Sobre la “neutralidad” de la tecnología

Me dejó muy impresionado (para mal) que Sofía Scasserra que no sólo es economista sino que asesora en temas económicos y de comercio internacional en la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS) y UNI Américas, afirmara en varias oportunidades que la tecnología es neutral.(Si quiere escuchar el podcast donde Scasserra afirma eso, varias veces, comparando a la tecnología con un cuchillo que se puede usar para cocinar o para matar a alguien)
¿Cómo asesora alguien que piensa eso en un sindicato?
En este humilde blog varios cuestionamientos a eso de que la tecnología es neutral.


Para analizar una tecnología:

Temas Generales
  • ¿Hace daño a la Comunalidad?
  • ¿Quién se beneficia, quién pierde?
  • ¿A qué intereses sirve?
  • ¿Quién está al mando: ud. o la máquina?
  • ¿‘Tecnologías’ para los problemas sociales?
  • ¿Qué clase de mundo está implicito en la nueva tecnología?
  • ¿Qué alternativas se descartan?
Temas Laborales
  • ¿Generan desempleo?
  • ¿Control y vigilancia para los trabajadores (por ejemplo. teléfonos ceulares)?
  • Salud y Seguridad de los trabajadores
Impactos Socioeconómicos
  • ¿Es una necesidad genuina?
  • ¿Sustitución de materias primas y productos desarrollados localmente?
  • ¿Crean deuda?
  • Obsolescencia Programada.
  • ¿Concentran el poder del mercado?
  • Descalificación, ¿crean dependencia?
Cuestiones Sociales
  • Efecto general sobre la igualdad de las minorías, las mujeres, los discapacitados y los jóvenes, etc
  • El alto precio de la tecnología excluye el acceso de los pobres (por ejemplo, “la brecha digital”, el desarrollo de productos farmacéuticos sólo para países industrializados) o crean deuda (la Revolución Verde).
  • ¿Concentran el poder o lo democratizan?
  • ¿Facilitan la libertad o el control social?
  • ¿Dependen de estructuras de poder jerárquicas y autoritarias para apoyarlo (por ejemplo, energía nuclear)?
  • ¿Atomizan a la sociedad o alientan a la comunidad?
  • Efecto en las comunidades agrícolas y rurales.
  • ¿Estimulan la uniformidad o la diversidad?
  • ¿Aceleran o ralentizan el ritmo de la vida?
Temas Ambientales
  • Consumo de Energía /emisiones de carbono de esos recursos
  • Contaminación en la extracción de las materias primas y en la eliminación de los residuos.
  • Destrucción de la biodiversidad.
Temas éticos
  • ¿Manipulación aceptable de la naturaleza? ¿Jugando a dios?
  • ¿Transformando a los cuerpos humanos y a los niños como mercaderías?
  • ¿Tecnología a escala humana?
Temas Sanitarios
  • Efecto de la tecnología sobre los usuarios (por ejemplo, en los juegos de ordenador, lesiones por esfuerzo repetitivo)
  • ¿Inventar nuevas ‘enfermedades’/medicalización de la sociedad?
  • ¿Prevención o cura?

Este cuadro está en esta entrada del blog:

Tecnología del siglo 21 Debates y Política 


“Los robots nos van a sacar el trabajo” Derribamos este mito junto a Sofia Scasserra


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La automatización y la robotización se presentan desde el mercado y los gobiernos como factores que modificarán radicalmente la vida de las personas ¿Cómo se está diseñando el trabajo del futuro?

Podcast Bestiario


Sobre Sofía Scasserra:

Sofia Scasserra es economista, investigadora y docente en el Instituto del Mundo del Trabajo Julio Godio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref). Se desempeña como asesora en temas económicos y de comercio internacional en la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS) y UNI Américas.

Revista Nuso


Interesante podcast pero no puedo dejar de pensar en lo que dice Sofía Scasserra (y varias veces) sobre que la tecnología es neutral, que un cuchillo se puede usar para hacer una comida o para matar a alguien, que lo que falta es que la tecnología sea regulada.

Me hace mucho ruido cuando escucho esto y más de alguien que asesora al mundo sindical.

Pienso en los trabajadores de Amazon o de los Call Centers y en que los robots no están tomando su trabajo….Están siendo sus jefes!


Sobre que la tecnología es neutral :

“La neutralidad de la tecnología es uno de los imaginarios sociales más extendidos. Su ejemplo predilecto es el del cuchillo, que puede usarse para partir alimento o para dañar a otra persona. ¿Es realmente neutral la tecnología?, ¿se puede aplicar este adjetivo a todo tipo de tecnologías?

Para esbozar alguna respuesta a estas preguntas, una premisa previa es comprender que la tecnología materializada en herramientas no es solo una una expresión cultural, sino que condiciona la forma de pensar y de sentir de las personas. Por ejemplo, si una cultura genera objetos para el uso colectivo no solo expresa su articulación comunitaria, sino que la refuerza, ya que implica que sus integrantes tienen que actuar de forma coordinada. Un ejemplo más contemporáneo es cómo internet, los teléfonos móviles y la hibridación entre ambos ha modificado nuestra manera de relacionarnos. Y esto no solo es a nivel personal, sino también institucional y económico.

Se pueden distinguir tres niveles tecnológicos. El primero son las herramientas. En ellas, la energía la ponen los seres humanos. Son en general tecnologías sencillas. El segundo lo componen las máquinas. En este caso, hay una fuente energética exosomática (un combustible fósil, electricidad) que es la que permite que la máquina funcione, pero el control es humano. El grado de complejidad medio de las máquinas es notablemente mayor que el de las herramientas, pero dentro de las máquinas hay distintos niveles de sofisticación. Tenemos desde molinos de viento como los que inmortalizó Cervantes, que son relativamente sencillos, hasta los aerogeneradores de alta tecnología de 7 MW que se están instalando. Finalmente, estarían los autómatas, que vamos a definir como máquinas que controlan otras máquinas. Aquí la complejidad se incrementa más aun.”

Sigue en Revista 15 15 15


Algo más sobre la neutralidad de la tecnología

El trabajo precarizado no es una novedad – forma parte del capitalismo

Jacobin

29/04/2020

Por
Juan Sebastian Carbonell

Los alegatos de que la clase trabajadora no existe más sugieren que ella haya sido substituída por el “precariado” que no cobra un salario regular. Pero esa condición precaria ha sido la experiencia de la mayoria de los trabajadores a lo largo de la historia del capitalismo – y donde conseguieron un empleo estable fue a causa de la organización y lucha de los trabajadores.

Hoy existe un amplio consenso de que el neoliberalismo está transformado al trabajo más precario. De hecho, por más de cuatro décadas, sucesivos gobiernos en los países desarrollados adoptaron varias medidas para flexibilizar al mercado de trabajo. Esas medidas permiten cada vez más que las empresas usen contratos temporarios. Además de eso, hay otras medidas que facilitan el despido de empleados.

En Francia, por ejemplo, la creación de contratos temporarios comienzan en 1972. Iso significava hacer posible la substituición de un miembro del equipo por otro en casos excepcionales. Sin embargo, a lo largo de los años, se tornó un instrumento de flexibilidad en las manos de los empleadores. cuando una empresa ve a sus niveles de actividad cayendo, ella puede optar por no renovar los contratos temporarios. Al hacer eso, puede librarse de algunos de sus empleados sin necesitar entrar en un largo y arriesgado proceso de despidos colectivos.

En su famoso libro O Precariado: La Nueva Clase Peligrosa, Guy Standing concluye que no es más apropiado sólo hablar en una división en la sociedad entre trabajadores y capitalistas. Según Standing, lo que estamos viendo es el surgimiento de un precariado bajo el viejo proletariado.

Todo esto parece sugerir que la Era en que la fuerza de trabajo de la mayoria de las grandes empresas estaba empleada en contratos sin plazos definidos se terminó. En verdad, la apariencia de entregadores que trabajan para Rappi o Foodora, o conductores que trabajan para Uber o Lyft – autónomos, en términos legales, pero dependientes de esas plataformas para su trabajo – ilustra la fragmentación de la fuerza de trabajo asalariada y el aumento de la precariedad.

Muchos estudios han demostrado como los efectos de eso son perjudiciales para la vida de las personas. Ellas no sólo enfrentan dificultades para satisfacer a sus necesidades inmediatas – debido a los muchos períodos sin trabajo – como también luchan para prepararse para el futuro, alquilar un lugar para vivir y buscar educación y formación en el trabajo.

Es claro que su condición precaria debilita a la organización sindical. Los trabajadores temporarios son reticentes a sindicalizarse, pués temen que eso signifique que sus contratos no sean renovados. Gradualmente, la precariedad entra en las filas de los propios sindicatos: en algunas empresas, el núcleo de trabajadores estables es?tá lentamente substituído por temporarios. No es que no haya conflictos involucrando a trabajadores precarios. Pero ellos son relativamente raros.

Para algunos, como Standing, la precariedad también tiene otros efectos malignos – con el aumento del populismo de extrema derecha en Europa y en los Estados Unidos entre sus consecuencias directas. En la falta de cualquier alternativa real, la desestabilización de las clases populares los llevaria a buscar chivos expiatorios entre aquellos todavía más precarios: inmigrantes, desempleados, personas LGBT y así siguiendo.

Sin embargo, esa división – la separación de los trabajadores en una multitud de condiciones diferentes – no significa algo nuevo efectivamente. Ella existe de varias formas a lo largo de la historia del capitalismo. Podríamos hasta decir que eso es muy funcional en la dinámica del capitalismo. Cualquiera que sea el período en que miremos, descubrimos que los trabajadores efectivos, en régimen de trabajo formal, siempre coexistieron con sus colegas temporarios – y que es necesario luchar por un empleo regular.

Lo permanente y lo temporario

La precariedad es, en cierto sentido, inherente a la propia naturaleza de los contratos de trabajo en el capitalismo. En princípio – a nivel jurídico – un trabajador está libre para negociar el precio de su propia fuerza de trabajo, supuestamente en pié de igualdad con su empleador. Según esta concepción liberal, la relación de empleo – independientemente de asumir o no la forma de contrato – es, por lo tanto, una transacción comercial entre sujetos formalmente iguales.

Naturalmente, esta igualdad en la ley no se traduce en igualdad en la vida real. Karl Marx hizo de la crítica de esta ley “burguesa” uno de los temas centrales de su obra El Capital. La ley que sustenta “la libertad para trabajar” – la libertad de los trabajadores de vender a su fuerza de trabajo y la libertad del empleador de emplear a quien él quiera – siempre es a favor del capitalista porque él puede quebrar al contrato comercial que lo vincula a sus trabajadores en cualquier momento.

