “servidumbre voluntaria” de las aplicaciones de entrega.

Tomo prestado el título de un libro publicado por la Editorial Elefante para hacer un apelo: tememos una chance de descolonizar al imaginario.


Es importante quw sepas que integro el consejo editorial de Elefante, de manera voluntária, y que participo eventualmente del proceso de edición de los libros, algunos de elos sirven de inspiración para este texto.

Estamos frente a una oportunidade única (¿la última?) de repensar a nuestro modelo civilizatorio. El destino tal vez haya lanzado sobre nosotros a su mayor ironia cuando hizo que el coronavirus de en lleno en los dos pilares del capitalismo del siglo 21: la falta de tiempo y el consumismo.

La profusión de lives musicales (debidamente patrocinadas) en
Instagram es una demostración formidable de la capacidad del sistema hegemônico en adaptarse para recuperar el terreno sobre estos dos pilares. Rapidamente las marcas se apoderaron del gran fenómeno de público de la cuarentena.

Es emblemático que algunas corporaciones causadoras de enfermedades
crónicas que empeoran en mucho al covid-19 se coloquen ahora como nuestras
compañeras en la travesia de un momento psicologicamente tan difícil. Al mismo
tiempo, ofrecen la diversión necesaria para “ocupar” a nuestro tempo: para que no
tengamos que mirar en el espejo y ver a la terrible mediocridad que controla a nuestra era.

Escapar del bombardeo

En los últimos años, toda empresa que existe sobre la face de la Tierra
pasó por una disputa incesante por nuestra atención Naomi Klein descubre el principio de esta trayectoria en No logo: la tirania de las marcas en un planeta vendido, lanzado en el cambio del siglo. Se creó la idea cruel de que ya no teníamos
tiempo a perder.

Si faltaba algún paso para derogar en definitivo el derecho al ocio, Facebook, WhatsApp e Instagram cerraron el circo y el cerco. ¿Cuándo fue la última vez que te quedaste sin hacer nada? No, ão estoy hablando de deslizar el dedo sin rumbo por la pantalla del celular. Estoy hablando de ocio absoluto — sin ninguna pretensión de que sea el ocio productivo de Domenico de Masi.

Si tuviste la chance de mirarte para dentro de si en las últimas semanas, podés haberter dado cuenta de que aquella gaseosa italiana después del almuerzo
no es así tan importante. Ni la discusión sobre el café en la prensa francesa o en la
prensa italiana. Lejos de esto.

Se puede sobrevivir sin la tienda de ropas o de zapatos. La última novedad tecnológica puede esperar. El corte de pelo, las uñas, la barba puede quedar para después. En otras palabras, tenemos como romper con un padrón de consumo — de existencia — que nos vendieron como obligatorio. Y, sí, ya se puede notar que este texto está dirigido a una burbuja, ¿no? La burbuja de las personas que bien o mal tienen como hacer home office, mantener el empleo, alimentarse.

Rediversificarse

Ese es el pavor del capitalismo frente a la cuarentena: ¿y si las personas descubrieran que pueden ser felices de otras maneras? De varias maneras: los últimos tres siglos fueron construídos encima de la idea de que sólo existe una forma correcta de vivir. Las mujeres deben portarse como mujeres, los homosexuales son indeseables, los indígenas deben convertirse a “nuestro modo de vida”, a nuestra verdadera religión: el dinero.

En Minería, la genealogia del desastre, el argentino Horacio Machado Aráoz analiza como esa lógica fue implementada en nuestras tierras latinoamericanas. Cual fue el papel elegido para nuestro rincón en la división global del trabajo, y cual fue el proceso cultural que hizo que se incorporara en el oprimido la lógica del opresor.

Esa es, para mi, la principal contribución del libro: entender como el proceso de violencia se reproduce, se naturaliza. Es incluso difícil elegir un ejemplo en medio a la pandemia. ¿Conductores de Uber que quieren seguir trabajando porque ven el espejismo del dinero? ¿Nanoempresarios de si mismos que colocan en riesgo a la salud de ses semejantes porque se ven como pares de un Luciano Huck [especie de Tinelli brasileño]?

