Esto no es una casualidad, sino un modelo repetido a lo largo del continente

La izquierda colonial

La intelectualidad de “izquierda” servil a gobiernos impostores, expresiones mayúsculas de la decadencia política, del derrumbe moral y ético, además de la depravación práctica del ejercicio del poder, aplauden y hacen apología de las formas de gubernamentalidad clientelar y del desborde de la demagogia del populismo del siglo XXI. Para esta intelectualidad, que ha perdido no solo la capacidad crítica, que es como el atributo del marxismo inicial, sino también la facultad del raciocinio, pues se niega a hacer un mínimo análisis de lo ocurrido en la historia reciente de los llamados “gobiernos progresistas”, incuestionablemente ha habido un “golpe de Estado en Bolivia”. No constatan lo que dicen con los hechos, no acuden a fuentes, no se toman el trabajo de averiguar lo que pasó, mucho menos atender al debate y a la discusión generada en los lapsos políticos del “progresismo”; solo atinan a repetir como voceros ensimismados lo que la propaganda política y la publicidad compulsiva gubernamental han difundido a través de los medios de comunicación. Se parecen a militantes enceguecidos y fanáticos, en realidad burócratas, de la aciaga época estalinista, que convirtió a la revolución socialista en la institucionalización de una monarquía “socialista”; un barroco histórico-político-jurídico tenebroso.

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El analisis de Raúl Prada Alcoreza refiere a Bolivia, pero si reemplazáramos el nombre de Bolivia por la Argentina, o por Venezuela no necesitaríamos realizar mayores modificaciones. Comprendamos que esto no es una casualidad, sino un modelo repetido a lo largo del continente.

Hoy en la Argentina los Fernandez están designando personeros de la Barrick Gold y del extractivismo en todos los niveles del Estado rentistico y colonial.

Es el modelo neopopulista, demagógico y agroindustrial que hemos venido al que hemos venido aludiendo de forma crítica y desde el GRR (grupo de reflexion rural)/ durante los últimos veinte años. //

Jorge Rulli

Brasil: ¿Por qué la izquierda no está conquistando nuevos corazones?

The Intercept

>Rosana Pinheiro-Machado

La naturaleza de las redes favorece a la crítica en masa, que comunmente deriva hacia el fin del debate.

Joca, un chico negro y suburbano, tenía 16 años cuando intentó participar de una movilización estudiantil de su escuela. Se sentia atraído por la política porque se indignaba con la precariedad de la vida cotidiana de Alvorada, en la región metropolitana de Porto Alegre, uno de los municípios más violentos de Brasil. Durante la movilización para una protesta, no estuvo de acuerdo con los carteles contra la policía militar por ser sobrino de un policía. Un colega lo llamó de fascista, y ellos se pelearon a trompadas.

Hoy, con 23 años, Joca ya es padre y dirige 16 horas por día para una aplicación. Ya fue asaltado y perdió su auto, lo que ayudó a hacerlo un penalizante convicto, dando su primer voto a Bolsonaro.

No presencié la pelea para saber qué sucedió de hecho. Sólo tengo un relato construído sobre una indignación que no encontró su lugar en la izquierda. La resolución del conflicto fue trompada y guirada reacionaria.

El objetivo de esta mi columna no es conjeturar sobre la verdad de lo que pasó, sino refleccionar sobre un posible nuevo futuro. Desde que oi esta historia el año pasado, me he preguntado: ¿cómo podria haber sido diferente? Joca continúa siendo un joven negro, víctima de la violencia estructural de un sistema racista y clasista, y quién lo abrazó fue el bolsonarismo. Todavía no tengo las respuestas, pero pienso que, en las redes y fuera de ellas, una grande parte de la izquierda está más cerrada que abierta. Rechaza más que lo que acepta. Cancela más que lo que dialoga.

Carnét

La manera como la izquierda y la extrema-derecha reclutan a sus miembros ha sido muy distinta. Durante la huelga de los camioneros, todo lo que oia era que los trabajadores pedían intervención militar y que aquello era un lockout – y no huelga. Con mi socia de investigaciones Lucia Scalco, me dirigí a un lugar de un campamento. El que encontré, de acuerdo a lo conté en esa época, fue una profusión de visiones distintas, ambíguas, que escapan a la lógica binaria de derecha e izquierda. Eran trabajadores precarizados que, como Joca, sufrían la violencia capitalista en la piel y expresban sua indignación muchas veces de forma contradictoria. Pero lo que llegaba para ellos en la disputa política eran los memes y vídeos de Bolsonaro via WhatsApp.

Sabemos que no existe el trabajador ideal, libre de contradicciones, conflictos de classe y listo para adherir a la lucha anticapitalista. Lo que existe son brasileños de carne y hueso que van a la iglesia, viven en barrios con infraestructura precaria, ven la telenovela, les gustan los autos, pero toman un colectivo lleno, que se las rebuscan en changas (y, a veces, lo llaman “empreendedorismo”). Son personas que crecieron en un país de tradición conservadora, autoritaria y violenta, en que “llevar un castigo con el cinturón” es todavía un método de educación de muchos niños. Son personas que viven peleando contra las corruptas autoridades políticas por su negligencia.

