Crónicas de un Naufragio Anunciado – por Henri Acselrad

Texto sobre las películas de temas sobre Economia del Panorama Internacional Contemporaneo

por Henri Acselrad*

Muestra Ecofalante

“Los niñas que mueren ahogadas en el mar Mediterraneo son hijas de los productores rurales arruinados por la competencia de los productos agrícolas europeos subsidiados”.

El diagnóstico de Bokah, animador de una cooperativa lechera de Senegal, no señala, por cierto, a la única causa de la crisis migratoria que afecta al norte de África desde el início de los años 2000. Sabemos que ella está movida también por los conflictos poscoloniales alimentados por los intereses de las grandes potencias en las tierras y en las riquezas minerales de aquel continente. Pero esta explicación se muestra muy pertinente, si consideramos a las imágenes y los testimonios del conjunto de documentales de la sesión Economia de Ecofalante.

La Indusria de la Leche muestra como las grandes corporaciones lecheras se aproprian de las ganancias de la productividad de la pecuaria familiar europea, maximizando sus propias ganancias en la comercialización de los excedentes. Recurriendo al almacenamiento en masa de leche en polvo, por ejemplo, al mismo tiempo que estresa al trabajo de los agricultores europeos, estimulan, en los países periféricos, el consumo de lacteos industrializados, eliminando cualquier posibilidad de competencia por parte de la producción campesina de África, Asia y América Latina. El hecho de que la agricultura europea sea fuertemente subsidiada para alcanzar ganancias de escala y productividad crecientes no resulta en ganancias para los productores familiares europeos, pero, si, en mayores lucros para las grandes corporaciones. En nombre del “imperativo de combatir al hambre y asegurar derechos humanos a la alimentación en el mundo”, ejecutivos de las grandes corporaciones agroquímicas presionan por desregulaciones que permitan reducir sus costos y elevar sus márgenes de ganancias, al mismo tiempo en que desestructuran a los patrones alimentarios tradicionales basados en la leche in natura en los países importadores. En una escena antológica, una promotora de productos lácteos pretende explicar los beneficios de las corporaciones agroalimentarias por el hecho “de que la leche in natura contiene ingredientes que pueden ser útiles para el crecimiento de los cuernos en becerros, pero no para los seres humanos, mientras otros ingredientes nutritivos faltan y son agregados por la indusria”.

“La Indusria de la Leche”, de Andreas Pichler

Das System Milch (2017) en IMDB


En crítica a esa estrategia discursiva empresarial, Los Desposeídos muestra como la llamada “ineficiencia” de la agricultura campesina no es más que el resultado de la aplicación – etnocéntrica, dirían algunos – de un cálculo simplpe que compara insumos e productos en términos exclusivamente monetarios, no considerando la producción social de la fertilidad del suelo, de la biodiversidad, del agua limpia y de los demás recursos ambientales que necessita la producción de alimentos, como siempre enseñaron los saberes tradicionales del mundo rural. “La agrologia fue olvidada”, declara Paul Ecoffay, campesino suízo: “el suelo está compuesto por 50 millones de bacterias y 50 millones de hongos”. Al no considerarse su complejidad, décadas después de la llegada de la agricultura químico-mecanizada traida desde los EE.UU. para  Europa, “vemos los síntomas del daño”. Según Jadeep Hardika, perioista indio, “los subsidios de los EE.UU. al algodón lanzan hacía la desesperación a los productores de África y Asia. Dicen que los campesinos son ineficientes, pero son las grandes corporaciones que reciben tierras y excepciones fiscales del Estado.” “El fundamentalismo de mercado”, completa él, “es lo más peligroso de todos, pués es el medio por el que serán reclutadas personas para los demás fundamentalismos. Las millones de familias de productores rurales que son desestructuradas alimentan a las ondas de otros fundamentalismos.” Y, también, los flujos migratorios.

Les dépossédés-The Dispossessed Está online pero sólo para elegidos!


Eldorado, que documenta el rescate de refugiados en el Mediterraneo, se construye por el contrapunto entre el sufrimiento colectivo de los inmigrantes clandestinos provenientes de las antiguas colonias europeas en África y el sentimiento individual de pérdida que marcó la vida del director suízo Markus  Imhoff. La proximidad con la experiencia dramática de estos “condenados de la tierra” activó la memoria del director al respecto de la muerte de su compañera de infancia, Giovanna, una refugiada italiana amparada por su familia en la inmediata posguerra. ¿Podría el padecimiento de Giovanna haber sido evitado si ella hubiese podido permanecer en Suíza en lugar de ser enviada de vuelta a Italia? Los lazos afectivos que lo conectaban a la niña no le parecen, a Imhoff, en nada se manifestar hoy en el modo como los refugiados son amparados en la Europa del liberalismo económico. Es simple para un europeo ir de Europa hacía África, piensa el director, pero no hay un camino legal de los inmigrantes de África hacía Europa. Las imágenes que su cámera registra dejan claro que, para  que los refugiados lleguen a Europa, “tienen que pagar caro y arriesgar la vida”. Y, cuando sobreviven a las travesías inciertas y peligrosas, tienen que enfrentar a las políticas restrcitivas, los campamentos insalubres y las dificultades de legalizar sus situaciones de vida y trabajo. Al buscar un lugar mejor, intentando desplazarse en el interior del continente, son parados por guardafronteras que les muestran pedagogicamente los marcos de la frontera entre Estados que no los quieren amparar: los refugiados se perciben destinados a un no-lugar, a ningún lugar. Sin documentos, les resta el trabajo ilegal en la agricultura, bajo el control de mafias, y la prostitución. Los tomates plantados en Italia con su trabajo semiesclavo irán hacía el norte de Europa, pero también hacía África, donde seguramente competirán con la producción local. A veces, podrán incluso ser comprados por consumidores africanos con el propio dinero que los inmigrantes le envían a sus familias.

