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La dictadura de la evidencia Científica

Fuente Observatorio de la Prensa
Por João Ricardo Zini 22/12/2015 en la edición 882

En medio a las preocupaciones que siguieron a la confirmación de la tríple plaga transmitida por el aedes aegypti [el mosquito que tranmite el dengue, el virus Zika y la fiebre chikungunya], en diciembre otro recelo irrumpió en las redes sociales. Los alertas anónimos de que el virus zika también podria atacar al sistema nervioso de niños de hasta siete años y de ancianos. Rápidamente, especialistas del área de la salud salieron en público a desmentir estas versiones. El vicepresidente de investigación y laboratorio de Fiocruz declaró que no existe evidencia científica que pueda relacionar al vírus zika al comprometimiento nervioso en niños menores de siete años y con ancianos .

La respuesta le puso fin a las dúdas y mandó el asunto al archivo de las redacciones, ¿verdad? No tanto. Al menos para el periodismo que no se limita a la pasividad de mero repasador de información, aquella respuesta no dice mucho. No se trata de darle crédito a rumores, dudar de los especialistas, alimentar el miedo injustificado o diseminar el pánico. Pero la afirmación de que “no hay evidencias científicas” es un viejo clichê que, en ciertas situaciones, inquieta más de lo que explica. Cuando las vidas pueden ser comprometidas, la falta de demostración cartesiana de los riesgos no significa que ellos no existan. Ni hace perenptoria la respuesta de la fuente a punto de callar nuestras interrogaciones más íntimas.

No podemos abandonar el ejercicio crítico que permite vislumbrar más allá de la hegemonia del discurso científico. Tenemos que considerar que fue hace sólo un siglo que la ciencia reconoció la teoria germinal de la enfermedad. Hasta entonces, la respuesta de cualquier investigador a quien indagase sobre enfermedades contagiosas y epidemias podria ser la misma fórmula genérica, pués no había evidencias científicas de que alguna enfermedad pudiese ser transmitida de un ser vivo a otro a través del contagio.

En esa época, la microbiologia era una niña. Atenta y curiosa, pero sin vacuna. Entonces, aunque no se llegaba a una conclusión científica en contra, la peste negra, la tuberculosis y la varíola extermíniban en masa. El saldo histórico de estas tres pandemias fue más allá de mil milllones de muertes.

Esta discusión podria pertenecer al pasado, si no fuese por un detalle: la insuficiencia del conocimiento científico persiste. Y va a continuar. Imaginemos que hace 35 años algun periodista perguntara a los infectólogos si las relaciones sexuales podían transmitir a algun agente capaz de destruir nuestro sistema inmunológico. Seguramente la respuesta seria en esta línea: “No hay ningún fundamento científico.”

Las posibilidades de riesgo

Ese es la paradoja. Al mismo tiempo en que ellos tendrían razón si respondiesen así, su información en nada protegeria a la vida de quien se expusiese al vírus del Sida. Hace apenas algunos meses, probablemente muchos doctores creerían un delirio decir que el aedes aegypti tenía alguna relación con la microcefalia en recién nacidos. Como siempre, mucha gente tuvo que morir para que el conocimiento científico reconociera a tales evidencias.

Por eso, la respuesta automática ya no basta. Llegamos a un tiempo en que esperamos ver la vida y la dignidad humana por encima de formalidades, protocolos y retóricas. En este contexto, decir que no hay evidencias científicas puede ser lo mismo que lavarse las manos o, entonces, afirmar: “No me comprometa.” Por eso, el periodista no debe conformarse con este patrón de respuesta, pues está frente a la típica situación en que vale cuestionar las declaraciones genéricas, reclamar una visión proactiva e instigar la apatia protocolar que hay por debajo del guardapolvo blanco.

Por más que se quiera evitar rumores, especulaciones y el pánico colectivo, en momentos de ocurrencias o endemias no aclaradas, el periodista necesita tener conciencia de que no basta saber que falta evidencia científica para esto o aquello. Tanto o más importante tal vez sea discutir posibles riesgos y, sobre todo, los casos que puedan sugerir esta o aquella hipótesis, en la medida en que eso sea relevante para anticipar medidas preventivas.

¿Qué más interesa, al final? ¿Ignorar las posibilidades de riesgo si no hubiera evidencias o buscar protección si hubiera posibilidades de riesgo?

João Ricardo Zini es periodista

Fuerza Algorítmica y fascismo

The Occupied Times

Por Dan McQuillan | @danmcquillan

Un nuevo aparato de gobierno está armándose en torno al big data y su procesamiento algorítmico. Los datos producidos a través de nuestros encuentros e interacciones diarias se está convirtiendo en el foco de nuevas formas de desarrollar políticas y forzando al cambio de comportamiento. La materia prima para estas aspiraciones es el ‘volumen, velocidad y varieda» del big data, el flujo granular de puntos de datos generados por las actividades diarias y acumuladas por las empresas de tecnología. En el pasado, estos datos se habría procesado con fines puramente comerciales, desde el uso temprano de la minería de datos para encontrar correlaciones con las compras del supermercado a la explotación de Facebook de los gráficos sociales para el análisis de marketing. Hoy, sus defensores están promoviendo los mismos métodos como el camino para conseguir traccionar en las cuestiones sociales difíciles, un enfoque a veces conocido como la regulación algorítmica. Si el procesamiento masivo de datos puede crear servicios en línea eficaces y eliminar errores, ¿por qué no aplicar estos métodos para el gobierno; después de todo, los números hablan por sí mismos ” y hay un enfoque político ya hecho que utiliza conocimientos del comportamiento para modificar las interacciones del gobierno basados en métricas. Entender los peligros más profundos detrás de esta filosofía de reducción de riesgos significa cavar un poco más profundo en la forma en que se procesan los datos para producir correlaciones y predicciones.