“Retrospectivamente, el exterminio originario de las poblaciones nativas de Nuestra América y el recurso antieconómico y abusivo a la violencia funcionaron como verdaderos actos de fundación, acontecimientos pedagógico-políticos en los que esa aventura de la materia viviente cientificamente nombrada como ‘homo sapiens’ empieza a adentrarse en un aprendizaje cada vez más sistemático de un saber perverso: el arte de la crueldad y de la codicia como prácticas aparentemente infinitas y como sentido de la existencia”, escribe Horacio.

En otras palabras, el tiempo de cuarentena nos dá la chance de adoptar nuevos parâmetros para definir éxito y fracaso. Para refundar a nuestros valores en términos de solidariedad. El otro – nuestro semejante – necesita dejar de ser prejuzgado como el enemigo en potencial.

Realinear a nuestras referencias

Hoy, muchos de nosotros aspiramos a ser como el dueño de Madero [Una hamburguesería famosa] : no ven un problema en la muerte de cinco mil o siete mil personas, siempre que continúen llenando a sus arcas de dinero. ¿La incômodidad de Junior Durski con la cuarentena es la pérdida de algunas monedas? ¿Es el miedo de que las personas descubran que no necesitan de aquel baluarte de la hamburguesa para sobrevivir? O ¿es el pavor de dejar de ser un norte — un mito — de una sociedad que, en lugar del éxito individual, valorice el respeto mútuo y las relaciones justas? Luciano Hang, el “Viejo de la Havan”, ¿teme que las personas salgan del transe y lo vean como el sujeto despreciable y vacío que realmente es?

Em La razón neoliberal: economias barrocas y pragmática popular, La investigadora argentina Verónica Gago señala a las causas del fracaso de los “gobiernos progresistas” en superar al neoliberalismo. Para ella, el gran tema es ver al Consenso de Washington como algo impuesto exclusivamente por fuerzas imperialistas, que sólo puede ser superado por macropolíticas. Así, la felicidad política queda sometida al estatismo.

Ella recuerda que buena parte de la población latinoamericana aprendió a vivir por si: inventó relaciones económicas al margen del Estado y del mercado, y que sólo más tarde, cuando se tornaron lucrativas, es que fueron incorporadas al status quo. O sea, algunos de los valores inherentes del neoliberalismo están incorporados profúndamente en el pueblo, incluso el más pobre. Y, por lo tanto, superar a este modelo de vida demanda soluciones de abajo para arriba, y no de arriba para abajo. En otras palabras, es necesario disputar al imaginario y construir otros caminos.

Banalidades fundamentales

La industria de ultraprocesados está ocupadísima en este momento contabilizando la ganancia de los stocks agotados. Es un buen momento para que mucha gente descubra que cocinar no es una carga, como ella quiso hacernos creer, sino un gesto de cuidado con los otros y de autocuidado.

Para que muchos entiendan que cortar cebollas no demanda habilidades mágicas, que se puede colocar a los porotos en la olla a presión mientras se hace alguna otra cosa en la vida, que preparar mandioca es una banalidad más que fundamental.

Que el jefe tendrá que ceder media hora de su tiempo, y no al contrario, porque, al final, es su salúd la que está en juego. Que parte del machismo diario se resuelve con una división igualitaria de tareas, y no con comida congelada y microondas.

Hasta hace pocos meses nadie dependia de iFood, Rappi, Uber Eats. En
verdad, nadie depende. Menos mal. En la Uberización: la nueva ola de trabajo
precarizado
, el investigador británico Tom Slee ya demostraba como la
“economia colaborativa” residia en la transferencia absoluta de los costos a la
sociedad para maximizar las ganancias al nivel de lo obsceno; de como esas corporaciones desafiaban al Estado y a las reglas de convívencia definidas democraticamente — a pesar del autoritarismo de nuestras democracias.