Pero, incluso cuando algunos aceptan recibir dinero para volver a sus países de origen, el cerco parece cerrarse. En el mismo momento en que el campesino Ba Yero era reencaminado a Senegal con ça intención de usarlo en la compra de dos vacas o dinero que le fue entregado por el gobierno suízo a cambio de su retorno a su país de origen, un nuevo acuerdo comercial estaba siendo firmado entre Europa y África Occidental. Los impuestos de importación sobre la leche europea fueron entonces eliminados para facilitar la salida del excedente lechero de Europa y la leche importada quedó más barata que aquel que seria obtenido de las vacas del campesino retornado. Es así que las conexiones locales de las políticas globales a favor de las grandes corporaciones que amenazan dramaticamente a la supervivencia del campesinado de las economias periféricas.
ElDorado en IMDB


Como explica Golpe Corporativo, para el caso de los EE.UU., las transformaciones en la esfera política que siguieron a la implantación de las reformas neoliberales configuraran aquello que el escritor canadiense John Ralston Saul llamó de un “golpe de Estado en cámara lenta”, haciendo que las elites no democráticas empiecen a ocupar a la máquina pública. Como sustentó este autor, en 1995, en su libro The Unconscious Civilization, a lo largo de pocas décadas creció el poder de las grandes corporaciones, llevando a que la sociedad fuese siendo cada vez más gobernada según las prioridades del mundo empresarial. Siguiendo la línea del escritor George Orwell, Ralston sustenta que el lenguaje es el campo de acción del creciente poder de las corporaciones, dado el empleo de una sintaxis y de expresiones que ocultan y alejan a las personas de una percepción más aguda de la realidade. La retórica y la propaganda “normalizan la no verdad”, pudiendo hacer coexistir al poder de las corporaciones con regímenes no democráticos. Las coaliciones de poder se esfuerzan en convencer a las personas de que el sistema democrático seria un simple subproducto del libre mercado. Mientras tanto, los parques industriales son destruídos, tornandose “zonas de sacrifício”, atravesadas por enormes autopistas desde la altura de los que las áreas y las personas abandonadas no son más visibles. El proyecto democrático, en la perspectiva de los más desposeídos, benefició hasta aqui sólo a las elites, aun que la globalización haya sido presentada como buena también para los trabajadores. Las firmas transnacionales se transformaron, así, las verdaderas naciones de hoy. Hablando de cine, una tal substitución de la nación por la corporación nos hace recordar a la escena de la película Forrest Gump, de enorme difusión, en que el personaje central, portador de “deficiencia”, cargaba, en marcha acelerada, las marcas-símbolo de las grandes corporaciones norteamericanas en una competencia metafórica por la superioridad de aquellas empresas y en testimonio de un “patriotismo empresarial” implicitamente enaltecido por los propios promotores de la película.

Um momento marcante de este “cambio empresarial” fue, en los EE.UU., la formulación del Memorandum Powell, en 1971. Según ese antiguo abogado de la indusria del tabaco, conocido por enfrentar las crecientes evidencias científicas sobre los males a la salud causados por el cigarrillo, no se deberia haber “la menor vasilación en presionar vigorosamente a las arenas políticas para apoyar al sistema empresarial”. El estímulo a la difusión de una filantropia conservadora llevó, así, a la creación de think tanks de derecha que buscaron alcanzar creciente influencia en el discurso político, en los medios y en las universidades.

Un mundo político transformado en “burlesco” se instala con Trump: corte de impostues requerido por las firmas, aumento del presupuesto militar, vaciamiento de las agencias ambientales, judicial crecientemente amistoso en relación a las corporaciones. O sea, un sistema en que los ciudadanos no son más la fuente de legitimidad, sino, si, los intereses de grandes grupos económicos privados que configuran una democracia representativa de las corporaciones.