Militantes de colectivos de izquierda, que actúan de forma microscópica en la punta del sistema, negocian diariamente con la complejidad humana – algo que la izquierda institucional dejó de hacer. Las personas son atravesadas por camadas de conservadorismo y punitivismo que se mezclan a experiencias de reciprocidad, creatividad y ayuda mutua comunitaria: es la persona que hace limpieza por horas que vota en Lula, que cree que bolsonaro es machista, pero está desesperada porque su hija de 12 años se identifica como lesbiana; es el vigilante que quiere un sistema de salud mejor, que frecuenta terreiro [templo de religión afrobrasileña], pero sueña andar armado para matar bandidos.

La formación política es un proceso que exige aliento y disposición para el diálogo.

En la práctica, no es raro, que quien juzga a estas personas son también aquellos que caen en sus propias trampas retóricas. Hay militantes que justifican las alianzas más pragmáticas del PT [Partido de los Trabajadores de Lula-Dilma] con partidos e iglesias, pero que están listos para tirar piedras en cualquier persona del centro. Hay militantes machistas en los directorios, que critican a la Red Globo y se sacan fotos orgullosos en sus estudios, que critican al liberalismo y viven de la lógica hiper liberal y competitiva de las redes sociales. Y todo esto forma parte de nuestras contradicciones diarias. Son estas mismas personas que exigen de un camionero, de un joven del funk ostentación, de un profesional autónomo una pureza ideológica que no encontramos ni en el campo de la izquierda. No lo encontramos porque no es real. La coherencia política es un proceso en permanente construcción.

El bolsonarismo y las iglesias evangélicas actualmente reclutan a sus miembros de forma abierta y después trabajan su visión del mundo. Gran parte de las izquierdas – tanto la partidaria como la que se manifiesta en las redes sociales – han hecho lo opuesto: habla desde adentro, enmarca a los sujetos a priori y los aleja. Esso me parece un error primario: un desvio del principio de la camaradería universal. Una izquierda humanista deberia ampliar el debate y disputar visiones políticas. La formación política es un proceso que exige aliento y disposición para el diálogo.

Frente a un gobierno autoritario donde se hacen fuertes los grupos de extrema-derecha, neonazistas, masculinistas y supremacistas blancos, ampliar las bases de diálogo es un deber político – un imperativo histórico de nuestros tiempos. Infelizmente, lo que hemos observado es la prevalencia del clubismo, revanchismo y cancelamiento de miembros. Estamos cerrándonos mientras deberíamos estar intentando abrir frentes.

Difícil de entrar, fácil de salir

El exclusivismo y el purismo parecen hacerse más fuertes por la lógica de las redes sociales. La naturaleza de las redes favorece a la crítica en masa, que comunmente deriva en el fin del debate. Se suma a la fragilidad de la política del reclutamiento, el fortalecimiento de la cultura del “cancelamiento”.

Resolver a este problema es una tarea muy difícil porque la crítica libre es una condición fundamental de la democracia, y figuras públicas necesitan ser confrontadas. El problema es siempre el límite entre la crítica y la masacre virtual que aniquila reputaciones.

Un ejemplo reciente sobre el desafio de establecer el límite entre crítica y cancelamiento viene del psolista [Por el PSOL, Partido de izquierda] Marcelo Freixo que votó a favor del paquete (minimizado) de Moro [paquete de leyes antidelitos del ex-juez y actual ministro Sergio Moro]. Los electores, activistas y voces públicas del movimiento negro criticaron de forma contundente a su voto, mientras que la base de apoyo al diputado intentaba explicar los motivos. Mi visión es que Freixo, como cualquier político en una democracia, necesita ser cuestionado y reclamado, especialmente si su actitud hiere princípios de una parte importante de su base.

El problema es que muy frecuentemente las críticas derivan hacía la lógica de la anulación y exclusión de personas e ideas al atribuirse rótulos y aniquilar trayectorias o cuando se cierra el debate en vez de abrir intercambios entre posiciones contrarias. Establecer un límite entre la crítica necesaria y el escrache público es un dilema que las redes sociales aún no resolvieron. Mi posición, como alguien que es frecuentemente criticada, es buscar un medio-término: navegar por aguas turbias y filtrar la crítica. Si soy criticada en masa, es necesario ver que allí hay algo que tengo que rever. El desafio es hacer ese filtrado en medio a una horda de comentarios nefastos.

La última vez que recuerdo haber sido “cancelada” fue por haber escrito que no estaba de acuerdo con la posición revanchista del “Te avisé”. Varias personas, con argumentos relevantes, argumentaban que yo estaba equivocada, pero la mayoria eran comentarios despectivos, misóginos e incluso criminales. Una persona empieza “esta nunca me engaño ja ja” y alguien va y dobla la apuesta para ser más divertida o demoledora en el proceso de manada. El punto al que quiero llegar es que muchas personas como yo, que tienen la disposición de rever su opinión, terminan por desistir de opinar porque el costo humano es muy alto.

Varios activistas, artistas e intelectuales me relatan que no hacen más ciertas críticas en público porque consideran el desgaste muy grande. Son personas que están enfermándose con la toxicidad y recrudecimiento del debate. Con esto, ganan los militantes que crecen exclusivamente del polemismo disfrazado en radicalidad. Esa lógica autodestructiva es insustentable. Como en el cuento clásico “El alienista”, de Machado de Assis, todos un día serán cancelados.