Para un ejemplo de esta relación precaria, podemos observar que en Francia, por lo menos hasta la década de 1890, todos los contratos de trabajo eran por tiempo limitado. Los patrones, por lo tanto, tenían el derecho de despedir a sus empleados sin que ellos cobraran indemnización. Lo que cambió a partir de este momento fue que los contratos sin plazo para terminar fueron creados por primera vez, así como la indemnización por despidos.

Solamente más tarde, a lo largo del siglo XX, los contratos de trabajo se asociaron a un status de protección social. Por un lado, los empleadores vieron una ventaja económica en mantener constante parte de la fuerza de trabajo. La racionalización del gerenciamiento de la fuerza de trabajo podria ser una manera de reducir los costos de las empresas. Por lo tanto, era útil formar una fuerza de trabajo estabilizada y no tener que contratar a nuevas personas constantemente.

Por otro lado, por medio de luchas poderosas, el movimiento laboral conquistó a numerosas ganancias sociales, incluyendo una relativa estabilidad en el empleo. Pero, claro, eso también llevó un tiempo. En Francia, muchas veces considerada un centro del movimiento laboral y del Estado de bienestar social, las medidas para proteger a los trabajadores de despidos colectivos fueron introducidas sólo en la década de 1960.

En 1966, fue estipulado que los consejos de trabajadores electos por los empleados deberían ser informados y consultados sobre cualquier plan de reestructuración de las empresas y, en 1969, fueron introducidas medidas para limitar los impactos de la reestructuración, tales como la jubilación anticipada e indemnización por despido. Estas medidas buscaaron orientar al empleador a soluciones que no fueran despidos “directos”.

La idea de un empleo estable y de largo plazo es, de hecho, algo relativamente nuevo cuando analizamos la historia del capitalismo como un todo. Esas medidas sólo fueron posibles denido a la fuerza del movimiento laboral y al fuerte crecimiento económico en las décadas de posguerra. Después que eso se terminó, los empleos estables y de largo plazo en el capitalismo parecían un apéndice de los trabajos temporarios. Hoy, los contratos de trabajo están cada vez menos asociados a la protección social contra las fuerzas del mercado. Los gobiernos y empleadores usan el vocabulario de la “movilidad” y de la “libertad” individual del trabajador para justificar reformas para flexibilizar al mercado de trabajo.

Muchas veces, los sindicatos afirman que los años que siguieron a la posguerra – conocidos en Francia como “Los Treinta Gloriosos” – fueron un período en que el trabajo precario era marginal. ¿Pero el empleo era realmente tan estable en esa época? Los economistas Peter B. Doeringer y Michael J. Piore demostraron que las cosas eran más complicadas y que incluso en sociedades con altos niveles de empleo, ciertos sectores de asalariados no son inmunes a la precariedad. En este análisis, el mercado de trabajo está dividido en (por lo menos) dos segmentos, un mercado de trabajo primario y uno secundario. En el primero, los salarios son más altos y los empleos son calificados, con relativa estabilidad. En este último caso, al contrario, los empleos exigen poca o ninguna habilidad, tienen poca estabilidad y están sujetos a una alta tasa de rotatividad.

La barrera entre estos dos mercados es bastante sólida – y el movimiento entre ellos es relativamente difícil. Sin embargo, algunas industrias son más vulnerables a la precariedad que utras. Por ejemplo, la industria automovilística depende de un patrón de trabajo estacional. En tiempos de crisis, centenas de trabajadores temporarios (generalmente jóvenes y provenientes de familias inmigrantes) pueden ser despedidos de la noche para la mañana, sólo retornando a la fábrica algunos meses después, cuando las ventas y la producción de automóviles estuvieran subiendo nuevamente. Y todos, desde jefes a sindicatos y trabajadores, están acostumbrados a eso.

De la misma forma, nuevas industrias en que los sindicatos son débiles o inexistentes, como el sector de logística, también dependen de una fuerza de trabajo “fluctuante”. A veces, las condiciones de trabajo son tan malas y los salarios tan bajos que los empleadores saben que nadie quedará alli más que algunos meses.

Esta dualidad – algunos teóricos hablan de Balcanizãción, una referencia a la región de los Balcanes – del mercado de trabajo significa que la estabilidad y la precariedad del empleo normalmente coexisten en la economia de mercado. No hay nada fundamentalmente contraintuitivo en esa idea. En Francia, se estima que hoy cerca de 7 millones de personas pertenezcan al mercado de trabajo secundario, de un total de 32 millones de personas que trabajan. Sin sorpresa, esos trabajadores son frecuentemente jóvenes, mujeres e inmigrantes.

Precariedad a lo largo de la historia

La precariedad no es una excepción en el capitalismo, ni es nueva. Diferentes formas de precariedad están presentes a lo largo de la historia. En la década de 1930, un contrato de trabajo no protegia siempre al trabajador contra los despidos en el sector de ventas.

La historiadora francesa Anne-Sophie Beau observa que el Código de Trabajo en Francia sólo se preocupaba con trabajos manuales. Ella muestra que, hasta 1936, los contratos de los trabajadores en el Grand Bazar de Lyon (una tienda de departamentos) podían ser rotos en cualquier momento, sin aviso previo o indemnización. Por lo tanto, dos tipos de empleo coexistieron: los titulares, que se beneficiaban del salario de un mes más ocho días de aviso previo en el caso de despido, y los auxiliares, que eran pagados por día. La precariedad fue limitada, a partir de 1936, por los primeros contratos colectivos, pero no desapareció, dadas las estrategias elaboradas que los empleadores desarrollaron para eludir al derecho del trabajo.

Se puede volver aún más en la Historia y observar otras formas de precariedad. En el siglo XIX, cuando el hierro todavía era central en la economia de ciertas aldeas, los talleres metalúrgicos y las chacras trabajaban juntas. Esto estableció una división entre los muchos trabajadores “externos” – generalmente campesinos empleados sólo en el invierno para tareas simples – y los trabajadores “internos”, como herreros, metalúrgicos y laminadores, que se beneficiaban de un empleo para todo el año por tene un oficio.

Esta división entre trabajadores permanentes y temporarios estuvo presente desde el inicio de la sociedad industrial. La sociedad que nació de la Revolución Francesa no estaba dentro de un simple binarismo entre trabajadores y patrones. En vez de esto, fue establecido un sistema de tercerización o subcontratación en que un trabajador individual contrataba a otros trabajadores – frecuentemente, pero no exclusivamente de su propia familia – para participar de la producción. Por un lado, estaban los fabricantes, con máquinas y materia prima, y, por otro, los trabajadores-emprendedores, que recibían la materia prima y tercerizaban el trabajo para “sus” trabajadores, lo que era realizado en casa o en la fábrica.

Como nos recuerda el sociólogo Claude Didry, este sistema de tercerización existia hacía mucho tiempo – y estuvo muy presente en la industria francesa de minería hasta el final del siglo XIX. Iso es descripto en la famosa novela de Émile Zola, Germinal. Al comienzo de la novela, vemos un capataz (como la persona que tercerizaba a su trabajo era llamada en la industria del carbón) contratar a Étienne Lantier, la protagonista, junto con otras personas para trabajar en la mina. Vemos a lo largo de la novela como el capataz compite con otros capataces sobre el precio del carbón, lo que, a su vez, trae presión sobre los trabajadores y reduce los salarios.

Plataformas Digitales

Las peticiones y huelgas funcionaron para exigir la abolición de la subcontratación – en Francia, fue oficialmente abolida por la Revolución de 1848, pero, como vimos, continuó hasta principios del siglo XX. Hoy, algunas personas trazan paralelos entre esa práctica y los arreglos de trabajo de empresas como Uber, Deliveroo y Amazon. Para empleadores como esos, un contrato formal o informal es estipulado en cada actividad de trabajo (como entrega de comidas, conducción de autos o traducción) a cada día. En el pasado, era el trabajador-emprendedor el que organizaba el trabajo de otros trabajadores. Hoy, este papel es llenado por una plataforma digital.

El hecho de que la precariedad no sea un problema nuevo no significa que no esté creciendo – o que nada puede ser hecho para reducirla. Las luchas de los trabajadores precarios son muchas veces sorprendentes en su determinación, apareciendo donde no esperamos. Esas luchas generalmente son iniciadas sin el apoyo de los sindicatos, pero después terminan encontrando en ellos un apoyo valioso. En Francia, los conductores de Uber primero se organizaron en asociaciones profesionales antes de ingresar en los más variados sindicatos. Lo mismo se aplica a los entregadores, que se sindicalizaron luego de una serie de huelgas. Los trabajadores precarios no son una amenaza para los trabajadores sindicalizados, o de alguna form son separados de la clase trabajadora. En vez de esto, ellos están ayudando a transformar el escenario del sindicalismo.

Las ‘soluciones’ tecnológicas para el coronavirus llevan al estado de vigilancia al nivel siguiente

Evgeny Morozov

The Guardian

El papel de los revolucionarios digitales es disrumpir todo menos la institución central de la vida moderna: el mercado

En cuestión de semanas, el coronavirus cerró a la economía global y colocó al capitalismo en cuidado intensivo. Muchos pensadores han expresado la esperanza de que se introducirá un sistema económico más humano; otros advierten que la pandemia anuncia un futuro más oscuro de vigilancia estatal tecno-totalitaria .

Los clichés anticuados de las páginas de 1984 ya no son una guía confiable de lo que está por venir. Y el capitalismo de hoy es más fuerte y más extraño de lo que imaginaron sus críticos. Sus numerosos problemas no solo presentan nuevas vías para obtener ganancias, sino que también aumentan su legitimidad, ya que la única salvación será entregada por personas como Bill Gates y Elon Musk. Cuanto peor es su crisis, más fuertes son sus defensas: definitivamente no es así como termina el capitalismo.

“Hemos pasado un mes debatiendo cómo la tecnología podría amenazar a nuestra privacidad, pero ese no es el mayor peligro para la democracia.

Sin embargo, los críticos del capitalismo tienen razón al ver al Covid-19 como una reivindicación de sus advertencias. Ha revelado la bancarrota de los dogmas neoliberales de privatización y desregulación, que muestran lo que sucede cuando los hospitales funcionan con fines de lucro y la austeridad reduce los servicios públicos. Pero el capitalismono sobrevive solo con el neoliberalismo: este último simplemente desempeña el papel del policía malo, insistiendo, en las palabras del famoso dicho de Margaret Thatcher, “no hay alternativa”.