Síntoma de la crisis democrática es el hecho de que un gobernante autoritario como Trump puede recibir el apoyo de las propias víctimas de la globalización, que se sintieron traicionadas por las promesas incumplidas del sueño americano. Al lado de la euforia de las elites, yacen las áreas abandonadas, con sin techo, bienes públicos degradados y devastación ambiental, en un encuentro entre cosas fuera del lugar y hombres fuera del lugar. Menos fábricas y más cárceles. En nombre de la primacía del mercado, se redujeron los impuestos, mientras los acuerdos de libre comercio favorecieron la salída de indusrias hacía países con menores salarios. las Corporaciones se beneficiaron con el libre comercio, pero el pueblo se quedó sin trabajo, aumentando la distancia entre ricos y pobres. Mientras parte del electorado de bajos ingresos de áreas economicamente deprimidas transfirió su apoyo a la derecha, en nombre de la creación de empleos, los gobernantes disminuyeron los derechos y la protección de los bienes públicos. Tanto Trump como sus seguidores en otros países repiten la misma amenaza: “la protección del medio ambiente destruye empleos”. Los agentes fuertes en el mercado consiguieron, así, un poder suplementario para dividir a los desposeídos: las amenazas de cierres de fábricas se se transformaron en una táctica eficaz en las estrategias empresariales para dividir a los trabajadores.
The Corporate Coup D’État en IMDB


Pero la fuerza de las empresas es también empleada para ganar mercados, teniendo por base estrategias de modernización ecológica. Según La Mentira Verde, hay una tendencia a que un maquillaje verde del capitalismo venga a engañar a los consumidores. No basta, según su director, actuar a través de las elecciones individuales de consumo para cambiar el patrón ambiental del capitalismo. Es que algunos productos llamadoos ambientalmente benignos, como el aceite de palma, aunque presentados con un ropaje ambientalizado, son producidos a través de la deforestación y de quemadas en países distantes de los centros consumidores. Adempas de asumir un distanciamiento crítico en relación a la grande producción de mercaderias “enverdecidas”, el documental cuestiona, junto con el profesor Patel, de la Universidad de Texas, a las razones por las que se deberia pensar que la solución vendrá por nuestras elecciones individuales: “¿por qué tenemos que elegir entre un café producido con trabajo esclavo y un café correcto?”. Es por la organización de la sociedad y por el cambio de las leyes, responden ellos, que serán alcanzados cambios, que surgirán a través de conflictos y de la eliminación de privilegios. Eso no excluye, podríamos agregar, que aquellos que decidan politizar sus actos de consumo – notadamente a través de una dinámica colectiva – también vayan a dar su contribución, induciendo a cambios.
The Green Lie (Dirigida por Werner Boote)

Trailer


Todavía en el campo de la acción por el consumo, Superalimentos busca investigar cómo funciona la cadena productiva de los superalimentos – aquellos que los medios difunden como buenos para la nutrición humana, como la quinoa y el teff, alimentos típicos de la tradición rural de Bolivia y de Etiópia, respectivamente. ¿Cuál es el impacto que la difusión de su consumo genera sobre los productores familiares que los cultivan hace siglos? El documental muestra que cuando se forma un mercado consumidor para estos productos, las grandes corporaciones empiezan a producirlos, haciendo con que sus precios de mercado caigan. Eso implica en eliminar del mercado la producción en pequeña escala de origen tradicional: la vida de los campesinos “se transforma totalmente” – dicen sus representantes – en razón de los precios internacionales, que no son más capaces de cubrir los costos de producción. Cuando no son inviabilizados por precios que no los remuneran, los productores se verán amenazados por presiones sobre la tierra de los grandes proprietarios, como en el caso del coco en Tailandia, o de la sobrepesca comercial, en el caso del salmón canadiense.
The Superfood chain en IMDB


Para ir más allá de la mera acción por el consumo, los directores de Utopia Revisitada sustentan la necesidad de romper el anonimato en la relación producción-consumo y encontrar formas de organización del consumo que le den seguridad a los pequeños agricultores, liberándolos de las incertidumbres de los precios internacionales. Esta estrategia orientó la experiencia de cooperativas de Corea del Sur, en que productores y consumidores, en asambleas conjuntas, deciden sobre la producción y la distribución, de forma que se substituya la ganancia monetaria por una ganancia de calidad compartida por todos. El cambio en el modelo de desarrollo, para los activistas del comercio justo, significa no sólo economizar recursos naturales, sino promover justicia global, constryéndose nuevas relaciones sociales y enfrentando a los desafíos de combatir al consumismo y a la obsolescencia programada. La experiencia de autogestión de una fábrica ocupada por sus trabajadores en Francia es un ejemplo de la posibilidad de cambia, al mismo tiempo, la relación entre los trabajadores y la relación de ellos con el producto y con las comunidades cercanas. Emblema de esta lógica social es la nueva imagen de la marca de la empresa, expresada por el número de días que los trabajadores necesitaron luchar para mantener a la fábrica abierta.
Utopia Revisitada en IMDB


En los distintos documentales, varios testimonios sustentan que la crisis ambiental es una crise estructural del capitalismo, que hace naufragar a los más desposeídos y, al mismo tiempo, corroe a las propias bases ecológicas de su reproducción. Queda en suspenso, sin embargo, el modo como se dará la transición hacía otro modelo de sociedad. Algunos se preguntan sobre cómo cambiar comportamientos y encontrar formas de acción a partir de su condición de ciudadanos y de consumidores. Otros consideran que se trata de una cuestión de organización y de acción colectivas sobre el plan de las políticas que modelan a las leyes y al orden económico global. El mayor desafío que se coloca para todos es el de dar efectividad a la acción política, cuando la propia forma democrática se encuentra en crisis, bajo el ataque de coaliciones de intereses que se apoyan en el poder del dinero y en mecanismos de degradación de la palabra, a través de los que, en los términos de Ralston Saul, algunos buscan “normalizar mentiras”.