Cuando el asunto es cancelamiento, el comportamiento de la extrema-derecha bolsonarista es mucho más nefasto. Bots (robots) actúan como milícias virtuales, y miembros del PSL [el partido de Bolsonaro] se ofenden de un modo vulgar en las redes sociales. Pero ellos están en el poder. Ya la izquierda necesita andar por el camino opuesto: un largo proceso de reconstrucción y diálogo franco con la sociedad brasileña.

No necesitamos abrazar bolsominion [los simpatizantes de Bolsonaro]. Es totalmente legítimo que la izquierda, golpeada por todos los lados, esté hoy recrudecida, herida y con bronca de aquellos que votaron en un proyecto autoritario que masacra a las minorias. No es la onda de ‘paz y amor’ que estamos necesitando. El desafio del futuro inmediato es no dejar que este sentimiento de injusticia e indignación derive hacía un resentimiento individual, pero que sea capaz de transmutarse en acción y un proyecto colectivo.

El PT Fue Pragmático Para Llegar Al Poder. Pero Rechaza Dar Las Manos En El Momento De Defender Al País

The Intercept

8 de Setiembre de 2019,

Las elecciones de 2022 ya empezaron. Todavía es temprano, pero los ataques mutuos entre Doria [Jõao Doria, gobernador de San Pablo y posible candidato a la presidencia para 2022] y Bolsonaro marcan el inicio de la disputa para atraer al electorado identificado con la derecha. Mientras tanto, la izquierda sigue dividida, desarticulada y paralizada frente a la violencia del bolsonarismo en el poder.

El lunes 2 de setiembre, fue lanzado en la Universidad Católica, en São Paulo [PUC], un manifiesto que busca reorganizar a la oposición. Bautizado de “Derechos Ya! – Foro por la Democracia”, el movimiento es un intento de formar un frente amplio en defensa de la democracia contra los ataques del gobierno Bolsonaro. El nombre del movimiento es una referencia a las Directas Ya, creado a inicios de los años 80, cuando el campo democrático, todavía bajo la dictadura, se unió para reivindicar elecciones presidenciales directas.

Representantes de 16 partidos e integrantes de diversos segmentos sociales estuvieron presentes en la PUC. Nombres importantes como Flávio Dino, del Partido Comunista do Brasil [PCdoB], del PDT Ciro Gomes, Márcio França, del PSB, Marta Suplicy, hoy sin partido, dejaron las diferencias de lado en nombre de la defensa de la democracia. Nombres como Kassab (PSD) y los tucanos [del partido del ex-presidente Fernando Henrique Cardoso] Fernando Henrique Cardoso, Alckmin y Anastasia mandaron mensajes de apoyo. Sí…ya lo sé, un frente amplio más contra la barbarie no puede ser encarado como un club de amigos, pero como un movimiento heterogeneo, que reúne a un amplio espectro de la sociedad alrededor de la defensa de valores democráticos.

Tragarse algunos nombres de centro-derecha me parece un precio razonable a pagar por la defensa de la civilización. El avance de la extrema derecha no es una exclusividad brasileña. La formación de frentes amplios de este tipo ha sido la salida que los democratas de varios países encontraron para combatir a gobiernos autoritarios. No se trata más de izquierda vs. derecha, sino de civilización vs. barbarie.

La misión del movimiento es complicada. Hay muchos traumas derivados del impeachment [la destitución de Dilma Rousseff], y juntar a opositores tradicionales no es fácil. Pero me parece evidente que la ampliación del arco en apoyo a la defensa de los valores democráticos es el único camino posible para el enfrentamiento a la escalada del autoritarismo. Infelizmente ni todos en el campo progresista piensan así.

Petistas [del Partido de los Trabajadores de Lula/Dilma] también participaron del evento, algunos incluso ayudaron en la organización. Pero ningún dirigente fue, lo que indica que el partido no entrará de cabeza en el movimiento. Fernando Haddad [el candidato presidencial del PT que perdió contra Bolsonaro], que llegó a participar de la gestación del grupo en mayo, confirmó su presencia en el evento, pero simplemente no apareció. No mandó un mensaje para ser leido en el evento como hicieron otros ausentes, ni mandó a un representante. Así como Haddad, el psolista Guilherme Boulos [candidato presidencial del Partido Solidaridad y Libertad, de izquierda] también participó de las primeras reuniones, pero decidió no comparecer. Tampoco había ningún lider del PSOL presente.

La asesoria de Haddad informó que él tuvo que recibir a una persona en su casa en un compromiso privado. Según la periodista del diario Estadão, Sonia Racy, “fuentes petistas admitieron que el partido hizo fuerte presión para que Haddad no fuese. El motivo: a la sigla no le interesa dividir el protagonismo en la oposición. Y ella no desiste de la bandera ‘Lula Libre’ en la línea de frente del movimiento”. El partido decidió no involucrarse institucionalmente con el movimiento por no poder controlar sus pautas.

En las redes sociales, parte de la militancia petista colocó en duda la información del diario Estadão, diciendo que el PT no participó porque el evento fue organizado por el PSDB [el Partido del ex-presidente Fernando Henrqiue Cardoso]. No es verdad. El principal idealizador del movimiento es el sociólogo Fernando Guimarães, un tucano [del PSDB] que lidera a una corriente de izquierda dentro del PSDB. La creación de Derechos Ya enfureció a la cúpula del PSDB en São Paulo, que pidió su expulsión.