El Big Data es estrictamente grande en virtud de ser demasiado grande para las máquinas; al menos, demasiado grande para las computadoras individuales o servidores para procesarlo. El corolario en términos humanos es que es también demasiado grande para colocar tu cabeza alrededor de él; no hay manera de interpretarlo directamente. Los principales métodos de encontrarle un sentido a los grandes volúmenes de datos son la minería de datos y el aprendizaje automático; la minería de datos busca patrones en ellos, como las asociaciones entre variables y grupos, mientras que la máquina de aprendizaje le permite a los equipos mejorar su reconocimiento de estos patrones en los datos futuros. Por lo tanto, el Big Data puede ser procesado para producir predicciones, si están relacionados con el seguro del auto y la probabilidad de que ciertos conductores tengan un accidente, o la susceptibilidad de ciertos individuos para ser la fuente de un ataque terrorista. La práctica de la apropiación algorítmica está convirtiéndose visible en el ámbito policial. En Chicago, un análisis algorítmico predijo una lista caliente de 420 personas que podrían estar involucradas en un tiroteo, utilizando los factores de riesgo, como las detenciones anteriores, delitos de drogas, la asociación con sus conocidos y sus registros de detención. Ellos recibieron visitas de advertencia personales de un comandante de la policía. El cambio clave aquí es el de la causalidad de la correlación: a partir de la evidencia de un crimen a una probabilidad basada en la adecuación de las variables de datos. Esto, creo, va a conducir a la producción de espacios de detención fuera de la ley, o lo que se conoce como “estados de excepción”.

Los Estados de excepción son estados donde se suspenden la ley, los derechos y el significado político de la vida. El término fue desarrollado por Giorgio Agamben al cuestionar el fundamento jurídico de eventos tales como una declaración de la ley marcial o la introducción de poderes de emergencia, o la creación de espacios como la Bahía de Guantánamo. Su análisis parte de las medidas de emergencia de la Primera Guerra Mundial, alcanzando una apoteosis en el Tercer Reich. Por último, destaca que la Alemania nazi no era una dictadura; la constitución continuó, pero los nazis implementaron su programa a través del aumento del alcance de los estados de excepción fuera de la ley. ¿Cómo se relaciona esto con big data y los algoritmos? Una firma autorizando un estado de excepción es que actúa con “fuerza-de ‘: tiene la fuerza de la ley, incluso cuando no la de la ley. Ampliándose retroactívamente, vamos a considerar cómo nuestras vidas diarias se están modulados por el procesamiento algorítmico. Resulta que tus posibilidades de obtener un préstamo de día de pago ya están determinadas (invisible, rápidamente) por el análisis de tus variados datos, incluidas las redes de comunicación social. En Massachusetts, puedes encontrar que tu licencia de conducir ha sido revocada porque un algoritmo de reconocimiento facial falsamente te ha emparejado con otro conductor. La multiplicación de las decisiones automáticas basadas en suposiciones opacas es lo suficientemente preocupante, y he examinado en otro lugar la aparición de estados algorítmicos de excepción, junto con algunas sugerencias generales sobre como resistir. Aquí quiero dar la alarma específicamente sobre la superposición de la fuerza algorítmica y la política de la extrema derecha.

Podemos observar que, en muchas partes de Europa, por lo menos, la extrema derecha va en aumento tanto en las calles como en términos de representación política. ¿Qué pasa si estamos creando un nuevo aparato de gobierno que es especialmente adecuado para la implementación de estos programas? Una cabeza de playa podría ser la política de vivienda; con UKIP, por ejemplo, la vinculación de los derechos de vivienda a la residencia de los abuelos. Las preocupaciones ya se han expresado en los EE.UU. donde el procesamiento del Big Data dará lugar al retorno de la “línea roja”, la segregación racial de la vivienda fuera de la ley por la Ley de Vivienda Justa de 1968. Ahora todo desde las amistades en Facebook hasta los Registros de Foursquare podrían movilizarse e inferir el origen étnico, pero no de una manera en que sea fácil señalarlo con el dedo. Los algoritmos del Big Data no pueden deconstruir su propio razonamiento en términos humanos, sino simplemente producir correlaciones. Por otra parte, las estructuras de datos subyacentes son en sí mismos resbaladizos; como las tecnologías de bases de datos más adeptas, como NoSQL, reemplazando a las bases de datos jerárquicamente estructuradas se hace más fácil reinterpretar los datos recogidos para un propósito completamente diferente. Hoy tus preferencias para escuchar música se procesan en ‘la nube’ para sugerir qué otras cosas te pueden gustar; mañana se convertirán en parte de una lectura a distancia de tu origen étnico o político. La implementación de políticas a través de los estados de excepción algorítmicos se hacen ciegos a la supervisión estructural y, posiblemente, a su oposición, incluso la popular. Pero la resonancia de estos nuevos aparatos con el ala derecha es más que mala suerte, al menos por dos razones: la centralidad de las grandes empresas, y la afinidad de ideológica de la gobernabilidad basada en correlaciones.

