Que las empresas de tecnología impulsen la enseñanza de programación no es para que los chicos sean exitosos – se trata de reducir salarios

The Guardian

Hoy los salarios en la alta tecnología amenaza a los resultados de Silicon Valley. ¿Qué mejor manera para reducir los sueldos de los programadores que invirtiendo en una nueva generación de mano de obra barata?

Este mes, millones de niños volvieron al colegio. Este año, un número sin precedentes de ellos aprenderá a programar.

Cursos de informática para niños han proliferado rápidamente en los últimos años. Un informe de Gallup de 2016 encontró que el 40% de las escuelas estadounidenses ahora ofrecen clases de programación – hace unos años eran sólo el 25%. Nueva York, con el sistema de escuelas públicas más grande del país, se ha comprometido a ofrecer informática a todos los 1,1 millones de estudiantes en 2025. Los Angeles, con la segunda más grande, planea hacer lo mismo en 2020. Y Chicago, la cuarta más grande, ha ido más lejos, promitiendo hacer de la informática un requisito de la graduación de la High School secundaria antes de 2018.

La lógica de esta rápida renovación curricular es económica. Enseñar a los niños cómo progrmar les ayudará a conseguir buenos empleos, dice el argumento. En una era de ingresos decrecoemtes y aplanados, la programación proporciona un nuevo camino hacía la clase media – una habilidad tan ampliamente demandada que cualquiera que la adquiera puede tener un salario que sea vivible, incluso lucrativo.

Esta relato impregna la formulación de políticas en todos los niveles, desde las juntas escolares hasta el gobierno. Sin embargo, se basa en una premisa fundamentalmente errónea. Contrariamente a la percepción pública, la economía no necesita realmente de muchos más programadores. Como resultado, enseñarle a millones de niños a programar no los hará a todos de clase media. Más bien, proletarizará la profesión inundando al mercado y obligando a los salarios a bajar, y ese es precisamente el asunto.

En su raíz, la campaña para educar en programar no se trata de darle a la próxima generación una posibilidad para que gane el sueldo de un ingeniero de Facebook. Se trata de asegurar que esos salarios ya no existan, al crear una fuente de mano de obra barata para la industria tecnológica.

Como el software está cada vez más en nuestras vidas, y el poder de Silicon Valley crece, es tentador imaginar que la demanda de desarrolladores esté en alza. Los medios de comunicación contribuyen a esta impresión poniendo de relieve las historias genuinamente inspiradoras de aquellos que han ascendido de clase a través de la programación. Es posible que haya oído hablar de Bit Source, una empresa en el este de Kentucky que readapta a los mineros del carbón como programadores. Han sido presentados por Wired, Forbes, FastCompany, The Guardian, NPR y NBC News, entre otros.

Un antiguo minero de carbón que se convierte en un desarrollador exitoso merece nuestro respeto y admiración. Pero los datos sugieren que relativamente pocos serán capaces de seguir su ejemplo. Nuestro sistema educativo ha estado produciendo más programadores que los que el mercado de trabajo puede absorber. Un estudio realizado por el Instituto de Política Económica encontró que el suministro de graduados universitarios estadounidenses con títulos de ciencias de la computación es un 50% mayor que el número contratado en la industria de la tecnología cada año. Para todas las conferencias sobre la escasez de trabajadores de tecnología, muchos graduados calificados simplemente no pueden encontrar trabajo.

De manera más reveladora, los niveles salariales en la industria tecnológica se han mantenido constantes desde finales de los años noventa. Ajustando la inflación, el programador promedio gana aproximadamente tanto como en 1998. Si la demanda estuviera en alza, se esperaría que los salarios aumentaran bruscamente como respuesta. En cambio, los salarios se han estancado.

Sin embargo, esos salarios se están estancando a un nivel bastante alto. El Departamento de Trabajo estima que el salario medio anual de las ocupaciones de informática y tecnología de la información es de 82.860 dólares – más del doble que el promedio nacional. Y desde la perspectiva de las personas que son dueñas de la industria de la tecnología, esto presenta un problema. Los altos salarios amenazan a las ganancias. Para maximizar la rentabilidad, siempre hay que encontrar formas de pagarle a los trabajadores menos.

Los ejecutivos de tecnología han perseguido este objetivo de varias maneras. Una es la confabulación – las empresas conspiran para evitar que sus empleados ganen más cambiando de empleo. La prevalencia de esta práctica en el Valle del Silicio provocó una denuncia antimonopolio del departamento de justicia en 2010, junto con una demanda colectiva que culminó en un acuerdo de u$s 415m. Otro método más sofisticado es la importación de un gran número de trabajadores calificados invitados de otros países a través del programa de visas H1-B. Estos trabajadores  ganan menos que sus homólogos estadounidenses, y poseen poco poder de negociación porque deben permanecer empleados para mantener su estatus.