El PT sigue teniendo a Lula Libre como su principal bandera, por no decir la única. Es una pauta justa, legítima e importante. La Vaza Jato trajo pruebas definitivas de que el ex-presidente [Lula] fue acusado por fiscales comprometidos con causas políticas y condenado sin pruebas por un juez parcial e igualmente alineado a causas políticas. La condea de Lula es fruto de un proceso de deterioración de las instituciones democráticas, que culminó con la elección de Bolsonaro y se intensificó brutalmente con su gobierno. En mi opinión, la defensa de un ex-presidente que fue víctima de un juicio político deberia ser una bandera fundamental de todos los que están dispuestos a defender la democracia, pero no es esta la realidad.

Hay mucha gente en el campo democrático que no está de acuerdo de que esa sea una buena estrategia en el combate al bolsonarismo. No hay como huír de esto. Infelizmente, el [cacoete de la hegemonia habla más alto, y el PT se niega a participar de cualquier movimiento que no tenga a la libertad de Lula como bandera principal. Es increíble notar que el partido, que tuvo a sus gobiernos marcados por el pragmatismo y que se alió el año pasado a partidos que derribaron a Dilma, se niegue a dar este paso atrás en nombre de la lucha contra la salvajeria bolsonarista.

Las lecciones de la última elección fueron ignoradas. Las encuestas indicaban que sólo Lula venceria Bolsonaro en una segunda vuelta. Con la confirmación de que el ex-presidente no podria disputar, el partido eligió a Haddad de último momento, apostando que la transferencia de votos de Lula para el candidato del PT sucederia de forma natural. En aquel momento, ya estaba claro que el antipetismo era más fuerte que Haddad. Era el tiempo de ir para atrás y arreglar con Ciro Gomes [el candidato que salió tercero, de izquierda] como primero en la fórmula para intentar evitar la tragedia Bolsonaro. El nombre del pedetista [Ciro Gómes] aparecia en las encuestas como el único con chances de derrotar a Bolsonaro en la segunda vuelta. Aún así, Ciro no seria garantia de victoria, al contrario. Las chances de perder también eran grandes. Pero alli podria ser el inicio de la construcción de una oposición sólida al bolsonarismo.

Pero el PT prefirió perder como protagonista a intentar ganar como actor secundario. La estrategia fue buena para el partido, que perdió la elección, pero mantuvo la hegemonia en el campo de la oposición al formar la mayor bancada en la Cámara de Diputados. Pero fue malo para el país, que, luego de ocho meses, está con una oposición debilitada y desarticulada para enfrentar el desmonte avasallador del Estado brasileño.

El PT es el mayor partido del Brasil. Tiene una fuerte base social, alcance en todo el país e, incluso con la huída sufrida por la operación Lava Jato, consiguió elegir a la mayor bancada de la Cámara de Diputados. Es difícil imaginar un movimiento de oposición efectivo al bolsonarismo sin la participación del partido. Infelizmente, hasta aqui todo indica que sus dirigentes no se entusiasmarán en este frente amplio por temer la perdida de la hegemonia.

El partido cree que el protagonismo es un derecho natural debido a su tamaño, a su fuerza. Esto tendría todo sentido si la democracia estuviese bajo condiciones normales de presión y temperatura, lo que definitivamente no es el caso. El antipetismo hoy es la mayor fuerza política del país. Es tan fuerte que eligió a un hombre que dijo “vamos a fuzilar a la petralhada” [por los militantes del PT] durante la campaña. Este es un dato de la realidad que no puede ser ignorado más. El bolsonarismo no es una fuerza política convencional. Es liderado por un ex-militar rencoroso, autoritario, [imbuído de la misión de desmontar al Estado, agradar a la horda de seguidores fanáticos y pasar el tractor encima de quien piensa diferente.

El PT calcula que lo mejor a hacer es dejar a Bolsonaro sangrando hasta 2022 [fecha de la próxima elección presidencial], perdiendo popularidad y, así, derrotar a la derecha en las urnas. Es un error. Es subestimar una vez más la fuerza avasalladora del antipetismo, que no va a desaparecer del día a la noche. Se corre el riesgo de no tener ni democracia ni Lula libre. Como dijo el linguista estadounidense Noam Chomsky, presente en el evento del movimiento Derechos Ya, “el componente central de la izquierda es el PT y el partido quedó desacreditado, en parte por motivos correctos, en parte por mala propaganda y campañas ultrajantes en las redes sociales de las que no se recuperó”.

Es urgente juntar a las fuerzas democráticas, crear un diálogo plural, formular propuestas comunes y crear condiciones para una oposición efectiva. No hay más espacio para una disputa de hegemonias e imposiciones. O los democratas se unen ahora contra el gobierno fascistoide, creando un relato único alrededor de la defensa de los valores democráticos, o en la próxima elección — si hubiera elección! — elegiremos un presidente para administrar los escombros.