La conexión histórica del fascismo con las grandes empresas es un fenómeno bien documentado, comenzando con el libro de Daniel Guerin en 1936. ¿Quién de nosotros confiaría verdaderamente en Google o Facebook como cortafuegos utiliza regresivos de sus datos si el gobierno forma parte de su acomodación, y tenemos que leer todas las diapositivas de la NSA y GCHQ filtradas por Edward Snowden para saber la respuesta? Pero más allá de eso, sugiero, que la afinidad potencial de los mecanismos basados en correlaciones y una ideología de extrema derecha. Como el historiador Roger Griffin ha observado, es un núcleo común a todas las formas del fascismo es un renacimiento de la nación desde su actual decadencia, y una movilización para hacerle frente a esos elementos de la cultura y de la población que son fuente de contaminación. Un programa para la eliminación automática de inconvenientes es exactamente el patrón que ofrece la regulación algorítmica. El peligro en este caso, la situación de la gobernabilidad de la extrema derecha, no es sólo la tendencia habitual hacía el Big Data y el procesamiento algorítmico de producir falsos positivos con los impactos del mundo real a través de procesos que carecen de rendición de cuentas. También es que la fluidez de la visión que se puede leer en las correlaciones es una alfombra de bienvenida para una política que ya ha leído el mundo a través de correlaciones paranoicas, ya ha juzgado las categorías que deben ser culpadas, y está listo para ponerlas en práctica a través de las palancas en su mano. La perspectiva es una máquina de pinball de la política social con la escisión algorítmica y progresiva de la ciudadanía. Estos fantasmas ya están entre nosotros, en la forma de los solicitantes de asilo considerados como teniendo “ningún recurso a los fondos públicos”. Si vamos a anticiparnos a esto, debemos preguntarnos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde: ¿cómo desarrollar un enfoque anti-fascista de los algoritmos?

Por Dan McQuillan | @danmcquillan

Whatsapp cayó y la culpa es de Facebook.

Pedro Ekman Carta Maior

La responsabilidad original de este daño es de la posición arrogante y unilateral de esta empresa que disimuladamente alega operar por el bien común

Brasil amaneció este jueves sin intercambio de mensajes por Whatsapp y la culpa es de Facebook. Para quien está llegando ahora, vale avisar que el Grupo Facebook de Mark Zuckerberg también es dueño de las aplicaciones Whatsapp e Instagram. La justicia determinó la suspensión por 48 horas de Whatsapp en Brasil por incumplimiento de una orden judicial que determinaba el acceso a datos de la aplicación de personas que estaban siendo investigadas.


Zuckerberg dijo estar “shoqueado de que los esfuerzos para proteger los datos personales podrían resultar en el castigo de todos los usuarios brasileños”. Mentira, Zuckerberg no está preocupado con la privacidad de los brasileños, él manipula y vende todas las informaciones que recolecta de absolutamente toda la población alrededor del mundo, incluso aquellas privadas que no era para que nadie más lo sepa a salvo vos y el destinatario de su mensaje. Mandar contenido íntimo o particular por foto, texto o sonido via Whatsapp, Instagram o Facebook es lo mismo que quitarse la ropa en un Shopping Center pensando que está entre las cuatro paredes de su cuarto. Eso no es ni de lejos estar preocupado con la privacidad de la población.


La decisión judicial de suspensión tampoco es razonable. Retirar del aire el servicio de comunicación de toda la población como castigo a un hecho restricto a pocos usuarios tampoco parece respetar el princípio de proporcionalidad garantizado en la Constitución Federal brasileña. Seria lo mismo que mandar cerrar todas las agencias de los Correos por causa de un puñado de cartas. O retirar el servicio de telefonia del aire si la operadora se niega a instalar una escucha definida por orden judicial.


Incluso la medida desproporcional de la justicia brasileña, por lo menos en parte, también es culpa de Facebook. La conducta arrogante de la empresa estadounidense recusándose a cumplir la orden judicial en Brasil practicamente lleva el litigio a una estrategia que posibilita algún efecto concreto. Antes de determinar la suspensión del servicio, la justicia ya había determinado una multa diaria de 100 mil reales [unos u$s 25 mil] que llegó a sumar 12 millones de reales [unos u$s 5 millones]. La posición de Facebook fue la misma: “No les debemos ninguna respuesta a uds., nos sometemos sólo a las leyes de los Estados Unidos”.


Muchos vieron públicamente a reclamar que Whatsapp sólo hubiera salido del aire por que en Brasil aprobamos el Marco Civil de Internet que le permite a la justicia hacer ese tipo de cosas. No es verdad, incluso antes de la aprobación de esta ley, un juez ya llegó a determinar el retiro de todo YouTube del aire a pedido de Daniela Cicarelli que queria el retiro de un único vídeo privado. Es el mismo caso de intentar eliminar al mensjero por causa del mensaje. Un error grosero que no sucedía en el mundo analógico, pero que puede tornarse una práctica en el ambiente digital por puro desconocimiento del tema por el sistema judicial o por simple abuso de poder.


Responsabilizar a la herramienta por el mal uso que se hace de ella es algo torpe. Algunos pueden decir que la criptografia es una herramienta utilizada por quien quiere esconderse para cometer crimenes. Puede hasta ser, pero es esa misma criptografia la que protege al voto electrónico, a tu cuenta en el banco y a las denuncias de corrupción de tu político preterido. No se prohíbe el uso de cuchillos, ellos pueden ser usados para lastimar a alguien y para pasar la manteca en el pan.


Además de filtrar la privacidad de todos los ciudadanos, Facebook también comete otras ilegalidades diariamente. Los planes de celular con uso “gratuito” de Whatsapp y Facebook son una afronta directa a la ley brasileña que prohíbe la discriminación de contenidos en la red. El delito cometido por Facebook y las operadoras de telefonia estabelecen un peaje selectivo en internet. De la misma forma, no tenemos que suspender la actividad de las plataformas, pero si suspender los planes de venta discriminatorios.