*HENRI ACSELRAD es doctor en economia por la Université Paris 1 (Panthéon-Sorbonne), actualmente es Profesor Titular del Instituto de Investigación y Planeamiento Urbano y Regional de la UFRJ. También es investigador del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y organizador de diversos libros, entre ellos Meio Ambiente e Democracia, Conflitos ambientais no Brasil y Políticas territoriais, empresas e comunidades – o neoextrativismo e a gestão empresarial do “social”.

Las aerolíneas y los gigantes del petróleo están en la cornisa. Ningún gobierno debería ofrecerles un salvavidas

The Guardian

Con el pretexto de “salvar la economía y los empleos”, los gobiernos auxilian a las grandes corporaciones y bancos que quebraron, por especular demasiado. Mucho mejor seria abandonarlos — rescatando al planeta y las chances de transformar a la sociedad

por George Monbiot

Por favor, no resucitar. Esa etiqueta deberia ser adherida a las compañías
de petróleo, de líneas aéreas e industrias de automóviles. Los
gobiernos deberían dar el soporte financiero a sus trabajadores,
mientras reformulan al sistema económico para ofrecer nuevos empleos
en sectores diferentes. Gobiernos deveriam apoiar, exclusivamente,
aqueles sectores que colaborarán para garantizar la supervivencia de la
humanidad y de todo lo restante del planeta que tiene vida. Deberían,
inclusive, comprar a las industrias contaminantes y transformarlas con
tecnologia limpia, o hacer aquello que tanto les gusta pregonar pero que,
en verdad, no quieren: dejar que el mercado decida. En otras
palabras, dejar que esas companías quiebren.

Esta es nuestra segunda chance para cambiar las cosas. Tal vez sea la última.
La primera, en 2008, fue terriblemente desperdiciada. Enormes
cantidades de dinero público fueron gastados reestructurando a la vieja y
sucia economia, garantizando al mosmo tiempo que la riqueza permaneciera
en las manos de los ricos. Hoy, muchos gobiernos parecen determinados a
repetir el mismo error catastrófico.

El “libre mercado” siempre fue un producto de las políticas de gobierno.
Cuando las leyes antitrust son débiles, unos pocos gigantes
sobreviven, mientras todos caen. Si las industrias sucias fuesen
rigurosamente reglamentadas, las limpias florecerían.En caso contrario,
los parásitos ganan. Pero la dependencia de las empresas en relación a las
políticas públicas raramente han sido mayor en las naciones
capitalistas. Muchas de las grandes industrias dependen hoy del Estado
para sobrevivir. Los gobiernos están salvando a la industria del petróleo
— salvando a cientos de millones de barriles de un producto invendible,
para ser más preciso — exactamente como hicieron con los bancos en
2008. Luego de la crisis, no usaron su poder para erradicar a las prácticas
socialmente destructivas del sector y reconstruirlas a favor de las
necesidades humanas. Hoy, vuelven a cometer el mismo error.

El Bank of England resolvió comprar la deuda de companías
petroleras
como BP, Shell y Total. El gobierno le concedió un empréstimo
de 600 millones de libras a easyJet
, a pesar de la empresa haber desperdiciado 171 millones de libras en dividendos pocas semanas atrás: la ganancia es privatizada; los riesgos, socializados. En los EE.UU., el primer rescate involucra a
25 mil millones de dólares para las companías aéreas
.
El gobierno está chupando y transfiriendo todo lo que pueda de petróleo
para las reservas petroleras estratégicas, ignorando a las leyes de contaminación,
mientras congela a las energias renovables. Varios países europeos
buscan salvar a sus companías aéreas y a sus fabricantes de automóviles.

No crea cuando le digan que hacen eso por nosotros. Una investigación
hecha recientemente
por Ipsos, a lo largo de 14 países, sugiere que, en promedio, 65% de las personas desearían una recuperación ecológica. En todo el mundo, los electores necesitan luchar para persuadir a los gobiernos a actuar a favor de los
intereses del pueblo, y no de las empresas, ni de los millonarios que los
financian y presionan. El eterno desafio democrático es romper los
lazos con los políticos y los sectores económicos que ellos deberían
regular o, en su caso, cerrar.

Incluso cuando los legisladores intentan representar esas preocupaciones, sus
esfuerzos suelen ser frágiles e ingenuos. La más reciente carta
de un grupo de parlamentarios al gobierno, pidiéndolo que las companías
aéreas sólo cobren un auxílio con la condición de “hacer más
para enfrentar a la crisis climática” podria haber sido escrita en
1990. Los viajes aéreos son inherentemente contaminantes. No existen
medidas realistas que, aún a medio plazo, puedan hacer una gran
diferencia. Ahora sabemos que la condición exigida por los
parlamentarios es inútil — todos los sectores económicos necesitarían
maximizar los cortes en los gases de efecto invernadero. Pasarle esa
responsabilidad de un sector a otro no resuelve nada. El único
cambio significativo seria hacer menos vuelos. Pero cualquier cosa que
impida la contracción de la industria de la aviación, impedirá la reducción
de sus impactos.