Brasil: Guilherme Boulos ex-candidato a la presidencia por el PSOL de Izuierda: Debemos buscar respuestas a las preguntas de la sociedad

Folha de São Paulo

El caso de los diputados del PDT y del PSB [se refiere a diputados/as de partidos de izquierda que desobedecieron la orden de sus partidos, eran bancados por fundaciones o asociaciones de “formación política”] que votaron por la reforma de la Previdencia abrió el debate público, aunque sesgado, sobre la renovación de la izquierda. Parte de la prensa se apresuró en anunciar el conflicto entre una izquierda “vieja y rencorosa” y un soplo de novedad, representado por Tabata Amaral (PDT-SP) y grupos como Acredito y RenovaBR. Ver las nuevas generaciones entrando en la política es muy bueno y tiene potencial de oxigenar al debate. Pero ni todo lo que es nuevo es una renovación.

La reforma de la Previdencia es enblemática para entender donde se dividen las aguas. Aunque el texto final haya sido más civilizado que el de Paulo Guedes [el mandado por el ministro de Jair Bolsonaro], mantuvo duras pérdidas para los trabajadores: 40 años de contribución para la jubilación integral, reducción de la pensión por muerte y de la jubilación por invalidez y reglas más duras para el cálculo de los benefícios y la asignación salarial.

No por nada, el 82% de la economia prevista está justamente en la asignación y en el régimen general, que tienen en promedio un pago de un poco más de R$ 1400 [unos u$s 350]. Mientras tanto, el régimen de las Fuerzas Armadas, con benefícios en promedio de R$ 13.700 [unos u$s 3425], permaneció intacto.

Defender a esta reforma en nombre de la austeridad fiscal, aunque cruel, es conprensible en la lógica de los liberales. Ahora defenderla en nombre del combate a las desigualdades e incluso asociar esto a una “izquierda renovada” es casi una burla. Aunque es un hecho que el papel de novio traicionado asumido por dirigentes partidarios no convence, ya que las posiciones del Acredito y de sus financiadores siempre fueron claras.

Quien quiere una izquierda que acepte el retiro de derechos en nombre del “ajuste fiscal”, la privatización de enpresas públicas en nombre de la “eficiencia del mercado” y que resigne de defender la regulación del sistema financiero en nombre del “ambiente de negocios”; quien quiere a una izquierda que no defienda la libertad de Lula, incluso luego de desenmascarado el fraude, en nombre del “respeto a las instituciones”, quiere a una izquierda inofensiva y no renovada. Una izquierda sin dientes.

En la coyuntura mundial de avance de la extrema derecha, es justamente donde afirma sus principios, en vez de diluírlos en el liberalismo, que la izquierda ha sido capaz de inspirar a la juventud y construir alternativas: del enfrentamiento a Wall Street de Sanders y AOC al plan de renacionalización de Jeremy Corbin, pasando por el Bloque de Izquierda portugués, que creó las condiciones para una coalición antiausteridad.

No hay dudad de que la izquierda brasileña necesita de renovación. Sufrimos una dura derrota y es necesario aprender con ella. Los errores fueron muchos, empezando por el vicio de la adaptación: la izquierda se acomodó en las instituciones y perdió a las periferias, dejando el espacio abierto para el avance neopentecostal, hoy hegemonizado por el bolsonarismo. Tenemos el desafio de llevar para el centro de la agenda reformas estructurales no realizadas, como la política —que puede romper al “modus operandi” de la corrupción en el Estado brasileño—, la tributaria y la bancaria.

Además de esto, un proyecto de futuro pasa por buscar respuestas a los grandes temas que la sociedad nos coloca hoy. ¿Cómo pensar las relaciones de trabajo en un mundo con inteligencia artificial y con el advenimiento de la industria 4.0? ¿Cómo pensar a un nuevo modelo de desarrollo, que no nos limite a la condición primaria-extractivista y en que la economia esté al servicio de la sociedad y del medio ambiente? ¿Cómo pensar una izquierda que, en el gobierno, promueva valores humanos y solidarios además del acceso a bienes de consumo?

Para volver a ser una alternativa, la izquierda no puede guiarse por un ufanismo acrítico, pero tampoco por aquellos que la quieren domesticada. Aún más frente a un gobierno salvaje y devastador.

La realidad pide una izquierda capaz de hacer una oposición dura a Jair Bolsonaro, que vuelva a pisar en el barro y que sea inspiración para aquellos que creen en otro modelo de sociedad. Para esto es necesario, en los tiempos difíciles, tener el coraje de nadar contra la corriente. Los atajos pueden parecer promisorios, pero no nos llevan lejos.

Guilherme Boulos

Ex-candidato a la Presidencia de la República por el PSOL (2018) y militante del Frente Pueblo Sin Miedo

Somos parte de la Patria Grande , apenas un fragmento de una Nación que no llegó a coagular como tal o que fue balcanizada

¿Quién va a ganar las elecciones en Venezuela? Marcha


Somos parte de la Patria Grande, apenas un fragmento de una Nación que no llegó a coagular como tal o que fue balcanizada .

Desde esta perspectiva es evidente que deberíamos aprender de lo que le pasa a los pueblos hermanos del continente .

La tragedia de Venezuela es, en buena medida nuestra actual tragedia, y me refiero a la grieta, a una dirigencia corrompida y al actual entrampamiento y falta de perspectivas . no lo decimos ahora, lo dijimos hace muchos años, cuando Gustavo Grobocopatel nos gritó que “la soja era bolivariana”.

Esas complicidades con el agrobussines la confirmamos a poco andar cuando el Comandante vino Buenos Aires, y se lo llevó a Grobo, como ministro sin cartera.