Más de un millón y medio de usuarios brasileños descubrieron a Telegram en las 12 horas en que estuvo en vigor la suspensión de Whatsapp. Telegram tiene garantias más consistentes a la privacidad del usuario, como servicio de mensajes criptografiados con autodestrucción automática y de ser mas divertido haciendo disponibles figuritas (stickers) que pueden ser producidas por los propios usuarios.  Y como él otras aplicaciónes de hecho preocupadas con la privacidad del usuario están a disposición del público hace mucho tiempo, tales como Actor https://actor.im o Signal https://whispersystems.org/ recomendado por Edward Snowden.


– Y si esas aplicaciones son mejores ¿por qué nunca las usamos?
– Por que nadie las tiene.
– ¿Y por qué nadie las tiene?
– Por que zapzap no las descuenta de la franquicia.


Y así seguimos en un ciclo vicioso que sofoca a la competitividad comercial en la red aniquilando a la innovación. Por eso es tan importante que se mantenga la red neutra, sin discriminación económica o de cualquier naturaleza de una plicación sobre otras.


La medida adoptada por la justicia fue desproporcional y no beneficia a la sociedad penalizada por la conducta comercial de la empresa. La responsabilidad original de este daño es de la postura arrogante y unilateral de esta empresa que disimuladamente alega operar por el bien común al defender sus intereses privados. El debate que se abrió en la sociedad y el descubrimiento de nuevas aplicaciones y maneras de consumo más seguras y concientes es el gran saldo positivo que tuvimos en este episodio y el costo de esto para el grupo que quiere tornar a internet un dominio privado puede haber salído más caro que los 12 millones inicialmente cobrados a Zuckerberg.

Pedro Ekman es del Consejo de Intervozes

“Otros valores, además del frenesí de consumo”

Fuente Outras Palavras
La entrevista de (Inês Castilho).

¿Cuál es su percepción sobre la participación política del brasileño?

Preferiria empezar por una desgeneralización: veo a la sociedad brasileña como profundamente dividida en lo que concierne a su visión del país y del futuro. La idea de que existe un Brasil, en el sentido no trivial de las ideas de unidad y de brasilidad, me parece una ilusión politicamente conveniente (sobre todo para los dominantes) pero antropologicamente equivocada. Existen como mínimo dos, y, a según veo, muchos más Brasiles. El concepto geopolítico de Estado-nación unificado no es descriptivo, sino prescriptivo. Hay fracturas profunda en la sociedad brasileña. Hay sectores de la población con una vocación conservadora inmensa; ellos no integram necesariamente una clase específica, aunque las llamadas “clases medias”, ascendentes o descendentes, esten bien representadas alli. Gran parte de la llamada sociedad brasileña — la mayoría, infelizmente, temo — se sentiria muy satisfecha bajo un regimen autoritario, sobre todo si es conducido mediaticamente por la autoridad paternal de una personalidad fuerte. Pero eso es una de aquellas cosas que la minoria libertaria que existe en el país, o incluso una cierta medioria “progresista”, prefiere mantener envuelta en un silencio molesto. Se repite a todo y a cualquier propósito que el pueblo brasileño es democrático, “cordial”, amante de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad – lo que me parece una ilusión muy peligrosa. Es así que veo la “participación política del pueblo brasileño”: fracturada, dividida, polarizada, una polarización que no está necesariamente en armonia con las divisiones politicas oficiales (partidos etc.). Brasil permanece una sociedad visceralmente esclavista, renitentemente racista, y moralmente cobarde. Mientra no hagamos las cuentas con este inconsciente, en el iremos “para adelante”. En otros momentos, es claro, bostezos insurreccionales esporádicos, y una cierta indiferencia pragmática en relación a los poderes constituídos, que se testimonia sobre todo entre los más pobres, o los más ajenos al teatro montado por el piso de arriba, inspiran modestas utopias y moderados optimismos por parte de aquellos que la historia colocó en la confortable posición de “pensar a Brasil”. Nosotros, en suma.

¿Qué es necesario para cambiar eso?

hablar, resistir, insistir, mirar por encima de lo inmediato – y, evidentemente, educar. Pero no “educar al pueblo”, como si la elite fuese muy educada y debiéramos (y pudiésemos) traer al pueblo a un nivel superior; pero si crear las condiciones para que el pueblo se eduque y acabe educando a la elite, quién sabe hasta librándose de ella. El paisaje educativo del Brasil de hoy es el de una tierra devastada, un desierto. Y no veo ninguna iniciativa consistente para intentar cultivar este desierto. Al contrario: llego a tener pesadillas conspirativas de que no le interesa al proyecto de poder en curso modificar realmente el paisaje educacional de Brasil: domesticar a la fuerza de trabajo, si es que es eso en lo que se está sinceramente intentando (o planeando), no es de ninguna manera lo mismo que educar.

Esto es sólo un pesadilla, en verdad: no es asi, no puede ser asi, espero que no sea asi. Pero de hecho es que no se ve a una iniciativa para modificar la situación. Lo que se ve es la inauguración espectacular de decenas de universidades sin la mínima infraestructura física (por no hablar de buenas bibliotecas, lujo casi impensable en Brasil), mientras la enseñanza fundamental y media permanecen grotescamente inadecuadas, con sus profesores cobrando una miseria, con las huelgas de docentes universitarios reprimidas como si ellos fuesen bandidos. La “falta” de instrucción — que es una forma muy particular y perversa de instrucción impuesta de arriba para abajo — es tal vez el principal factor responsable por el conservadorismo reaccionario de buena parte de la sociedad brasileña. En suma, es urgente una reforma radical en la educación brasileña.

“La selva y la escuela”, soñaba Oswald de Andrade. Infelizmente, parece que dejaremos de tener una y todavía no tendremos a la otra. Pués sin escuela, ahí es que no sobrará selva.

¿Por dónde empezaría la reforma en la educación?