El buen policía en este drama es la ideología del “solucionismo”, que ha trascendido sus orígenes del Silicon Valley y ahora le da la forma al pensamiento de nuestras élites gobernantes. En su forma más simple,sostiene que debido a que no hay alternativas (o tiempo o financiamiento), lo mejor que podemos hacer es aplicarle yesos digitales
al daño. Los solucionistas implementan la tecnología para evitar la política; ellos abogan por medidas “post-ideológicas” que mantengan las ruedas del capitalismo global girando

Después de décadas de política neoliberal, el solucionismo se ha convertido en la respuesta predeterminada a tantos problemas políticos. ¿Por qué un gobierno invertiría en la reconstrucción de sistemas de transporte público desmoronados, por ejemplo, cuando simplemente podría usar big data para crear incentivos personalizados para desalentar a los pasajeros a realizar viajes en las horas pico? Como dijo el arquitecto de uno de estos programas en Chicago hace unos años,”Las soluciones del lado de la oferta [como] construir más líneas de tránsito … son bastante caras”. En cambio, “lo que estamos haciendo es buscar formas en que los datos puedan gestionar el lado de la demanda… ayudando a los residentes a comprender el mejor momento para viajar”.

Las dos ideologías tienen una relación íntima. El neoliberalismo aspira a remodelar al mundo según los planos que datan de la guerra fría: más competencia y menos solidaridad, más destrucción creativa y menos planificación gubernamental, más dependencia del mercado y menos bienestar. La desaparición del comunismo facilitó esta tarea, pero el surgimiento de la tecnología digital en realidad ha presentado un nuevo obstáculo.

¿Cómo es eso? Si bien el big data y la inteligencia artificial no favorecen naturalmente a las actividades ajenas al mercado, sí hacen que sea más fácil imaginar un mundo post-neoliberal, donde la producción está automatizada y la tecnología es la base de la atención médica y la educación universal para todos: un mundo donde se comparte la abundancia, no apropiado

Aquí es precisamente donde interviene el solucionismo. Si el neoliberalismo es una ideología proactiva, el solucionismo es reactivo:desarma, deshabilita y descarta a cualquier alternativa política. El neoliberalismo reduce los presupuestos públicos; El solucionismo reduce la imaginación del público. El mandato solucionista es convencer al público de que el único uso legítimo de las tecnologías digitales es disrumpir y revolucionar todo menos la institución central de la vida moderna: el mercado.

Actualmente, el mundo está cautivado por la tecnología solucionista, desde una aplicación polaca que les solicita a los pacientes con coronavirus a que se tomen selfies regularmente para demostrar que no salieron, hasta el programa de clasificación de salud de smartphones con código de colores de China, que monitorea a quien puede salir de casa. Los gobiernos han recurrido a empresas como Amazon y Palantir para la infraestructura y el modelado de datos, mientras que Google y Apple han unido sus fuerzas para permitir soluciones de rastreo de datos que “preservan la privacidad”. Y una vez que los países entren en la fase de recuperación, la industria tecnológica prestará con gusto su experiencia tecnocrática para la limpieza. Italia ya ha puesto a Vittorio Colao , el ex CEO de Vodafone, a cargo de liderar su grupo de trabajo posterior a la crisis.

De hecho, podemos ver dos hilos distintos de solucionismo en las respuestas del gobierno a la pandemia. Los “solucionistas progresivos”creen que la exposición oportuna y basada en las aplicaciones de la información correcta podrían hacer que las personas se comporten según el interés público. Esta es la lógica del “empujoncito”, que le dio forma a la desastrosa respuesta inicial del Reino Unido a la crisis. Los”solucionistas punitivos”, al contrario, quieren usar la vasta infraestructura de vigilancia del capitalismo digital para frenar a nuestras actividades diarias y castigar a cualquier transgresión.

Hemos pasado un mes debatiendo cómo estas tecnologías podrían amenazar a nuestra privacidad, pero ese no es el mayor peligro para nuestras democracias. El riesgo real es que esta crisis afianzará el conjunto de herramientas solucionistas como la opción predeterminada para abordar a todos los demás problemas existenciales, desde la desigualdad hasta el cambio climático. Después de todo, es mucho más fácil implementar tecnología solucionista para influir en el comportamiento individual que hacer preguntas políticas difíciles sobre las causas profundas de estas crisis.

Pero las respuestas solucionistas a este desastre solo acelerarán la disminución de nuestra imaginación pública y harán que sea más difícil imaginar un mundo sin los gigantes tecnológicos que dominan a nuestra infraestructura social y política.

Todos somos solucionistas ahora. Cuando nuestras vidas están en juego, las promesas abstractas de emancipación política son menos tranquilizadoras que la promesa de una aplicación que te dice cuándo es seguro salir de tu casa. La verdadera pregunta es si todavía seremos solucionistas mañana.

El solucionismo y el neoliberalismo son tan resistentes no porque sus ideas subyacentes sean tan buenas, sino porque esas ideas han reformado profundamente a las instituciones, incluidos los gobiernos. Lo peor está por venir: la pandemia sobrealimentará al estado solucionista, como lo hizo el 11 de septiembre para el estado de vigilancia , creando una excusa para llenar el vacío político con prácticas antidemocráticas,esta vez en nombre de la innovación en lugar de solo la seguridad .

Una función del estado solucionista es desalentar a los desarrolladores de software, los piratas informáticos y los aspirantes a empresarios a experimentar con formas alternativas de organización social. Que el futuro le pertenece a las nuevas empresas no es un hecho natural sino un resultado político. Como resultado, los esfuerzos más subversivos impulsados por la tecnología que podrían impulsar a las economías no basadas en el mercado y la solidaridad desaparecen en la etapa de prototipo. Hay una razón por la que no hemos visto a otra Wikipedia en dos décadas.

Una política “post-solucionista” debería comenzar rompiendo la división artificial binaria entre la start-up y el gobierno ineficiente que limita a nuestros horizontes políticos hoy. Nuestra pregunta no debería ser ¿qué ideología, la socialdemocracia o el neoliberalismo, puede aprovechar y domar mejor a las fuerzas de la competencia?, sino: ¿qué instituciones necesitamos para aprovechar a las nuevas formas de coordinación social e innovación que ofrecen las tecnologías digitales?

El debate de hoy sobre la respuesta tecnológica correcta al Covid-19 se siente tan sofocado precisamente porque no hay tal política pos-solucionista a la vista. Gira en torno a las compensaciones entre la privacidad y la salud pública, por un lado, y en torno a la necesidad de promover a la innovación por parte de las start-ups, por el otro.¿Por qué no hay otras opciones? ¿No es porque hemos dejado que las plataformas digitales y los operadores de telecomunicaciones traten todo nuestro universo digital como su feudo?

Lo ejecutan con un solo objetivo en mente: mantener en marcha la micro-focalización y que fluyan los micropagos. Como resultado, se ha pensado poco en la construcción de tecnologías digitales que produzcan ideas anónimas a nivel macro sobre el comportamiento colectivo de los no consumidores. Las plataformas digitales de hoy son los sitios de consumo individualizado, no de asistencia mutua y solidaridad.

Si bien se pueden utilizar para fines no comerciales, las plataformas digitales de hoy constituyen una base deficiente para un orden político abierto a actores distintos de los consumidores, las start=ups y los empresarios. Sin reclamar plataformas digitales para una vida democrática más vibrante, estaremos condenados durante décadas a la elección infeliz entre los solucionismos “progresistas” y “punitivos”.

Y nuestra democracia sufrirá como resultado. La fiesta del solucionismo desatada por Covid-19 revela la extrema dependencia de las democracias realmente existentes en el ejercicio antidemocrático del poder privado por las plataformas tecnológicas. Nuestro primer orden de negocios debería ser trazar un camino post-solucionista, uno que otorgue soberanía pública sobre las plataformas digitales.

De lo contrario, quejarse de la respuesta autoritaria pero efectiva de China al Covid-19 no solo es patético sino también hipócrita: hay muchas variedades de tecno-autoritarismo en nuestro futuro, y la versión neoliberal no parece mucho más atractiva que la alternativa.

•Evgeny Morozov es un columnista de The Guardian en Estados Unidos.

¿Qué Tan Duro Nos Harán Trabajar Los Robots?

Es un primer borrador, después lo termino, salvo que alguien quiera hacerlo!
Tenía miedo que se me perdiera el archivo!


En los almacenes, call centers y otros sectores, las máquinas inteligentes administran a los humanos y hacen que el trabajo sea más estresante, agotador y peligroso.

The Verge

En las conferencias y en los actos de campaña, los ejecutivos de tecnología y los políticos advierten sobre una inminente crisis por la automatización donde los trabajadores son gradualmente reemplazados por máquinas inteligentes. Pero sus advertencias enmascaran el hecho de que ya se ha llegado a una crisis por la automatización. Los robots están aquí, están trabajando en la administración y están moliendo a los trabajadores en el suelo.

Los robots están vigilando a las mucamas de los hoteles, diciéndoles qué habitación limpiar y rastreando qué tan rápido lo hacen. Están administrando a los programadores, monitoreando sus clics y sus desplazamientos y reteniéndoles sus sueldos si trabajan muy lentamente. Están escuchando a los trabajadores de los call centers, diciéndoles qué decir, cómo decirlo y manteniéndolos constantemente ocupados. Mientras hemos estado observando perpetuamente al horizonte de los camiones sin conductor para dentro de cinco años, los robots llegaron en la forma del supervisor, el capataz, el gerente intermedio.

Estos sistemas automatizados pueden detectar ineficiencias que un gerente humano nunca detectaría: un momento de inactividad entre llamadas, el hábito de quedarse en la máquina de café después de terminar una tarea, una nueva ruta que, si todo va perfectamente, podría recibir algunos paquetes más en un día. Pero para los trabajadores, lo que parecen ineficiencias para un algoritmo fueron sus últimas reservas de respiro y de autonomía, y a medida que estos pequeños descansos y libertades menores se optimizan, sus trabajos se vuelven más intensos, estresantes y peligrosos. En los últimos meses, he hablado con más de 20 trabajadores en seis países. Para muchos de ellos, su mayor temor no es que los robots puedan venir por sus trabajos: es que los robots ya se han convertido en su jefe.

En pocos sectores, los peligros de la administración automatizada son más evidentes que en Amazon. Casi todos los aspectos de la administración de los almacenes de la compañía están dirigidos por software, desde cuando las personas empiezan a trabajan hasta la rapidez con la que lo hacen, hasta los despiden por demorar mucho. Cada trabajador tiene una “tasa”, un cierto número de elementos que tienen que procesar por hora, y si no lo cumplen, pueden ser despedidos automáticamente .