La pandemia nos dá una señal de cuánto todavía necesitamos hacer para salir
de nuestra desastrosa trayectória. Los grandes cambios que hicimos en
nuestras vidas, probablemente, sólo reducirán las emisiones globales de
dióxido de carbono en 5,5% este año.
Un informe de la ONU muestra que, para tener una chance razonable de evitar 1,5°C o más del calentamiento global, necesitamos reducir las emisiones en 7,6% por año en la próxima década. En otras palabras, el bloqueo expone los límites de la acción
individual. Viajar menos ayuda, pero no lo suficiente. Para hacer los cortes necesarios, necesitamos de camubios estructurales. Esto significa una política industrial completamente nueva, creada y guiada por el gobierno.

Gobiernos como el del Reino Unido deberían abandonar sus planes
de construcción de nuevas autopistas
.
En vez de ampliar a los aeropuertos, necesitan presentar planes para
reducir la cantidad de aterrizajes. Deben comprometerse con políticas
explícitas para reducir al máximo el uso de combustibles fósiles.

Durante la pandemia, muchos de nosotros empezamos a descubrir cuantas de nuestros viajes son innecesarios. Los gobiernos podrían aprovechar esta
chance para crear planes de reducción da necesidades de desplazamientos
— e invertir en el incentivo a caminatas, ciclismo y, cuando
fuera necesario, transporte público. Esto significa veredas más
anchas, melhores ciclovias, ´ónnibus que brinden servicios y no
ganancias. Deberían invertir masivamente en energia limpia y, todavía más,
en la reducción de la demanda de energia, por medio, por ejemplo, de un
mejor aislamiento arquitectónico, mejor calefacción e iluminación.
La pandemia expuso la necesidad de un mejor planeamiento de la vecindad,
con menos espacio público para los autos y más para las personas.
También, muestra cuanto necesitamos del tipo de seguridad que una
economia desregulada y poco tasada jamás podrá ofrecer.

En otras palabras, necesitamos tener lo que muchos ya pedían mucho antes del
desastre: un nuevo acuerdo verde. Pero paremos de describirlo como un
paquete de estímulos. Estimulamos demasiado al consumo a lo largo del siglo
pasado, motivo por el que enfrentamos un desastre ambiental. Vamos a
llamarlo de paquete de supervivencia, cuyo objetivo es proporcionar
ingresos, distribuir riqueza y evitar catástrofes, sin estimular al
crecimiento económico perpetuo. Que ayude a las personas, no a las
corporaciones. Que rescate al mundo vivo, no a sus destructores. No
desperdiciemos nuestra segunda chance.

Una perspectiva decrecimentista sobre la crisis del coronavirus

Degrowth.info

19. marzo 2020
Por el equipo editorial de degrowth.info.

El decrecimiento defiende una desaceleración general y grandes reducciones de emisiones, no por la pandemia y la angustia social.

El coronavirus (covid-19) ha causado conmoción en todo el mundo, muertes de los más vulnerables, fronteras cerradas, quiebras del mercado financiero, toques de queda y controles sobre las reuniones grupales, y muchos efectos devastadores más.

A pesar de observar que la contaminación y las emisiones se han reducido, la reducción repentina, no planificada y caótica de la actividad social y económica debido al covid-19 no es categóricamente decrecimiento. Es un ejemplo, en cambio, de porque se necesita el decrecimiento; Muestra la insostenibilidad y la fragilidad de nuestra forma de vida actual. Además, la respuesta al covid-19 ha demostrado que el decrecimiento es posible, porque la sociedad (y el estado) han demostrado una capacidad para cambiar drásticamente el modus operandi en respuesta a una importante crisis.

Este artículo considerará estos tres puntos con más detalle: la crisis por el covid-19 no es decrecimiento, como el covid-19 nos muestra que se necesita el decrecimiento, y por qué el covid-19 demuestra el potencial para una transformación social hacia un futuro de decrecimiento.

Esta crisis no es decrecimiento

El hecho de que el covid-19, es como un desencadenar una recesión económica, que haya provocado una reducción de la producción, del transporte y de las emisiones, entre otras cosas, no significa que represente un decrecimiento. En primer lugar, una transformación decrecimentista debe ser intencional y democrática.

En segundo lugar, el decrecimiento requiere un compromiso a largo plazo con la reducción de la producción y el consumo, así como con la reorganización de la sociedad de una manera diferente y más justa.

En tercer lugar, el covid-19 hasta ahora ha afectado desproporcionadamente a los más vulnerables de la sociedad; no solo a los muy viejos y jóvenes, sino también los trabajadores que no tienen la opción de un trabajo remoto remunerado y, por lo tanto, deben enfrentarse a negociar entre una infección riesgosa en el trabajo o quedarse en casa esperando a que lleguen las facturas y no poder pagarlas . En los EE.UU., las costosas facturas de atención médica y la falta general de cobertura probablemente harán que el virus se propague aún más, entre las personas sin cobertura médica y de bajos ingresos. A nivel mundial, algunos de los más vulnerables son refugiados atrapados en instalaciones inadecuadas, como un ejemplo de esto, el desastre que espera desarrollarse en la isla griega de Lesbos. Algo nos dice que los ricos no luchan por encontrar desinfectante para las manos y papel higiénico, o que se mueren en los hospitales por falta de tratamiento.