Los trabajadores invitados y la fijación de salarios son herramientas útiles para restringir los costos laborales. Pero nada haría la programación más barata que generar a millones de programadores. ¿Y dónde mejor desarrollar esta fuerza de trabajo que las escuelas de Estados Unidos? No es una coincidencia, entonces, que la campaña para la educación en la programación esté siendo orquestada por la propia industria tecnológica. Su principal instrumento es Code.org, una organización sin fines de lucro financiada por Facebook, Microsoft, Google y otras. En 2016, la organización gastó casi u$s 20 millones en la capacitación de maestros, el desarrollo de planes de estudio y el lobby hacía los formuladores de políticas.

Silicon Valley ha sido excepcionalmente exitoso en persuadir a nuestra clase política y a gran parte del público en general de que sus intereses coinciden con los intereses de la humanidad en su conjunto. Pero la tecnología es una industria como cualquier otra. Prioriza su rentabilidad e invierte fuertemente en hacer que la política pública le sirva. Las cinco firmas de tecnología más grandes ahora gastan el doble que Wall Street en ejercer lobby sobre Washington – casi 50 millones de dólares en 2016. El mayor gastador: Google, también se esfuerza por cultivar políticas favorables a sus intereses y disciplinar a los que no lo hacen

Silicon Valley no es una fuerza exclusivamente benevolente, ni una fuerza exclusivamente malévola. Más bien, es algo más común: una colección de empresas capitalistas comprometidas con la búsqueda de las ganancias. Y como todo capitalista sabe, los mercados son fruto de la política. No son fenómenos que ocurren naturalmente, sino modelos elaborados, sostenidos y estructurados por el Estado, por lo que la configuración de la política pública es tan importante. Si la tecnología trabaja incansablemente para inclinar los mercados a su favor, no está sola ni es la única. Lo que la distingue es la cantidad de dinero que tiene a su disposición para hacerlo.

El dinero no es la única ventaja de Silicon Valley en su cruzada para rehacer la educación estadounidense, sin embargo. También goza de un clima ideológico favorable. Su mensaje básico -que sólo las escuelas pueden solucionar los grandes problemas sociales- es uno que los políticos de ambos partidos han estado repitiendo durante años. La premisa inverosímil de la reforma escolar neoliberal es que la educación puede enmendar nuestro tejido social desintegrado. Que si enseñamos a los estudiantes las habilidades adecuadas, podemos resolver la pobreza, la desigualdad y el estancamiento. La escuela se convierte en un motor de transformación económica, catapultando a los jóvenes de circunstancias difíciles en vidas dignas y cómodas.

Este argumento es inmensamente agradable a la mente tecnocrática. Sugiere que nuestro mal funcionamiento económico es técnico: una simple asimetría. Tienes trabajadores de un lado y buenos trabajos del otro, y todo lo que se necesita es la educación para hacer que coincidan entre ellos. De hecho, todo presidente desde Bill Clinton ha hablado de la capacitación de trabajadores estadounidenses para llenar la “brecha de habilidades”. Pero gradualmente, un economista corriente tras otro se ha dado cuenta de lo que la mayoría de los trabajadores ya sabían desde hace años: la brecha no existe. Incluso Larry Summers concluyó que es un mito.

El problema no es el entrenamiento. El problema es que no hay suficientes buenos trabajos para los que son entrenados. La solución es mejorar los malos empleos, elevando el salario mínimo y facilitando a los trabajadores la formación de un sindicato y creando más buenos empleos invirtiendo en el crecimiento. Esto implica obligar a las empresas a poner dinero en cosas que realmente hagan crecen la economía productiva en lugar de profundizar las ganancias de los accionistas. También significa aumentar la inversión pública, para que la gente pueda tener una vida digna haciendo un trabajo socialmente necesario como descarbonizar nuestro sistema energético y restaurar nuestra decaida infraestructura.

 

Todos deben tener la oportunidad de aprender a programar. La programación puede ser una experiencia gratificante, incluso placentera, y útil para realizar todo tipo de tareas. Más ampliamente, una comprensión de cómo funciona el programa es fundamental para una alfabetización digital básica – algo que se está convirtiendo rápidamente en un requisito para la ciudadanía informada en un mundo cada vez más tecnológizado .

Pero la programación no es mágica. Es una habilidad técnica, similar a la carpintería. Aprender a construir software no te hace más inmune a las fuerzas del capitalismo estadounidense que aprender a construir casas. Ya seas un programador o un carpintero, el capital hará lo que pueda para bajar tus salarios, y alistar a las instituciones públicas hacia ese fin.