Cuando Jake * comenzó a trabajar en un almacén en Florida, se sorprendió por la poca cantidad de supervisores: solo dos o tres administraban una fuerza laboral de más de 300. “La administración estaba completamente automatizada”, dijo. Un supervisor caminaba por el piso, con una laptop en la mano, diciéndole a los trabajadores que aceleren cuando disminuían sus tasas. (Amazon dijo que su sistema le notifica a los gerentes para advertirles sorbre el desempeño de los trabajadores, y que todas las decisiones finales sobre asuntos de personal, incluidos los despidos, son tomadas por los supervisores).

Jake, quien pidió usar un seudónimo por temor a represalias, fue un “rebinner” [“vinculador”]. Su trabajo consistía en sacar un artículo de una cinta transportadora, presionar un botón, colocarlo en algún cubículo que le era avisado a través de un monitor, presionar otro botón y repetirlo todo. Lo comparó con hacer una torsión lateral sin parar cada 10 segundos, sin parar, mientras era animado a moverse aún más rápido por una tabla de posiciones gigante, con un dibujo animado de un hombre compitiendo en una carrera, mostrando las tasas de los 10 trabajadores más rápidos en tiempo real. Un gerente a veces mantenía el ritmo como si fuera un locutor deportivo a través del intercomunicador: “En tercer lugar para la primera mitad, tenemos a Bob con 697 unidades por hora”, recordó Jake. Los mejores récords obtenían una moneda de Amazon que podían canjear por Amazon Echos y camisetas de la compañía. Los de bajo rendimiento eran despedidos.

“No parás”, dijo Jake. “Literalmente no parás. Es como salir de tu casa y simplemente correr y no detenerte por nada durante 10 horas seguidas”

Después de varios meses, sintió un ardor en la espalda. Un supervisor a veces le decía que doblara más las rodillas al levantar los artículos. Cuando Jake hacía esto, su ritmo bajaba, y otro supervisor le dijo que se acelerara. “Tienes que estar bromeando. ¿Hacerlo más rápido?” recordó haber dicho. “Si voy más rápido, voy a tener un ataque al corazón y caeré al suelo”. Finalmente, su espalda se rindió por completo. Fue diagnosticado con dos discos dañados y tuvo que solicitar licencia por discapacidad. La tasa, dijo, fue “100 por ciento” responsable por su lesión.

Todos los trabajadores de Amazon con los que hablé dijeron que es el ritmo de trabajo automáticamente forzado, en lugar de la dificultad física del trabajo en sí, lo que hace que el trabajo sea tan agotador. Se está quitando perpetuamente cualquier inactividad del sistema, y con ella cualquier oportunidad de descansar o recuperarse. Un trabajador en la costa oeste me contó sobre un nuevo dispositivo que destaca el elemento que se supone que debe elegir, lo que le permite a Amazon acelerar aún más la tasa y deshacerse de lo que el trabajador describió como “micro descansos” robado el momento que se tomó para buscar al siguiente artículo en el estante.

Las personas no pueden mantener este nivel de trabajo intenso sin desmoronarse. El año pasado, ProPublica , BuzzFeed y otros medios publicaron investigaciones sobre los entregadores de paquetes de Amazon que las realizaban tanto en vehículos como a pié mientras intentaban completar sus exigentes rutas, que se generan y monitorean algorítmicamente a través de una aplicación en sus teléfonos. En noviembre, Reveal analizó documentos de 23 almacenes de Amazon y descubrió que casi el 10 por ciento de los trabajadores a tiempo completo sufrieron lesiones graves en 2018, más del doble del promedio nacional para trabajos similares. Varios trabajadores de Amazon me han dicho que las lesiones por estrés repetitivo son epidémicas, pero rara vez se informan. (Un portavoz de Amazon dijo que la compañía se toma muy en serio la seguridad de los trabajadores, que tiene personal médico en el lugar y alienta a los trabajadores a informar todas las lesiones). Los dolores de espalda, dolores de rodilla y otros síntomas de tensión constante son lo suficientemente comunes como para que Amazon instale máquinas expendedoras de analgésicos en sus almacenes

El estrés implacable tiene su propio costo. Jake recordó haberles gritado a sus compañeros de trabajo que se movieran más rápido, solo para preguntarse qué le había sucedido y disculparse. Al final de su turno, estaba tan agotado que se iba directamente a dormir a su automóvil en el estacionamiento del almacén antes de regresar a casa. “Mucha gente hacía eso”, dijo. “Simplemente se recostaban en su automóvil y se dormían”. Un trabajador en Minnesota dijo que el trabajo se había intensificado algorítmicamente hasta el punto de pedir repensar las regulaciones laborales de larga data. “El concepto de una semana laboral de 40 horas era que trabajabas ocho horas, dormías ocho horas y tenías ocho horas para lo que querías hacer”, dijo. “Pero ¿qué pasa si llegas a casa del trabajo y te vas directamente a dormir y duermes durante 16 horas?, o si el día posterior a tu semana de trabajo, te sientes todo el día con resaca, no puedes concentrarte en las cosas, simplemente te sientes como una mierda, pierdes el tiempo fuera del trabajo debido a sus efectos secundarios y sus condiciones estresantes y extenuantes?

““No Somos robots.””

Los trabajadores inevitablemente se agotan, pero debido a que cada tarea es dictada minuciosamente por la máquina, son fácilmente reemplazados. Jake estimó que fue contratado junto con 75 personas, pero que él era el único que quedó cuando finalmente se dio por vencido, y la mayoría ya habían sido reemplazados dos veces. “Eres solo un número, pueden reemplazarte con cualquiera que esté afuera en la calle en dos segundos”, dijo. “No necesitan ninguna habilidad. No necesitan nada Todo lo que tienen que hacer es trabajar muy rápido “.

Hay robots de aquella variedad ostensiblemente robadora de trabajos en los almacenes de Amazon, pero no son del tipo que les preocupa a la mayoría de los trabajadores. En 2014, Amazon comenzó a implementar robots que transportaban estanterías, lo que automatizó el trabajo de caminar por el almacén para recuperar mercaderías. Los robots eran tan eficientes que se necesitaban más humanos en otros roles para mantenerse al día, Amazon construyó más instalaciones y la compañía ahora emplea casi tres veces más trabajadores de almacén a tiempo completo que cuando los robots se pusieron en línea. Pero los robots cambiaron la naturaleza del trabajo: en lugar de caminar por el almacén, los trabajadores se paraban en jaulas retirando artículos de los estantes que los robots les trajeron. Los empleados dicen que es uno de los roles más rápidos y agotadores en el almacén. Reveal descubrió que las lesiones eran más comunes en los almacenes con los robots, lo cual tiene sentido porque el ritmo es el problema, y las máquinas que más les preocupan a los trabajadores son las que hacen cumplir ese ritmo.

El año pasado se produjo una ola de protestas de los trabajadores de las instalaciones de Amazon. Casi todas ellas fueron provocadas por una gestión automatizada que no deja espacio para las necesidades humanas básicas. En California, una trabajadora fue automáticamente despedida después que superó su cuota de tiempo libre no remunerado en una sola hora después de una muerte en su familia. (Fue recontratada después de que sus compañeros de trabajo presentaron una petición). En Minnesota, los trabajadores abandonaron sus funciones para protestar por la aceleración de la tasa, que según dijeron causaba lesiones y no dejaba tiempo para ir al baño o para prácticas religiosas. Para satisfacer a la máquina, los trabajadores sintieron que se veían obligados a convertirse ellos mismos en máquinas. Cantaban: “No somos robots”.

Toda revolución industrial es tanto una historia de cómo organizamos el trabajo así como de las invenciones tecnológicas que ocurrieron. Los motores a vapor y los cronómetros habían existido durante décadas antes de que Frederick Taylor, el optimizador original, los utilizara para desarrollar a la fábrica moderna. Trabajando en una planta de laminación de acero de fines del siglo XIX, simplificó y estandarizó cada función y escribió instrucciones detalladas en sus notas; él cronometró cada tarea al segundo y estableció una velocidad óptima. Al hacerlo, rompió el poder que los artesanos calificados tenían sobre el ritmo de producción y comenzó una era de crecimiento industrial, y también una de trabajo agotador, repetitivo y de aceleración peligrosa.

Fue Henry Ford quien demostró más plenamente el poder del enfoque cuando simplificó aún más las tareas y las organizó a lo largo de una línea de montaje. La velocidad de la línea controlaba el ritmo del trabajador y les daba a los supervisores una manera fácil de ver quién estaba rezagado. Los trabajadores lo odiaban por completo. El trabajo era tan tonto y agotador que la gente renunciaba en masa, obligando a Ford a duplicar los salarios. A medida que estos métodos se extendieron, los trabajadores frecuentemente atacaban o disminuían la velocidad para protestar contra las “aceleraciones”, es decir, los supervisores aceleraban la línea de montaje a tasas insostenibles.

Estamos en medio de otra gran aceleración. Hay muchos factores detrás de esto, pero uno es la digitalización de la economía y las nuevas formas de organizar el trabajo que permite.

Tomemos al comercio minorista: los trabajadores ya no se quedan en los locales esperando a los clientes; Con el comercio electrónico, sus roles se dividen. Algunos trabajan en almacenes, donde arman los pedidos sin parar, y otros trabajan en centros de atención telefónica, donde responden preguntas tras preguntas. En ambos espacios, los trabajadores están sujetos a una intensa vigilancia. Cada una de sus acciones es rastreada por escáneres del almacén y computadoras de call centers, que le proporcionan los datos a los sistemas automatizados que los mantienen trabajando en su máxima capacidad

En el nivel más básico, la administración automatizada comienza con el cronograma. Los algoritmos de programación han existido desde fines de la década de 1990 cuando los locales comenzaron a usarlos para predecir el tráfico de clientes y generar turnos para que coincidan con estos. Estos sistemas hicieron lo mismo que haría un propietario de una empresa cuando programaban menos trabajadores para las mañanas lentas y más para las horas pico del almuerzo, tratando de maximizar las ventas por hora de trabajo. El software era simplemente mejor y seguía mejorando, teniendo en cuenta variables como el clima o los eventos deportivos cercanos, hasta que pudiera pronosticar la necesidad de personal para intervalos de 15 minutos.