En resumen, una transformación hacía el decrecimiento sería intencional y proactiva, y tendría a la justicia y a la igualdad en su núcleo. Nada de esto es lo que ocurre en la situación actual.

El Covid-19 demuestra que se necesita el decrecimiento

La crisis actual destaca la insostenibilidad de nuestro sistema. Si una gripe puede causar tal trastorno en todo nuestro sistema social y económico, entonces probablemente deberíamos considerar formas diferentes y mejores de organizar a nuestras sociedades. Nuestro sistema político-económico actual es incapaz de responder a la crisis de una manera justa y humana. Por ejemplo, la reciente declaración del G7 sobre la crisis retrata a ‘la economía’ como una prioridad igual, si no mayor, que el bienestar social:

“Trabajaremos para resolver los riesgos sanitarios y económicos causados por la pandemia del COVID-19 y prepararemos el escenario para una gran recuperación de un crecimiento económico fuerte, sostenible y próspero”

Por lo tanto, se necesita un sistema político-económico alternativo. Uno que sea más resistente, justo y que explícitamente priorice al bienestar humano (y no humano) sobre el crecimiento económico. Exploraremos aquí algunas de las causas del covid-19, los mecanismos estructurales que lo han exacerbado, y consideraremos cómo esto sería diferente en una sociedad decrecimentista.

El Covid-19 se originó en un “mercado de animales vivos” , donde más de 100 tipos de animales salvajes y domesticados se manteníann cerca y se matan frente a los clientes. Como muchas pandemias anteriores, el covid-19 ingresó a la población humana a través de la matanza y el consumo de animales. Inicialmente, una sociedad en la que los animales fueran tratados con más cuidado que como productos para ser explotados y consumidos reduciría el riesgo de pandemias como el covid-19. En esta nota, algunos decrecimentistas han defendido a la liberación animal . Se puede argumentar que es el sistema global agroalimentario industrial capitalista en particular que crea el tipo de condiciones que permiten la mayor incidencia de virus y su potencial de propagación.

La aparición (y propagación) de virus como el covid-19 también se ve muy exacerbada por la vida altamente densificada. Las ciudades han crecido en tamaño y número desde la revolución agraria y continúan sin control hasta el presente. Las ciudades más grandes y densas son consecuencia del éxodo del campo en decadencia debido a la falta de oportunidades de empleo, políticas económicas y de transporte que favorecen el centro a la periferia y una cultura que fetichiza el estilo de vida y las oportunidades de la gran ciudad. Mientras tanto, una transformación decrecimentista enfatizaría la importancia de la actividad económica basada en la comunidad, volvería a priorizar el trabajo esencial como el cultivo de alimentos, revalorizaría la proximidad a la naturaleza y demostraría las posibilidades de una vida multicultural, diversa y socialmente rica. fuera de las grandes ciudades.

Las consecuencias económicas después del colapso de las cadenas de suministros mundiales, especialmente el cierre abrupto de fábricas en China, resaltan lo que el Instituto Brookings (un thinktank conservador) describe como “vulnerabilidades ocultas”. Del mismo modo, Harvard Business Review está pidiendo cadenas de suministros más resistentes, y Foreign Policy dice que empresas como Apple han sido ” ignoradas por el lado de los suministros “. Es casi como si los expertos en negocios y los consultores se despertaran repentinamente ante la locura de un sistema económico donde un iPhone requiere partes de docenas de países , ‘la nube’ está sucia y devora a una gran cantidad de energía para satisfacer sus necesidades de transmisión, y donde esas bonitas cajas blancas representan mucho trabajo humano (explotado). El decrecimiento propone reubicar a una cantidad significativa de producción basada en el bio-regionalismo, acortando las cadenas de suministros y aumentando su capacidad de recuperación a través de la transparencia y la descentralización.

Por último, es cierto que los asentamientos humanos han experimentado epidemias fatales durante mucho más tiempo que la existencia del capitalismo tal como lo conocemos hoy. Sin embargo, nuestras sociedades capitalistas globales hipermóviles e interconectadas han exacerbado la propagación del covid-19 a través de viajes frecuentes de larga distancia, cruceros masivos y vuelos de corta distancia (por ejemplo, de Bélgica a Italia para vacaciones para esquíar ). El Covid-19 ha detenido nuestra hipermovilidad. Nos vemos obligados a permanecer enraizados, y tal vez sea un momento para reflexionar sobre por qué nos sentimos constantemente obligados, en la sociedad contemporánea, a estar siempre en movimiento, ya sea de una actividad a la siguiente o de un continente a otro por 5 día de vacaciones.

Si bien las razones para ‘desacelerar’ son diferentes ante el covid-19 (reducir la propagación de la infección) que por el decrecimiento (es decir, reducir las emisiones globales del transporte ), ambas nos llevan a una reflexión similar: tal vez podamos estar contentos gastando mucho más de nuestro tiempo en casa con familiares y amigos, en nuestras comunidades y moviéndonos más despacio y con más atención.

El Covid-19 muestra que es posible el decrecimiento

La planificación, la regulación económica, la limitación de ciertos comportamientos sociales, los altos niveles de cooperación comunitaria y la desaceleración de la vida (por supuesto, no para todos, sino para muchos), han sido respuestas al covid-19 y demuestran la necesidad de un cambio -de una evaluación de nuestra forma de vida. Medidas similares fueron etiquetadas como ‘políticamente imposibles’ y ‘poco realistas’ en el contexto del clima y otras crisis sociales, sin embargo, hoy son realidad en China, en toda Europa y ahora en el resto del mundo.