Silicon Valley ha sido extraordinariamente adepto a la conversión de porciones previamente no modificadas de nuestra vida común en fuentes de ganancias. En comparación nuestras escuelas pueden ser una conquista fácil.

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Basta de saquear la tierra!

L’Osservatore Romano
Por Carlo Triarico

De acuerdo con la FAO, esto se debe principalmente a un modelo productivo y alimentario que consume recursos no renovables, degrada a los suelos fértiles y contamina a las aguas dulces. La afirmación es del Estado de los Recursos Hídricos y Fundiarios del Mundo para la Alimentación y la Agricultura (Solaw), el nuevo informe de la FAO sobre el futuro agroalimentario del planeta, presentado los últimos días.

En el informe, se defiende que los aumentos productivos de los últimos 50 años “fueron acompañados por prácticas de gestión de los recursos que degradaron a los ecosistemas terrestres e hídricos de los que la propia producción de alimentos depende”.

Las consecuencias son graves y empiezan a hacerse evidentes para todos, bajo la forma de desastres climáticos, grandes migraciones y recurrencia de patologias de origen ambiental y alimentario.

Frente al aumento de la población mundial, es necesario intervenir en dos frentes interconectados: cambiar los estilos alimentarios y cambiar el modelo agrícola. De acuerdo con las previsiones de la FAO, la producción de alimentos, para satisfacer a un planeta cada vez más voraz, deberia aumentar ya ahora muy por encima de los ritmos del crecimiento demográfico, porque lo que determina la progresiva necesidad de alimentos es, también y sobre todo, el incremento de los desperdicios y la difusión, también en los países emergentes, de los estilos alimentarios caros del Norte del mundo.

Sólo una intervención sobre estos dos factores permitiria reducir al asustador exceso de demanda de alimentos y, por lo tanto, adoptar un modelo agrícola y ecológico razonable, menos productivo, mas regenerativo de los suelos y conservador de los recursos ambientales.

Y aqui está el punto nodal: la economia atada al consumo de recursos aún tiene, como principal perspectiva de superación de la crise, la intensificación de su actitud al saqueo. Elección que permite efectos positivos de corto plazo, frente a daños a veces irreversibles a los sistemas de donde se originan la sustentabilidad y la riqueza.

El informe de la FAO denuncia que más de dos tercios de las superfícies del planeta ya están degradadas o cercanas a la degradación, y sólo el 10% de la superfície cultivable está mejorando su estado. Solaw denuncia que los mejores suelos actualmente cultivados, o sea, 1600 millones de hectareas, sufren trabajos destructivos, explotación, erosión, pérdida de biodiversidad y de fertilidad, contaminación.

La producción de alimentos alcanzó una fase crítica. Aumentan cada vez más las áreas que alcançaron los límites de su capacidad de producción. Esta, en el planeta, ahora, crece muy poco en relación a las innovaciones tecnológicas, al gasto de recursos puestos en acción y a las promesas gloriosas de la “revolución verde” de los años 70.

Por lo tanto, se tornaba generalizada la corrida a la acumulación de tierras y aguas. Es una conquista hecha especialmente a costa de los más débiles, de poblaciones enteras forzadas a huír, villorrio tras villorio, de nuevos derechos de propriedad, privatizaciones de pozos, milicias irregulares, conflictos entre grandes grupos de interés. Más de 70% de las tierras comprometidas por este modelo agrícola están en áreas con tasas de pobreza altas o moderadas.

Frente a este círculo vicioso, es necesario cambiar el ritmo y elegir un nuevo curso. La adopción de un modelo agrícola que ponga en el centro al agricultor, respete la vitalidad de los suelos, regenere los recursos, cultive la biodiversidad y no contamine las aguas y tierras es urgente.

Aún son muy pocas las tierras en el planeta donde una agricultura biológica y biodinámica, y la aplicación de la agroecologia pueden desencadenar un círculo virtuoso, mientras las agriculturas campesinas, que aun garantizan la supervivencia de áreas importantes, están en grave peligro. Por esto, son necesarios inversiones en investigación y formación para aumentar la eficiencia de la producción, pero sin afectar a las fuentes no renovables y a la salud del planeta.

La FAO espera, por ejemplo, encontrar inversiones masizas hasta 2050, para hacer eficientes los sistemas de irrigación en el Sur, a los que se suman otros fondos para la protección de los suelos más vulnerables a las inundaciones y a los cambios climáticos.