Nadie Experimenta Una Pausa

El software es tan preciso que podría usarse para generar las agendas humanas, dijo Susan Lambert, profesora de la Universidad de Chicago que estudia la inestabilidad de las agemdas. En cambio, a menudo se usa para coordinar el número mínimo de trabajadores necesarios para satisfacer la demanda prevista, si no es un poco menos. Este no es necesariamente el enfoque más rentable, señaló, citando un estudio que hizo sobre Gap: es más fácil para las compañías e inversores cuantificar los recortes en los costos laborales que las ventas perdidas porque los clientes no disfrutan deambulando por locales desolados.Pero si es malo para los clientes, es peor para los trabajadores, que deben competir constantemente para administrar locales que no tienen el suficiente personal.

Aunque comenzaron en el comercio minorista, los algoritmos de planificación son omnipresentes ahora. En las instalaciones donde Amazon clasifica los productos antes de la entrega, por ejemplo, a los trabajadores se les da un esquema con una agenda y una aplicación la va llenando cuando hay horas adicionales disponibles en el almacén, a veces tan solo 30 minutos antes de que se necesiten. El resultado es que nadie experimenta una pausa.

La aparición de sensores baratos, redes y aprendizaje automático permitió que los sistemas de gestión automatizados asumieran un papel de supervisión más detallado, y no solo en entornos estructurados como almacenes, sino donde los trabajadores llevaran sus dispositivos. Las plataformas de trabajos precarios como Uber fueron las primeras en capitalizar a estas tecnologías, pero las empresas de repartos, los restaurantes y otras industrias pronto adoptaron sus técnicas

.

No hubo un avance único en la gestión automatizada, pero al igual que con el cronómetro, la tecnología revolucionaria puede parecer mundana hasta que se convierta en la base de una nueva forma de organizar el trabajo. Cuando los programas de seguimiento de tasas están vinculados a los escáneres de almacén o los taxistas están equipados con aplicaciones de GPS, permite la administración a una escala y nivel de detalle que Taylor solo podría haber soñado. Hubiera sido prohibitivamente costoso emplear suficientes gerentes para cronometrar cada movimiento de cada trabajador a una fracción de segundo o llevarlo en cada camión, pero ahora se necesita tal vez uno. Esta es la razón por la cual las compañías que más agresivamente persiguen estas tácticas lo hacen de una forma similar: equivale a darle dineroen a la parte inferior un gran grupo de trabajadores mal remunerados, fácilmente reemplazables, a menudo a tiempo parcial o por contrato; en la parte superior Un pequeño grupo de trabajadores altamente remunerados que diseñan el software que los administra.

“El apocalipsis robot ya está aquí.”

Esta no es la revolución industrial que Elon Musk , Mark Zuckerberg y otros en Silicon Valley nos han advertido . Siguen obsesionados con el espectro de la Inteligencia Artificial [IA] que roba trabajo, que se presenta como algo fundamentalmente nuevo y extraordinariamente alarmante: una “sierra circular”, en palabras de Andrew Yang , que llega a la sociedad tal como la
conocemos. A medida que avanzan las visiones apocalípticas, es especialmente halagador para la industria tecnológica, que está en la posición de advertir al mundo sobre su propio éxito, haciendo sonar la alarma de que ha inventado fuerzas tan poderosas que dejarán obsoleto al trabajo humano para siempre. Pero en su abstracción a escala de civilización, este punto de vista pasa por alto las formas en que la tecnología está cambiando la experiencia del trabajo y, con su sensación de inevitabilidad, socava la preocupación de muchas de las mismas personas que hoy se encuentran manejadas por máquinas. ¿Por qué preocuparse demasiado por las condiciones de los trabajadores del almacén, los taxistas, los moderadores de contenido o los representantes de lps call centers cuando todos dicen que esos roles serán reemplazados por robots en unos años? Sus propuestas de políticas son tan abstractas como su diagnóstico, básicamente equivale a darle dinero a las personas cuando los robots los reemplacen.

Tal vez los robots algún día reemplazarán a los camioneros y a todos los demás, aunque el impacto neto de la automatización en los trabajos hasta ahora ha sido menos catastrófico. La tecnología indudablemente dejará a las personas sin trabajo, como lo ha hecho en el pasado, y vale la pena pensar en cómo proporcionarles una red de seguridad.

Pero un escenario probable es que esos camioneros no se encontrarán completamente desempleados sino, como sugiere un análisis del Centro de Investigación y Educación Laboral de la UC Berkeley , viajarán para ayudar a la mayoría de los vehículos autónomos a navegar por las complicadas calles de la ciudad, ganando salarios más bajos en nuevos trabajos de baja calificación . O tal vez estarán en oficinas similares a call centers, solucionando problemas de camiones de forma remota, rastreando su productividad mediante un algoritmo. En resumen, se verán manejados por máquinas, sujetos a fuerzas que han estado creciendo durante años pero que el fetichismo de la IA pasa, en gran medida, por alto.

“El apocalipsis robot está aquí”, dijo Joanna Bronowicka, investigadora del Centro de

Internet y Derechos Humanos y ex candidata al Parlamento Europeo. “Es solo la forma en que hemos creado estos relatos, y desafortunadamente las personas de izquierda y derecha y las personas como Andrew Yang y las personas en Europa que hablan sobre este tema están contribuyendo a ello, están utilizando un lenguaje del futuro, que oscurece la cruda realidad de las personas en este momento “.

Esto no quiere decir que el futuro de la IA no deba preocuparle a los trabajadores. En el pasado, para que los trabajos se gestionaran automáticamente, tenían que dividirse en tareas que pudieran ser medidas por máquinas: el recorrido rastreado por GPS, el artículo escaneado en un almacén. Pero el aprendizaje automático es capaz de analizar datos mucho menos estructurados, y está haciendo nuevas formas de trabajo, desde escribir en una computadora hasta conversaciones entre personas, ya listas para los jefes robots.

Angela * trabajó en un call center de seguros durante varios años antes de
renunciar en 2015. Al igual que muchos trabajos de call centers, el trabajo era estresante: los clientes a menudo estaban angustiados, el software rastreaba el número y la duración de sus llamadas, y los gerentes a veces escuchaban a escondidas en la línea para evaluar cómo estaba ella. Pero cuando regresó a la industria el año pasado, algo había cambiado. Además de las métricas habituales, había una nueva, la emoción, y era evaluada por IA.

El software que encontró Angela era de Voci, una de las muchas compañías que usaban inteligencia artificial para evaluar a los trabajadores de call centers. Las otras métricas de Angela fueron excelentes, pero el programa la calificaba constantemente como con emociones negativas, lo que le resultaba desconcertante porque sus gerentes humanos habían elogiado previamente su actitud empática por teléfono. Nadie podía decirle exactamente por qué estaba siendo penalizada, pero su mejor suposición fue que la IA estaba interpretando su estilo de hablar rápido y ruidoso, con períodos de silencio (como resultado de tratar de cumplir con una métrica destinada a minimizar poner a las personas en espera ) y sus expresiones de preocupación como negativas.

“Me hace preguntarme si se está privilegiando a una empatía falsa, sonando muy alegre y diciendo: ‘Oh, lamento que estés lidiando con eso’”, dijo Angela, quien pidió usar un seudónimo por temor a represalias. “Sentir que la única forma apropiada de mostrar emoción es la forma en que la computadora lo dice se siente muy limitante. También parece no ser la mejor experiencia para el cliente, porque si quisieran hablar con una computadora, entonces se habrían quedado con la IVR [Respuesta interactiva de voz] ”.

Un portavoz de Voci dijo que la compañía capacitó a su programa de aprendizaje automático con miles de horas de audio que calificaban a trabajadores contratados externamente demostrando sus emociones positivas o negativas. Reconoció que estas evaluaciones son subjetivas, pero dijo que, en conjunto, deberían controlar variables como el tono y el acento. Finalmente, el portavoz dijo que Voci proporciona una herramienta de análisis y los call centers deciden cómo usar los datos que le proporciona.

Los problemas de Angela con Voci la pusieron aprensiva sobre la próxima ronda de automatización. Su call center estaba en el proceso de implementar software de Clarabridge que automatizaría partes de las evaluaciones de llamadas que
todavía realizan los humanos, si los agentes decían las frases adecuadas. Su centro también planeó expandir su uso de Cogito, que usa IA para entrenar a los trabajadores en tiempo real, diciéndoles que hablen más despacio o con más energía o que expresen empatía.

Cuando las personas enumeran los trabajos amenazados por la automatización, los trabajadores de call centers vienen justo después de los conductores de camiones. Sus trabajos son repetitivos, y el aprendizaje automático ha permitido un rápido progreso en el reconocimiento de voz. Pero el aprendizaje automático lucha con tareas altamente específicas y únicas, y a menudo las personas solo quieren hablar con un humano, por lo que son los trabajos de gestión los que se automatizan. Google , Amazon y una gran cantidad de compañías más pequeñas han anunciado sistemas de IA que escuchan llamadas y capacitan a los trabajadores o evalúan automáticamente su rendimiento. La compañía CallMiner , por ejemplo, anuncia IA que califica la profesionalidad, la cortesía y la empatía de los trabajadores, lo que, en un video de demostración, muestra que lo que se mide es una fracción de un porcentaje .

Los trabajadores dicen que estos sistemas a menudo son jueces torpes de la interacción humana. Una trabajadora afirmó que podía cumplir con sus métricas de empatía con solo decir “lo siento” mucho. Otra trabajadora en un call center de seguros dijo que la IA de Cogito, que se supone que le dice que exprese empatía cuando detecta angustia emocional de la persona que llama, parece ser provocada por variaciones tonales de cualquier tipo, incluso risas. Su compañera de trabajo recibió una llamada de revisión por parte de los supervisores porque la alarma de empatía de Cogito seguía sonando, pero cuando escucharon la grabación, resultó que la persona que llamaba se había reído de alegría por el nacimiento de un niño. Sin embargo, la trabajadora estaba ocupada llenando formularios y solo prestando media atención a la conversación, por lo que siguió obedeciendo a la IA y diciendo “Lo siento”, para gran confusión de la persona que llamaba.

Cogito dijo que su sistema es “altamente preciso y no suele dar falsos positivos”, pero
cuando lo hace, es porque potencia en lugar de reemplazar a los humanos, los agentes del call center tienen la capacidad de usar su propio juicio para adaptarse a la situación.

A medida que estos sistemas se difundan, será importante evaluar su precisión y sesgo, pero también plantean una pregunta más básica: para empezar, ¿por qué tantas compañías intentan automatizar la empatíar? La respuesta tiene que ver con la forma en que la automatización en sí misma ha hecho que el trabajo sea más intenso.