El Covid-19, como cualquier crisis, destaca el potencial para una acción transformadora (y el cambio) cuando la sociedad decide que la crisis garantiza descartar los límites anteriores de la normalidad. Los signos de esto ya están aquí. Por ejemplo, hay peticiones populares online en Alemania y el Reino Unido que piden que se implemente un ingreso básico universal para proteger a los amenazados por la pérdida de empleo y la pobreza debido al covid-19.

Se espera que el cambio climático cause aproximadamente 250,000 muertes adicionales por año entre 2030 y 2050 ; 38,000 debido a la exposición al calor en personas mayores, 48,000 debido a las diarreas, 60,000 debido a la malaria y 95,000 debido a la desnutrición infantil. Sin embargo, la sociedad no ha sido tan rápida para tomar medidas significativas. Una realidad aborrecible es que, es probable que, parte de la razón de la inacción en las naciones ricas es porque, como el mismo informe muestra “la carga de enfermedad por el cambio climático en el futuro seguirá recayendo principalmente en los niños de los países en desarrollo”.

Es por eso que es importante reconocer que la crisis climática es exactamente eso: una catástrofe en desarrollo que requiere una respuesta sistémica urgente y drástica. El decrecimiento proporciona un camino a seguir.

Del análisis a la acción.

Si bien la desaceleración actual de la actividad económica puede tener algunas analogías con el decrecimiento, esta claramente no es la transformación social por la que estamos luchando. En cambio, la crisis muestra el fracaso del sistema político-económico actual y sus insuficiencias para hacer frente a tales crisis de una manera humana y justa. El decrecimiento ofrece una forma alternativa más flexible, justa y sostenible de organizar a la sociedad.

Lo más alentador de todo es que la crisis actual destaca el potencial para una transformación decrecimentista en todas las escalas de la sociedad. Los estados planificando, regulando y siendo desafiados, las comunidades creando redes de apoyo mutuo y las personas ajustando radicalmente su forma de vida.

Por otro lado, existe claramente un precedente histórico para los gobiernos de derecha, populistas y neoliberales que explotan crisis como la actual para reinsertar su agenda. En 2008-2009, promulgaron políticas de austeridad para la mayoría y rescataron al sector financiero y de seguros (ahora están considerando salvar a las aerolíneas).

En un próximo artículo, consideraremos cómo el movimiento hacía el decrecimiento (y otros movimientos sociales y ecológicos) pueden contrarrestar esta tendencia a que las crisis sea explotada con fines perjudiciales, y consideraremos qué estrategias tienen sentido durante la crisis del covid-19.

Enviamos nuestra solidaridad a todos los que la necesitan en este momento.

El equipo editorial de degrowth.info

‘Volver a lo normal seria como convertirse al negacionismo y aceptar que la Tierra es plana’, dice Ailton Krenak

El líder indígena cree que la epidemia de coronavirus es una reacción del planeta a la destrucción y dice que necesitamos cambiar a la sociedad: ‘Es un anzuelo empujándonos a la conciencia’

Por William Helal Filho, do O Globo

La epidemia de coronavirus que se disemina por el mundo es una respuesta del planeta a la forma como la sociedad está consuemindo a la Tierra. Este es el mensaje dl líder indígena Aílton Krenak, original del pueblo krenak, en el Valle del Rio Doce, en Minas Gerais. Pero, según el ambientalista, todavía se puede cambiar este cuadro. En una entrevista a GLOBO, él dice que “nuestra única chance” es aprovechar la cuarentena global para reflexionar y cambiar a nuestros hábitos como sociedad.

— Ahora, no son sólo cien kilómetros de rio. es todo el mundo el que está parado — dice Krenak, durante una entrevista via FaceTime. — es un silencio mortal, causado por la epidemia, pero este silencio también es vida. Los pájaros están volviendo a lugares de donde habían desaparecido. El agua sucia está transfórmandose en limpia.

A pesar de referirse al homo sapiens en primera persona del plural (“nosotros, humanos”), el ambientalista habla de nuestra especie como si fuese el abogado de la Tierra actuando en un divórcio litigioso motivado por décadas de agresión. Krenak es duro con la Humanidad porque ella viene siendo muy dura con el planeta. En la perspectiva del autor de “Ideas para atrasar el fin del mundo” (Cia. das Letras), así como en la de otros sabios indígenas, la pandemia de coronavirus es, si, un resultado de la forma bruta como la sociedad trata a este organismo que nos dá casa, agua y comida. Pero él mismo cree que no se trata de una ruptura definitiva.

— Nuestra chance es aprender con lo que está pasanndo. Volver a lo normal seria como aceptar que la Tierra es plana.

En su libro, ud. dice que el divorcio entre la Humanidadey el planeta podria llevar al organismo de la Tierra a dejar a los humanos huérfanos. ¿Lo considera una premonición?