Era un modelo rentístico, casi saudita, basado en los precios del petróleo. Pretendió ser el socialismo del siglo XXI, y en realidad, no fue más que un gran dislate y un papelón para toda la izquierda latinoamericana.

Lamentablemente, compañeros sumamente respetables no quisieron verlo y lo que es peor, siguen sin poder verlo…No sabemos si un Scioli habría sido un Maduro, pero mucho de Maduro está en alguno de nuestros líderes, como están asimismo, partes de Bolsonaro.

Por lo demás, repartidos por igual en ambos lados de la grieta. Preferimos no hacer nombres pero el lector podrá seguramente ver el lado de simulaciones y relatos irrisorios en buena parte de nuestra dirigencia .

Lo penoso no es sólo que seamos incapaces de considerar el modelo rentístico venezolano y de cómo se cayó con la crisis de las commoditis, lo terrible es que no nos podamos ver a nosotros mismos,haciendo el socialismo del siglo XXI en base a 35 millones de hectáreas de soja transgénica y conurbanizando de manera forzada a más de 10 millones de argentinos…

La izquierda continúa dividiendo el mundo en izquierdas y derechas y ello requiere un esfuerzo cada vez más dificultoso .

Los 300 muertos por el lodo en Minas Gerais respondían a las crecientes necesidades de hierro de China popular y la amenaza de Estados Unidos a Venezuela que lleva muchos años nunca arriesgó la posibilidad de no comprarle su petróleo…

Esa izquierda argentina provenezolana tiene en el país su propia historia,que es también la consecuencia de no comprender los procesos latinoamericanos. No comprendieron el modelo rentístico del petróleo y tampoco comprendieron el agronegocio y la sojización impuesta por el menemismo y desde entonces mantenida como proyecto nacional. Durante muchos años acallaron nuestras denuncias del modelo de los agronegocios y de la biotecnología, movilizándose en contra del corrimiento de alambrados en Santiago del Estero o la quema de algún rancho en Quimilí.

El grueso de la militancia urbana, como el tero, gritaba bien lejos de donde estaban colocados los huevos. En realidad, lo que se sufría en Santiago del Estero era el corrimiento de la frontera agropecuaria y, por lo tanto,la lucha contra el modelo no podía resolverse en aquellas tierras, sino en la zona núcleo, y allí, muchos de estos sectores modernizantes tardíos respaldaban la soja y la transgenia . Si el modelo argentino impulsado por los Grobocopatel y los Werthein, se impuso y llegó a la mayor expansión con el kirchnerismo, fue en buena medida gracias a la complicidad encubierta de ciertos sectores militantes.

Ellos reclamaban mayor asistencialismo, que eran en realidad, las políticas del Banco Mundial, y esas políticas no hacían sino fortalecer las dependencias coloniales de la Argentina progresista en que millones de personas comen milanesas de soja y viven de los planes. Hoy muchos de los que posibilitaron aquellos colonialismos me acusan de servir a la derecha, que ellos mismos generaron con la insólita teoria de que de esa forma se unían y fortalecían. . Será seguramente la vieja teoría de cuanto peor mejor, que los ha conducido una y otra vez a sucesivos fracasos. Recuerdo mis debates de diez años atrás . Defendían la autonomía popular de los barrios de Caracas, pero respaldaban el asistencialismo en Argentina y las dirigencias progresistas con el título de ingenieros agronomos en la conducción de la Vía Campesina. Ahora quizá respalden a Cristina y se despreocupan de los cuadernos de la corrupción .

Será que tampoco quieren ver a los lideres revolucionarios de Venezuela invirtiendo fortunas en Europa. A mí me duele que hasta en los bares del pequeño pueblo en el que vivo, las meseras son venezolanas, y me duele más todavía que las cataloguen como de derecha aunque sus opiniones puedan dar lugar a ello…Son doblemente víctimas, por su exilio y por su desideologización …No puedo dejar de ver en esta tragedia el fracaso de nuestra propia izquierda que también a nosotros nos empujó al abismo alguna vez y que ahora pretende que concentre los ataques en Macri, cuando estoy convencido que él y Cristina son las dos caras de una misma moneda.//

Jorge Rulli

Espanto e incredulidad entre nosotros

Revista Piauí

Cultivar el pasado o lidiar con la realidad: Las formas de reaccionar a los nuevos tiempos en la política

Eduardo Escorel

El criterio para elegir a algunos de los nuevos ministros, excepto los de notorio saber en sus respectivas áreas, parece haber sido la capacidad de hacer afirmaciones más desatinadas que las del recién asumido presidente, cuyo repertorio de absurdos, acumulados desde hace años, es muy conocido por los brasileños.

En los primeros días de gobierno, los ministros de Relaciones Exteriores y del Gabinete de Seguridad Institucional, así como la ministra de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos, causaron espanto diciendo idioteces respecto a asuntos serios, pero le deben haber agradado al presidente.

Después de quedar conocido, antes de asumir la presidencia, por desdecir afirmaciones hechas en la víspera, el presidente inauguró un nuevo estilo – el de ser desmentido en las horas siguientes por integrantes del segundo escalón de su propio gobierno, como ocurrió hace unos días, después de haber anunciado que firmaría un decreto aumentando el Imposto sobre Operaciones Financieras, el IOF.