En el pasado, los trabajadores podían manejar una llamada compleja o emocionalmente complicada mezclada con un montón de llamadas simples, “Olvidé mi contraseña”, pero los bots ahora manejan las llamadas fáciles. “No tenemos las llamadas fáciles para darles el recreo mental que solíamos darles”, dijo Ian Jacobs, de la compañía de investigación Forrester. Los sistemas automatizados también recopilan información del cliente y ayudan a completar formularios, lo que les facilitaría el trabajo, excepto porque cualquier tiempo de inactividad se rastrea y se llena con más llamadas

La trabajadora que usó Cogito, por ejemplo, tenía solo un minuto para completar los
formularios de seguro entre llamadas y solo 30 minutos por mes para los descansos en el baño y el tiempo personal, por lo que manejaba llamadas tras llamadas de personas que padecían enfermedades terminales, parientes moribundos, abortos involuntarios y otros eventos traumáticos, cada uno de los cuales debía completar en menos de 12 minutos, durante 10 horas al día. “Te hace sentir insensible”, dijo. Otros trabajadores hablaron de ansiedad crónica e insomnio, el resultado de días pasados teniendo conversaciones emocionalmente crudas mientras, en palabras de un trabajador, “tu computadora está parada sobre tu hombro y decidiendo arbitrariamente si puede mantener tu trabajo o no”.

Esta forma de agotamiento se ha vuelto tan común que la industria le puso un nombre: “fatiga por empatía”. Cogito, en un libro electrónico que explica la razón de su IA, compara a los trabajadores de los call centers con las enfermeras de traumatología insensibilizadas en el transcurso de su turno, y señala que la calidad del trabajo de los representantes disminuye después luego de 25 llamadas. La solución, escribe la compañía, es usar IA para ofrecer “empatía a escala”.

Se ha convertido en la opinión genralizada que las habilidades interpersonales como la empatía serán uno de los roles que les quedarán a los humanos una vez que los robots se hagan cargo, y esto a menudo se trata como un futuro optimista. Pero los call centers muestran cómo podría convertirse fácilmente en algo oscuro: la automatización aumenta la empatía que demandan los trabajadores y los sistemas automatizados acostumbrados a extraerles más empatía, o al menos una aproximación legible por máquina. Angela, la trabajadora que lucha con Voci, estaba preocupada porque a medida que la IA se usa para contrarrestar los efectos de las condiciones de trabajo deshumanizantes, su trabajo se volverá aún más deshumanizante.

“A nadie le gusta llamar a un call center”, dijo. “El hecho de que puedo poner el toque humano allí, y poner mi propio estilo en él y construir una relación con ellos y
hacerles sentir que se preocupan por ellos es la buena parte de mi trabajo. Es lo que me da sentido ”, dijo. “Pero si automatizas todo, pierdes la flexibilidad de tener una conexión humana”.

Mak Rony trabajaba como ingeniero de software en Dhaka, Bangladesh, cuando vio un Anuncio de Facebook para una empresa con sede en Austin llamada Crossover Technologies. A Rony le gustaba su trabajo en ese momento pero el papel que desempeñaría en Crossover parecía un paso adelante: la paga era mejor – u$s 15 por hora, y el anuncio decía que podía trabajar cuando quisiera y hacerlo desde casa.

En su primer día, le dijeron que descargara un programa llamado WorkSmart. En un video , el CEO de Crossover, Andy Tryba, describe el programa como un “FitBit para el trabajo”. El trabajador moderno está constantemente interactuando con aplicaciones en la nube, dice, y eso produce enormes cantidades de información sobre cómo están gastando su tiempo, información que en su mayoría se descarta. Esa información debería usarse para mejorar la productividad, dice. Citando el popular libro de Cal Newport, Deep Work, sobre los peligros de la distracción y la multitarea, dice que el software les permitirá a los trabajadores alcanzar nuevos niveles de intensa concentración. Tryba muestra una serie de gráficos, como un disco duro desfragmentado, que muestra el día de un trabajador pasando de distracciones dispersas a bloques sólidos de productividad ininterrumpida.

De hecho, WorkSmart transformó el día de Rony en bloques sólidos de productividad
porque si alguna vez determinaba que no estaba trabajando lo suficiente, no le pagaban. El software rastreó sus pulsaciones de teclas, clics del mouse y las aplicaciones que estaba ejecutando, todo para evaluar su productividad. También se le pidió que le diera acceso al programa a su cámara web. Cada 10 minutos, el programa tomaría tres fotos al azar para asegurarse de que estaba en su escritorio. Si Rony no estaba allí cuando WorkSmart tomaba una foto, o si determinaba que su trabajo cayó por debajo de un cierto umbral de productividad, no le pagarían por ese intervalo de 10 minutos. Otra persona que comenzó con Rony se negó a dar acceso al software de la cámara web y perdió su trabajo.

Rony pronto se dio cuenta de que, aunque estaba trabajando desde su casa, su antiguo trabajo de oficina le ofrecía más libertad. Allí, podría salir a almorzar o tomar un descanso entre las tareas. Con Crossover, incluso usar el baño en su propia casa requería velocidad y estrategia: comenzó a mirar a la luz verde de su cámara web para parpadear antes de correr por el pasillo hacia el baño, esperando poder terminar a tiempo antes de que WorkSmart tomara otra foto.

La métrica a la que estaba obligado era extraordinariamente exigente: alrededor de 35,000 líneas de código por semana. Finalmente se dio cuenta de que se esperaba que hiciera alrededor de 150 pulsaciones de teclas cada 10 minutos, por lo que si se detenía a pensar y dejaba de escribir, un trozo de 10 minutos de su tarjeta de tiempo se marcaría “inactivo”.

Cada semana, si no trabajaba 40 horas, el programa lo consideraba improductivo, podría ser despedido, por lo que estimó que trabajó 10 horas adicionales a la semana sin paga para recuperar el tiempo que el software invalidó. Otros cuatro trabajadores actuales y anteriores de Crossover, uno en Letonia, uno en Polonia, uno en India y otro en Bangladesh, dijeron que tenían que hacer lo mismo.

“Lo primero que vas a perder es tu vida social”, dijo Rony. Dejó de ver amigos porque
estaba atado a su computadora, corriendo para cumplir con sus métricas. “Por lo general, no salía a menudo”.

A medida que pasaron los meses, el estrés comenzó a pasarle factura. No podía dormir. No podía escuchar música mientras trabajaba porque el software consideraba que YouTube era improductivo y atrasaba su paga. Irónicamente, su trabajo comenzó a sufrir. “Si tienes libertad, verdadera libertad real, entonces puedes ejercer la mayor presión, si es necesario”, dijo. Pero trabajando bajo una presión tan intensa día tras día, se quemó y su productividad se disolvió.

Tryba dijo que la compañía es una plataforma que brinda trabajadores calificados a las empresas, así como las herramientas para administrarlos; Depende de las empresas decidir si se utilizan esas herramientas y cómo. Dijo que las personas no deberían tener que trabajar horas adicionales sin paga, y que si WorkSmart marca una tarjeta de tiempo como inactiva, los trabajadores pueden apelar a su gerente para que la anule. Si los trabajadores necesitan un descanso, dijo que pueden hacer una pausa y desconectarse.

Cuando se le preguntó por qué era necesario un monitoreo tan intenso, dijo que el trabajo remoto era el futuro y que brindaría a los trabajadores una mayor flexibilidad, pero que los empleadores necesitarán una forma de responsabilizar a los trabajadores. Además, los datos recopilados crearán nuevas oportunidades para capacitar a los trabajadores sobre cómo ser más productivos.

Crossover está lejos de ser la única compañía que ha percibido una oportunidad de
optimización en los flujos de datos producidos por los trabajadores digitales. Microsoft tiene su software Workplace Analytics , que utiliza el “escape digital” producido por los empleados que utilizan los programas de la compañía para mejorar la productividad. El campo de análisis de la fuerza laboral está lleno de compañías que monitorean la actividad de escritorio y prometen detectar los tiempos muertos y reducir el personal, y la optimización se agudiza y se enfoca más en los trabajadores individuales a medida que avanza en la escala de ingresos. Time Doctor de Staff.com , popular entre las empresas de tercerización, monitorea la productividad en tiempo real, incita a los trabajadores a permanecer en la tarea si detecta que se han distraído o están inactivos, y toma capturas de pantalla al estilo Crossover y fotos de la cámara web.

“Si Bien Los Lugares De Trabajo Altamente Medidos Y Optimizados Son Meritocráticos, La Meritocracía Se Puede Llevar Al Extremo, Citando A La Película ‘ Gattaca’

Sam Lessin, ex vicepresidente de Facebook que cofundó la compañía Fin, describe una visión plausible de hacia dónde se dirige todo esto. Fin comenzó como una app de asistente personal antes de hacer rodar al software que se utiliza para controlar y administrar a los trabajadores que hicieron al asistente personal. (Una trabajadora describió su experiencia en el manejo de solicitudes de asistentes como un call center pero con una vigilancia y un seguimiento más intensos del tiempo de inactividad.) Actualmente, el trabajo de conocimiento languidece en un estado preindustrial, Lessin escribió en una carta en el momento del pivote, con empleados a menudo sentados inactivos en oficinas, su trabajo no medido e ineficiente. La esperada explosión de productividad de IA no vendrá por reemplazar a estos trabajadores, escribió Lessin, sino de usar la IA para medir y optimizar su
productividad, tal como lo hizo Frederick Taylor con los trabajadores de la fábrica. Excepto que esta será una “fábrica en la nube”, un grupo de trabajadores del conocimiento organizados por IA que las empresas pueden aprovechar cuando lo necesiten, al igual que alquilar potencia informática de Amazon Web Services.

“La revolución industrial, al menos a corto plazo, obviamente no fue buena para los
trabajadores”, reconoció Lessin en la carta. La fábrica de nubes traerá una ola de
globalización y baja de las clasificaciones. Si bien los lugares de trabajo altamente medidos y optimizados son meritocráticos, dijo, la meritocracia se puede llevar al extremo, citando a la película Gattaca . En última instancia, estos riesgos se ven compensados por el hecho de que las personas pueden especializarse en lo que son mejores, tendrán que trabajar menos y podrán hacerlo de manera más flexible.

Para Rony, la promesa de flexibilidad de Crossover resultó ser una ilusión. Después de un año, la vigilancia y la presión implacable se volvieron demasiado, y renunció. “Estaba pensando que lo perdí todo”, dijo. Había renunciado a su trabajo estable en la oficina, había perdido el contacto con amigos y ahora le preocupaba si podía pagar sus cuentas.