Pero las soluciones no pueden ser sólo técnicas o políticas. Es necesario cultivar la sabiduria, aumentar el autoconocimiento del agricultor sobre su papel y crear comunidades que intercambien buenas prácticas, ibnovaciones sábias y de bajo impacto, y son necesarios ciudadanos que sean entrenados para apoyar todo esto.

Los ejemplos virtuosos que Solaw trae a la supervicie deben ser difundidos, adaptados y aplicados a partir de ahora.


Solaw en la FAO

IBM lanzó su supercomputadora Watson como una revolución en el tratamiento contra el cáncer. No está ni cerca

Una Primera Traducción, si quiere mejorarla, revisarla, corregirla, mi email:
Eduardo_g(arroba)riseup.net


Stats News

La Maestra Rural de Monsanto

Fuente: Descubrí Monsanto


“Huerquen: ¿Cuál es la situación de las escuelas rurales en el marco de las fumigaciones?

Ana Zabaloy: Las escuelas rurales de la provincia de Buenos Aires están sufriendo de manera muy directa la problemática de las fumigaciones con agrotóxicos. Uno lo ve cotidianamente en las historias que te cuentan los chicos, en lo problemas de salud que sufren ellos y sus padres, en las mismas docentes y no docentes que trabajamos en esas escuelas. Las docentes rurales somos testigos directos del costo humano de este sistema basado en transgénicos y venenos. Estamos en el ojo de la tormenta y las escuelas están siendo muy fumigadas, muy afectadas por este modelo. Y no sólo en la escuela los fumigan; ellos te cuentan como son fumigados en sus casas cotidianamente. Esta es una realidad de todas las escuelas rurales de la provincia de Bs.As., más allá de que no todas denuncien. Hay excepciones, como por ejemplo una en San Antonio de Areco que está rodeada de aras; y esa no es fumigada porque estamos hablando de caballos de carrera que valen mucho, en las otras escuelas hablamos de pibes nada más…

Hqn: ¿Podrías contarnos qué te tocó vivir a vos personalmente?

A.Z: A mí me pasó llegar una mañana de junio a la escuela y en el campo que está pegado a ella había unas maquinarias, pero como uno está tan acostumbrado a verlas no me llamó la atención. Al rato de entrar había mucho olor que los nenes identificaron que era el olor del veneno del mosquito (N: máquina fumigadora). Veo por la ventana de la cocina que había una máquina fumigando el campo pegado a la escuela. No había forma de interceptarlo porque para eso había como que meterse debajo del ala. En ese momento recibí un llamado así que salí de la escuela porque dentro de la escuela solemos tener problemas de señal y a raíz de eso aspiré accidentalmente lo que estaban usando para fumigar, que resultó ser 24D, como sabemos: uno de los componentes del Agente Naranja usado en Vietnam, el cual es muy neurotóxico así que yo me volví a mi casa con la cara dormida lo que me duró un par de semanas.

A partir de ese acontecimiento los chicos y las familias empezaron a hablar de lo que les pasaba a ellos con las fumigaciones cotidianamente; cómo fumigaban sobre sus casas. Me ha pasado también que llegaban nenes con dolores de cabeza y mareo porque en el camino mientras venían en la motito con su mamá, un mosquito los fumigó. Otro nene que se cruzó con un mosquito que se trasladaba por el camino y cuando llegó a su casa tuvo que cambiarse toda la ropa por el olor a veneno que tenía. O sea que el problema no es sólo cuando están desparramando el veneno si no también cuando transitan por los caminos rurales. Además ver la afección en la salud de mis alumnos: problemas respiratorios, digestivos… Mamás que perdieron embarazos, problemas de piel terribles, permanentes, que te cuentan que cuando descuelgan la ropa de la soga la tienen que volver a lavar por el olor a veneno. Una nena que tenía sangrados de nariz, que fue un caso muy impactante porque es una familia que vino de Paraguay y yo los vi llegar y eran unos gorditos rozagantes, sanísimos, pura vida y después de cuatro años de vivir en un establecimiento de cría de ganado porcino donde fumigaban muchísimo con avionetas sobre el techo de sus casitas, ver como se iba deteriorando su salud llegando a tener una sinusitis crónica con sangrados de nariz que me hicieron salir un viernes a la noche porque me llamó la mamá desesperada ya que en el hospital no le habían dado bolilla y tenés que intervenir para que los atiendan como se merecen, que es todo otro tema. En los centros de salud no les dan bolilla, no lo asocian a los agroquímicos por más que le digas que estás fumigado o que hayas pasado por un episodio de que fumigaron tu casa y los nenes hacen un cuadro respiratorio. Llegan al hospital y le dicen que “no es por eso“, que “es normal“, que “es porque el nene tiene problemas“. Son casos que sacuden mucho.

Contra Hegemonia


Descubrí Monsanto…