No me gusta ser autorreferente, pero basta mirar alrededor y ver que no hay nadie con problemas en la Tierra, a no ser nosotros. El melón continúa creciendo aqui al lado de casa. La vida sigue. Lo que paró fue sólo el mundo artificial de los humanos. No le haceemos falta a la biodiversidad. Al contrario. Desde pequeños aprendemos que hay listas de especies en extinción. Mientras estas listas aumentan, los humanos proliferan, destruyendo selvas, rios y animales. Somos peores que la Covid-19.

¿Cree que esto puede ser un abandono definitivo o todavía podemos revertirlo?

Tal vez sea como la imagen de la madre abundante amamentando a su bebé. Ella se da vuelta, y el bebé llora desesperado, pataleando porque se quedó sin alimento. Enseguida, ella le dá el otro pecho. Pero pienso que nuestra única chance es aprender con lo que está pasando. No podemos creer que estamos viviendo todo esto para después volver a la normalidad. Volver a lo normal seria como convertirse al negacionismo y aceptar que la Tierra es plana. Que debemos seguir devorándono.

¿Qué representa esta parada para la Humanidad?

Pienso en aquel verso de Carlos Drummond de Andrade, “Stop. ¿La vida paró o fue él automóvil?”. Esta es una parada para valer. Quien está atrasando compromisos para septiembre, como si todo fuese a volver a lo normal, ya está viviendo en el pasado. El futuro es aqui y ahora. Nadie escapa. Ni aquellas personas saliendo en sus autos importados para mandar a sus empleados a volver al trabajo, como si fueran esclavos. Si el virus los agarra, ellos pueden morir igual a todos nosotros. Con o sin Land Rover. Estamos todos en la misma. No vamos a volver a aquel ritmo, no será posible prender a todos os autos, a todas las máquinas, al mismo tiempo. Va a ser cuestionado hasta el sentido de prender a todo de nuevo.

¿Qué podemos aprender con esta cuarentena?

Es como un anzuelo empujándonos hacía la conciencia. Un paso para que miremos lo que realmente importa. Como alguien que cambia de vida luego de sufrer un trauma. Espero que las personas perciban que las subjetividades que viven en un ambiente de amplio afecto están más equipadas para sobrevivir a lo que estamos pasando. Quien vive sólo para si mismo va a tener que encarar todo solo, está jodido. Cada mirada para mi hijo de 9 años es único. Cuando lo miro de nuevo, él ya cambió.

Hay autoridades insistiendo en que debemos retomar la rutina en medio a la crisis de la epidemia…

Hay personas que incluso después del trauma continuan de la misma forma. Los gobiernos idiotas creen que la economia no puede parar. Pero la economia es una actividad que los humanos inventaron y que depende de nosotros. Si los humanos están en riesgo, cualquier actividad humana deja de tener importancia. Decir que la economia es más importante es como decir que el navio importa más que la tripulación. Es algo de quien cree que la vida es meritocracia y lucha por poder. No podemos pagar el precio que estamos pagando y seguir insistiendo en los errores.

Por otro lado, hay una gran movilización social para llevar ayuda a la población vulnerable durante la epidemia…

Veo a muchas redes de solidariedad, y esto tiene que ser hecho. Pero esas poblaciones siempre fueron vulnerables. ¿Por qué sólo los miramos ahora? ¿Por miedo? Debemos extender el sentido de solidariedad, mirar a los desfavorecidos como una parte de la sociedad tratada como subhumanidad. Espero que las personas que abrieron sus ojos ahora no los cierren después. No podemos volver a la hipocresia de no ver esa vulnerabilidad.

Es duro pensar que sólo vamos a aprender a costa de tantas muertes…

Es terrible lo que está sucediendo. Pero la sociedad necesita entender que no somos la sal de la Tierra. Tenemos que abandonar el antropocentrismo, hay mucha vida además de nosotros. Todas esas muertes pueden enseñarnos. Siempre hacemos referencia a nuestros ancestrales como aquellos que continúan enseñándonos a ser quienes somos. Quien se fue nos enseñó a a estar aqui. Es necesario aprender a honrar, en vida, a aquellos que se fueron.

¿Cómo los pueblos indígenas lidian con el coronavirus?

Muchos viven aislados en la selva, pero nada más que eso los protege. No existe nadie especial en esta crissi. Aqui en la aldea krenak estamos separados. No estamos visitándonos. Mis primos ianomâmis (en el Norte de Brasil) me lo preguntaron, y les dije que se quedaran en aislamiento, incluso en sus territorios. Quien estaba fuera de la reserva necesita quedarse en cuarentena antes de volver.

¿Cuál es el mayor riesgo, si el virus alcanza a una aldea?

Entre otras cosas, a causa de nuestros hábitos. Vivimos en comunidad, compartiendo todo durante nuestra rutina. El contágio puede diseminarse de forma mucho más fácil en una aldea. Nuestras fiestas, nuestros rituales, está todo parado. Estamos aislados en respeto a la vida.

Todes piensan. Todes responden. Todes interpretan. De Žižek a Butler, de Agamben a Esposito, de Byung Chul-Han a Latour

Hilo y nota de Emmanuel Biset sobre las reflexiones de los filósofos sobre lo que estamos viviendo



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De Butler a Chul-Han, el mundo que nos espera la nota en pdf del diario La Voz


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