Pero después de tres meses, encontró otro trabajo, uno en una oficina a la moda antigua. El salario era peor, pero él está más feliz. Tenía un gerente que lo ayudó cuando se quedó atascado. Tiene pausas para almorzar, descansar y tomar el té. “Siempre que puedo salgo y tomó un té, me divierto y vuelvo a la oficina, hay un lugar donde incluso puedo dormir. Hay mucha libertad “.

El trabajo siempre ha significado renunciar a cierto grado de libertad. Cuando los
trabajadores toman un trabajo, pueden estar de acuerdo en dejar que su jefe les diga cómo actuar, cómo vestirse o dónde estar en un momento determinado, y todo esto se considera normal. Los empleadores funcionan como lo que la filósofa Elizabeth Anderson critica como gobiernos privados, y las personas los aceptan ejerciendo el poder de una manera que parecería opresiva proveniente de un estado porque, según el razonamiento, los trabajadores siempre son libres de renunciar. Los trabajadores también le otorgan a sus empleadores una amplia libertad para vigilarlos, y eso también se considera básicamente bueno, lo que genera preocupación principalmente son los casos en que los empleadores llegan a la vida privada de los trabajadores.

La gestión automatizada promete cambiar ese cálculo. Si bien un empleador siempre pudo tener el derecho de monitorear tu escritorio durante todo el día, probablemente habría perdido el tiempo. Ahora, dicha vigilancia no solo es fácil de automatizar, es necesario recopilar los datos necesarios para optimizar el trabajo. La lógica puede parecer irresistible para una empresa que intenta reducir los costos, especialmente si tiene una fuerza laboral lo suficientemente grande como para que las mejoras marginales en la productividad valgan la pena.

Pero a los trabajadores que toleraban la amenaza abstracta de la vigilancia les resulta mucho más preocupante cuando esos datos se utilizan para dictar cada uno de sus movimientos. Un trabajador de Amazon en el Medio Oeste describió una visión sombría del futuro. “Podríamos tener algoritmos conectados a la tecnología que está directamente en nuestros cuerpos controlando cómo trabajamos”, dijo. “En este momento, el algoritmo le dice a un gerente que nos grite. En el futuro, el algoritmo podría estar diciendo que accione a un collar de choque … Me reí, y rápidamente dijo que solo estaba bromeando en parte. Después de todo, Amazon ha patentado pulseras de rastreo que vibran para dirigir a los trabajadores, y Walmart está probando arneses que monitorean los movimientos del personal de su almacén. ¿No te imaginas un futuro en el que tengas la libertad de elegir entre morirte de
hambre o tomar un trabajo en un almacén, dijo el trabajador, y firmas un contrato
acordando usar algo así, y te golpea cuando trabajas demasiado lento, y todo en nombre de hacerte más eficiente? “Creo que es una dirección a la que puede dirigirse si más personas no son más conscientes y no hay más organización en torno a lo que realmente nos está sucediendo como trabajadores y cómo la tecnología está transformando a la sociedad”, dijo. “Esas son las cosas que me mantienen despierto por la noche, y que pienso cuando ahora estoy en el almacén”.

Ese trabajador depositó sus esperanzas en los sindicatos y en el floreciente activismo que tiene lugar en los almacenes de Amazon. Hay un precedente para esto. Los trabajadores respondieron a la aceleración de la última revolución industrial organizándose, y el ritmo de trabajo se convirtió en una parte estándar de los contratos sindicales.

El ritmo de trabajo es solo una forma de la pregunta más amplia que estas tecnologías nos obligarán a enfrentar: ¿cuál es el equilibrio correcto entre eficiencia y autonomía humana? Tenemos un poder sin precedentes para monitorear y optimizar la conducta de los trabajadores en detalles minuciosos. ¿Vale la pena un aumento marginal en la productividad para hacer que innumerables personas estén crónicamente estresadas y limitadas hasta el punto de sentirse robots?

Podría imaginar una versión de estos sistemas que recopilan datos del lugar de trabajo, pero es anonimizada y agregada y solo se usa para mejorar los flujos de trabajo y los procesos.

Tal sistema cosecharía algunas de las eficiencias que hacen que estos sistemas sean atractivos al tiempo que evita que los trabajadores de microgestión individualizados
encuentren irritación. Por supuesto, eso significaría renunciar a datos potencialmente valiosos. Sería necesario reconocer que a veces tiene valor no recopilar datos, como un medio de preservar el espacio para la autonomía humana.

La profunda diferencia que puede lograr incluso un pequeño grado de libertad respecto a la optimización se hizo evidente cuando estaba hablando con un trabajador que recientemente abandonó un almacén de Staten Island en Amazon para tomar un trabajo cargando y descargando camiones de reparto. También tenía escáneres y métricas allí, pero solo midieron si su equipo estaba en camino para el día, dejando a los trabajadores determinar sus roles y ritmo. “Esto es como el cielo”, le dijo a sus compañeros de trabajo. ¦

 

Sociedad de riesgo

Las aplicaciones obtienen ganancias con el coronavirus poniendo a los entregadores en riesgo de contagio

The Intercept

Bruna de Lara, ,

23 de Marzo de 2020, 13h56

Qedarse en casa. Esa es una de las principales recomendaciones para la contencion de la pandemia del nuevo coronavirus, que ya tiene 1.620 casos confirmados y mató a 25 personas en Brasil, según datos de la mañana de este lunes. Gobernadores e alcaldes empezaron a actuar para reforzarla. Cerraron escuelas, universidades, shoppings, casas nocturnas, gimnasios, puntos turísticos, playas, comercio, límites municipales y fronteras entre los estados – decisión anulada por reglas decretadas enseguida por Jair Bolsonaro. Pero, en las calles vaciadas de las próximas semanas, dos figuras no irán a desaparecer: las de los trabajadores circulando en motos o bicicletas provistos de mochilas con las palabras Rappi, iFood, Loggi o Uber Eats.

Cuando salir de casa significa colocar a la salud en peligro, la comodidad ofrecida por las aplicaciones de entregas se hacen aún mãs seductoras. En la otra punta, sin embargo, hay personas expuestas a los riesgos que los usuarios buscan evitar usando las apps. Y las marcas que ellas cargan en sus espaldas no están tomando medidas eficaces para protegerlas del contagio.

O Intercept entró en contacto con las cuatro empresas para saber qué políticas fueron creadas para evitar que sus entregadores contraigan la covid-19, enfermedad causada por lo nuevo coronavirus. Aunque todas aleguen estar trabajando en diversas medidas para protegerlos, la única medida en común no es específica para la situacion singular de los entregadores. Se trata del mero compartir de información de prevencion divulgadas por el Ministerio de Salud a la poblacion (como lavarse las manos con frecuencia, cubrirse el rostro al toser o estornudar, hacer uso de alcohol en gel e higienizar a los vehículos).

“Son ellos [los entregadores] que harán una serie de cosas circular para garantizar a nuestro aislamiento. Y para eso ellos estarán en la línea de frente y expuestos [al coronavirus]”, analizó la investigadora del Instituto de Economia de la Universidad de Campinas, la Unicamp, Ludmila Abílio. Ella acompaña hace casi una década las condiciones de trabajo de motoqueros y está segura de que la demanda por el trabajo de ellos crecerá durante la pandemia. Solo, iFood ya recibía más de 600 mil pedidos por día en 2019. Loggi – que hace búsqueda y entrega de productos a pedido de usuarios y empresas – afirmó en una nota enviada a Intercept, por ejemplo, que “está preparada y tiene capacidad para atender hasta tres veces más su volumen promedio de entregas”.

En el estado de Rio de Janeiro, el gobernador Wilson Witzel, del PSC, firmó un decreto que recomienda que restaurantes, bares y sandwicherías trabajen con como máximo 30% de su capacidad. “Nuestra recomendacion es que la comida sea comprada a través del servicio de entrega“, dijo el político. Cuando relatamos la sugestión de Witzel, la investigadora de la Unicamp no escondió su incredulidad al teléfono. “‘Vamos a priorizar el delivery’, como si él fuese automático”, dijo, enseguida. “Es hecho por personas. Entonces, si es para priorizar, vamos a tener que pensar en formas de proteccion para esos trabajadores”.

Entregadores do iFood usam máscaras, compradas do próprio bolso, para tentar se proteger durante a pandemia de coronavirus. Entre una entrega y outra, es comum que eles se juntem para conversar y descansar, contacto que também os coloca en riesgo.

Pero lo que las empresas están haciendo parece poco para proteger a los trabajadores autónomos que no ganan un mango en caso que no consigan ir a la calle. Loggi decidió medir la temperatura de todos que frecuenta su centro de distribucion en Cajamar, en la Gran São Paulo. Quien no pasa por allá, sin embargo, no es testeado. La empresa dice que también distribuirá guantes “en sus principales agencias”.

Rappi afirma que dará alcóhol en gel y paños desinfectantes a los entregadores. Carla*, entregadora de 28 años que trabaja para Rappi, fue avisada sobre la iniciativa por la aplicación de la empresa, pero hasta ahora no recibió lo prometido alcóhol gel. La solucion fue arreglarse para comprar al producto, ya en falta en la ciudad de São Paulo, donde trabaja, y vendido a precios abusivos. Desde enero para acá, el valor cobrado por una botella de 800 ml aumentó 20%.

Carla también recibió de Rappi la informacion de que, a partir de ahora, podrá recibir pedidos con el aviso de “cero contacto”. En este caso, el pago es hecho online y el pedido es dejado en la puerta del cliente por el entregador, que debe “alejarse dos metros, para evitar la proximidad con la persona”, según la empresa. Por ahora, Carla sólo recibió un pedido del tipo. Uber Eats, iFood y 99 Food están ofreciendo la misma alternativa. La opcion trae más seguridad, pero es una elección del cliente – el entregador sólo obedece.

Informes enviados por aplicaciones de entrega: la opcion de no tener contacto es del cliente. El entregador no tiene otra alternativa que no sea obedecer.

Para Abílio, medidas como esta no pueden ser una opcion para el cliente, mas una norma de las empresas. “Es el momento de defender una responsabilizacion de las empresas de aplicaciones sobre las normas de seguridad que ellas pueden imponer”. También es el caso, por ejemplo, de obligar el pago por tarjeta via aplicación, hoy sólo recomendado a los clientes. “Hay que cambiar el tono de esta historia”, afirmó la investigadora.

Mientras los gobiernos tomaban medidas de aislamiento, iFood disparaba mensajes incentivando a los entregadores a salir más.