Empezaría por abajo, es lógico, en la enseñanza fundamental – que continua entregada a cualquier cosa. La enseñanza pública tendria que tener una política unificada, enfocada para una – con perdón de la expresión – “revolución cultural”. No sirve redistribuir renta (o mejor, aumentar la cantidad de migas que caen de la mesa cada vez más llena de los ricos) apenas para comprar televisión y quedarse viendo Gran Hermano y porquerias del mismo quilate, si no redistribuímos cultura, educación, ciencia y sabiduría; si no damos al pueblo condiciones de crear cultura en lugar de sólo consumir aquella producida “para” él. Está existiendo una mejoria del nivel de vida de los más pobres, y tal vez también de la vieja clase media – mejoría que va a durar el tiempo que China continúe comprando de Brasil y no haya terminado de comprarle a África. A pesar de esta mejoría en el llamado nivel de vida, no veo mejoría en la calidad efectiva de vida, de la vida cultural o espiritual, si me permiten la palabra arcaica. Al contrario. Pero ¿es necesario destruir a las fuerzas vivas, naturales y culturales, del pueblo, o mejor, de los pueblos brasileños para construir una sociedad economicamente más justa? Lo dudo.

¿ En este escenario, cuáles son los temas capaces de movilizar a la sociedad brasileña, hoy?

Veo a la “sociedad brasileña” imantada, por lo menos en el plan de su auto-representación normativa por via de los medios, por un ufanismo hueco, un orgullo bestia, como si el mundo (de esta vez, al fin) se curvase a Brasil. Copa del mundo, Olimpíadas… No veo movilización sobre temas urgentísimos, como estos de la educación y de la redefinición de nuestra relación con la tierra, esto es, con aquello que está por debajo del territorio. Naturaleza y Cultura, en suma, que hoy no sólo se encuentran mediadas, mediatizadas por el Mercado, sino mediocrizadas por él. El Estado se alió al Mercado, contra la Naturaleza y contra la Cultura.

¿Estos temas todavía no movilizan?

Existe alguna preocupación de la opinión pública con el tema ambiental, un poco mayor que con el educacional – lo que no deja de ser para lamentarse, pués las dos van juntas. Pero todo me parece “too little, too late”: muy poco, y muy tarde. Está demorando demasiado tiempo para que se disemine la consciencia ambiental, el sentido de urgencia absoluta que la situación del planeta nos impone a todos. Esta inercia se traduce en poca presión sobre los gobiernos, las corporaciones, las empresas – estas invirtiendo cada vez más en la historia de mentira del “capitalismo verde”. Y poca presión sobre la gran prensa, sospechosamente lacónica, distraída e incompetente cuando se trata del tema de los cambios climáticos.

No se ve a la sociedad realmente movilizada, por ejemplo, por Belo Monte, una monstruosidad probada y comprobada, pero que tiene el apoyo desinformado (y el que se infiere) de porciones significativas de la población del Sur y el Sudeste, para donde irá buena parte de la energia que no sera vendida a precio de liquidación paras que las multinacionales del alumínio hagan latitas de sakê, en el bajo Amazonas, para el mercado asiático. Hace falta un discurso politico más agresivo en relación al tema ambiental. Es necesario sobre todo hablarle a los pueblos, llamar la atención de que el saneamiento básico es un problema ambiental, dengue es un problema ambiental, basuarales es un problema ambiental. No es posible separar deforestación de dengue y de saneamiento básico. Es necesario convencer a la población más pobre de que mejorar las condiciones ambientales es garantizar las condiciones de existencia de las personas. Pero la izquierda tradicional, como se está comprobando, se muestra completamente con falta de preparación para articular un discurso sobre el tema ambiental. Cuando sus cabezas más pensantes hablan, se tiene la sensación de que sólo están “corriendo de atrás”, intentando desprolijamente capturar y reducir a lo ya conocido un tema nuevo, un problema muy real que no estaba en su ADN ideológico y filosófico. Eso cuando ella, la izquierda, no se alinea con el insustentable proyecto ecocida del capitalismo, revelando asi su origen comun con este último, allá en las brumas y tinieblas de la metafísica antropocêntrica del Cristianismo.

Mientrass creamos que mejorar la vida de las personas es darles más dinero para que compren una televisión, en vez de mejorar el saneamiento, el abastecimiento de agua, la salud y la educación primaria, no va a funcionar. Vos oís al gobierno diciendo que la solución es consumir más, pero no ves ningún énfasis en estos aspectos literalmente fundamentales de la vida humana en las condiciones dominantes en el presente siglo.

No se diga, por supuesto, que los más favorecidos piensen mejor y vean más lejos que los más pobres. Nada más idiota que esos Land Rovers que vemos a diestra y siniestra en São Paulo o en Rio, rodando con adhesivos de Greenpeace y eslogans “ecológicos” pegados en los parabrisas. Gente relajada en esas bañaderas 4×4 que embotellas las calles y beben el venenoso gasoil, gente que cree que “contacto con la naturaleza” es hacer rally en el Pantanal…

Es una situación difícil: falta instrucción básica, falta compromiso de los medios, falta agresividad política al tratar del tema del ambiente — eso cuando se cree que hay una tema ambiental, lo que está lejos de ser el caso de nuestros actuales Responsables. Estos muestran, lo contrario y por ejemplo, la preocupación en formar jóvenes que dirijan con seguridad, y asi al mismo tiempo mantienen su apuesta firme en el futuro del transporte por auto individual en una ciudad como São Paulo, en que no cabe ni una aguja más. Un gobierno que no se cansa de eructar grandeza sobre la cantidad de vehículos producidos por año. Es absurdo utilizar los números de la producción de vehiculos como indicador de prosperidad económica. Esa es una propuesta podrida, una visión tacaña, un proyecto burro de país.