A su vez, el titular del ministerio que él mismo apodó de “monstruo”, por reunir Ciudadania, Desarrollo Social, Deporte y Cultura, fue más discreto. Mantenido en semiclandestinidad por los medios, el ministro de la Ciudadania se limitó a anunciar que el aguinaldo será pagado a los beneficiarios del Bolsa Família [Plan Social], repitiendo la promesa de campaña del entonces candidato a la Presidencia.

En la foto del presidente con su vice y sus ministros, hecha en el día de la asunción por Daniel Marenco, de la Agencia O Globo, el ministro de la Ciudadania se destaca por ser el más alto de la primera fila. Siendo uno de los raros políticos con experiencia del grupo, habló poco, sin evitar, aún así, derrapadas al hablar de cultura y, en particular, de cine, áreas sobre las que reveló un conocimiento superficial e ideas esquemáticas.

Lo sorprendente, en este cuadro, seria que sucedieran cambios que revitalizaran al cine brasileño, favoreciendo su inserción en el mercado interno y externo con películas que no sean más de lo mismo – películas creativas cuya ambición no sea reproducir modelos consagrados en la televisión y en la industria estadounidense. Películas que se destaquen por su originalidad y traten, cualquiera que sea su gênero – comedia o drama, ficción o documental – de temas relevantes, sintonizados con los intereses y temas vitales de la sociedad brasileña.

Si, pasada la elección de octubre, ya no teníamos más derecho a espantarnos con las declaraciones del nuevo presidente, a partir de ahora tampoco podremos sorprendernos con lo que sus ministros más charlatanes digan. Es necesario admitir haber sido más que probada la capacidad del gobierno de emitir absurdos y, en consecuencia, de cometer desastres en el ejercicio del poder.

A primera vista, seria razonable suponer que sólo puede quedarse estupefato quien ignora lo que ocurre a su alrededor. Por ejemplo, alguien que vuelve a la convivencia social después de vivir recluído, desinformado sobre lo que sucedió en el mundo mientras estuvo aislado. Ese fue el famoso caso del teniente segundo Hiroo Onoda (1922-2014), entrenado en el Servicio de Inteligencia del Ejército imperial japonés. Él vivió 29 años escondido en la selva de la isla de Lupang, en las Filipinas, sin haber sido informado oficialmente que Japón se había rendido y que la Segunda Guerra Mundial se había terminado en octubre de 1945. Cuando supo lo que sucedió directamente del mayor Yoshimi Taniguchi, antiguo comandante de su división, quedó, con razón, “atónito”, “incrédulo” y “le llevó algun tiempo asimilar la noticia”, escribió la historiadora Jennifer Rosenberg.

La posición de Onoda se contrapone a la conducta de Andrés, protagonista de Para La Guerra (2018), primera película de Francisco Marise, ex-alumno de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba. El documental se estrenó en la sección Nuevos Directores del 66º Festival de San Sebastián, en setiembre de 2018, y fue exhibido, en noviembre, en el 31º Festival Internacional de Documentales en Amsterdan, pero no tiene un lanzamiento previsto en Brasil.


PARA LA GUERRA / TO WAR / trailer 1 from francisco marise on Vimeo.


Andrés foi uno de los 36 mil cubanos que enfrentaram, a partir de 1975, junto con el Movimiento Popular de Liberación de Angola, a las tropas invasoras del Zaire y de Sudáfrica. Él participó también del apoyo militar dado por Cuba, hasta 1987, al Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicarágua, durante la lucha revolucionaria y, después de la victoria, cuando estuvo en el poder.
Cena de Para la guerra

Los cambios sucedidos en Cuba luego del fin de la Unión Soviética, en 1991, fueron testimoniadas por Andrés. Incluso así, él se mantuvo fiel al internacionalismo cubano y apegado al tiempo heroico de su juventud. Pasados 27 años, debidamente camuflado frente a la cámara de Para La Guerra, él hace demostraciones de entrenamiento militar, con la expectativa de una nueva, pero improbable, convocación para volver a combatir en el exterior.

El Andrés de Para La Guerra es un personaje solitario y desconcertante. Parece ignorar los cambios ocurridas en el mundo y en Cuba desde el fin de la Guerra Fria, a pesar de haber vivido el llamado “período especial”, en el que, además de las medidas de austeridad, fue implantada una economia de guerra para hacerle frente al embargo comercial, económico y financiero impuesto por los Estados Unidos.

Cuando Fidel Castro muere, en 2016, Andrés va a La Habana a participar de la manifestación en homenaje al líder de la revolución victoriosa, primer secretario del Partido Comunista de Cuba durante 46 años, exprimer ministro y expresidente. Andrés entona, a coro con la multitud, “Fidel! Fidel! Fidel!”, en respuesta al manifiesto hecho en el discurso de Raúl Castro.

Prisionero del pasado, sin haber asimilado lo que sucedió frente a sus ojos, Andrés parece resignado con la precariedad que lo cerca. Él intenta entrar en contacto por teléfono con antiguos compañeros de lucha, pero le cuesta a encontrarlos. Llega a hablar con un homônimo, antes de localizar a otro que lo reconoce y con quien confraterniza. Pero las llamadas, hechas por celular, son precarias y él tiene dificultade para conversar. La búsqueda a través de telefonemas termina siendo una representación metafórica de la fragilidad del personaje y de la precariedad del país.