El rechazo de iFood en pagar un salario mínimo a los entregadores
infectados — si, enfermos! — es sólo a millonésima demostración de la crueldad de un modelo de negocios del que no necesitamos. Sigamos la sugestión de Slee y del
libro Cooperativismo de plataformas: vamos a apropiarnos de lo que interesa, que es la tecnologia, y librarnos del poder de esas corporaciones.

Recuperar a la autonomía

Recuperar a nuestra autonomia en las cosas más simples se tornó una
necesidad. Una virtud. La perspectiva de un aislamiento prolongado nos coloca
frente a la posibilidad de aprender y reaprender. Tenemos la tecnologia como
aliada. Es posible encontrar fóros y vídeos sobre arreglos de eletcrodomésticos, culinaria, mecánica de automóviles, eléctrica, hidráulica, casi todos los servicios manuales que uno se pueda imaginar.

Eso será útil también en el poscoronavirus, sea cuando eso sea, porque estaremos con menos dinero. Y porque necesitaremos inventar relaciones que superen lo meramente monetario. En otras palabras, tendremos la chance de buscar dentro de nuestras comunidades habilidades y saberes que no estén atravesados por el consumo. ¿Esta es una perspectiva absurdamente optimista? Sí.

No buscar soluciones donde no las hay

Es inútil esperar soluciones de la classe política tradicional. Por diversos motivos. Entre tantos, porque son personas en su búrbuja que no tienen dimensión de la
realidad y porque están financiados por las fuerzas que crearon y continúan
creando los mayores problemas de nuestra época. Continuar aguardando pasivamente por salídas ya no es racional: estamos frente a una situación clara de vida o muerte. El capitán [por Bolsonaro] ya eligió nuestro destino. Cabe a nosotros forzar a que suceda algo diferente.

Esperar a que la izquierda institucional presente alternativas tampoco parece viable. En parte, porque hoy, en el escenario brasileño, es una fuerza política minoritaria. Pero principalmente porque es una fuerza política que perdió la capacidad de imaginar otros futuros posibles.

Podríamos elegi ar muchos ejemplos. Uno de ellos: cuando estuvo en el poder, esa izquierda tuvo por lo menos cuatro o cinco años para ver la tragedia humanitaria que estaba formándose a través de las manos de Uber y compañía, y poco o nada hizo. Estos grupos siguen presos a una relación monogámica con un líder político electoralmente inviable, y que en los últimos años perdió la capacidad de ver alternativas.

La utopia como sanidad

Frente a esto, la utopia es un instrumento de resistencia y de sanidad mental cuando estamos insertados en una distopia que no parece encontrar límites — ya vamos para por lo menos hace siete años de cuesta abajo, y cada vez más veloces. Como postula el pensador ecuatoriano Alberto Acosta, en El Buen Vivir y en Alternativas sistémicas (escrito junto con Ulrich Brand), es el momento de caminar rumbo a una sociedad frugal, condición imprescindible para la construcción de una convívencia realmente democrática, con capacidad para definir colectivamente los límites de la relación entre si y con la Naturaleza.

“El punto neurálgico está en la aceptación de que la Naturaleza posee límites que no pueden ser superados por la economia. El cambio climático, resultado del consumo energético, es una evidencia incontestable. El pensamiento funcional se limita a hacer de los ‘bienes’ y ‘servicios ambientales’ simples elementos de transacción comercial por medio de la concesión de derechos de propiedad sobre las funciones de los ecosistemas. Una situación que se produce debido a la generalización de un comportamiento egoísta y de corto plazo.”

La próxima vez que decida golper las cacerolas, Mirá hacia arriba. Mucho
antes que Waze, las estrellas fueron nuestra guia segura para llegar hasta aqui. Es
el momento de recuperar ese horizonte.