Vos estás diciendo que muchos apelos al consumo vienen del propio gobierno. Pero también hay un apelo muy grande que viene del mercado. ¿Cómo evaluás eso?

Brasil es un país capitalista periférico. El capitalismo industrial-financiero es considerado por casi todo el mundo hoy como una evidencia necesária, el modo incontornable para que un sistema social sobreviva en el mundo de hoy. Entiendo, al contrario que algunos compañeros de viaje, que el capitalismo sustentable es una contradicción en sus términos, y que si nuestra presente forma de vida económica es realmente necesaria, entonces luego nuestra forma de vida biológica, esto es, la especie humana, va a mostrarse innecesaria. La Tierra va a favorecer a otras alternativas.

La idea de crecimiento negativo, o de objeción al crecimiento, la ética de la suficiencia son contradictorias con la lógica del capital. El capitalismo depende del crecimiento contínuo. La idea mantenida de un determinado nivel de equilíbrio en relación al intercambio energético con la naturaleza no cabe en la matriz económica del capitalismo.

Este impase, querramoslo o no, va a ser “solucionado” por las condiciones termodinâmicas del planeta en un período mucho más corto de lo que imaginábamos. Las personas fingen no saber lo que está sucediendo, prefieren no pensar en el asunto, pero el hecho es que tenemos que prepararnos para lo peor. Y Brasil, al contrario, está siempre preparándose para lo mejor. El optimismo nacional frente de una situación planetaria muy inquietante es extremadamente peligroso, y la apuesta de que vamos a salir bien dentro del capitalismo es algo ingenua, si es que no es, quién sabe, desesperada.. Brasil continúa siendo un país periférico, una plantation relativamente high tech que abastece de productos primarios al capitalismo central. Vivimos de exportar nuestra tierra y nuestra agua en forma de soja, azúcar, carne, para los países industrializados – y son ellos los que dan las cartas, controlan el mercado. Estamos bien en este momento, pero en ninguna en posición para controlar la economía mundial. Si cambia un poco para un lado o para otro, Brasil puede simplemente perder ese lugar en la ventanilla donde está sentado hoy. Sin hablar, claro, en el hecho de que estamos viviendo una crisis económica mundial que se tornó explosiva en 2008 y está lejos de terminar; nadie sabe hacía dónde ella va a parar. Brasil, en este momento de la crisis, está en una especie de contraflujo del tsunami, pero cuando la ola rompa va a mojar a mucha gente. Estas cosas tienen que ser dichas.

¿Y cómo evaluás la relación de esta realidad macropolítica, macroeconómica, con las realidades del Brasil rural, de los ribereños, de los indígenas?

El proyecto de Brasil que tiene la presente coalizón gobernamental bajo el comando del PT es uno en el que ribereños, indios, campesinos, quilombolas son vistos como gente atrasada, retardados socioculturales que deben ser conducidos para otro estágio. Esto es una concepción tragicamente equivocada. El PT es viceralmente paulista, su proyecto es una “paulistanización” de Brasil. Transformar el interior del país en una fantasia country: mucha fiesta del peón boiadeiro, mucho auto de tracción en las cuatro, mucha música sertaneja, bota, sombrero, rodeo, vacas, eucalipto, gaúcho. Y del otro lado ciudades gigantescas e imposíbles como São Paulo. El PT ve a la Amazonia brasileña como un lugar a ser civilizado, a domesticarlo, a rentabilizarlo, a capitalizarlo. Este es el viejo bandeirantismo que tomó cuenta al final del proyecto nacional, en una continuidad lamentable entre las geopolítica de la dictadura y la del gobierno actual. Cambiaron las condiciones políticas formales, pero la imagen de lo que es una civilización brasileña, de lo que es una vida que valga la pena ser vivida, de lo que es una sociedad que esté en sintonía consigo misma, es muy, muy parecida. Estamos viendo hoy, en una ironia bien dialéctica, el gobierno comandado por una persona perseguida y torturada por la dictadura realizando un proyecto de sociedad proyectado eimplementado por esa misma dictadura: destrucción de la Amazonia, mecanización, transgenización y agrotoxificación de la “plantación”, migración inducida para las ciudades. Por atrás de todo, una cierta idea de Brasil que lo ve, en el início del siglo XXI, como si él debiese ser lo que los Estados Unidos fueron en el siglo XX. La imagen que Brasil tiene de si mismo es, bajo varios aspectos, aquella proyectada por los Estados Unidos en las películas de Hollywood de los años 50 – mucho auto, mucha autopista, mucha heladera, mucha televisión, todo el mundo feliz. Quien pagaba por todo eso éramos, entre otros, nosotros. (¿Quien nos pagará, ahora? África, ¿pero una vez? ¿Haiti? ¿Bolivia?). Eso sin hablar en la masa de infelicidad bruta generada por este modo de vida para sus propios beneficiarios.

Es eso lo que veo, una tristeza: cinco siglos de abominación continuan ahí. Sarney es un capitán hereditario, como los que vinieron de Portugal para saquear y devastar la tierra de los indios. Nuestro gobierno que se dice de izquierda gobierna con el permiso de la oligarquia y de los sirvientes de estas para gobernar, o sea, puede hacer varias cosas desde que la parte del león continúe con ella. Toda vez que el gobierno ensaya alguna medida que amenace eso, el congreso, electo andá a saber cómo, lo frena, la prensa lo derriba, el PMDB lo sabotea.

Hay una série de impases para los quae no veo salída, no veo como salir por dentro del juego político tradicional, con las presentes reglas – veo más como siendo posible por el lado del movimiento social. Este está desmovilizado; si no lo está, lo que más se oye es que él lo está. Pero si no fuera por via del movimiento social, vamos a continuar viviendo en este paraíso subjuntivo, aquel en que un día todo va a quedar genial. Brasil es un país dominado politicamente por grandes propietarios y grandes proveedores del Estado, que no sólo nunca hizo su reforma agraria, como donde se dice que ya no es más necesario hacerla.