Ella reconoce, sin embargo, que es difícil que estas opciones se transformen en un procedimentos-estándard, porque eso abriria un precedente en que las empresas asumirían lo que siempre negaron: una relacion en que los trabajadores son sus subordinados. Reclutados como prestadores de servicio autónomos, los entregadores son pagados por cada entrega que hacen – descontadas, es claro, las comisiones de las aplicaciones. Pero no son los trabajadores los que definen las rutas que tomarán o el precio de sus servicios.

En un día de temporal con inundaciones en Rio de Janeiro, por ejemplo, Rappi llegó a pagar R$ 15 [u$s 3] extras a sus entregadores. Lo que quiere decir que: la empresa incentivó a los  tabajadores a continuar en la calle incluso en condiciones de riesgo elevadas. El 16 y 17 de marzo, cuando los estados y municipios ya tomaban actitudes para incentivar el aislamiento de la poblacion, iFood disparó al menos cinco mensajes incentivando a los entregadores a trabajar más. El día 19, cuando ya había siete muertes causadas por el coronavirus en Brasil, el empujocito continó. Esa vez, al menos, agregando un link con un resumen de las orientaciones de prevencion:

Reconstitucion de prints enviados a Intercept por dos entregadores.

En Loggi, la remuneracion por entrega ya venía cayendo. Oímos de un entregador que trabajó para la plataforma que, cuando la empresa inició sus actividades, el valor por kuilómetro rodado era de más de R$ 4. En 2019, por el mismo trecho, el pago cayó a menos de R$ 1. “No hay charla, ellos no dicen lo que están pensando en aumentar o en disminuir”, se desahogó. “Ellos simplemente reducen, y nosotros aceptamos”. Le preguntamos a Loggi cuál es el flete pagado a los entregadores. La empresa se recusó a informar el valor.

Los entregadores de aplicaciones tampoco pueden elegir que pedidos aceptar sin el riesgo de sufrer castigos de las plataformas – de un bloqueo por algunos minutos à la suspension de sus cuentas. Según algunos entregadores, iFood suele hasta bloquearlos automaticamente si se demoran en  retirar el pedido en un restaurante.

La noche del 21 de marzo, el entregador Paulo Lima, de 31 años, fue parado por la policía cuando hacía una entrega por Uber Eats con su moto en São Paulo. “[Fue] Un abordaje común. A continuacion, mi neumático se vació y se lo notifiqué al soporte y al cliente. El soporte me dijo que deberia cancelar el pedido. Luego que le pregunté si eso me bloquearia, ellos me garantizaron que no”, contó Lima a Intercept. A la mañana siguiente, la sorpresa: “Cuando fui a sair a trabajar, estaba bloqueado”.

Ilustracion: Cezar Berje para o Intercept Brasil

Una ‘sociedad’ de alto riesgo

Las principales aplicaciones de entregas de Brasil – iFood, Rappi y Loggi – concentraban cerca de 172 mil entregadores hasta 2019, según datos divulgados por ellos mismos. Todos rechazan tener vínculos laborales con los trabajadores, a quienes dicen sólo proporcionarles la tecnologia del servicio de entrega. Vender la ideia de independencia de los profesionales es una estrategia para distanciarse de ellos y de las obligaciones que tendrían que asumir en caso que admitieran lo que se ve en la práctica: que funcionan en base a jerarquias rígidas y crean relaciones de poder en que los entregadores son el lado más frágil.

La profesión de hacer flete con motos ya es clasificada como de riesgo. Cuando se trata de un empleo formal, há una serie de normas que o el contratante debe respetar, como piso salarial que varia entre R$ 980 y R$ 1.300, seguro de vida, equipos de proteccion, pago de la depreciacion de la moto y adicional de peligrosidad. Todo esto es obligatorio, y no alejaa a las demás imposiciones legales que todo contrato en regimen CLT [Ley de Trabajo] posee. De todo esto, las empresas de entregas pagan sólo el seguro de vida – que no vale para la covid-19.

El seguro contra accidentes es ofrecido por Uber Eats desde la creacion del servicio. Pero la empresa no respondio cuando le preguntamos si el seguro pasará a cuebrir gastos médicos en casos de enfermedades contraídas durante el ejercicio del trabajo o pagará indemnizaciones por muertes derivadas por ellas. Rappi, iFood y 99Food informaron que pasaron a ofrecer el seguro a fines de 2019, pero dejaron en el aire los temas sobre la cobertura de patologias contraídas en las entregas. Ya Loggi es la única de las empresas en trabajar sólo con microempreendedores individuales [algo así como autónomos], o MEIs, que además del seguro de vida, jubilación y tienen derecho a ‘seguro por enfermedad pago por el INSS [Insituto de Seguridad Social].

Luego de recibir por WhatsApp un link para la página que dá detalhes sobre el seguro ofrecido por iFood, Intercept reforzó a un asessor de la empresa sobre la ausencia de la información pedida. “Queremos saber si va a haber un seguro para el caso de problemas/muerte[s] derivada[s] de enfermedades contraídas en el ejercício del trabajo”, repetimos. “Ellos son socios”, corrigió el asesor.

Llegó el momento, según la investigsadora de la Unicamp, de mirar hacía la “precariedad de esta relacion”, que ya somete a los trabajadores – generalmente hombres, negros y de alrededor de 20 años, según un estudio de Aliança Bike – la condiciones insalubres y peligrosas cotidianamente. “Ahora ellos están en una condicion de alto riesgo”, dijo Abílio. Es necesario que las empresas asuman que están gerenciando un trabajo que amenaza a la salud de los entregadores sin condiciones de remuneracion o seguridad adecuadas.

Trabajando en motos o bicicletas y sin una oficina de las empresas a que recurrir, los entregadores pueden terminar todavía más expuestos en el período entre una entrega y otra. Es común que, en esos momentos, grupos de ellos se junten en plazas y otros espacios abiertos para conversar o descansar. Imágenes como la de un entregador hundido hasta las rodillas en un mar de barro durante un temporal en Belo Horizonte, atravesando sin ninguna proteccion ante la inundación con la mochila de iFood en sus espaldas, muestran la precariedad a la que ellos son sometidos. Que, durante una pandemia, puede tener consecuencias drásticas.

Paulo Lima vive en la periferia de São Paulo con su madre, esposa e hija. En el mismo terreno, vive su abuela, de 86 años e con la salud debilitada. Además de evitar o contacto con ella, Lima cuenta que corre para sacarse la ropa y colocarlas para lavar apenas llega del trabajo. “Tomo un baño antes de que mi hija sepa que llegué”, agrega. “Ella tiene dos años y corre para mi si me ve”.

La entregadora Carla no trabajaba desde el principio del brote do coronavirus en Brasil. Como su padre es diabético y sufre de problemas cardiovasculares, ella decidió alejarse por un tiempo para no colocarlo en riesgo. Pero, con las facturas llegando, tuvo que volver a trabajar con la aplicación. “Ellos trabajan y vuelven a casa,viven con varias personas. Es un tema de salud pública”, enfatizó Abílio.

Recelosa, Carla hace lo que está a su alcance: dice estar intentando alimentarse mejor, tomar bastante agua, vitamina C y propóleo – además de hacer uso de alcohol gel. Luiza*, que tiene 43 años y hace entregas para Rappi, iFood y Uber Eats, también no ve otra alternativa. “Estoy preocupada, pero continuaré”, afirma. “Es mi único ingreso. Si paro, no tendré como pagar mis cuentas”. Luiza suspendió temporariamente las visitas a sus padres, que forman parte del grupo de riesgo para la covid-19. Roberto*, de 26 años, que entrega para iFood, se junta a las palabras de las colegas: “Infelizmente llegó el momento de prevenirse y trabajar con barbijo”, lamenta, diciendo que no puede parar con las entregas.

E quem ficar doente?

Las cinco empresas contactadas por Intercept – 99 Food, iFood, Loggi, Rappi y Uber Eats – dizem não ter nenhum caso de entregadores infectados pelo coronavirus. Todas exceto a Loggi, porém, nos disseram estar se preparando para a possibilidade con a criacion de fundos para oferecer auxílio financeiro aos trabajadores que adoecerem.

Ludmila Abílio reconhece a importância da medida y o alívio que ela pode trazer aos trabajadores, mas faz una ressalva. “Ao fazer isso, o que as empresas estão dizendo implicitamente é: ‘Vocês estão na linha de frente’”. Ou seja: as empresas sabem que estão colocando os trabajadores en perigo y continuarão a fazer isso até que adoeçam. Só aí oferecerão ajuda de verdade – embora nem essa ajuda esteja clara.

A pesar de que la Organizacion Mundial de la Salud, la OMS, recomienda tests en masa para el nuevo coronavirus, el Ministerio de Salud anunció que sólo los pacientes graves serán testados, debido a la falta de kits de exámenes. Con la decisión, los entregadores temen no tener condiciones para comprobar la enfermedad. Todos los trabajadores oídos por Intercept afirmaron que, en caso de que tengan síntomas del coronavirus, buscarán atención médica y entrarán en contacto con las empresas. Sin embargo, nos dijeron que las empresas poco informan sobre sus destinos en caso en que se enfermen.

Las cuatro empresas afirman que cualquier entregador diagnosticado con covid-19 o en cuarentena podrá recibir ayuda. En Rappi, el auxílio es limitado a 14 días. el período es el mismo en Uber, en que el valor corresponderá al promedio de comisiones del entregador en los últimos seis meses. En 99, quien estuviera con cuarentena decretada por sospecha del virus recibirá el auxílio por 14 días. Los que tuviesen sus tests positivos, por 28.

Cuestionadas sobre detalles, sólo 99 respondió: el valor mínimo garantizado a los entregadores será de R$ 300 reales, y el máximo será calculado en base al promedio de las ganancias diarias del trabajador entre diciembre y febrero. Las soliciudes pasarán por análisis y el valor puede llevar hasta 15 días para ser depositado en la cuenta.

Las demás se restringieron a afirmar que más detalles serán anunciados en breve. “¿Cuál es el valor [de la contribucion]? ¿Cómo será calculado? ¿Qué será necesario para que el entregador  conseguir ese auxílio? No hay tests, ¿como esa persona va a probar que está con corona?”, cuestionó Abílio. Mientras tanto, no hay respuestas.

Aunque el momento sea de mucha tensión, recuerda la imvestigadora, los entregadores de empresas-aplicaciones pueden aprovecharlo para probar una cosa: más que nunca, ellos serán necesarios. “Tal vez sea el momento de ellos entender esto colectivamente y conseguir pautar las demandas de ellos”.

*Nombres alterados a pedido de los entrevistados para evitar represalias.