Era previsible que Onoda se quedara atónito al abandonar la selva después de 29 años y que le costara adaptarse a los nuevos tiempos. Andrés, a su vez, aparenta desconocer los cambios ocurridos a su alrededor. El veterano combatiente cubano nos deja incrédulo frente a su apego al pasado, preservado durante tres décadas.

De cualquier forma, los dos personajes tal vez sirvan de alerta para diferentes maneras de reaccionar a la llamada novedad indigesta representada por la nueva Presidencia (Eliane Brum se refiere a la novedad “difícil de tragar” en su artículo “El hombre mediano asume el poder”, publicado en El País.). Como Onoda, pasado el choque inicial, podemos asimilar lo que sucedió, lidiar con la realidad y seguir adelante; o, como Andrés, quedarnos ajenos a los hechos, paralizados por la nostalgia.
Eduardo Escorel

Eduardo Escorel, cineasta, director de Imágenes del Estado Novo 1937-45


PARA LA GUERRA / TO WAR / trailer 2 from francisco marise on Vimeo.


 

Parte de la izquierda brasileña se alimenta de un negacionismo arrogante

Blog do Sakamoto
Parte de la izquierda brasileña se alimenta de un negacionismo preocupante y arrogante. A principios de 2016, cuando escribimos sobre la posibilidad real de Jair Bolsonaro tornarse presidente dada la coyuntura, muchos dijeron que él no saldria ni como candidato y que, por lo tanto, analizar como él construía una base social era innecesario.

En 2017, cuando investigadores alertaban sobre el poder de fuego del ejército digital que él había conseguido crear en las redes, la respuesta de los progresistas era que eso no haría la diferencia frente al tiempo de TV de los partidos chicos que le darían guarida. Además, el aviso sobre el impacto de que las empresas comprasen impulsos en redes sociales y disparos en WhatsApp, en un nuevo tipo de ingresos electorales ilegales, ya había sido dado en las elecciones municipales y la respuesta era de que esto era una idiotez.
A principios del primer semestre de 2018, frente al avance del capitán en las encuestas y la perspectiva concreta de la prisión de Lula, la respuesta era siempre que el ex-presidente ganaria de él en la primera vuelta o eligiria a cualquiera que lo representase. En el segundo semestre, incluso con el impacto de la fatídica cuchillada, había gente importante en el PT []el partido de Lula] hinchando para que Bolsonaro estuviera en la segunda vuelta, afirmando que habria una ola en la sociedad contra él.

Ahora, con el diputado federal electo presidente, no son pocos los analistas y militantes a la izquierda que clavan que su gobierno no dura un año, teniendo una implosión por sus propios errores o su incompetencia y siendo, posteriormente, fagocitado por los militares.

No hay variables explicativas decentes, por ahora, para sustentar esta hipótesis, pero ella sigue exiestindo incluso así. La idea de posverdad, cuando la emoción al transmitir un hecho es más importante para generar credibilidad alrededor de él que las pruebas de su veracidad en sí, nunca pareció tan pertinente.

Quien va a terminar con una implosión con sus propios errores es parte de una izquierda que niega cualquier pronóstico que no se encaje en una perspectiva en que ella misma salga vencedora.
La autocrítica reclamada a ella no es sólo sobre la corrupción bajo los gobiernos del PT o sus decisiones económicas equivocadas, sino – principalmente – respecto de una arrogancia que impide que vea con claridad la coyuntura, que trate los resultados negativos como un error suyo, no como mérito del adversario, y que crea en la infalibilidad de sus creencias.

Parte de la izquierda deseaba retomar el poder cavalgando el discurso del retorno a la bonanza de la década pasada aunque el escenario económico no cuente con la abundancia del ciclo de las commodities y no permite más la conciliación lulista entre capital y trabajo.El musmo grupo tiene integrantes que no abandonan el discurso del desarrollo a cualquier precio – que llevó a aberraciones como Belo Monte, obra involucrada con deforestación ilegal, violência contra poblaciones indígenas y ribereñas, trabajo esclavo y tráfico de personas y, claro, corrupción.

No entiende muy bien quíen es el nuevo elector de clase media baja que quiere representar, que toma a Lula como ejemplo no por la política, sino por haber vencido en la vida.

Sigue prepotente, creyendo que entiende como funciona la dinámica de las manifestaciones sociales, culpando a los medios por todos sus problemas, incluso cuando ellos mismos contribuyeron a colocar más combustible donde ya había fuego.Y en nombre de la gobernabilidad, palabra escrita con sangre y mierda en el muro del infierno, mantuvo alianzas con ingredientes impronunciables.El autoengaño, tal como el odio y la ignorancia, es un lugar agradable. Un refugio frente a la realidad fria y desoladora. A través del autoengaño, dejamos de asumir muchas de nuestras ignorancias y responsabilidades y le hechamos la culpa a lo desconocido, lo oculto, lo sobrenatural, al exterior, en la orquestación que nos transforma en víctimas del mundo.

Hay un gran desierto frente a la izquierda. Le cabe a ella decidir si va a ver eso y dedicarse al trabajo de reconstruir, junto a las bases populares, un relato que entusiasme, movilice y le de sentido. O si va a continuar creyendo en las historias que parte de ella crea para dignificarse a si misma.