¿Vos creés que las cosas van a empezar a cambiar cuando se llegue a un límite?

La crisis econômica mundial va a probablemente agarrar a Brasil en el contrapié en algún momento cercano. Pero lo que va a pasar con seguridad es que todo el mundo va a pasar por una transición ecológica, climática y demográfica muy intensa en los próximos 50 años, con epidemias, hambrunas, sequías, desastres, guerras, invasiones. Estamos viendo las condiciones climáticas cambiar mucho más aceleradamente de lo que imaginábamos, y es grande la posibilidad de catástrofes, de pérdidas de zafras, de crisis de alimentos. Por ahora, hoje, eso está incluso beneficiando a Brasil. Pero un dia la cuenta va a llegar. Los climatologistas, los geofísicos, los biólogos y los ecólogos están profundamente pesimistas sobre el ritmo, las causas y las consecuencias de la transformación de las condiciones ambientales en que se desarrolla hoy la vida de la especie. ¿Por qué habría de estar optimista?

Pienso que es preciso insistir en que es posible ser feliz sin se dejar hipnotizar por ese frenesi de consumo que los medios nos imponen. No estoy en contra del crecimiento econômico en Brasil, no soy idiota al punto de creer que todo se resolveria distribuyendo la guita de Eike Batista [un millonario] entre los campsinos del semi-árido nordestino o cortando los subsidios a los clanes político-mafiosos que gobiernan el país. No que eso no fuese una buena idea. Pero estoy en contra, eso si, el crecimiento de la “economia” mundial, y estoy a favor de una redistribución de las tasas de crecimiento. Soy también obviamente a favor de que todos puedan comprar una heladera, y, por qué no, una televisión — pero estoy a favor de que esto involucre la máxima implementación de las tecnologias solar y eólica. Y tendria un inmenso placer en parar de usar el auto si pudiésemos cambiar este medio absurdo de transporte por soluciones más inteligentes.

¿Y como ves a los jóvenes en este contexto?

Es muy difícil hablar de una generación a la cual no se pertenece. En la década del 60 teniamos ideas confusas pero ideales claros, creíamos que podíamos cambiar al mundo, y sabíamos que tipo de mundo queríamos. Creo que, en general, los horizontes utópicos se retrajeron enormemente.

¿Algún movimiento reciente en Brasil o en el mundo te llamó tu atención?

En Brasil, la aceleración de la difusión de lo que podemos llamar de cultura agro-sureña, tanto a la derecha como a la izquierda, por el interior del país. Veo eso como la consumación del proyecto de blanqueamiento de la nacionalidad, este modo muy peculiar de la elite dominante acertar sus cuentas con el propio pasado (¿pasado?) esclavista.

Otro cambio importante fue la consolidación de una cultura popular conectada al movimiento evangélico. El evangelismo de las iglesias universales del reino de Diós y congêneres está evidentemente asociado a la religión del consumo, además.

¿Y cómo ves el surgimiento de las redes sociales, en este contexto?

Eso es una de las pocas cosas con que estoy bastante optimista: el relativo y progresivo debilitamiento del control total de los medios por cinco o seis grandes grupos. Este debilitaminto está sucediendo con la proliferación de las redes sociales, que son la gran novedad en la sociedad brasileña y que está contribuyendo para hacer circular un tipo de información que no tenía tránsito en la prensa oficial, y permitiendo formas de movilización antes imposíbles. Hay movimientos enteramente producidos dentro de las redes sociales, como la marcha contra la homofobia, el asado de la “gente diferenciada” en Higienópolis, los varios movimientos contra Belo Monte, la movilización por las selvas. Las redes son nuestra salída de emergencia para la alianza mortal entre gobierno y medios. Son un factor de desestabilización, en el mejor sentido de la palabra, del arreglo de poder dominante. Si algun gran cambio en el escenario político brasileño llegara a suceder, creo que va a pasar por esta movilización de las redes.

Por eso se intensifican los intentos de controlar a estas redes por parte de los poderes constituídos – eso en el mundo entero. Por el control al acceso o por instrumentos vergonzantes, como el “proyecto” brasileño de banda ancha, que empieza por el reconocimiento de que el servicio será de baja calidad. Una decisión tecnológica y política antidemocrática y antipopular, equivalente a lo que se hace con la educación: impedir que la población tenga acceso pleno a la circulación cultural. Parece incluso, a veces, que hay una conspiración para impedir que los brasileños tengan una educación buena y acceso de calidad a internet. Estas cosas van juntas y tienen el mismo efecto, que es el aumento de la inteligencia social, algo que, por la forma, es necesario controlar con mucho cuidado.

¿Imaginás a un nuevo modelo político?

Un amigo que trabajaba en el ministerio de Medio Ambiente en la época de Marina Silva me criticaba diciendo que mi declaración de quedarme lejos del Estado era romántica y absurda, que teníamos que tomar el poder, si. Yo le respondia que, si teníamos que tomar el poder, era necesario saber mantenerlo después, y era ahí que la cosa se complicaba. No tengo un diseño político para Brasil, no tengo la pretensión de saber lo que es mejor para el pueblo brasileño en general y como un todo. Sólo puedo externar mis preocupaciones e indignaciones, y palpitar, de verdad, apenas alli donde me siento seguro.

Pienso, de cualquier forma, que se debe insistir en la idea de que Brasil tiene – o, a esta altura, tendria – las condiciones ecológicas, geográficas, culturales de desarrollar un nuevo estilo de civilización, uno que no sea una copia empobrecida del modelo estadounidense y norte-europeo. Podríamos empezar a experimentar, timidamente que fuese, algún tipo de alternativa a los paradigmas tecno-económicos desarrollados en la Europa moderna. Pero imagino que, si algún país va a terminar haciendo esto en el mundo, será China. Verdad que los chinos tienen 5000 años de historia cultural practicamente continua, y lo que tenemos para ofrecer son apenas 500 años de dominación europea y una triste historia de etnocídio, deliberado o no. Incluso asi, es indisculpable la falta de inventividad de la sociedad brasileña, por lo menos de sus elites políticas e intelectuales, que perdieron en varias ocasiões de inspirarse en las soluciones socioculturales que los pueblos brasileños historicamente le ofrecieron, y de asi articular las condiciones de una civilización brasileña minimamente diferente de los comerciales de TV. Tenemos que cambiar completamente, para empezar, la relación secularmente depredatoria de la sociedad nacional con la naturaleza, con la base físico-biológica de la propia nacionalidad. Es está la hora de iniciar una relación nueva con el consumo, menos ansiosa y más realista frente a la situación de crisis actual. La felicidad tiene muchos caminos.

TEXTO-FIM

En el Nuevo Mundo del Trabajo, ¿Uber es el villano o el héroe?

Rana Foroohar
@RanaForoohar

09 de diciembre 2015

Está sin duda en el centro de un creciente debate

La persona del Año de la edición del TIMES explora a las personas que han tenido mayor influencia en los acontecimientos mundiales y de las noticias en un año determinado. Este año, no hay duda de que Travis Kalanick, el CEO y fundador de Uber, ha tenido el mayor impacto en una cuestión económica clave del día: ¿cómo se verá nuestro mercado de trabajo en los próximos años ante los rápidos cambios?

En una entrevista exclusiva con Kalanick, de 39 años de edad, el CEO dejó claro que piensa que las tecnologías del tipo de Uber ya ha transformado el negocio de transporte y puede transformar a muchos otros como el mercado inmobiliario, podría empoderar a los trabajadores en todas partes. “Ir a cualquier persona que está empleado en otro lugar y preguntarles si les gustaría establecer sus horas en lugar a cumplir turnos,” dijo Kalanick. “Es sólo que no conozco a nadie que no le gustaría tener el control sobre su tiempo.”

La pregunta es cuánto control bajo demanda tienen realmente los trabajadores, y qué dan en compensación. Es un tema que ha sido planteado por los políticos como el senador Mark Warner, quién está reclamando por una mayor protección de los trabajadores en la economía bajo demanda, así como los candidatos presidenciales, como Hillary Clinton. Hoy, la AFL-CIO, subió la apuesta en la creciente batalla por los derechos de los trabajadores con el anuncio de un nuevo conjunto de principios que le gustaría ver en empresas como Uber, TaskRabbit, y otras que son la externalización y la asignación de trabajo a través de un seguimiento de la tecnología bajo demands.

Uno de los puntos clave planteados por la AFL-CIO es que la economía bajo demanda debe garantizar la paridad racial y de género. Ese es un gran problema para las empresas de Silicon Valley en general: ¿su cultura abraza realmente a alguien además de jóvenes ingenieros varones dispuestos a trabajar 24/7? Kalanick no ayudó a la reputación de Uber en ese aspecto con sus líneas del 2014 en la revista GQ acerca de cómo su riqueza había producido a las mujeres bajo demanda. “Pedimos aquella teta-er”, bromeó por desgracia. Para ser justos, el número de mujeres con un alto poder empleadas por su compañía, muchas de ellas con niños parecen indicar que no es un misógino o alguien que no puede aceptar la diversidad, sino más bien un tipo cuya riqueza y éxito creció más rápido que su PR de inteligencia.

Otro punto que la AFL-CIO hace es que la economía bajo demanda añade aún más impulso a la atención de las prestaciones de salud móvil y las pensiones pueden viajar con los trabajadores, que pueden cada vez estar trabajando para varias empresas, o en movimiento dentro y fuera de tiempo completo trabajando con un solo empleador. Curiosamente, Kalanick es un fan del Obamacare por esa misma razón. “Los beneficios que se mueven con las personas, independientemente de su lugar de trabajo, es una cosa muy poderosa.”

La pregunta, por supuesto, es quién va a pagar por todo eso, el gobierno, el sector privado, o alguna combinación de los dos. David Plouffe, el hombre que ayudó a Barack Obama a llega a la Casa Blanca antes de operar las comunicaciones y el trabajo político para Uber, dice, “Esa es una discusión que queremos tener, y vamos a tener.” No se puede llegar lo suficientemente rápido. Uber juega con las esperanzas de la gente sobre el futuro de la mano de obra. La mayoría de los Millennials dicen que quieren ser su propio jefe, y cualquier controlador de Uber le dirá que tener horas totalmente flexibles es la mejor parte del arreglo.

Pero la compañía también captura todo el miedo del pacto social roto en EE.UU.. Los conductores Uber pueden convertirse en su aplicación y trabajar a voluntad. Pero ellos también reciben pensiones, no hay ningún cuidado de la salud, sin la protección de los derechos de los trabajadores, y están a merced de las métricas, constantemente calificados con estrellas (como lo son los corredores), comer sólo lo que consiguen a cada día. “Usted tiene un mercado laboral que parece cada vez más una feria feudal de contratación agrícola en la que el Señor se presenta y dice:” Te llevaré, y tú, y tú hoy ‘”, dice Adair Turner, presidente del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, una de las muchas organizaciones no lucrativas que estudian los efectos de la economía bajo demanda.

Ese no es un paradigma al que nadie quiera volver.